Astrid Cleve (1875-1968), científica sueca que abrió sendas a los estudios de microorganismos

Vidas científicas

11 min

Astrid Cleve (1875-1968), científica sueca que abrió sendas a los estudios de microorganismos

La primera mujer en obtener un doctorado en ciencia por la Universidad de Uppsala fue la botánica sueca Astrid Maria Cleve, quien dedicó sus estudios a microorganismos, principalmente a unas pequeñas algas llamadas diatomeas procedentes de altas latitudes. Tanto su tesis doctoral como sus publicaciones posteriores fueron elogiadas por gran parte de la comunidad especializada debido a su innovadora originalidad.

Primeros años

Astrid Maria Cleve fue la hija mayor del profesor de la Universidad de Uppsala, Per Teodor Cleve (1840-1905), químico, oceanógrafo y geólogo, y de Carolina Alma Öhbom (conocida como Alma Cleve). Junto a sus dos hermanas menores, Astrid fue inicialmente educada por su madre, que formó parte de las primeras mujeres suecas en completar sus estudios de bachillerato, además de haber sido una destacada defensora de los derechos a la educación de las mujeres.

Astrid Cleve. Mujeres en la historia.

Cuando contaba con 16 años, Astrid fue una de las pocas jóvenes de su generación en completar sus estudios de bachillerato. Aunque no era una costumbre generalizada a finales del siglo XIX, tanto el padre como la madre de Astrid dieron un gran valor a la educación de sus hijas, lo cual naturalmente tuvo un positivo impacto en las posibilidades futuras de las niñas y sus posteriores ambiciones en la vida.

Es interesante mencionar que Per Teodor Cleve era uno de los admiradores de la respetada historiadora Ellen Fries (1855-1900), pionera en investigar y sacar a la luz pública la historia de mujeres suecas. Fries, además, era valorada por ser una de las primeras en defender su tesis doctoral en una universidad nórdica, como podemos leer en el Diccionario biográfico de mujeres suecas (Swedish women’s biographical dictionary).

Convencido de que en términos de agudeza intelectual no existe ninguna razón para diferenciar entre un hombre y una mujer, Per Cleve, durante una ceremonia en honor a la obra de Ellen Frie, había proclamado con firmeza que «la posición de las mujeres en la sociedad refleja el desarrollo de la civilización», como consta en el citado Diccionario biográfico. Su esposa, Alma Cleve, compartía plenamente esta opinión; de hecho, en un folleto de protesta titulado En protest, publicado en 1896, Alma Cleve sostenía que en la mente y las capacidades intelectuales entre chicos y chicas no había diferencias biológicas. No sorprende, por lo tanto, que con progenitores de mentalidad abierta y progresista sus hijas tuvieran un futuro más prometedor que las otras jóvenes de su tiempo.

Apuntemos, además, que Pere Cleve era un gran aficionado a la ciencia, y tenía en casa un laboratorio donde estudiaba la diversidad exhibida por pequeños organismos flotantes en el agua, los que hoy conocemos con el nombre de plancton. Entusiasmado, enseñó conceptos de ciencia básica a sus hijas, y concretamente en Astrid se despertaría un especial interés por los minúsculos y abundantes seres vivos fotosintéticos llamados diatomeas, que actualmente sabemos que constituyen una significativa porción de la biomasa de la Tierra.

Comienzos de una formación profesional

En el otoño de 1891, Astrid Cleve se matriculó en la Unversidad de Uppsala (Uppsala universitet) con el fin de estudiar ciencias naturales. En aquellos años, según informa el Diccionario biográfico de mujeres suecas, el alumnado de la institución alcanzaba un total de casi 1700 estudiantes, de los cuales solo 21 eran mujeres; Astrid era una de ellas. La joven, que «tenía un voraz apetito por aprender» terminó sus estudios rápidamente, graduándose en enero 1894 con las mejores notas en las especialidades de botánica y de química.

La universidad contrató a la recién graduada Cleve como profesora ayudante, con el fin de que iniciara un proyecto de investigación centrado en estudios de las diatomeas existentes en los lagos de altas latitudes. Su trabajo fue muy fructífero, ya que entre 1895 y 1896, publicó varios artículos en los que identificaba y dibujaba diatomeas recién descubiertas, procedentes de conocidos lagos árticos. El interés de la joven se extendió también al estudio de los ecosistemas vegetales propios de las lejanas regiones del norte, y sus adaptaciones a entornos rigurosos.

Valga asimismo apuntar que la Sociedad de Estudiantes Femeninas de Uppsala (Uppsala kvinnliga studentförening), fundada durante la primavera de 1892 por un innovador grupo de estudiantes féminas, contó con Astrid Cleve entre sus primeras promotoras. Dado que era una buena esquiadora, un deporte muy popular en todo el país, fue elegida responsable de organizar las actividades deportivas en la sociedad.

Portada de la tesis de Cleve. BOKLIV.

Cuatro años después de graduarse, Astrid Maria Cleve obtuvo su doctorado en mayo de 1898 por la Universidad de Uppsala, a los 23 años de edad. Su tesis, centrada en el estudio del tiempo de germinación de algunas plantas de Suecia (Studier ofver några svenska väksters groningstid och förstärkningstadium), fue de las primeras en publicarse teniendo como autora una mujer sueca graduada en una disciplina científica. El tribunal de evaluación describió esta tesis como «un trabajo innovador y de los primeros estudios que pusieron el máximo énfasis sobre la fisiología y bioquímica de la botánica, [una disciplina] que en Suecia tendía a estar solo basada en la morfología y en la sistemática», elogiaba el autorizado químico agrícola Sven Odén (1924-1986), según han descrito los autore Ogilvie & Joy.

En el año 1902, Astrid Cleve contrajo matrimonio con el bioquímico suizo-alemán Hans von Euler-Chelpin (1873-1964), quien sería premio Nobel de Química en 1929. La pareja trabajó intensamente publicando juntos 19 artículos científicos. Además, tuvieron cinco hijos entre 1903-1908, tres de ellos nacieron poco después de que ella dejase la Universidad. No obstante, informa Wikipedia, el matrimonio solo duró diez años, pues se divorciaron en 1912.

Diversas actividades profesionales

Tras el divorcio, Astrid Cleve mantuvo la custodia de sus hijos, siendo la única responsable de mantenerlos y educarlos. El Diccionario biográfico de mujeres suecas describe que por esas fechas consiguió un trabajo como profesora de un programa avanzado para la formación de docentes, titulado Anna Sandström’s advanced teacher-training programme. Apuntemos brevemente que Anna Sandström (1854-1931), fue una importante educadora y reformadora de la enseñanza sueca; fundó una escuela para mujeres y sus escritos y publicaciones tuvieron gran influencia en el movimiento de las mujeres en torno a 1900.

Aunque Cleve mantuvo sus actividades como profesora en colegios secundarios hasta 1917, en ningún momento abandonaría su investigación. Continuó en paralelo con sus proyectos de trabajo, publicando diversos artículos académicos. Entre otros, elaboró un interesante estudio monográfico sobre el plancton de Skagerrak, un estrecho situado entre Suecia, Dinamarca y Noruega (Wikipedia). Sus publicaciones incluso hoy tienen relevancia, ya que son los únicos registros de diatomeas plantónicas anteriores a la polución; esto es, previos a la introducción de sustancias químicas, físicas o biológicas a escala global, que dañan la salud de los seres vivos y alteran el equilibrio ambiental.

El Diccionario de mujeres suecas ha subrayado que los hallazgos publicados por Cleve, pese a su alto valor científico, carecían de aplicaciones prácticas y por lo tanto no generaban beneficios económicos para la compañía en la que ella trabajaba. En consecuenca, tuvo que asumir el despido en 1923, trasladándose a Uppsala en enero de 1924, donde aún residía su madre, viuda desde 1905.

Posteriores estudios sobre diatomeas

Entre finales de la década de 1920 hasta la de 1960, la investigación de Cleve estuvo dedicada a las diatomeas del Mar Báltico, tanto vivas como fósiles. Sus intereses incluyeron también temas de paleobotánica, centrados en analizar cómo el nivel del agua de este mar había cambiado a lo largo de su extensa historia. Apuntemos, sin entrar en detalles técnicos, que dicha historia, según Wikipedia, ha implicado un constante y complejo ciclo de intercambios entre el agua dulce del lago y la salada del mar. Se trata de alteraciones debidas al peso de los glaciares, donde en los periodos fríos su hielo hundía el terreno, mientras que, al derretirse en épocas más cálidas, el agua hacía subir el nivel del mar. En suma, en la actualidad el Báltico se considera como un híbrido entre mar y lago.

Astrid Cleve. Mujeres en la historia.

Astrid Cleve, con sus análisis de distintas especies de diatomeas, estudió las modificaciones experimentadas en las conexiones entre el mar Báltico, el mar del Norte y el océano Atlántico. Cuando sus resultados salieron a la luz, generaron importantes discusiones entre los científicos suecos del establishment que rechazaban el modelo por ella propuesto acerca de dichas conexiones.

En esencia, según anotan Creese & Creese, el rechazo se debía a que los expertos suecos consideraban que las diatomeas estudiadas por Cleve podrían haber sido redepositadas en los sedimentos; esto significaba que los fósiles que la científica había analizado procedían de otros sitios, y que la acción del agua, el viento o la gravedad los había transportado a las zonas por ella analizadas.

La investigadora no se amedrentó ante las críticas, y defendió la validez de su modelo ante la Sociedad Geológica de Estocolmo. Sin entrar en demasiados detalles acerca de la agria polémica generada, mencionemos que entre 1927 y 1928 nuestra protagonista se vio implicada públicamente en los periódicos por el geólogo Henrik Munthe, que defendía enérgicamente una interpretación distinta; ella respondió acusándolo de esgrimir razones no científicas para defender sus ideas. La polémica duró en torno un año hasta que finalmente, dado que Cleve mantenía su modelo con convicción, fue expulsada de la sociedad, como se revela en Wikipedia. Según la comunidad especializada actual, la aceptación o el rechazo de la historia geológica del mar Báltico, «ha oscilado hacia arriba y hacia abajo como un péndulo».

Nuevos aportes de Astrid Cleve a la ciencia

Los desacuerdos científicos no impidieron que Astrid Cleve continuara su trabajo con entusiasmo. Durante el largo periodo comprendido entre 1932-1955, publicó varios artículos monográficos sobre la taxonomía de las diatomeas. El primero, en 1932, abarcó 535 especies de diatomeas existentes y fósiles, incluyendo 184 especies desconocidas en Suecia. Los artículos que vinieron a continuación constituyeron un valorado proyecto biológico y geológico, llevados a cabo mediante el examen de conjuntos de microorganismos adaptados a determinados medios.

Por esas fechas, Cleve fue contratada por el Servicio Geológico Sueco (Sveriges geologiska undersökning) para estudiar las diatomeas en sedimentos posglaciales. Paralelamente, en 1945 se incorporó al Departamento de Geología de la Universidad de Uppsala, donde impartió clases, al tiempo que continuaba sus investigaciones sobre los cambios del nivel del agua en el mar Báltico.

En 1948, Astrid Maria Cleve tuvo el honor y el reconocimiento a su labor al recibir un doctorado universitario honorario (Jubeldoktor), personificando así a la primera mujer sueca en recibir un premio de esta categoría.

En 1951, la creativa científica publicó una amplia monografía sobre las diatomeas de Suecia y de Finlandia (Die Diatomeen von Schweden und Finnland). Escrita durante más de una década, ha sido considerada por la comunidad de especialistas como el trabajo más importante de su vida. Abarcó 5 extensos volúmenes que contenían aproximadamente 1600 especies de diatomeas, describiendo su taxonomía, distribución, ecología y fósiles. Con posterioridad, fue añadiendo nuevas especies y corrigiendo la taxonomía que iba quedando desfasada. Muchos científicos elogiaron sus esfuerzos, y aún hoy esta excelente obra sigue siendo consultada por diversos colegas y por el alumnado, como han informado Creese & Creese.

Astrid Maria Cleve continuó publicando artículos científicos hasta la edad de 86 años, según indican Ogilvie & Harvey, manteniendo a lo largo de toda su vida diversos intereses privados, incluida la literatura francesa y la filosofía. Cuando contaba con 93 años de edad, fue operada de una hernia de la que nunca se recuperó por completo. El 8 de abril de 1968 falleció en Västerås, ciudad situada a unos 100 km al oeste de Estocolmo, y enterrada en el cementerio antiguo de Uppsala.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.