Del modelo masculino a la realidad de las mujeres: el sexo como variable ineludible en la investigación biomédica
Los pilares fundamentales de la investigación biomédica son la objetividad y la universalidad. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, el conocimiento médico se construyó casi exclusivamente a partir de un modelo biológico masculino. Esta circunstancia ha tenido consecuencias profundas y pone en cuestión el carácter verdaderamente universal del conocimiento generado.

Históricamente, el sexo como variable biológica no ha sido considerado de manera adecuada en la investigación biomédica. Como resultado, se han producido vacíos en el conocimiento médico cuya comprensión es esencial para identificar las limitaciones de la medicina actual.
El origen de la exclusión de las mujeres de los ensayos clínicos
A finales de la década de 1950, la tragedia de la talidomida evidenció graves deficiencias en la evaluación de la seguridad de los medicamentos. Este fármaco se administró a mujeres embarazadas sin estudios suficientes sobre sus efectos en el feto, lo que provocó miles de malformaciones. En este contexto, en 1977, la Food and Drug Administration de Estados Unidos (FDA) recomendó excluir a las mujeres en edad fértil de las fases iniciales de los ensayos clínicos, con el objetivo de proteger al feto de los fármacos experimentales. Esta medida de protección tuvo consecuencias no deseadas: la exclusión sistemática de las mujeres de los ensayos clínicos. Como resultado, el conocimiento científico sobre los medicamentos se construyó durante décadas a partir de datos obtenidos en hombres.
Menos visible, pero igualmente relevante, fue la tendencia en la investigación biomédica básica (centrada en los mecanismos de las enfermedades) a utilizar exclusivamente animales macho. Esta elección se justificó por la necesidad de reducir la variabilidad, considerando el ciclo hormonal femenino como un factor de confusión. Ello condicionó la forma de definir las enfermedades y, en consecuencia, el desarrollo de estrategias terapéuticas.
En conjunto, estas prácticas reforzaron implícitamente la idea de que el cuerpo masculino constituía el modelo “universal”, mientras que el cuerpo femenino se interpretaba como una variante asociada a la reproducción.
¿Puede la ciencia prescindir del sexo como variable biológica?
Existen numerosas diferencias biológicas entre mujeres y hombres que van más allá del sistema reproductor y afectan al conjunto del organismo. Por ejemplo, las mujeres presentan, en promedio, un menor tamaño cardíaco, menor diámetro de las arterias coronarias, menor capacidad pulmonar y un metabolismo basal más lento. Estas diferencias tienen implicaciones directas en dos niveles. Por un lado, los síntomas, la progresión y los mecanismos de muchas enfermedades pueden diferir entre sexos, lo que condiciona el diagnóstico, el pronóstico y las estrategias terapéuticas. Por otro lado, los fármacos pueden actuar de manera distinta en mujeres y hombres, lo que puede traducirse en diferencias en eficacia y toxicidad.
Ignorar estas diferencias tiene consecuencias clínicas relevantes en la salud de las mujeres. Por una parte, se produce infradiagnóstico, ya que los síntomas no siempre se ajustan al modelo clínico definido principalmente en hombres. Por otra, muchos tratamientos no están adaptados a la biología femenina, al haberse desarrollado sobre la base de mecanismos patológicos caracterizados en el sexo masculino.
Enfermedades de mujeres, investigación de hombres
El sesgo histórico hacia las mujeres también ha influido en la agenda de investigación. En general, las denominadas “enfermedades de mujeres” han recibido menos atención y financiación, lo que ha limitado el desarrollo de tratamientos específicos.
¿Por qué se ha producido este retraso? La literatura señala dos factores principales, estrechamente relacionados: la tendencia a priorizar el componente psicológico de los síntomas que afectan a las mujeres y la naturalización de sus procesos fisiológicos. Por ejemplo, en patologías como la depresión posparto, el síndrome del intestino irritable o la fibromialgia, el énfasis en el componente emocional, sin negar su relevancia, ha relegado a un segundo plano la investigación de su base biológica. Esto no solo ha ralentizado el desarrollo de nuevos tratamientos, sino que también ha dificultado que muchas pacientes comprendan y legitimen sus síntomas.
La depresión posparto constituye un ejemplo paradigmático. Se trata de un problema frecuente que puede tener consecuencias graves tanto para la salud materna como para el desarrollo del recién nacido. Aunque desde hace tiempo se conoce su relación con los cambios hormonales bruscos del puerperio, resulta llamativo que hasta fechas recientes no existiera ningún tratamiento específico. En los últimos años, sin embargo, la situación ha comenzado a cambiar, como ilustra la aparición de zuranolona, el primer tratamiento basado en el mecanismo de la depresión posparto.
Como se ha señalado, la naturalización de los procesos fisiológicos femeninos también ha tenido un peso considerable. Por ejemplo, aunque los síntomas asociados a la menopausia se deben a cambios hormonales bien caracterizados, con frecuencia se minimizan como una “parte natural de la vida”. En consecuencia, el interés por desarrollar nuevas terapias ha sido limitado, pese al impacto significativo de estos síntomas en la calidad de vida de las mujeres. En este contexto, recientemente se ha aprobado el fezolinetant como primer tratamiento específico para los sofocos asociados a la menopausia y la perimenopausia.
El desarrollo de fármacos como la zuranolona y el fezolinetant representa un avance relevante en la dirección correcta, pero resulta inevitable comparar su ritmo de desarrollo con el de otros ámbitos, como el de los tratamientos para la disfunción eréctil. Al igual que la menopausia, esta última está asociada al envejecimiento, un proceso fisiológico; sin embargo, a diferencia de lo ocurrido con la menopausia, transcurrió poco tiempo entre la descripción de la eficacia del sildenafilo (Viagra), su aprobación y el desarrollo de toda una familia de fármacos con esta indicación. Las diferencias en los ritmos de desarrollo, en algunos casos décadas, en otros pocos años, evidencian qué necesidades clínicas se priorizan y cuáles quedan relegadas.
Consecuencias de la falta de liderazgo femenino
En las últimas décadas, la presencia de mujeres en la investigación biomédica ha aumentado de forma notable. En muchos países, las mujeres representan alrededor del 70 % del estudiantado en ciencias de la salud. Asimismo, su presencia es especialmente elevada en las etapas iniciales de la carrera investigadora.
No obstante, esta representación disminuye progresivamente a medida que se asciende a los niveles más altos. Menos de un tercio de los cargos de mayor responsabilidad, como cátedras universitarias, direcciones de centros de investigación o liderazgo de proyectos, están ocupados por mujeres. Este fenómeno, conocido como leaky pipeline (tubería con fugas), refleja la existencia de obstáculos estructurales que condicionan sus trayectorias profesionales.
Este desequilibrio tiene implicaciones directas: la predominancia masculina en los puestos de decisión influye en las preguntas que se formulan y, en última instancia, en qué se investiga y cómo se investiga.
La medicina del futuro: One Health vs Half a Health
La consideración del modelo biológico masculino como universal ha dado lugar a un conocimiento parcial y, en muchos casos, a una medicina no adaptada a las mujeres.
Promover el liderazgo femenino es una condición necesaria para incorporar de manera sistemática el sexo como variable en la investigación biomédica, tanto desde una perspectiva de justicia social como para avanzar hacia una ciencia más rigurosa. Sobre todo, es imprescindible para desarrollar tratamientos eficaces y seguros para toda la población.
En este sentido, el enfoque One Health, cada vez más presente en el discurso científico, integra las interacciones entre la salud humana, animal y ambiental. No obstante, esta visión integradora convive con una limitación persistente: la infrarrepresentación de las mujeres en la investigación biomédica. Mientras este desequilibrio no se corrija plenamente, el One Health puede quedar incompleto y acercarse, en la práctica, a una Half a Health: una salud que deja fuera a la mitad de la población.
Nota
Este artículo fue publicado originalmente en la revista digital Campusa de la EHU (30 de abril de 2026). Ir al artículo original.
Sobre la autora
Maider López de Jesús es profesora de Farmacología en la Facultad de Farmacia de la EHU. Es especialista en Neurofarmacología.