Papás y mamás que desaniman a sus hijas para las matemáticas

Ciencia y más

9 min

Papás y mamás que desaniman a sus hijas para las matemáticas

Los padres y las madres sobreestiman las habilidades matemáticas de sus hijos más que las de sus hijas. Los estereotipos de género en el hogar influyen en la capacidad de las estudiantes para progresar en materias STEM.

Imagen: Freepik.

Los motivos para magnificar sus habilidades

Uno de los motivos por el que los padres sobreestiman las habilidades de sus hijos es el deseo consciente o inconsciente de atraer todas las ventajas sociales que conllevarán estas admirables capacidades. Otra razón podría ser la de mantener creencias positivas para sentirse mejor cuando se dicen a sí mismos que sus hijos son buenos en lo académico; el autoengaño consiste en evitar el estrés y el miedo (sesgo por motivos afectivos), o quizá sea porque piensan que confiar en ellos y en ellas les ayudará a tener una estima más alta y a ser mejores en el contexto escolar (motivos instrumentales).

De cualquier modo, la información escolar incorrecta, escasa o nula, alimenta estos sesgos y provoca en los padres atajos cognitivos que se basan en estereotipos de género al evaluar las habilidades de sus hijos y de sus hijas. Hay evidencias que muestran que las madres y los padres no tienen datos sobre el desempeño académico de sus hijos y se ha observado que cuando se les proporciona nueva información sobre esas habilidades, actualizan creencias. Si los estereotipos son adquiridos, al recibir información, reducen o incluso acaban con ese sesgo. Sin embargo, hay padres que no actualizan sus prejuicios con los nuevos datos porque tienen creencias fosilizadas; no existe ninguna valoración que pueda desmontarlas. En este caso, lo más probable es que esas creencias sean motivacionales y producto del miedo por la desviación del camino estándar aceptado (sesgo de deseabilidad social). Los padres y las madres seguirán inflando intencionalmente las habilidades de los niños en materias dominadas por hombres como las matemáticas, porque ya se sabe que si es chico no se le pueden dar mal las matemáticas.

¿Qué piensa el profesorado?

A diferencia de los padres, el profesorado no tendría por qué sobreestimar las habilidades de los niños, ya que es probable que les afecte menos la cuestión emocional. Pero es llamativo como todavía hoy, los docentes y las docentes muestran un sesgo de género estadísticamente significativo en las habilidades de lectura y matemáticas, con un sesgo en matemáticas en contra de las niñas y en lectura en contra de los niños.

Sin duda, los docentes tienen información más precisa sobre las capacidades del alumnado y, de hecho, la magnitud del sesgo de género de los profesores es mucho menor en términos absolutos que el sesgo de género de los padres. Éstos últimos no saben con claridad cómo van en la escuela, pero simplemente les ilusiona que sean los mejores.

La profecía autocumplida

Los hallazgos de una investigación reciente mostraron que los padres y las madres tienden a creer que sus hijos y sus hijas son mejores de lo que realmente son en su desempeño académico en lectura y matemáticas, independientemente del género. Pero, en matemáticas, creen que son mejores las habilidades de los niños que las de las niñas en un grado significativamente mayor.

«Sabemos que los estereotipos de género pueden ser una profecía autocumplida», afirmó Valentina Tonei, economista y una de las autoras de la investigación. «A veces escuchamos que a las niñas no les gustan las matemáticas, pero ¿qué se ha hecho para determinar por qué no les gustan las matemáticas? Estoy bastante convencida de que esto no es que a las niñas no les gusten las matemáticas, sino que es el resultado de años de estar expuestas a estereotipos».

Tonei y sus colegas analizaron datos de unos 3000 niños y niñas y sus padres que participaron en un estudio longitudinal de alumnado australiano. Se pidió a los padres que calificaran la capacidad de sus hijos e hijas en matemáticas y lectura en varios momentos de la etapa escolar y estas puntuaciones se compararon con el desempeño real de los niños y de las niñas en las pruebas Naplan, pruebas nacionales estandarizadas, hechas entre los ocho y nueve años.

Las calificaciones de las pruebas mostraron una ligera diferencia de género: las niñas lograron el equivalente a un 1,7 % adicional en lectura y los niños un 0,6 % adicional en matemáticas. En lectura, los padres tendían a valorar más la capacidad de las niñas pero no demasiado en proporción a lo que obtuvieron en las pruebas. Sin embargo, en matemáticas, el exceso de confianza de los padres en las habilidades de los niños superó de forma significativa su destreza real en las pruebas.

La investigación también mostró que el sesgo de los padres tenía un impacto perceptible en la trayectoria educativa de un niño o de una niña. Cuando las investigadoras rastrearon el desempeño de las niñas y de los niños en las siguientes pruebas estandarizadas dos años después, aquellos cuyos padres tenían más confianza en sus habilidades obtuvieron mejores resultados. En consonancia con esto, la brecha entre niñas y niños se hizo mayor en matemáticas: los niños iban mejor y las niñas peor. «Cuanto más sobrevaloran de forma positiva los padres, mayor será el nivel de habilidades de estos niños dos años después», dijo Tonei.

La cuestión de las expectativas

En otro estudio anterior ya se puso de manifiesto la diferencia sustancial de género en la elección de la especialidad en educación secundaria, con más del 60 % de los chicos y el 40 % de las chicas que prefirieron la materia de matemáticas (frente a una de literatura), lo que reflejaba diferentes intereses entre géneros. También se mostraba una diferencia en la autoconfianza de cada alumna y de cada alumno para elegir esa asignatura como consecuencia de los estereotipos implícitos. Además, entre el alumnado con mejor desempeño en matemáticas, el 76 % de los chicos eligió matemáticas frente a sólo el 51 % de las chicas; por el contrario, entre el alumnado con mejor desempeño en literatura, el 56 % de las chicas eligió matemáticas frente al 38 % de los chicos. Esto sugiere que los estereotipos de género en las elecciones tienen un gran peso para los y las estudiantes con talento en la opción «equivocada» según su género.

En esta misma investigación se observó que los padres del mismo género influyen en los hijos en el dominio estereotípico (es decir, los padres influyen en los chicos para elegir matemáticas y las madres influyen en las chicas para elegir literatura). El efecto se debe a la activación de la recomendación parental, que induce a los hijos a pensar en la opción estereotípica, y no tanto a decepcionar a los padres. Es como si ya hubieran asimilado «lo que les toca». Con respecto a la opinión de sus compañeros, se observó que a los estudiantes no les afectaba que el resto de la clase conociera su elección. No había diferencias entre las preferencias, fueran estas privadas o públicas. Lo que sí les influyó, especialmente a las niñas, es saber que estarían en el aula con los compañeros y compañeras que hubieran hecho la misma elección; a los chicos no les importaban sus futuros compañeros, pero las chicas evitaron las matemáticas cuando creían que iban a ser minoría, lo que generó una profecía autocumplida con una menor proporción de alumnas eligiendo el campo tradicionalmente masculino. Este estudio subraya la importancia de los padres y madres y la interacción con los compañeros en la toma de decisiones de los y las adolescentes respecto a la elección de su carrera académica. Y esto lleva a una pérdida de talento que no nos podemos permitir.

Sabemos que continúa existiendo una brecha de género sustancial en matemáticas, física e ingeniería: las estudiantes solo representan el 23 % de los candidatos en física y el 37 % en matemáticas en educación secundaria en el Reino Unido y constituyen una proporción aún menor en estudios superiores.

Cuidado con lo que les decimos

La excomisionada de movilidad social del gobierno británico, la directora Katharine Birbalsingh, dijo a un comité en 2022 que las niñas no elegían el nivel A de física porque no les gustaban las «matemáticas difíciles». Estas declaraciones provocaron enfado en muchas científicas.

Las bajas expectativas hacia las niñas para hacer matemáticas, las que sostienen a la física, las necesarias para la ingeniería, las que explican patrones de inteligencia artificial, las bonitas y las feas, no las animan especialmente a seguir esos estudios.

La neurocientífica Gina Rippon dijo que «la psicología sabe desde hace algún tiempo que los padres esperan cosas diferentes de los niños y de las niñas» y añadió que era alentador que proporcionar información objetiva sobre los hijos y las hijas ayudara a contrarrestar este efecto. Le pareció esperanzador. Es importante esta información académica objetiva de sus capacidades y también lo es provocar y mantener su gusto por el conocimiento, y, sobre todo, escucharles. Es fundamental confiar en las inclinaciones científicas de nuestros hijos pero lo es mucho más confiar en las motivaciones para la ciencia de nuestras hijas y en su incuestionable cerebro para las matemáticas.

Referencias

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.