El karité, el oro de las mujeres africanas
Cuando están listos, caen al suelo los frutos del karité, un árbol de gran altura cuyo nombre significa «árbol de mantequilla». Hay que esperar quince, veinte o veinticinco años para que el karité dé sus primeros frutos. Este árbol sagrado y sus nueces recogidas por mujeres son a la vez sustento y legado, recurso económico y tradición.

La franja del karité
En el llamado «cinturón del karité», una zona semiárida de entre 500 y 750 km de ancho que se extiende a lo largo de 6000 km y abarca 21 países, desde Senegal hasta Sudán del Sur, las familias de cientos de miles de aldeas utilizan el karité en su vida diaria como manteca o aceite comestible, jabón, cosmético o medicina. El árbol de karité (Vitellaria paradoxa) crece en la sabana entre campos de mijo, algodón, ñame o mandioca y otros árboles dispersos que dan sombra y alimento.
El karité puede vivir más de dos siglos. Su resiliencia lo convierte en guardián del suelo frente a la erosión. Acompaña a comunidades rurales que se adaptan a un clima extremo. En muchos pueblos, su tala está tradicionalmente prohibida. Es un árbol todavía respetado.
Un saber femenino
La transformación del fruto del karité es un trabajo que llevan a cabo las mujeres. En una gran parte de la franja, la producción tradicional está liderada casi exclusivamente por ellas. Recolectan los frutos caídos, los hierven para separar la pulpa, secan las nueces al sol y después llega la molienda y el batido manual hasta obtener una pasta cremosa que cuando se enfría se convierte en manteca.

El proceso es físico y comunitario. Se trabaja en grupo, se comparten historias y técnicas, se transmiten gestos precisos a las más jóvenes. En Burkina Faso y Ghana, las cooperativas de mujeres han logrado organizar la producción, mejorar la calidad y negociar precios más justos en el mercado internacional. Aunque en los últimos años el turismo incluya en su programa la visita a las trabajadoras del karité su tarea no es un espectáculo; para muchas familias, la manteca de karité representa independencia económica. Permite pagar la escuela de los hijos, acceder a servicios básicos y mantener la autonomía en contextos rurales donde las oportunidades son limitadas.
Antes de convertirse en el producto estrella de la cosmética natural en todo el mundo, la manteca de karité fue, y sigue siendo, un elemento esencial en la vida diaria de millones de personas. Se utiliza para cocinar como grasa vegetal en guisos tradicionales. Se usa para proteger la piel del sol intenso, para hidratar el cabello y como remedio natural frente a pequeñas heridas o irritaciones. su textura es firme pero maleable con el calor de las manos.
Cooperativas de mujeres
La manteca de karité ha cruzado fronteras por sus propiedades hidratantes y por su alto contenido en vitaminas A y E. Es un elemento esencial de cremas, bálsamos labiales, champús y lociones corporales. Ha pasado de las viviendas africanas a los expositores de una perfumería europea. Aumenta la demanda y esto beneficia a miles de productoras. Sin embargo, aparecen dudas sobre la distribución justa del valor añadido y la sostenibilidad de la cadena de suministro. Y dudas sobre quién ayuda y quién se apropia.
Algunos proyectos internacionales colaboran directamente con cooperativas en Senegal, Burkina Faso, Ghana o Benín y garantizan precios estables y formación técnica. Las cooperativas de mujeres productoras de manteca de karité tienen unos resultados concluyentes: el producto típicamente africano es cada vez más buscado por la industria cosmética y alimentaria internacional por sus propiedades excepcionales.
Según datos de población y consumo diario de manteca de karité, se estima que más de 18 millones de mujeres participan en la recolección de nueces de karité en la región productora. De hecho, el karité ha sido denominado «oro de las mujeres» porque es uno de los pocos recursos que las mujeres de los hogares rurales de la región controlan, desde la cosecha hasta la comercialización.
Por otro lado, el aumento de la demanda mundial de karité ha hecho que los hombres de algunas comunidades se involucren también en la gestión de este recurso. Este hecho está provocando tensiones, ya que en algunos casos reproduce una masculinidad hegemónica que perjudica las posibilidades de las mujeres. En otros casos, sin embargo, esta mayor participación de hombres conlleva cambios positivos dentro y fuera de los hogares.
Árboles orgullosos
Hemos visto que el árbol de karité es una especie agroforestal única, fundamental para el sustento de las comunidades locales y el desarrollo agrícola de las zonas rurales donde se cultiva. Considerado el segundo cultivo oleaginoso más importante de África después de la palma aceitera, el karité es probablemente una de las especies autóctonas más importantes, tanto económica como culturalmente, del África central.

Sabemos que la manteca de karité es también un producto de exportación multimillonario como ingrediente en cosméticos y productos de cuidado personal de lujo y productos farmacéuticos (por ejemplo, remedios para reducir el colesterol y para la artritis). Sin embargo, la mayor demanda de exportación (aproximadamente el 90 %) de manteca de karité está relacionada con la extracción de estearina comestible, utilizada en la formulación de equivalentes de manteca de cacao para la confitería de chocolate.
Algunos problemas que aparecen en la producción de manteca de karité son inherentes a los árboles: es una especie que crece lentamente; son propensos a la «producción irregular», es decir, hay una cosecha grande y dos pequeñas en un período de tres años; la tasa de polinización de las flores del karité es muy baja, incluso de un 10 %; y por último, hay cuatro tipos de muérdago parásito (Tapinanthus spp.) que debilitan e incluso matan a los árboles de karité en grandes zonas de su hábitat natural.
Además, los árboles de karité no han sido reproducidos selectivamente para conseguir frutos de un tamaño superior, con un mayor contenido de aceite, hábitos regulares de producción, viabilidad de las flores o resistencia a las plagas. Hasta el momento, los árboles se reproducen de forma natural.
Desafíos medioambientales
El crecimiento del consumo y, por lo tanto, de la producción de manteca de karité, plantea nuevos retos medioambientales. De hecho, esta actividad de producción implica un gasto importante de leña y agua, y crea residuos vegetales. A baja concentración, estos residuos no son dañinos; pero a medida que la producción aumenta, las cooperativas de productoras se enfrentan al reto de la gestión medioambiental. Es importante tomar medidas a medio y largo plazo para asegurar la sustentabilidad del desarrollo socioeconómico mediante la implementación de métodos de producción más ecológicos.
A partir de tecnologías adaptadas a la producción neutra en carbono, una unidad de producción verde de manteca de karité tendría los siguientes objetivos: manejo de los recursos naturales, compostaje de los residuos vegetales, reciclaje de las aguas residuales y un mayor uso de energía renovable mediante biogás y energía solar.
Además, en áreas de alta producción, como las que se encuentran en el norte de Ghana y la Meseta Central de Burkina Faso, el karité puede constituir el 80 % de los árboles. Estos sistemas tienen un enorme potencial para mitigar el cambio climático a través del secuestro de carbono futuro. En la actualidad, se estima que el karité fija alrededor de 1,5 millones de toneladas de CO2 equivalente (tCO2e) al año, o una huella de carbono negativa de 1,04 tCO2e por tonelada de nueces de karité producidos.
Recursos genómicos para mejorar el cultivo de karité
El karité permanece semidomesticado y prácticamente no cuenta con un historial de mejora genética. De hecho, su prolongado período juvenil, sin frutos, dificulta los métodos de optimización tradicionales (es un árbol que no se planta); pero la oportunidad para la mejora asistida por genoma se está planteando.
La densidad de árboles de karité está disminuyendo; han envejecido y la regeneración es baja. Las recolectoras de nueces de karité tienen que recorrer distancias cada vez más largas; y cuando los ingresos económicos de las recolectoras disminuyen, la población piensa en convertir la tierra en cultivos de anacardo y mango. Además, el énfasis relativamente reciente en la inversión a gran escala en tierras y en proyectos de desarrollo agrícola que buscan intensificar la producción de maíz, algodón y biocombustibles representa una amenaza adicional para la conservación de los árboles de karité.

A pesar de todo, el karité figura entre las especies prioritarias y las encuestas indican que la gente del campo plantaría árboles de karité si hubiera variedades mejoradas disponibles y visualmente distinguibles (para aclarar la propiedad) de los árboles regenerados naturalmente. Además, se plantarían cerca de los terrenos familiares. Se están llevando a cabo investigaciones sobre el genoma de la especie. Estos estudios abren las posibilidades para una intervención en el genoma del árbol de karité.
Para reflexionar sobre las necesidades creadas en un mundo de consumo feroz
Los compradores de estearina procedente del karité en el mercado internacional también exigen mejoras genéticas. Con ácidos esteárico y oleico que constituyen casi el 90 % del contenido de grasa de la nuez del karité, el karité es una de las pocas fuentes naturales económicamente viables de triglicérido esteárico-oleico-esteárico, una valiosa estearina vegetal debido a sus propiedades funcionales comparables a las de la manteca de cacao.
Con todo, la mejora genética sistemática del árbol de karité puede estar justificada para abordar tanto las amenazas como la creciente demanda de este recurso y las oportunidades de desarrollo en el sector.
La transformación, mediante los estudios genéticos, de esta especie agroforestal semidomesticada en un árbol que dé frutos antes y en mayor cantidad, con características deseables (por ejemplo, calidad constante de frutos y nueces, arquitectura del árbol, estabilidad del rendimiento, etc.) puede hacernos reflexionar sobre la conservación y el aprovechamiento más deliberados y activos de la diversidad genética del karité.
Necesitamos más y más productivos árboles de karité porque el consumo de chocolate en el planeta va en aumento. ¿Qué sobreesfuerzo le pedimos a la naturaleza? Si volvemos a pensar en la tarea tradicional de las mujeres después de recolectar los frutos del karité, quizá podamos sentir el aroma a nueces tostadas. Y escuchar el sonido de las cáscaras y después el batido de la pasta marrón que se transforma sin prisa en una crema espesa y brillante. La constancia es la esencia del producto final. Todos los gestos de las mujeres en la elaboración de la manteca de karité tienen un peso ancestral que los hace fascinantes. En un tiempo en el que prevalece lo inmediato, todo lo referente al karité lleva un ritmo lento y una dosis alta de paciencia.
Referencias
- Akihisa, Toshihiro et al. (2010). Anti-Inflammatory and Chemopreventive Effects of Triterpene Cinnamates and Acetates from Shea Fat, Journal of Oleo Science, 59(6) 273–280
- Fifer, Gene (2018). Shea Tree. ECHO Development Notes no. 141
- Friman, Jenny (2023). Challenging shea as a woman’s crop – masculinities and resource control in Burkina Faso. Gender, Place & Culture, 30(10) 1437–1456
- Hale, Iago et al. (2021). Genomic Resources to Guide Improvement of the Shea Tree. Front. Plant Sci. 12:720670
Sobre la autora
Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.