Katherine Esau, botánica mundialmente elogiada

Vidas científicas

Nacida en Ucrania en 1889, desde muy joven Katherine Esau mostró un gran interés por el mundo de biología vegetal. Aunque, como hemos visto en un post anterior, su formación inicial tuvo lugar en Moscú, los trabajos más significativos de su extensa y fructífera vida tuvieron lugar en los Estados Unidos. En este país dedicó su carrera profesional al estudio de la mejora de las plantas cultivadas y a su protección frente a las enfermedades.

Katherine Esau no solo ha sido especialmente reconocida y valorada por su excelente trabajo como investigadora, sino también por sus extensos libros de texto. Cuidadosamente escritos y bellamente ilustrados, durante décadas fueron citados en innumerables universidades y diversos centros de investigación.

Unos libros de texto magníficos que dieron la vuelta al mundo

El primer libro, y el más celebrado, de Katherine Esau, se publicó en 1953 bajo el título de Plant Anatomy (Anatomía Vegetal). Constaba de 735 páginas e inmediatamente se convirtió en un texto universitario clásico traducido a diversos idiomas, incluido el ruso, que contribuyó a mejorar la calidad de la enseñanza de botánica en casi todo el mundo. La científica abordaba el desarrollo de las estructuras vegetales en una amplia variedad de plantas con gran rigor y detalle. Al respecto, su exalumno y colega Ray F. Evert señalaba: «Plant Anatomy dio vida a lo que antes parecía un tema bastante aburrido […]. La obra tuvo un impacto mundial enorme, provocando literalmente una revivificación de la disciplina».

Unos años más tarde, en 1960, Esau publicó Anatomy of Seed Plants (Anatomía de las plantas con semilla). Con posterioridad, entre 1965 y 1977, esta prolífica autora escribió otros tres libros, (Vascular Differentiation in Plants; Viruses in Plant Hosts: Form, Distribution, and Pathologic Effects; y The Phloem), representando todos ellos excelentes ejemplos de sus valiosas contribuciones al conocimiento del mundo vegetal. A lo expuesto hay que añadir que el dominio de idiomas de la científica (sabía francés, inglés, ruso, alemán y portugués), le permitió realizar una extensa y meticulosa revisión de sus obras cada vez que eran traducidas.

Portadas de los libros de Katherine Esau.

El profesor emérito de biología vegetal de la Universidad de California, campus de Davis, Bill Lucas, sostiene que «el trabajo de Katherine Esau fue enciclopédico. Su prosa era elegante y precisa; cada palabra estaba cuidadosamente elegida. Cuando se leen sus escritos, uno se encuentra mirando al microscopio junto a ella, viendo lo que ella veía».

Gracias a la amplia difusión de su valiosa obra, ha explicado el prestigioso profesor de botánica de la Universidad de California, Berkeley, George L. Stebbins (1906-2000), «Katherine fue reconocida no solo como una de los líderes mundiales en anatomía vegetal, sino también como la más eficiente en lograr que los conocimientos sobre la estructura anatómica estuvieran al alcance de otros investigadores en los campos de botánica aplicada más relevantes […]. Transformó la anatomía vegetal, siendo su colaboración más importante a la botánica un intenso y riguroso examen del desarrollo comparado [de los tejidos vegetales]».

Los años en Santa Barbara

Katherine Esau fue profesora en el campus de Davis de la Universidad de California hasta 1963. Por esta fecha, y con una edad próxima a su jubilación optó por desplazarse al campus de Santa Barbara, también de la UC, donde permanecería activamente comprometida con la investigación durante más de 20 años; concretamente, hasta bien entrados los 90 años de edad. Al respecto, la científica ha revelado que «los años pasados en Santa Barbara fueron los más productivos y satisfactorios de mi carrera».

Poco antes de dejar Davis, en torno a 1958, Esau había comenzado a utilizar el microscopio electrónico en sus meticulosas investigaciones. Apuntemos, aunque sin entrar en detalles técnicos, que el microscopio electrónico es de considerable utilidad para la ciencia gracias a su gran poder de aumento. Debido a que usa electrones en lugar de la luz visible, puede formar imágenes de objetos diminutos hasta un millón de veces aumentadas. El primero fue diseñado entre los años 1922 y 1935, y unos años más tarde empezó a usarse para la investigación científica.

Katherine Esau: Ruta graveolens L. (1960).
Herbario de la Universidad de California.

Katherine Esau estaba muy interesada en aplicar esta nueva herramienta a sus investigaciones, y poco después de llegar a Santa Barbara la universidad compró e instaló un microscopio electrónico para ella. Tal como ha referido su exalumna y amiga personal Jennifer Thorsch, «Katherine trabajó intensamente sobre la estructura y el desarrollo del floema en calabacín, mimosa, algodón, judías [y otros muchos vegetales]». Valga recordar que la principal especialidad de Esau fue el estudio del floema, un tejido que forma parte de los vasos conductores de un organismo vegetal y tiene como principal función transportar las sustancias nutritivas (la llamada «savia elaborada») desde las hojas hasta las raíces.

Con el uso del microscopio electrónico, Esau profundizó y amplió sus conocimientos sobre la anatomía de los vegetales, publicando numerosos artículos altamente técnicos, que aumentaron aún más el prestigio y respeto que ya se había ganado entre la comunidad especializada. Parte de estos trabajos fueron realizados en colaboración con distintos autores y autoras, quienes en diversas ocasiones han agradecido calurosamente la oportunidad de trabajar con la eminente científica.

El nivel alcanzado por el trabajo de Katherine Esau alcanzó tan buena reputación que en 1989 el presidente George Bush (padre) le otorgó el premio más elevado que el gobierno estadounidense puede conceder a un científico o científica, la National Medal of Science. El listado de méritos que acompañaba a la medalla decía: «En reconocimiento por su distinguido servicio a la comunidad americana de biólogos vegetales, y por la excelencia de su investigación pionera, tanto básica como aplicada, sobre la estructura y el desarrollo de las plantas, que se ha extendido por más de seis décadas; por su excepcional desempeño como educadora, en las clases y a través de sus libros; por el estímulo e inspiración que ha dado a la legión de jóvenes aspirantes a ser biólogos vegetales, y por proporcionar un modelo especial sobre la participación de las mujeres en la ciencia.»

Reflejando la modestia que la caracterizaba, la premiada comentaría asombrada, «No se cómo he sido elegida, no tengo ni idea de qué es lo que tanto les ha impresionado de mí».

Mujer y científica

En enero de 1971, la revista Ladies Home Journal incluyó a Katherine Esau entre las 75 «mujeres más importantes» de América. Sin embargo, años más tarde, cuando en una entrevista le preguntaron si se veía como una mujer pionera en ciencia, Esau contestó, «esa es una cosa muy graciosa. Nunca me ha preocupado ser una mujer. Nunca se me ocurrió que fuera algo importante. Siempre he pensado que las mujeres podían hacer las cosas tan bien como los hombres. Por supuesto, la mayoría de las mujeres no están formadas para pensar de esta manera. Están formadas para ser amas de casa. Y yo no soy ama de casa.»

Al respecto, el citado exalumno de la científica, Ray Evert, apuntaba en una conversación con el editor David Russell, «Katherine ha recibido peticiones de varios grupos de mujeres para hablar sobre su carrera y los duros tiempos que pasó en un mundo de hombres. Sorprendentemente, ella afirma que nunca se sintió discriminada. Ciertamente, esa no es la forma en que la gente actúa hoy, ya que un gran número de mujeres están preocupadas y legítimamente por el tema. Esau jamás pensó que tuviera desventajas por su género […], aunque era tan sobresaliente que resulta muy difícil que la gente no la admirase. [Pese a que] la mayor parte de los reconocimientos que recibió llegaron muy tarde, nunca mostró ningún resentimiento. Simplemente se lo tomaba con filosofía. Estaba haciendo lo que la hacía feliz.»

Colaboración entre maestra y alumna

La citada Jennifer Thorsch fue una de las mejores y más queridas alumnas de doctorado de Katherine Esau. Hoy directora emérita del ERI (Earth Research Institute) de la Universidad de California, Santa Barbara, ha relatado que en 1979 se incorporó al laboratorio de Esau cuando ésta tenía 81 años de edad, con el fin de realizar su tesis doctoral.

Thorsch mantuvo una larga conversación con David Russell, quien en 1991 publicó una compilación de la vida de Katherine Esau. En este trabajo, la antigua doctoranda expresa, sincera y afectuosamente, la estrecha y estimulante amistad que tuvo con su apreciada tutora. Resumimos aquí algunos de sus recuerdos.

Jennifer Thorsch describe a su maestra como «la persona más pulcra que he conocido, con una manera de trabajar extremadamente bien organizada […]. Mantenía sus cosas en el laboratorio de forma muy ordenada […]. Al mismo tiempo, estaba deseosa de compartir lo que tenía. Yo sabía que tenía acceso abierto a todos sus artículos de investigación y material científico; nada estaba bajo llave o era secreto».

Jennifer Thorsch. Fotografía: George Foulsham. Fuente: UC Santa Barbara.

Un aspecto que la antigua discípula subraya varias veces a lo largo de la entrevista tiene que ver con la metodología de Esau como tutora, y explica, «su técnica era muy diferente de la seguida en otros laboratorios. Se mostraba seriamente interesada en mi proyecto de investigación, quería de verdad ayudar a convertirme en una buena anatomista vegetal. En ningún momento me dejó a la deriva, sin rumbo; por el contrario, mostraba amabilidad y consideración; fue muy generosa con su tiempo y con sus conocimientos […]. Tenía gran paciencia conmigo, veía que era una científica joven que aún estaba aprendiendo la terminología, así como los medios para abordar y analizar un problema, y me proporcionaba explicaciones muy claras.»

Thorsch hace varias veces hincapié en que «Katherine nunca tenía apuro por llegar a una conclusión. Siempre se tomaba su tiempo para analizar y reflexionar; de ella aprendí a no tomar una decisión rápida o sacar conclusiones precipitadas, valoré los beneficios de estudiar con tranquilidad lo que tenía entre manos». Y sobre la excelente escritura de Esau, recuerda que «trabajaba mucho con sus escritos; de hecho, disfrutaba escribiendo y nunca se apresuraba; constantemente insistía, “Jennifer, yo reescribo las cosas docenas de veces” […]. Su ejemplo me ayudó mucho. Debo mi capacidad para escribir artículos de investigación con claridad y de manera concisa a su excelente instrucción.»

Katherine Esau no solo era una escritora muy buena, sino que también realizaba los dibujos que ilustraban su trabajo. Thorsch relata que «cuando preparaba una publicación, a menudo hacía primero un bosquejo o borrador; era muy meticulosa […]. Le encantaba dibujar, era una de sus actividades favoritas y, de hecho, lo hacía muy bien. Tenía la capacidad de simplificar lo que había visto [al microscopio], de forma que las ilustraciones eran muy claras y precisas. Además, añade la antigua alumna, en su casa tenía una preciosa mesa de dibujo y allí hacía todas sus ilustraciones».

Jennifer Thorsch confiesa que cuando tuvo que exponer públicamente los primeros resultados de su investigación, se sintió sumamente nerviosa y preocupada. Una vez más, Esau fue su tabla de salvación. «Fue en junio de 1980. Sabía que Katherine daba charlas sobresalientes con muy buenas presentaciones, aunque nunca me había imaginado cuánto trabajo estaba incluido en sus conferencias […]. A menudo se tiene la impresión de que los científicos de la categoría de Esau no ensayan; sin embargo, ella siempre cavilaba, reflexionaba y escribía un guion con anterioridad».

Al solicitar su ayuda, comenta Thorsh, sus consejos fueron sabios: «No debes memorizar el tema porque es bueno que suenes fresca y tranquila, así tu intervención será más interesante. Apréndelo bien, conoce las palabras clave que quieres usar, y parte de ahí. Y me alentaba afirmando, “yo tuve que ensayar mi primera conferencia ¡20 veces!” […]. Para mí, su influencia fue inmejorable; guiaba, pero no presionaba, y esto era algo muy bueno».

De aquella experiencia concluye recordando que un profesor conocido que estaba entre el público, cuando la conferencia acabó «se acercó a mí y me dijo “has hecho un buen trabajo, y resulta obvio que estás recibiendo una excelente guía por parte de la doctora Esau”».

Ante la pregunta de si Katherine Esau era consciente de su posición en la comunidad científica, Thorsh responde «creo que sí, pero era una persona naturalmente modesta y no le gustaba llamar la atención. No le molestaban los reconocimientos mientras no fueran abrumadores u ostentosos. Si se le hacían elogios con buen gusto y a nivel intelectual, ella los aceptaba bien».

Cuando Katherine Esau recibió la National Medal of Science, entregada por el Presidente George Bush en 1989, su antigua discípula recuerda, «estaba muy satisfecha. Fue un honor que se merecía y ganó. Solo lamentó que no llegara unos años antes porque hubiera podido ir a Washington a recibir la medalla. Y así me lo mencionó. “¿Por qué no hicieron esto antes? No he hecho ninguna contribución importante en los últimos años que marcara la diferencia”».

Esau tuvo cuatro alumnas que acabaron el doctorado con ella. Thorsch fue la última, y relata que cuando se graduó en 1981, «Katherine tomó su libro The Encyclopedia of Plant Anatomy y escribió: “Para Jennifer Thorsch, que tanto ha añadido a mi gozo por la investigación en el ocaso de mi carrera”». No obstante, la entrevistada añade, «creo que nos beneficiamos mutuamente de esta situación; pero es indudable que yo recibí el beneficio mayor».

Sobre la vida personal de su tutora, la antigua discípula apunta que le encantaba la ópera, y a menudo le contaba a qué ópera había asistido o se había emitido por la televisión y cómo disfrutaba con ello. Thorsch señala, además, que los intereses principales no científicos de Katherine era caminar por la mañana temprano y leer un capítulo de un libro cada noche antes de acostarse. Y anota que «los libros que ella elegía eran usualmente volúmenes históricos sobre Rusia […]. Se que también disfrutaba cosiendo y que en su juventud se hacía la mayor parte de la ropa».

El momento en que Katherine Esau tuvo que dejar de ir al laboratorio, recuerda la alumna ya doctorada, «fue después de la segunda vez que se fracturó la cadera. Entonces resultó evidente que ya no sería capaz de continuar con su horario usual. La visité en su casa casi cada día y de vez en cuando la llevaba al campus. Katherine era una persona muy reservada y disfrutaba de la soledad tanto que no pensé que realmente le importara quedarse en casa».

Al terminar la conversación con David Russell, Jennifer Thorsch reiteraba su agradecimiento, subrayando que «en ningún momento de mi vida con ella sentí que no estuviese completamente interesada en lo que yo estaba haciendo. Siempre estaba lista para dejar cualquier cosa y prestar atención a mi investigación».

El final de una vida espléndida

Katherine Esau.

Katherine Esau impartió la última conferencia de su carrera en el campus de Davis en 1982. Tenía 84 años de edad. El citado profesor, Bill Lucas, estaba presente y su reacción resumía apropiadamente la carrera de la científica en una palabra: «Brillante». Finalmente, su último artículo fue publicado en 1991, cuando contaba con 93 años de edad. Al respecto, el profesor Stebbins ha subrayado: «Solo un puñado de científicos han continuado publicando sus resultados hasta tan avanzada edad».

El 4 de junio de 1997 fallecía Katherine Esau a la edad de 99 años; todo el mundo científico se hizo eco del triste acontecimiento. Las condolencias y recordatorios acerca de tan destacada personalidad fueron muy numerosas. Así, por ejemplo, Jennifer Thorsch recordaba, «Katherine fue una profesora magnífica; siempre tenía tiempo para escuchar a su alumnado y proporcionar consejos, estímulos y elogios. Fui muy afortunada al ser su última estudiante graduada […]. Nuestra relación como tutora y alumna se transformó en una relación de colegas y amigas, y finalmente mi papel fue cuidarla y ayudarla durante los últimos años de su vida».

En una placa colocada en el edificio que albergó el laboratorio de investigación y el microscopio electrónico usado por la científica en la Universidad de California, Santa Barbara, redactada por uno de sus colaboradores, el distinguido profesor de botánica, Vernon I. Cheadle, hoy puede leerse que el centro está dedicado a «la brillante erudita Profesora Emérita Katherine Esau. Magnífica profesora, autora de un libro de texto clásico e histórica articulista».

Peter Raven, director del Missouri Botanical Garden, recordaba que ella «dominó absolutamente el campo de la anatomía y la morfología de los vegetales durante varias décadas. Estableció el escenario para acoger todo tipo de avances modernos en botánica, fisiología vegetal y biología molecular.»

Debra Cleveland, coordinadora de la página web de la Universidad de California, Davis, ha señalado con acierto que «en la vida de Katherine Esau resulta impresionante la historia de su notable e improbable viaje desde la niñez en Rusia hasta su distinguida carrera investigadora en los Estados Unidos».

Por su parte, el acreditado botánico profesor de la Universidad de California, Berkeley, George L. Stebbins, que tanto la admiró, concluía: «La reputación de Katherine de ninguna manera acabó con su muerte, sino que continuará viva por muchos años en adelante».

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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