Isabella Leitch, la nutricionista feminista que estudió la relación entre el peso de los mamíferos recién nacidos y sus madres

Vidas científicas

Isabella Leitch fue una científica especializada, entre otras áreas, en nutrición humana, en la que hizo notables aportaciones. Fue también una ardiente defensora del movimiento sufragista y de las ideas feministas toda su vida. En una ocasión, debido a su parecido con una de las hijas de Emmeline Pankhurst, líder del movimiento sufragista, participó en uno de sus mítines en Londres con el encargo de actuar como doble de aquella y despistar a la policía si trataban de detener a la oradora. Finalmente, no fue necesario, pero su compromiso con aquel encargo y con la causa feminista durante el resto de su vida no flaqueó.

Isabella Leitch.

Leitch nació en 1890 en el pueblo pescador de Peterhead, en Aberdeen, Escocia. Su padre era el cartero de la localidad y su familia mostraba una actitud abierta y progresista respecto a la educación de las mujeres, ya que tanto ella como sus tres hermanas acudieron a la escuela y luego a la universidad, en una época en la que muy pocas mujeres podían hacerlo. Debido en parte a su infancia, durante la que vio a los niños de Peterhead caminar descalzos por la calle durante los meses de invierno debido a la pobreza, siempre mostró un carácter activamente contrario a la desigualdad y la injusticia social, además, como decimos, de combativamente feminista.

En 1911 se graduó en la Universidad de Aberdeen con honores en Matemáticas y Filosofía Natural (lo que ahora sería la carrera de Física), y en 1914 obtuvo un título en Zoología, estudios que combinaba con asignaturas de distintas especialidades: latín, economía política, filosofía moral, botánica, fisiología vegetal, fisiología humana o embriología, entre otras.

Durante los años de la Primera Guerra Mundial, Leitch obtuvo una beca para investigar la hemoglobina en Copenhague, momento en el que surgió en ella un interés por la genética que duraría toda su vida. Intentó volver a Aberdeen, pero no fue fácil encontrar allí un puesto de investigadora.

Los pobres no son pobres porque se lo merezcan

En 1923 encontró trabajo temporalmente como bibliotecaria en el Instituto de Investigación Rowett, lo que le ayudó a sentar las bases de su enorme conocimiento casi enciclopédico sobre nutrición, lo que a su vez terminó ayudándola a obtener el puesto de asistente personal del director del Instituto, John Boyd Orr, Premio Nobel de la Paz en 1949 por sus estudios sobre nutrición. Ella contaría después que, debido a su fe y educación en la fe calvinista, cuando le conoció Orr pensaba que los pobres eran pobres porque se lo merecían. Ella le convenció de que no era así, de que existían razones debidas a la desigualdad social que no eran culpa de los individuos desfavorecidos. Orr terminaría escribiendo un libro sobre el tema y convirtiéndose en el primer director de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Una de las investigaciones en las que participó en el instituto buscaba determinar los primeros síntomas de la malnutrición infantil. Ya en los años 30 se conocían los de enfermedades nutricionales concretas, como el escorbuto o el raquitismo, pero no había consenso respecto a los causados por la propia desnutrición, aunque se sospechaba de algunos como cambios en la piel, anemia, mayor cantidad de infecciones o peor visión nocturna. Leitch sugirió, entre otras cosas, tomar medidas de la longitud de las piernas de los niños en relación con su altura total.

Se llevó a cabo una recogida de datos que se vio interrumpida por la Segunda Guerra Mundial y cuyos resultados no pudieron publicarse hasta años después, en 1952. Una de las conclusiones, publicada por la propia Leitch, era que los niños de piernas más largas tenían en general menos casos de bronquitis a todas las edades que los niños de piernas más cortas, lo que podía significar un mejor estado de salud y nutricional.

Interés por la lactancia, el embarazo y el peso al nacer

A principios de los años 50, Leitch trabajaba en la Unidad de Investigación de Medicina Obstétrica, donde impulsó varios estudios sobre leche materna y lactancia y participó en la primera revisión sistemática sobre la fisiología del embarazo, entendiendo este proceso fisiológico, en parte, como un proceso nutricional: la adquisición de una serie de piezas químicas con las que construir un feto, así como el entorno para desarrollarlo, y a su vez desechar aquellas moléculas y sustancias inservibles. La cantidad de cambios metabólicos que se producen alrededor de este proceso suponían una intrincada panorámica a describir y mucha información que recopilar y organizar para publicar este trabajo.

Uno de los aspectos que más interesaban a la unidad donde trabajaba Leitch tenía que ver con el peso de los bebés al nacer y los distintos factores que influían en él. A veces partiendo de datos, las investigaciones tomaban rumbos sorprendentes. Uno de ellos tuvo que ver con las diferencias de peso que muestran los mamíferos marinos respecto a los terrestres. Según una investigación publicada en aquella época, los mamíferos acuáticos parían fetos relativamente mayores (entre un 4 y un 5 % del peso materno) respecto a los mamíferos terrestres (los osos y leones, por ejemplo, paren fetos que pesan aproximadamente un 1 % que las madres).

Esto sin embargo no encajaba con el caso de los humanos, en los que los bebés nacen pesando en torno al 5 o 6 % que su madre. Esto llevó a los científicos de esta unidad a recopilar datos del peso de los recién nacidos de 114 especies de mamíferos, en busca de tendencias o patrones interesantes para la investigación. Descubrieron una relación muy precisa entre el peso fetal y el materno en cientos de especies, desde los murciélagos hasta las ballenas.

Leitch tuvo una gran influencia en el campo de la nutrición, y entre otras cosas fundó y trabajó como editora de los primeros números de la revista Nutrition Abstracts and Reviews, que triunfó en gran medida gracias a sus buenas relaciones con muchos científicos de esta área de todo el mundo, su dominio de varios idiomas y su aguda mente crítica, ya que podía ser muy combativa cuando creía que un trabajo no tenía la calidad necesaria para ser publicado en su revista.

Cómo y para qué se hace una revisión sistemática

Su influencia se plasmó también en el campo de la propia investigación y literatura científica, ya que disfrutaba remontándose en el tiempo hacia el origen de una determinada idea o hipótesis y recopilando los distintos experimentos y evidencias para evaluar su solidez. Sus reviews y análisis sistemáticos (recopilaciones de estudios científicos sobre un mismo tema para extraer conclusiones generales, la forma más sólida de evidencia científica disponible) eran apreciados como certeros, sencillos de entender y muy precisos.

Isabella Leitch.

Por ese motivo en 1959 recibió una invitación para participar en la Conferencia Internacional de Información Científica, organizada por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos en Washington. Su aportación, un artículo titulado ‘El lugar de las revisiones críticas y analíticas en cualquier ciencia biológica en desarrollo y el papel que prestan a la investigación’ fue muy reconocido y mencionado durante décadas. En él empieza señalando que el material con el que deben trabajar estas revisiones son los datos y los descubrimientos, y no las opiniones de los autores de los que se extraen esos datos.

Leitch murió en 1980, dejando tras ella un gran legado no solo en el campo de la nutrición sino en el de la propia investigación científica y su comunicación entre pares.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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