Temple Grandin: “La zoóloga que piensa en imágenes”

Hola querido/a lector/a. ¿Alguna vez te has planteado en cómo piensas? No hablo de tus ideas, convicciones, etc. Hablo de en la forma en que piensas. Dicen que la mayoría de nosotros pensamos de forma verbal, por medio del lenguaje. También dicen que las personas que tienen un trastorno del espectro autista piensan de forma distinta. ¿Te has planteado alguna vez en cómo piensan? He de reconocer querido/a lector/a que aunque yo sí lo he hecho, no ha sido hasta que he preparado este artículo cuando realmente he profundizado en el tema.

Probablemente por eso este artículo empieza de forma diferente al resto. La mujer que nos ocupa hoy no sólo es una eminencia en conducta animal, también es una de las primeras personas con espectro autista que ha compartido públicamente su experiencia personal. Una experiencia que personalmente a mí me ha impactado, porque me he dado cuenta de mi desconocimiento en lo referente a trastornos del espectro autista. Esta mujer me ha brindado la posibilidad de explorar cosas que desconocía. Esta mujer es Temple Grandin, la zoóloga que piensa en imágenes.

Temple Grandin.

Temple Grandin nació el 29 de agosto de 1947 en Boston, Massachussetts, en el seno de una familia ilustrada y acomodada. Ya desde pequeña mostraba rechazo a que la tocaran, lo que hizo sospechar a sus padres de que algo no iba bien. Con dos años le fue diagnosticado daño cerebral y cuando tenía más o menos diez años su madre intuyó que la pequeña Temple tenía autismo. Lo hizo gracias a la guía del doctor Bernard Rimland, psicólogo fundador del Autism Research Institute. El diagnostico formal de que Temple sufría autismo vino cuando rondaba los cuarenta años.

A finales de los años cincuenta la recomendación médica para gente con un trastorno del espectro autista era la del internamiento en una institución psiquiátrica. Por suerte para Temple su madre se negó a hacer tal cosa y utilizó la fortuna familiar para que su hija ingresara en el Boston Children Hospital, líder de la época en investigación de tratamientos para niños con necesidades especiales. Recibió terapia personalizada para aprender a hablar, cosa que hizo a los tres años y medio, así como todo tipo de terapias ocupacionales, juegos educativos etc. que ayudaron a su desarrollo.

La adolescencia fue difícil, ya que sufrió acoso. Según sus propias palabras “era una nerdy kid (niña rara) que todo el mundo ridiculizaba”. Pero también fue en la adolescencia cuando Temple vivió la experiencia que forjaría su futuro: pasó unas vacaciones de verano en el rancho de su tía en Arizona. Allí se dio cuenta de que los animales, al igual que ella, tenían problemas emocionales y se dijo a si misma que debía de aprender a ayudarlos. Por eso, años más tarde, se licenció en Psicología por la Franklin Pierce College (1970) y, por eso, posteriormente realizó su máster en Zoología (1975, Arizona State University) y su doctorado en Zoología (1989, University of Illinois). Se especializó en etología, el estudio del comportamiento animal (de hecho, es profesora de etología en el Colorado University), aunque también ha realizado trabajos en el campo de la neuropsicología.

Fue de las primeras científicas que constató que los animales de granja (vacuno y porcino principalmente) eran sensibles a distracciones visuales tales como sombras, cadenas colgantes, luces, etc. y que los detalles ambientales hacían que los animales se comportaran diferente, se asustaran o estresaran. La experiencia acarreada en estos aspectos de comportamiento animal la llevó a especializarse en el diseño de instalaciones ganaderas (ranchos, mataderos, etc.). Como gran defensora del bienestar animal, su idea siempre ha sido la defensa de una vida y una muerte menos dolorosa para los animales, logrando una explotación animal segura, eficiente y rentable. Basándose en estas ideas, inventó un sistema de manejo de ganado especial que se usa en muchas de las grandes compañías productoras de carne de toda Norteamérica; creó un sistema numérico de clasificación para evaluar el bienestar animal en mataderos; diseñó corrales curvos para reducir el estrés, el pánico y por tanto, las heridas de las reses, etc. Sus diseños se pueden encontrar en EE. UU., Canadá, varios países de Europa, Australia o Nueva Zelanda. De hecho, la tercera parte del ganado vacuno y porcino de los EE.UU. se maneja con equipos diseñados por ella.

Temple Grandin. Foto de portada del libro The Autistic Brain (Helping Different Kinds of Minds Succeed)
escrito por Temple Grandin y Richard Panek.

Su interés por los animales no fue lo único que Temple se llevó de sus vacaciones en casa de su tía. También lo hizo la necesidad de profundizar en su condición de persona con autismo. Ya con 18 años inventó la “caja de abrazos” o “hug box”. Para ello se basó en la observación de que las reses se tranquilizaban cuando las metían entre dos placas metálicas que comprimían al ganado por los lados, y se le ocurrió crear una máquina parecida para ella. La ayudó a desarrollarla su mentor, William Carloch, un profesor de ciencias que trabajó en la NASA, que además la animó a llevar a cabo experimentos para demostrar la eficacia de la “caja”. Aquello fue un éxito. La “caja de abrazos” no solo fue un estímulo para Temple (la ayudaba a reenfocar sus obsesiones con algo productivo como los experimentos) sino que también la ayudaba relajarse y a empatizar con otras personas. Hoy en día la caja de abrazos se usa en muchas clínicas del mundo para el tratamiento de personas con espectro autista.

Temple también es una de las representantes mundiales de personas con espectro autista. Según explica ella misma su trastorno hace que piense en imágenes, no en palabras. Respondiendo a la pregunta planteada al inicio de este artículo, dicen que las personas con espectro autista piensan en tres formas diferentes: 1) de forma visual (mediante fotografías, imágenes o videos; 2) de forma musical o matemática (basándose en patrones); y 3) de forma verbal (conocen todos los hechos sobre un tema). Todos tienen problemas sensoriales, sociales y de sensibilidad ambiental, pero muchos también la capacidad de sobresalir en alguna habilidad concreta, como Temple en la etología y el diseño de explotaciones ganaderas. Por eso Temple aboga por una prematura intervención para enfocar a niños con espectro autista en actividades que conduzcan sus fijaciones de forma efectiva, motivándoles y haciendo que desarrollen todo su potencial. Ella misma atribuye a su capacidad de visualización el entender a los animales con los que trabaja. De hecho, considera el autismo como una condición entre el pensamiento humano y animal. Su capacidad para visualizar hace que tenga una enorme capacidad de realizar simulaciones tridimensionales en su cabeza, muy útil para sus trabajos de diseño. Cuenta que en los comienzos de su carrera tendía a pelearse con otros ingenieros porque estos no veían los errores en los diseños hasta que los equipos no estaban instalados. Dice que:

Creía que eran tontos. Ahora me doy cuenta de que no, no eran tontos, sino que carecían de capacidad de visualizar. Literalmente, no podían ver.

Temple Grandin en su conferencia “El mundo necesita todo tipo de mentes”. TED 2010.

Nota

Querido/a lector/a te animo a que entres en las páginas oficiales de Temple Grandin que encontraras en las referencias. También te animo a que veas la charla “El mundo necesita todo tipo de mentes”. Es sencillamente maravillosa. Y si aún te quedas con ganas de saber más, puedes ver la película de la HBO “Temple Grandin”, protagonizada por Claire Danes. Honestamente, creo que merece la pena.

Referencias

Sobre la autora

Aitziber Lopez (@lopez_aitzi) es doctora en química por la UPV/EHU.

2 Comentarios

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Elena VecinoElena Vecino

Muchas gracias por tan completa y precisa información! Enhorabuena por el articulo

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