La paleoneurología, el triunfo de Tilly Edinger sobre su difícil vida (y 2)

La científica alemana Tilly Edinger (1897-1967), experta neuróloga y paleontóloga, llegó a los Estados Unidos en mayo de 1940 huyendo del terror nazi desatado en su país.  Con una excelente y muy singular formación tuvo la oportunidad de retomar su profesión, trabajando en su especialidad en el Museo de Zoología Comparada de la Universidad de  Harvard. Se sumaba así a numerosos científicos de aquella época, caracterizados por rehacer vidas y obras tras ese sangriento paréntesis del nazismo.

Una nueva carrera en los Estados Unidos

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Tilly Edinger.

En el Museo de Zoología Comparada, Tilly Edinger encontró una cálida acogida por parte de sus colegas y casi de inmediato pudo incorporarse a la atmósfera académica y social que allí reinaba. Unos años más tarde, en 1945, ya era ciudadana norteamericana.

La llegada de Edinger a la ciudad de Cambridge (Massachusetts) fue también temporalmente conveniente, porque le permitió asistir a la reunión fundadora de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados (Society of Vertebrate Paleontology) celebrada en diciembre de 1940, donde fue la única mujer presente. Posteriormente, en 1963, sería la primera presidenta de esta sociedad.

Aunque al principio siguió ganándose la vida traduciendo artículos, muy pronto se convertiría en «la mayor gloria del museo», según el prestigioso profesor de la Universidad de Harvard, y desde 1946 director del museo, Alfred S. Romer. El dominio de varias lenguas que Edinger poseía, sumado a su visible talento, gran capacidad de observación y atención a los detalles, representaron ventajas tan valiosas que hicieron de ella una colaboradora clave en la recopilación de bibliografía sobre los vertebrados fósiles de Norteamérica, uno de los proyectos más destacados del museo.

Financiada por becas internas de Harvard, de la Fundación Guggenheim y de la Asociación Americana de Mujeres Universitarias, Tilly Edinger continuó en los Estados Unidos con sus innovadoras investigaciones. Un exhaustivo trabajo que se tradujo en publicaciones altamente detalladas, entre las que destaca la monografía sobre «La evolución del cerebro del caballo», escrita tras un estimulante encuentro con uno de los paleontólogos estadounidenses más respetados de todos los tiempos: George Gaylord Simpson.

Las investigaciones de Edinger, selectivamente especializadas y de un rigor indiscutible, la llevaron a identificar estructuras y tendencias evolutivas que hasta el momento no se habían analizado con la minuciosidad suficiente. Por esta senda logró acreditar la enorme importancia del registro fósil a la hora de comprender la evolución del cerebro. Su genial inspiración le permitió armonizar conocimientos procedentes de la biología y la geología, incorporando el concepto de tiempo geológico a la neurobiología. Desde esta perspectiva, su trabajo abrió las puertas y consolidó una conquista original: definir las bases de la paleoneurología como nueva disciplina.

El apogeo de una carrera científica

A partir de la década de 1950, según han descrito Emily Buchholtz y Ernst Seyfarth (2001), Tilly Edinger «no sólo se había convertido en la principal autora dentro del campo de la paleoneurología sino también en cronista, promotora, y por último tutora de una generación más joven que estaba siguiendo sus pasos. Estas actividades se vieron mínimamente afectadas por su progresiva sordera congénita, que por entonces ya era bastante marcada».

Tilly Edinger and colleagues at the Museum of Comparative Zoology. Sitting left to right: Tilly Edinger, Harry B. Whittington, Ruth Norton, Alfred S. Romer, Nelda Wright, and Richard van Frank. Standing left to right: Arnold D. Lewis, Ernest E.Williams, Bryan Patterson, Stanley J. Olsen, and Donald Baird. (Photo: David Roberts, from Buchholtz, 2001)

Tilly Edinger y sus colegas en el Museum of Comparative Zoology.
Sentados, de izquierda a derecha: Tilly Edinger, Harry B. Whittington, Ruth Norton, Alfred S. Romer,
Nelda Wright y Richard van Frank. De pie, de izquierda a derecha: Arnold D. Lewis,
Ernest E.Williams, Bryan Patterson, Stanley J. Olsen, and Donald Baird.

Prueba de su efervescente actividad es la serie de artículos que escribió detallando el «estado actual de la paleoneurología». Un dinamismo que ha quedado reflejado en las numerosas cartas, consejos y advertencias que envió a un sorprendente número de colegas y amigos. Gran parte de esta correspondencia se ha conservado y, como explican Buchholtz  y Seyfarth, «constituye un testimonio no sólo de su trabajo sino de su entusiasta, generosa y vibrante personalidad».

Además, Edinger enseñó zoología durante un curso en el Wellesley College. A pesar de sus dificultades con la docencia debidas a su sordera, tuvo notable éxito y fue una referente popular entre sus estudiantes; las autoridades del College incluso la invitaron a continuar. No obstante, como ella misma explicara, «la enseñanza requería demasiado tiempo […], y me veía obligada a abandonar mi vida privada y mi correspondencia casi por completo».

Quizás el compromiso mayor de sus últimos años fue la recopilación con enriquecedoras notas y aclaraciones de una bibliografía que incluía todas las fuentes conocidas sobre moldes internos de cráneos fósiles. Una tarea que emprendió como actualización de su libro El cerebro fósil (Die fossilen Gehirne), publicado 1929. Con el fin de reunir la información necesaria para esta obra, viajó extensamente por los principales museos de Estados Unidos y de Europa. Disfrutó entonces de la oportunidad de restablecer estrechos lazos con muchos de sus amigos y colegas anteriores a la guerra.

Las excepcionales contribuciones de Tilly Edinger a la paleontología y su papel dominante en la paleoneurología se vieron reconocidas con grados honorarios concedidos por el Wellesley College (1950), la Universidad de Giessen (1957) y la Universidad de Frankfurt am Main (1964). Pese a todo, durante la mayor parte de su vida vivió bajo circunstancias económicas muy modestas hasta relativamente tarde, cuando recibió algunos fondos del gobierno alemán.

Después de su retiro en 1964, Tilly Edinger continuó escribiendo y trabajando con el mismo entusiasmo de siempre. Sin embargo, un desgraciado accidente, debido según diversos estudiosos a la creciente sordera que padecía, le costó la vida. El 26 de mayo de 1967 fallecía con 69 años de edad; era el día siguiente de ser atropellada por un camión de Harvard en Cambridge, al que probablemente no oyó acercarse.

El valor personal y científico de Tilly Edinger reflejado en un extraordinario y extenso libro

Tilly Edinger (American Museum of Natural History).

Tilly Edinger.
© American Museum of Natural History.

La indiscutible originalidad de esta excepcional científica también ha quedado reflejada en un voluminoso libro de 639 páginas editado en 2003. En esta monumental obra los acontecimientos de la vida personal y académica de Tilly Edinger se muestran entrelazados y cuidadosamente estudiados. Escrito principalmente en alemán, salvo unos pocos capítulos en inglés, el voluminoso trabajo contiene las aportaciones de diversos especialistas. Exhibe 95 fotografías e ilustraciones, además de 2056 notas a pie de página. En noviembre de 2004, la médica y antropóloga profesora de la Universidad de Montreal, Annette Leibing, publicó una interesante reseña de esta obra. Su documentado análisis es de obligada consulta para calibrar la aportación de Tilly Edinger.

Así, Leibing comienza su reseña subrayando que la paleoneurología es incluso hoy un campo académico estudiado por muy pocos expertos y por ello el interés del público por la investigadora alemana ha estado principalmente restringido a quienes trabajan en este área. Además, como bien expone Leibing, «existieron factores adicionales que complicaron su camino profesional y, por lo tanto, su popularidad: el ser una mujer científica cuya carrera comenzó en la década de 1920, ser judía en Alemania y padecer desde muy joven de sordera […]. Todos ellos fueron factores que influyeron en su vida y en su carrera profesional de forma que sólo pueden considerarse como interrupciones y pérdidas. No obstante, la fuerte personalidad de Tilly Edinger, su pasión por la ciencia y su extraordinaria inteligencia, hicieron que fuera reconocida en todo el mundo académico como pionera en su campo».

Otra particularidad señalada por Annette Leibing apunta a que «el placer de la lectura [del libro] no disminuye por el contenido especializado de la obra. Se trata de un trabajo concebido para una audiencia heterogénea, que incluye a expertos de distintos campos de las ciencias sociales y naturales tales como historiadores de la ciencia y paleontólogos, así como aquellos interesados en estudios biográficos, en estudios sobre judíos o en la historia de Alemania».

Uno de los autores que participó en este trabajo fue el reconocido paleontólogo estadounidense Stephen J. Gould que, como apunta Leibing, «compartía con ella un pasado judío y un amor y compromiso similares por la ciencia de la paleontología». En palabras de Gould, «este maravilloso libro es una lección para todos nosotros sobre una de las expertas en ciencias naturales más remarcables del siglo XX».

En otro capítulo, uno de los editores del libro, Rolf Kohring, paleontólogo y profesor de la Universidad de Berlín, describe a Tilly Edinger como una persona y científica portentosa: «Fue más que “sólo” una científica que creó una subdisciplina. Fue la primera mujer paleontóloga que consiguió el doctorado en Alemania, además de una de las primeras estudiantes de geografía en ese país. Y, en un tiempo en que las mujeres en paleontología eran en el mejor de los casos una exótica o menospreciada excepción, ella se mostraba orgullosa, decidida y con una gran confianza en sí misma».

Un conocido médico, Harry Langs, también aquejado de sordera, escribe en otro capítulo: «La otosclerosis hereditaria que padecía Tilly Edinger ayuda a explicar, en parte, su soledad y la dificultad que tenía para seguir las conferencias científicas y otras actividades académicas. Por ejemplo, su sordera impidió que alcanzara un puesto de trabajo académico mejor, como muestra un escrito de su director en Harvard, donde la recomendaba sólo “parcialmente” por sus problemas de audición. Esta minusvalía seguramente fue una carga emocional y –sostiene Langs– Edinger a lo largo de toda su vida puede haberse sentido más o menos perseguida por el recuerdo de los sonidos que ya no era capaz de disfrutar».

Cementerio de Frankfurt.

Cementerio de Frankfurt.

Por su parte, el sociólogo e historiador de la medicina, Gerald Kreft, también editor del libro, ha descrito la vida de Tilly como judía, realizando una notable correlación entre la aculturación de los judíos alemanes y la historia de la neurociencia. Según Leibing, este es un capítulo muy delicado, dada la dificultad que ofrece escribir sobre la historia de los judíos en Alemania. Situación que queda reflejada en la larga introducción que precede al artículo en la cual el autor cuidadosamente sostiene que ser judía fue un factor muy importante en la vida de Edinger. Asimismo, este es el capítulo en el que la científica más habla con sus propias palabras, revelando su compleja personalidad.

Llegados a este punto, solo podemos anotar como broche final, que en la actualidad los especialistas están de acuerdo al sostener que el campo creado y liderado por Tilly Edinger, la paleoneurología, ha sobrevivido a su muerte afianzando su lugar en el frondoso árbol de la ciencia. Sin duda, el pensamiento de esta admirable mujer ha influido poderosamente en la dirección de la teoría paleontológica contemporánea. Algo encomiable si se valora el lugar que hoy ocupa esta especialidad en el pensamiento científico.

Referencias

Nota

La primera parte de este artículo La paleoneurología, el triunfo de Tilly Edinger sobre su difícil vida (1) se publicó el 29 de agosto.

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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