Noticias desde la brecha entre géneros

Hemos tratado a menudo sobre la brecha entre géneros en la ciencia, brecha entre hombres y mujeres en cargos, jerarquía y, en consecuencia, sueldo, y, además, según se asciende en la organización, sea en una universidad o en un centro de investigación, sean públicos o privados. Hoy repasaré varias publicaciones sobre este asunto que han aparecido recientemente y me han parecido interesantes, siempre según un juicio muy subjetivo. Además, me han aclarado varios aspectos de nuestra conducta y de las decisiones que tomamos respecto a la falta de igualdad de género en la ciencia y en sus instituciones.

Es curioso que comience con un trabajo de hace tiempo, nada menos que más de 30 años. En 1983, a David Wade Chambers, de la Universidad Deakin de Victoria, en Australia, se le ocurrió pedir a 4807 niños, de 5 a 11 años de edad, con el 49% de niñas, que dibujaran un científico. De los casi 5000 niños, solo en 28 dibujos aparecen mujeres como científicos, y solo los hicieron niñas. Estos son los estereotipos sociales y culturales con los que hay que luchar para conseguir cerrar esa brecha entre géneros en la ciencia.

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Algunos de los dibujos de The Draw-A-Scientist Test de D.W. Chambers (1983).

Para venir a la actualidad nos sirve una nota en el Nature del 29 de febrero que nos muestra como el problema sigue vigente. Elizabeth Gibney resume un informe de la Academia de Ciencias de Sudáfrica sobre la presencia de mujeres en 69 academias nacionales de ciencias. La media de mujeres como académicas es del 12% en 2013-2014, y llega al 20% en los órganos de gobierno. La academia con más miembros femeninos es la de Cuba, con el 27%, y las que menos son las de Polonia y Tanzania, con el 4%. El máximo, en cuanto a las áreas de estudio, está en las ciencias sociales, las humanidades y las artes, con el 16%, seguida de la biología, con el 15%, y la medicina, con el 14%. El mínimo, como es habitual, está en matemáticas, con el 6%, e ingeniería, con el 5%. Por cierto, solo aparece una correlación muy débil entre el número de académicas y el total de científicas en cada país.

Para España, los datos son de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, con un 8% de académicas y un 17% en los órganos de gobierno. En 2012, año en que se tomaron estos porcentajes, el 38.8% de los investigadores en España eran mujeres.

Más resultados: un grupo de Dallas ha investigado la presencia de mujeres como primeras firmantes en artículos publicados en seis revistas internacionales de gran impacto en literatura de investigación en medicina. Entre 1994 y 2014 encuentran 3758 artículos, y 1273, o sea, el 34%, tienen a una mujer como primera firma. La revista con más mujeres como primera firma es el British Medical Journal y la que tiene menos es el New England Journal of Medicine. El aumento de estas primeras firmas es significativo desde el 27% en 1994 al 37% en 2014. Pero, además, detectan que a partir de 2009 el porcentaje se ha estabilizado y el aumento se ha detenido.

Estos ejemplos, que van desde 1983 a 2016, nos ilustran sobre lo que queda por hacer para eliminar los estereotipos que relacionan, sobre todo, al hombre, y no a las mujeres, con la ciencia. David Miller y su grupo, de la Universidad Northwestern de Berkeley, analizaron la presencia de estos estereotipos en 350000 personas de 66 países. El estereotipo ciencia-hombre es prevalente en todo el mundo, incluso en países en que las mujeres son ya la mitad de los investigadores y de los dirigentes de las organizaciones relacionadas con la ciencia como, por ejemplo, Argentina y Bulgaria. Es de destacar que el país con la presencia más potente de este estereotipo, que une ciencia y hombre, es Holanda que, además, tiene, entre los científicos, escasamente una mujer por cada cuatro hombres. Algo parecido ocurre en Dinamarca y Noruega. Entre los 66 países que estudia Miller, España ocupa el lugar 64, es decir, tiene muy poca presencia del estereotipo ciencia-hombre. Solo Portugal y Macedonia tienen todavía menos estereotipo.

En Estados Unidos y en 1966, el 7% de los jóvenes que acabaron el bachiller en ciencias eran mujeres. Cuarenta años después, en 2016, el porcentaje ha subido al 10%. No es mucho para cuatro décadas. Y los estereotipos que unen ciencia y hombre se mantienen. Hay disciplinas, como medicina y biología, donde hombres y mujeres se acercan a la igualdad, pero hay otras, como física o ingeniería, en las que está lejana. Frederick Smyth y Brian Nosek, de la Universidad de Virginia, plantean la hipótesis de que el estereotipo será más débil en las disciplinas con más igualdad entre géneros. A menudo, los estereotipos son explícitos, es decir, con percepciones y creencias conscientes, o implícitos, más profundos, no buscados ni meditados e inconscientes, pero potentes en su influencia sobre la conducta.

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Composición realizada con imágenes extraídas de Women for science:
Inclusion and Participation in Academies of Science (referencia 5.).

Es su estudio, con casi 177000 graduados y el 70% mujeres, el estereotipo explícito, o sea, consciente, se relaciona con el nivel de igualdad en la disciplina. Sin embargo, el estereotipo implícito, o inconsciente, varía en los hombres que participan como voluntarios y aumenta según consideren la disciplina de que se trate como más científica. Entonces, consideran que esa disciplina, cuanto más científica es, según su juicio, más es de hombres y menos de mujeres. Es más, los hombres consideran que estas disciplinas más científicas son más de hombres, como hemos visto, pero, además, las mujeres sienten que son menos de mujeres. Como ven, queda mucho por hacer en hombres, y también en mujeres.

Además, la brecha entre géneros ya existe en el primer año de universidad y, quizá, este es el resultado de la influencia del entorno tanto en la universidad como antes, en la familia, los amigos y el instituto. Daniel Grunspan y sus colegas, de la Universidad de Washington en Seattle, lo han investigado en tres clases de biología, con casi 1700 alumnos, con el 57% de mujeres.

Las respuestas indican que los alumnos consideran los mejores en biología a los chicos sobre las chicas, incluso aunque haya chicas con mejores notas. En cambio, las alumnas son más objetivas y nombran como mejores tanto a chicos como a chicas, según sus notas y no según su género, aunque siempre con mayoría para los chicos. En fin, los chicos destacan a los chicos y las chicas a chicos y chicas pero, para ambos sexos, destacan más los chicos. Así los chicos subestiman la capacidad de las chicas en esta asignatura de biología.

Y, para terminar, una propuesta que llega de la Universidad de Montana que pretende ayudar a las comisiones que seleccionan los candidatos a contratar por la universidad para una plaza de profesor y conseguir una mayor igualdad entre géneros. Proponen una intervención en tres pasos previa a la selección de los candidatos.

En primer lugar, los miembros de la comisión reciben una charla de media hora, de otro  miembro del claustro, sobre la influencia de sesgos implícitos y no intencionados en el proceso de selección. En segundo lugar, la universidad debe proporcionar a los miembros de la comisión guías que ayuden a la selección de candidatos diferentes y variados. Y, en tercer lugar, los candidatos tendrán una reunión, uno por uno, de unos quince minutos, y atención continua y personalizada con un experto de la universidad sobre las necesidades y prioridades en su vida personal (pareja, hijos, vivienda, colegio,…).

Con este protocolo, la Universidad de Montana ha conseguido que las procesos de selección que siguen estos tres pasos ofrezcan el puesto a mujeres 6.3 veces más que en los procesos que no siguen los tres pasos. Además, las mujeres aceptan la oferta 5.8 veces más.

Sospecho que esta propuesta no gustará a todos, quizá por evidentes diferencias culturales con Estados Unidos. Pero, creo, con algo hay que empezar el debate sobre los procesos de selección.

Referencias

  1. Chambers, D.W. 1983. Stereotypic images of the scientist: The Draw-A-Scientist Test. Science Education 67: 255-265
  2. Filardo, G. et al. 2016. Trends and comparison of female first authorship in high impact medical journals: observational study (1994-2014). British Medical Journal doi: 10.1136/bmj.1847
  3. Gibney, E. 2016. Women under-represented in world’s science academies. Nature doi: 10.1038/nature.2016.19465
  4. Grunspan, D.Z. et al. 2016. Males under-estimate academic performance of their female peers in undergraduate Biology classrooms. PLOS ONE 11: e0148405
  5. Interacademy Partnership (IAP). 2015. Women for science: Inclusion and Participation in Academies of Science. Academy of Sciences of South Africa. Pretoria. 116 pp.
  6. Miller, D.I. et al. 2015. Women’s representation in science predicts national gender-science stereotypes: Evidence from 66 nations. Journal of Educational Psychology 107: 631-644.
  7. Smith, J.L. et al. 2015. Now hiring: Empirically testing a three-step intervention to increase faculty gender diversity in STEM. BioScience 65: 1084-1087.
  8. Smyth, F.L. & B.A. Nosek. 2015. On the gender-science stereotypes held by scientists: explicit accord with gender-ratios, implicit accord with scientific identity. Frontiers in Psychology doi: 10.3389/fpsyg.2015.00415

Sobre el autor

Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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