Zlata Bartl, la química de la gastronomía tras el Telón de Acero

Vidas científicas

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Zlata Bartl, la química de la gastronomía tras el Telón de Acero

La historia de la bosnia Zlata Bartl es la de una mujer con grandes aptitudes que de joven se convirtió en nazi para acabar siendo un personaje reconocido por el sistema comunista, gracias a sus aportaciones como química a la cultura gastronómica de su país y de todo el bloque soviético. Su éxito se debió especialmente a un producto de su invención llamado Vegeta, similar a las pastillas de Avecrem del otro lado del Telón de Acero.

Zlata Bartl. 3 Seas Europe.

Zlata Bartl nació el 20 de febrero de 1920 en la ciudad de Dolac, en Bosnia-Herzegovina. No se conocen detalles de su familia, pero sí que tras finalizar sus primeros estudios en Sarajevo, pudo continuar con ellos y a los 18 años se fue a vivir a Zagreb, donde se matriculó en la Facultad de Filosofía de la Universidad de esta ciudad. Allí obtuvo también la licenciatura en química, física y matemáticas. Tras graduarse, en 1942 regresó a Sarajevo, donde consiguió un trabajo como maestra. En esos años, Zlata aprendió también español, alemán, francés e italiano, lo que da idea de su inteligencia.

Fue durante su juventud cuando se unió al movimiento fascista croata Ustaša, un títere de los nazis alemanes entonces en pleno apogeo. Durante su ejercicio como docente en la Segunda Guerra Mundial, Zlata organizó una excursión con sus alumnos a la Italia fascista que le acarrearía consecuencias de por vida. En 1945, cuando su país pasó a formar parte de la Yugoslavia socialista, no tardó en ser condenada a pasar ocho años en prisión por su colaboracionismo con el nazismo. Fueron tiempos duros porque durante el conflicto se había enamorado de un soldado, estudiante de posgrado en ingeniería eléctrica, que murió tras la caída de Hitler. Sus biógrafos cuentan que en la cárcel estuvo a punto de morir de pena por esa pérdida, y también por la tuberculosis que la afectó. Los nuevos dirigentes la salvaron al conocer su talento para las ciencias naturales, por lo que al final solo estuvo presa quince meses. Años más tarde negaría haber defendido las ideas nazis y diría que se sumó a ese movimiento por “ingenuidad adolescente”. También explicaría que había ido a Italia porque le gustaba mucho su arquitectura, pero no su gobierno. No convenció a casi nadie.

Un tiempo después de ser liberada, en 1955, Zlata fue contratada como química por la fábrica de alimentación Podravka, en la ciudad de Koprivnica, y ese fue el inicio de su gran carrera científica. Se cuenta que la idea de crear el producto Vegeta que le dio la fama surgió a raíz de que una amiga francesa le trajera como regalo una sopa de sobre, entonces un invento revolucionario que iba a cambiar la vida de millones de mujeres. Zlata puso a funcionar su inventiva y apenas dos años después de su llegada a la empresa, la joven química produjo las primeras sopas de verduras Podravka; al año siguiente aparecieron la de pollo y la de carne con fideos.

Todo ello fue posible porque, pese a ser mujer, pusieron bajo su dirección a un equipo de científicos, aunque siempre bajo el control de militares comunistas que vigilaban de cerca su trabajo; por un lado, porque veían que aquellos productos que desarrollaban tenían un gran potencial para alimentar a un ejército; por otro, porque tenían muy presente su pasado y no querían perderla de vista.

El éxito de una revolución culinaria

El éxito definitivo del equipo de Zlata llegó en 1959, cuando «hicieron» la fórmula de Vegeta, un nuevo suplemento alimenticio universal que el mercado aceptó de inmediato dada su capacidad de potenciar el sabor de los alimentos. De hecho, el nombre proviene de la combinación de las palabras «vegetales», «vitaminas» y «sabor», en croata. Era un producto que ofrecía una mezcla lista de zanahoria, chirivía, cebolla y apio, ahorrando horas de trabajo a quienes cocinaban. Su formato granulado aún permite que se disuelva instantáneamente y se pueda dosificar con precisión en sopas, carnes, pescados o incluso patatas fritas.

Vegeta. Wikimedia Commons.

Se hizo tan popular que, a los dos años de crearlo, la producción alcanzó la cifra de 16 toneladas, convertido en el producto estrella de la empresa. Todavía muchas décadas después el exjugador de baloncesto estadounidense Michael Jordan sorprendió al declarar en una entrevista que este ingrediente croata era la clave de los platos de su restaurante en Nueva York. Para la diáspora de los Balcanes y Europa del Este, todavía hoy Vegeta no es solo una especia, sino un vínculo con el hogar y la cocina materna, lo que ha generado una lealtad de marca que dura décadas.

Aunque hoy se vende en unos 40 países de todo el mundo y es una mezcla única, nunca llegó a ser un fenómeno mundial debido a la Guerra Fría que separaba el mundo en dos bloques. Sin embargo, el éxito en el este de Europa hizo que muchas otras empresas crearan sus propias versiones, hasta el punto que Vegeta se convirtió en un término genérico, aunque pocos sabían quien lo había inventado. Fue gracias a un programa culinario de la televisión croata, emitido en 1974, cuando Zlata Bartl se hizo conocida y se ganó el apodo popular de Tía Vegeta , algo que nunca le gustó porque sentía que se excluía a su equipo de científicos que, en su opinión, merecían el reconocimiento colectivo.

Zlata siguió trabajando en la misma empresa hasta su jubilación en 1976, desarrollando siempre nuevos productos culinarios. Pero no solo inventó productos, sino que fue la responsable de la creación del centro de investigación y desarrollo de Podravka en la década de 1960, equipándolo con uno de los laboratorios industriales más modernos de la época en la región. Aún después de jubilarse, era habitual verla por las instalaciones de Podravka asesorando a quienes continuaron con su trabajo.

Por todo este talento, fue reconocida como una excelente inventora y galardonada con numerosos premios en Croacia. Entre ellos, destaca la Orden de la Danica Hrvatska (Orden de la Lucero del Alba Croata). En el año 2001, el presidente de Podravka decidió crear una fundación que lleva su nombre con el objetivo de fomentar el talento joven y la innovación científica, especialmente entre las mujeres, algo que sigue en marcha. El día que se creó, el primer ministro croata, entonces Ivica Račan, y el máximo responsable de la compañía visitaron a Zlata en su domicilio en Koprivnica, todo un acontecimiento en la ciudad.

Sin embargo, a pesar del gran éxito de sus productos, Zlata Bartl nunca encontró la felicidad. Nunca acabó de recuperarse de la pérdida de su enamorado, el único en su vida, y permaneció bajo una constante vigilancia debido a sus errores del pasado, lo que le generó un poso de amargura. En los últimos años, internada en una residencia de ancianos, solía decir que sus compañeros de trabajo eran el único consuelo que le quedaba. Falleció tras una larga enfermedad el 30 de julio de 2008, a los 88 años de edad. En la web de su empresa, en su biografía, se ha eliminado su pasado nazi.

Referencias

Sobre la autora

Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.

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