Decepcionante
Todas nos hemos decepcionado alguna vez en la vida; nos han decepcionado personas, lugares, trabajos, etc. o incluso hemos sido nosotras las que hemos decepcionado. Pues esta emoción dolorosa tiene algo bueno: activa un neurotransmisor que hace que busquemos nuevas estrategias y que aprendamos de lo ocurrido.

¿Qué es la decepción?
Es esencialmente el sentimiento negativo que surge cuando no se cumplen nuestras expectativas: una traición por parte de una amiga, una entrevista de trabajo que no sale como esperábamos o sacar una calificación floja tras haber hecho un buen examen. Sin embargo, es una emoción a la que le debemos un avance en nuestra conducta. La ciencia demuestra que se trata de un mecanismo químico que hace que el cerebro cambie de estrategia cuando las acciones dejan de dar el resultado esperado.
Un equipo de investigadores del OIST, el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (Japón) ha descrito cómo el cerebro de los ratones convierte esa decepción en una mayor flexibilidad de su comportamiento que le permite aprender nuevas estrategias. Estos conocimientos pueden ayudarnos a comprender una amplia variedad de enfermedades y trastornos, desde la adicción hasta el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y la enfermedad de Parkinson.
Para el profesor Jeffery Wickens, jefe de la Unidad de Investigación en Neurobiología del OIST y coautor del artículo, «La adaptación a los cambios es muy compleja desde el punto de vista neurológico, ya que requiere una actividad interconectada en múltiples áreas del cerebro». En el trabajo, publicado en Nature Communications, se ha puesto de manifiesto el papel de un neurotransmisor en particular, la acetilcolina.
El papel de la acetilcolina
La acetilcolina es un neurotransmisor con un papel fundamental en funciones cognitivas y neurobiológicas. Es clave en los procesos de memoria y aprendizaje. Su regulación mediante fármacos abre nuevos campos que investigan su influencia en la capacidad para recordar, aprender y adaptarnos.
El sistema colinérgico desempeña un papel crucial en los procesos de memoria y aprendizaje. Por ejemplo, cuando la acetilcolina es liberada en el hipocampo, una estructura cerebral importante para la memoria, ayuda en la formación y consolidación de recuerdos.
Tiene muchas funciones: la formación y consolidación de la memoria y el aprendizaje, regula la atención, el estado de ánimo y el sueño. Participa en la plasticidad sináptica facilitando los cambios duraderos en las conexiones neuronales, es decir, que es fundamental para que el cerebro se adapte y aprenda de nuevas experiencias.
Los investigadores entrenaron a ratones para que recorrieran un laberinto virtual muy sencillo y recompensaron sus decisiones correctas con unas gotas de un líquido dulce. Una vez que los animales aprendieron la ruta y se formaron una expectativa de recompensa, los científicos modificaron el dispositivo para que el premio no apareciera, aunque los ratones hubieran seguido el camino adecuado. Los pobres roedores se sentirían muy decepcionados y confusos en este momento.
Acetilcolina y decepción
El objetivo de los neurocientíficos era entender cuál sería la reacción en los cerebros de los ratones a la decepción. Para ello, utilizaron una técnica, la microscopía de dos fotones, para visualizar la liberación de neurotransmisores en tiempo real. Lo primero que descubrieron fue que una región del cerebro, el cuerpo estriado, disminuía su producción de acetilcolina cuando el ratón recibía la recompensa.
Sin embargo, lo más interesante ocurre cuando el ratón experimenta una decepción: el cuerpo estriado segrega más acetilcolina. Además, cuanto mayor es la cantidad de acetilcolina liberada, mayor es la capacidad del ratón para abandonar la ruta aprendida y explorar rutas alternativas. También comprobaron que este efecto sólo se producía cuando los ratones se habían formado una expectativa de recompensa; no era simplemente una reacción a errores durante el entrenamiento inicial.
Finalmente, suministraron a algunos de los ratones una sustancia que les impedía segregar acetilcolina. Estos ratones no experimentaron ninguna mejora en su capacidad de aprendizaje después de la decepción inicial. Esto demuestra que la acetilcolina es necesaria para esa adaptación y ese aprendizaje.
En resumen, la respuesta bioquímica del cerebro a la decepción parece funcionar como una señal interna para actualizar el comportamiento, alejando a los animales (y quizás a los humanos) de las estrategias fallidas y orientándolos hacia alternativas que podrían tener éxito.
¿Cómo sobreponernos de una decepción y recuperar la ilusión?
Algo parecido a los ratones, cuando experimentamos una decepción, esta sensación es dolorosa y deja huella en nuestro bienestar emocional. Cuando no encontramos esa recompensa que se nos prometió o cuando nuestras expectativas no se cumplen, nos sentimos heridos, desilusionados y no vemos esperanza en el horizonte. Sin embargo, es importante recordar que la decepción es una experiencia común a todos los seres humanos; e incluso a los animales. Es importante aprender a manejarla de forma constructiva, aunque si acabas de sufrir una gran desilusión esto te sonará a frase de taza. Hace falta tiempo, esfuerzo y ganas. Como para cualquier pérdida, en este caso del deseo que no se cumplió, de la recompensa no recibida, del dolor por una traición, etc., hace falta un tiempo de duelo.
En este proceso es necesario aceptar la realidad, definir todas las emociones que surgieron, aprender a cambiar de estrategia y volver a ilusionarse.
Para llevar a cabo todo esto podemos: practicar la autocompasión (suena raro esto, pero es bueno ser amable con una misma, permitirnos el dolor, la tristeza o la desilusión), sin juzgarnos ni sentirnos culpables. Es importante identificar las causas de la decepción (las expectativas previas, pensar si eran realistas, si había otras opciones para conseguir esa meta…).
La vida es una montaña rusa y las cosas dependen de muchos factores y pueden salir de mil maneras diferentes a la que esperamos. Es fundamental mantener la ilusión y confiar en que las cosas mejorarán y que aparecerán nuevas oportunidades. Aceptaremos nuevos desafíos, buscaremos otras oportunidades, y, con lo aprendido, adaptaremos las expectativas y nuestras acciones. La experiencia nos hace conocer mucho más de la vida, lo que nos decepciona y todo lo bueno que tenemos, personas que nos quieren incluidas. Por lo tanto, con neurotransmisores que nos ayudan a ello, tomamos decisiones con un equilibrio sabio entre expectativas, realidad e ilusión.
Referencias
- Lucas Sosa, Lucía (2024). La acetilcolina y su papel en la memoria. Neuro Class
- OIST (2025). Disappointment alters brain chemistry and behavior, mouse study shows. Medicalxpress
- Sarpong, Gideon A., Rachel Pass y otros (2025). Spatially heterogeneous acetylcholine dynamics in the striatum promote behavioral flexibility. Nature Communications 16, 10877
Sobre la autora
Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.