Jean Langenheim, la ecóloga que siguió el rastro de las resinas hasta convertirse en ámbar
Las resinas vegetales son sustancias pegajosas que algunas plantas producen y que se endurecen al entrar en contacto con el aire. A lo largo de la historia los seres humanos las han utilizado de muchas maneras: como adhesivos, combustibles, barnices, medicinas o ingredientes de perfumes. Y cuando esas resinas sobreviven durante millones de años y se fosilizan se convierten en algo mucho más reconocible y durante siglos, apreciado como joya: ámbar.

Entre ambos extremos —la sustancia que produce una planta y la piedra semipreciosa que puede encontrarse muchísimo tiempo después— caben la botánica, la química, la geología, la evolución, la ecología y también la relación entre las plantas y las personas. Jean Langenheim hizo de todo ese espacio su campo de investigación. A lo largo de más de cuatro décadas estudió el ámbar y las resinas vegetales, realizó trabajo de campo en cinco continentes y desarrolló una carrera difícil de enmarcar en una sola de esas disciplinas.
De las montañas a la botánica
Jean Harmon nació el 5 de septiembre de 1925 en Homer, Luisiana, Estados Unidos. A comienzos de la década de 1930 su familia se trasladó a Tulsa, Oklahoma, donde terminó el instituto en 1943 y se graduó en Biología en la Universidad de Tulsa en 1946. Ese mismo año se casó con Ralph Langenheim, estudiante de geología, y ambos continuaron su formación en la Universidad de Minnesota. Allí ella estudió con el ecólogo William S. Cooper y obtuvo un máster en Botánica en 1949 y el doctorado en la misma disciplina en 1953.
Sus primeros trabajos estaban lejos, en todos los sentidos, de los bosques tropicales que ocuparían después buena parte de su carrera. Estudió la vegetación de alta montaña en Colorado y la sucesión vegetal, es decir, la forma en que las comunidades de plantas de un lugar van cambiando con el tiempo. También enseñó ecología de campo y botánica en el Rocky Mountain Biological Laboratory, en Colorado, y trabajó en distintas instituciones de California antes de trasladarse a la Universidad de Illinois en 1959, donde continuó investigando en ecología y paleobotánica.
Fue precisamente la paleobotánica, el estudio de las plantas del pasado a partir del registro geológico, la que terminó llevándola hasta aquello que marcaría el resto de su trayectoria.
Un pedazo de ámbar que llevaba hasta los trópicos
En 1962 Langenheim se incorporó como investigadora a la Universidad de Harvard y al Instituto Radcliffe de Estudios Independientes. Allí comenzó a analizar muestras de ámbar que había recogido en Chiapas, México. Al ser resina fosilizada, para determinar qué planta produjo una pieza de ámbar hay que recolectar pistas conservadas durante millones de años.
En aquel momento era habitual atribuir el origen del ámbar principalmente a pinos y otras coníferas. Los análisis de Langenheim mostraron, sin embargo, que el ámbar mexicano que estudiaba procedía de un árbol tropical con flores. A partir de ese resultado amplió sus investigaciones para intentar determinar qué tipos de árboles habían producido los distintos depósitos de ámbar conocidos a lo largo de la historia geológica. Su artículo sobre el tema publicado en Science en 1969 se convirtió en un trabajo de referencia sobre el origen botánico del ámbar.

Aquella investigación terminó llevándola de nuevo desde las piedras hasta los árboles vivos. Identificó especies tropicales del género Hymenaea como origen de grandes depósitos de ámbar del continente americano y realizó trabajo de campo en la Amazonia, donde este grupo de árboles presenta una gran diversidad. Ella misma resumiría años después aquel cambio de rumbo con humor: había empezado estudiando vegetación de alta montaña, pero el ámbar la había llevado hasta los trópicos.
Y una pregunta llevó a otra. Si algunos árboles producen grandes cantidades de resina, y otros no, ¿qué función desempeña esa sustancia mientras están vivos?
Las resinas como defensa
Langenheim comenzó a estudiar no solo qué plantas producían resinas, sino también en qué cantidad, cómo las producían, cuál era su composición química y qué papel desempeñaban en su relación con el resto del ecosistema en el que viven. Sus investigaciones mostraron la importancia de esas sustancias en la defensa de las plantas frente a insectos y agentes patógenos y contribuyeron al desarrollo de la ecología química, el campo que estudia cómo los compuestos químicos intervienen en las relaciones entre los organismos.
Era una forma de investigar que cruzaba continuamente las fronteras entre disciplinas. Una muestra de ámbar podía requerir conocimientos de geología y paleobotánica; una resina recién producida por un árbol planteaba preguntas de química, ecología y evolución; y sus usos como medicina, adhesivo, combustible o perfume abrían además la puerta a la etnobotánica, el estudio de las relaciones entre las sociedades humanas y las plantas. Langenheim trabajó en todos esos ámbitos.
En 2003 reunió buena parte de ese conocimiento en Resinas Vegetales: Química, Evolución, Ecología y Etnobotánica, una extensa obra dedicada a la producción de resinas, su historia en eras geológicas, su función ecológica y los usos que los seres humanos les han dado a lo largo del tiempo. La Universidad de California en Santa Cruz la describió entonces como la única referencia científica actualizada dedicada de forma integral al tema, y años después la propia universidad seguiría considerándola la obra de referencia sobre las resinas vegetales.
Una carrera científica construida atravesando fronteras
En 1966 Langenheim llegó a la recién creada Universidad de California en Santa Cruz como profesora asistente de Biología. Allí fue la primera mujer incorporada al profesorado de ciencias naturales y, en 1973, la primera mujer de la universidad que alcanzó la categoría de profesora titular. Participó en la creación de los estudios de posgrado de la institución y tutorizó o cotutorizó a más de cuarenta estudiantes de posgrado.
Junto al fisiólogo vegetal Kenneth Thimann impartió durante años el curso Plants and Human Affairs, dedicado precisamente a conectar la biología vegetal con las relaciones entre las plantas y las sociedades humanas. Ambos terminaron convirtiendo parte de ese trabajo docente en el libro Botánica: Biología Vegetal y su Relación con los Humanos.
Su condición de mujer había marcado también su recorrido profesional. En sus memorias explicó que durante una parte considerable de su trayectoria fue la única mujer presente en numerosos ámbitos científicos. Con el tiempo ocupó puestos que ninguna mujer había ocupado antes: fue la primera presidenta de la Asociación para la Biología Tropical y de la Sociedad Internacional de Ecología Química. Precisamente parte de su energía al frente de esta y de otras sociedades científicas similares se orientó a reconstruir y documentar la historia de las mujeres que durante siglos habían participado en el desarrollo de estas áreas de conocimiento y habían caído en el olvido. Recopiló testimonios y trayectorias profesionales de decenas de ecólogas y en 1988 presentó El Camino y el Progreso de las Ecólogas Americanas.
Langenheim se jubiló oficialmente de la Universidad de California en Santa Cruz en 1994, pero continuó investigando, publicando y supervisando estudiantes durante años. También creó becas para apoyar la investigación de posgrado en ecología y evolución vegetal y financió una cátedra que lleva su nombre.
Murió en Santa Cruz el 28 de marzo de 2021, a los 95 años.
Referencias
- Jean Langenheim, Wikipedia
- Tim Stephens, Pioneering plant scientist Jean Langenheim dies at 95, UC Santa Cruz, 1 abril 2021
- In Memoriam: Jean Langenheim, University of California
- Rayane da Cruz Albino, Black pitch illuminated: The legacy of professor Jean H. Langenheim, FEBS Letters 599 (2025) 2977-2979
- Jean Langenheim’s Interdisciplinary Explorations, ESA, 22 julio 2019
- Larry Bliss, Jean H. Langenheim, Bulletin of the Ecological Society of America 67 (3) (1986) 231-232
- Tim Stephens, UCSC botanist explores the fascinating world of plant resins in a comprehensive new book, UC Santa Cruz, 26 mayo 2003
Sobre la autora
Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.