Millarca Valenzuela Picón: «Me convertí en geóloga estudiando un meteorito»

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Millarca Valenzuela Picón: «Me convertí en geóloga estudiando un meteorito»

Millarca Valenzuela Picón es profesora asociada del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad Católica del Norte, Chile. Se tituló en Geología (2004) en la Universidad de Chile y es doctora en ciencias, mención geología (2011), en la misma universidad.

Su investigación se centra en la formación planetaria a través del estudio de los meteoritos, fundamentalmente en el desierto de Atacama, Chile, donde ha encontrado más de novecientos ejemplares.

El asteroide 11819 fue bautizado como Millarca y fue el primero en recibir el nombre de una geóloga chilena, en homenaje a las contribuciones de sus estudios en el área de los meteoritos. En 2008 ganó la beca L’Oréal-UNESCO “For Women in Science”, apoyada por CONICYT.

Millarca Valenzuela Picón. Fotografía proporcionada por la investigadora.

1. ¿Cuál es tu área de investigación?
Mi área de investigación principal es la meteorítica. También investigo otras áreas asociadas como los cráteres de impacto y sus materiales, así como temas de la astrobiología, usando meteoritos. Además, participo y colaboro en temas de geopatrimonio y geoética.

2. ¿Por qué te dedicas a ella?
Nací en Antofagasta, la capital de la astronomía y la geología en Chile, por las increíbles condiciones que genera el desierto de Atacama en esta región. Mi primer acercamiento a la ciencia fue a través de la astronomía, y decidí ir a la capital a formarme como astrónoma. Pero en el transcurso de mi estadía, en los primeros años que son el plan común de ciencias físicas y matemáticas, descubrí la geología y finalmente me fui por ese camino, pero siempre desde una mirada más planetaria. Me convertí en geóloga estudiando un meteorito, y ahí descubrí que son el puente entre el cielo y la Tierra, las rocas más importantes para descifrar el origen de los planetas en nuestro Sistema Solar, y claves para entender también el origen de la vida. Así, realicé mi doctorado estudiando meteoritos encontrados en el Desierto de Atacama, y durante esos años descubrimos que en este lugar ocurre algo único: ¡los meteoritos pueden llegar a preservarse hasta por tres millones de años! En otros desiertos del mundo se transforman en regolito mucho más rápido (en el orden de miles de años, no de millones). Así que me decidí a formar más científicos especialistas en esta nueva línea de investigación en mi país.

3. ¿Has tenido alguna figura de referencia en tu trayectoria?
El camino científico lo sentí fuerte desde niña, un poco porque mi mamá era enfermera y me hablaba mucho sobre los avances generados a través de la investigación en el campo de la salud humana. Ella me habló de Louis Pasteur, de Florence Nightingale y tantos otros que hicieron que las tasas de mortalidad bajaran en el mundo. Mi papá también influyó presentándome libros importantes que despertaron la consciencia de la historia de la ciencia, principalmente de la astronomía. El libro Buscadores de Estrellas de Colin Wilson me hizo fascinarme por cómo, a partir de la observación profunda y sin sesgos asociados a las épocas en las que nacieron, estos muchos científicos y científicas fueron cimentando el conocimiento en el tiempo y derribando creencias. En la adolescencia me sentí inspirada con Sor Juana Inés de la Cruz que, poseyendo una mente inquisitiva y científica, no dudó en hacerse monja antes de seguir el camino que estaba trazado para las mujeres de su época en el México del siglo XVII.

En meteorítica mis referentes vinieron muy tardíamente, ya cuando cursaba el doctorado, solo por el hecho de asistir a conferencias internacionales y conocer a mujeres increíbles, también de Sudamérica, pioneras en meteorítica de sus respectivos países, como la Dra. Rosa Scorzelli de Brasil y la Dra. María Eugenia Varela de Argentina, muy generosas con su conocimiento y experiencia. Con ellas tuve la suerte de interactuar desde lo científico pero también desde lo personal, en las salidas de campo que se realizaban en los congresos internacionales, y luego como invitadas en Chile para dictar seminarios a los nuevos estudiantes de meteoritos chilenos.

4. ¿Qué te gustaría descubrir o solucionar en tu campo?
Seguir aportando al entendimiento del flujo de material extraterrestre que recibe la Tierra, en la ventana de tiempo que nos entregan los meteoritos del Desierto de Atacama (desde el presente hasta aproximadamente 4 millones de años). Para eso, lo principal en este momento es protegerlos de la expoliación a la que están siendo sometidos por grupos de coleccionistas de distintos países que vienen al desierto y se los llevan, por no tener una ley que los proteja. Llevamos casi 20 años y 4 propuestas de ley para protegerlos, y aún no se ha concretado.

Mi tarea fundamental ha sido crear los cimientos de esta línea de investigación inexistente en mi país. Así que gran parte de mi energía se ha ido en formar a la nueva generación de expertos en meteoritos chilenos, primero a través de la Sociedad Geológica de Chile, donde fundé el Grupo de Meteoritos y Ciencias Planetarias, y luego desde la universidad, generando investigación con estudiantes de posgrado de diferentes instituciones y en diferentes aspectos (como procesos de metamorfismo termal en condritos carbonáceos, condiciones de formación en la nebulosa solar evidenciadas en la formación de inclusiones vítreas y fundidas en condritos ordinarios y carbonáceos, colonización por microorganismos de meteoritos del desierto, etc.).

La ciencia que desarrollamos es la más básica: ir a terreno a buscar los meteoritos y hacerlo de forma sistemática para poder estudiar de qué está compuesto el flujo de este material extraterrestre. Para eso debemos “peinar el desierto” en grupos de búsqueda de entre tres a diez personas, donde cubrimos un área determinada y levantamos todo lo que nuestros ojos alcancen a detectar, que puede ir de unos pocos gramos a una roca de más de un kilo. Luego debemos hacer las clasificaciones de estos meteoritos y la caracterización mineralógica (propiedades físicas, químicas y sus edades de residencia terrestre) para luego poner esa información accesible a toda la comunidad, para hacer estudios específicos con ellos en las muchas líneas de investigación que existen en torno a ellos.

5. ¿Qué consejo darías a quien quiera adentrarse en el mundo de la investigación?
Si te apasiona el tema por el que te quieres volver investigador o investigadora, piensa en que el camino no siempre es fácil, y que además de pasión, que es muy importante, también requiere disciplina, perseverancia, organización y consciencia en uno mismo, para poder cuidarse en el proceso, que ayuda bastante cuando uno trabaja con un buen grupo humano. No hay soltar nunca las otras pasiones que puedas tener, las que te devuelven la alegría y la salud.

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