Monuments Men and Monuments Women

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Monuments Men and Monuments Women

Decenas de miles de obras de arte de valor incalculable se habrían perdido para siempre sin la intervención de hombres y mujeres que las recuperaron después de la Segunda Guerra Mundial.

El capitán Robert Posey y el soldado Lincoln Kirstein fueron los primeros en meterse por un agujero entre los escombros que bloqueaban la mina de sal abandonada de Altausee, en lo alto de los Alpes austriacos, en 1945, justo al terminar la Segunda Guerra Mundial en mayo de ese año. Dentro de la mina encontraron, sobre cajas de cartón vacías, ocho paneles de La Adoración del Cordero de Van Eyck, una de las obras maestras del arte europeo del siglo XV. En uno de los paneles del retablo, la Virgen, con una corona de flores, aparece sentada leyendo un libro.

La Adoración del Cordero.

Monuments Men

Kirstein y Posey eran Monuments Men, la forma coloquial de referirse a los miembros del programa de Monumentos, Bellas Artes y Archivos (MFAA, Monuments, Fine Arts, and Archives) de los aliados, un pequeño grupo compuesto principalmente por hombres, pero también por mujeres, que interrumpieron sus carreras como especialistas en historia, en arquitectura, en conservación de obras de arte y en restauración, para mitigar los daños del combate. Encontraron y recuperaron innumerables obras de arte robadas por los nazis.

Según la investigadora de arte Lynn H. Nicholas, «Sin los [Monuments Men], muchos de los tesoros más importantes de la cultura europea se habrían perdido». Este grupo especial de profesionales implicados en el arte recorrió Europa para impedir la destrucción de miles de años de cultura a manos de los nazis. Nicholas señala que en ningún otro lugar se acumularon tantos tesoros como en Altaussee, donde Hitler almacenaba los objetos destinados a su futuro Museo del Führer en Linz, Austria, un complejo museístico enorme que concibió como escaparate de su botín.

Uno de los Monuments Men era George Stout, pionero en nuevas técnicas de conservación de arte que, antes de la guerra trabajaba en el Museo Fogg de Harvard. Stout se dedicó a recorrer Francia, Alemania y Bélgica recuperando obras, con su Volkswagen militar capturado a los alemanes.

La mina de sal de Altaussee

Los Aliados descubrieron Altaussee gracias a un dolor de muelas. Dos meses antes, Posey se encontraba en la antigua ciudad de Tréveris, en el oeste de Alemania, cuando sufrió un dolor de muelas que le hizo buscar a un especialista. El dentista que encontró le presentó a su yerno, que había ayudado a Hermann Goering, el segundo al mando de Hitler, a robar obras de arte en varios trenes. El yerno, antiguo oficial del ejército alemán y experto en arte, les reveló la ubicación de la colección de Goering y el alijo de Hitler en Altaussee.

Hitler consideraba esta mina el escondite perfecto para su botín. En su interior, las condiciones eran constantes, entre 4 y 8 °C y con una humedad de alrededor del 65 %, ideales para almacenar el arte robado. Los túneles más profundos se extendían a más de un kilómetro y medio dentro de la montaña, a salvo de las bombas enemigas incluso si se descubría su ubicación. Desde 1943 hasta principios de 1945, un flujo continuo de camiones llevó tesoros a las profundidades de la tierra.

Minas de sal de Altaussee con obras de arte almacenadas. Wikimedia Commons.

Cuando Stout llegó allí el 21 de mayo de 1945, documentó el contenido basándose en los registros nazis: 6577 pinturas, 2300 dibujos o acuarelas, 954 grabados, 137 esculturas, 129 armas y armaduras, 79 cestas con objetos, 484 cajas con objetos que se creía que eran archivos, 78 muebles, 122 tapices, entre 1200 y 1700 cajas que aparentemente contenían libros o similares, y 283 cajas cuyo contenido era completamente desconocido. Stout calculó el número de cajas, cajones y materiales de embalaje necesarios para empaquetar todo eso; «No hay ninguna posibilidad de conseguirlos», escribió en su diario en abril de 1945. Transformó abrigos de piel de oveja y máscaras antigás alemanas en material de embalaje. Él y unos pocos compañeros suyos reunieron a guardias y prisioneros para embalar y cargar.

Desalojar los tesoros de la cueva

Stout pensó que tardaría aproximadamente un año en sacarlo todo, pero eso cambió en junio de 1945, cuando los vencedores delimitaron las esferas de influencia en la Europa posterior a la guerra. En ese reparto, Altaussee estaba destinada al control soviético, lo que significaba que algunos de los grandes tesoros artísticos de Europa podrían desaparecer en manos de Stalin. Los soviéticos contaban con sus propias «Brigadas de Trofeos», cuya misión era saquear el tesoro enemigo.

A Stout le ordenaron que trasladara todo antes del 1 de julio. Era una orden imposible. «El proceso de cargar camiones para sacar los tesoros es demasiado lento. Necesitamos un equipo más numeroso». Aunque Stout alargó la jornada laboral de 4 a. m. a 10 p. m., la logística era complicada. La comunicación era difícil; a menudo no podía contactar con Posey. No había suficientes camiones para el viaje al punto de encuentro, la antigua sede del Partido Nazi en Múnich, a 240 kilómetros de distancia. Y los que conseguía se averiaban con frecuencia. No había suficiente material de embalaje. Encontrar comida y alojamiento para los hombres resultó difícil. Y llovía. «Todos se quejaban», escribió Stout. El 19 de julio, habían salido de la mina 80 camiones cargados con 1850 pinturas, 1441 cajas de pinturas y esculturas, 11 esculturas, 30 muebles y 34 paquetes grandes de textiles.

La aventura de la restitución del arte robado continuó y, a pesar de que sus nombres aparecen en menos ocasiones, en ella participaron grandes mujeres. Mencionamos a tres de la larga lista que se puede consultar en Monuments Men and Women.

Rose A. Valland

Rose Antonia Valland (1898–1980) fue la discreta heroína de la cultura francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Nació en Saint Geoirs, Francia, el 1 de noviembre de 1898. Estudió en la École nationale des beaux-arts de Lyon y posteriormente en la École nationale supérieure des beaux-arts de París. Continuó su formación en la École du Louvre y la Sorbona. A pesar de su extensa formación académica, Valland comenzó a trabajar como voluntaria en el Jeu de Paume de París. En septiembre de 1938, asumió la dirección del museo cuando enfermó André Dézarrois, su director.

Rose Valland. Wikimedia Commons.

En octubre de 1940, durante la ocupación de París, los nazis se apoderaron del Jeu de Paume y lo convirtieron en la sede y centro de distribución de las Artes Plásticas del Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg, una organización nazi dedicada al saqueo de arte. Allí almacenaron pinturas y otras obras de arte robadas a coleccionistas y marchantes franceses, muchos de ellos judíos. Jacques Jaujard, director de los Museos Nacionales de Francia, incluido el Louvre, ordenó a Valland que permaneciera en su puesto en el museo para espiar la operación de robo nazi.

El patrimonio cultural de Francia entraba por las puertas del Jeu de Paume y Valland escuchaba a escondidas conversaciones en alemán y tomaba notas sobre los destinos de los vagones cargados de arte saqueado. Fue testigo de las frecuentes visitas de Goering, quien acudió al Jeu de Paume veintiuna veces para seleccionar obras de arte para el Führermuseum que Hitler planeaba construir en Linz y para ampliar su creciente colección personal. La apariencia sencilla y el carácter tranquilo de Valland la hacían parecer inofensiva, pero ella era muy rápida y muy observadora, y se las ingeniaba para que no la descubrieran. Aunque desconfiaban de ella, los nazis desconocían en gran medida que entendía alemán, lo que le permitía obtener información crucial de las conversaciones de conductores, guardias y empaquetadores, información que transmitía a Jaujard y a la Resistencia francesa. Si los nazis la hubieran capturado, cosa que estuvieron a punto de hacer en dos ocasiones, la habrían fusilado como espía.

La liberación de París por las fuerzas estadounidenses a finales de agosto de 1944 colocó a Valland en una posición nueva, pero aún precaria. Aunque tenía información muy valiosa sobre el destino de decenas de miles de obras maestras robadas de colecciones francesas, el problema del colaboracionismo en la Francia liberada la llevó a no confiar en nadie más que en Jaujard. La información que Valland había recopilado sirvió como un mapa del tesoro para los Monuments Men, lo que condujo al descubrimiento de muchos depósitos de arte saqueado. Las notas de Valland fueron fundamentales para agilizar la restitución de estos objetos a sus legítimos propietarios.

Como quería seguir investigando sobre las obras robadas, Valland solicitó y obtuvo un puesto en el Ejército francés el 4 de mayo de 1945. Continuó siendo una defensora incansable de la devolución del arte francés saqueado. Fue secretaria de la Comisión para la Recuperación de Obras de Arte y jefa del Servicio de Bellas Artes del Consejo de Control del Grupo Francés para Alemania y del Servicio de Restauración de Obras de Arte. Valland colaboró con los Monuments Men en diferentes puntos de recogida, identificando obras de arte pertenecientes a Francia.

Después de esta misión, a su vuelta a Francia, Valland fue nombrada conservadora de los Musées Nationaux. En 1954, ocupó el cargo de directora del Servicio para la Protección de Obras de Arte. En sus memorias cuenta sus experiencias durante la guerra. Rose fue condecorada como oficial de la Legión de Honor, galardonada con la Medalla de la Resistencia Francesa y nombrada Comendadora de la Orden de las Artes y las Letras por el gobierno francés. Recibió la Medalla de la Libertad de los Estados Unidos y la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania en 1948 y 1972, respectivamente. A pesar de estos numerosos honores, en 1952, después de veinte años de servicio a los museos franceses, Rose Valland, quizás la mujer más condecorada de Francia, por fin recibió el título de restauradora y conservadora de obras de arte. Aunque se jubiló en 1968, permaneció activa en la comunidad artística y continuó su labor de encontrar y devolver las obras de arte robadas a Francia durante la guerra. Falleció el 18 de septiembre de 1980. Está enterrada en su ciudad natal, Saint-Étienne-de-Saint-Geoirs.

Jenny A. J. Delsaux

Jenny Delsaux. Monuments Men and Women.

Jenny Anne Julie Delsaux (1896-1977) nació en Hagenthal-le-Bas (Francia, aunque en 1896 formaba parte de Alemania) y fue una bibliotecaria eminente cuyos métodos de catalogación se convirtieron en estándares de su campo. En 1926, trabajó como bibliotecaria en La Sorbona. En 1939 escribió un libro sobre la catalogación alfabética de materias, siguiendo el ejemplo del Sachkatalog, popularizado en las bibliotecas alemanas. Contribuyó a la alfabetización bibliotecaria con Traitement, catalogage, conservation des livres et des documents (un manual sobre la gestión de bibliotecas), así como su colaboración en la elaboración del primer conjunto de instrucciones para la catalogación analítica de la Biblioteca Nacional.

En junio de 1945, Delsaux fue elegida para dirigir una subcomisión creada por la Commission de Récupération artistique (Comisión Francesa de Recuperación Artística) para la devolución de los libros robados de Francia por los nazis. André Masson, Inspector General de Bibliotecas, amigo y colega de Jenny la propuso para el cargo. Durante los siguientes seis años, trabajó de forma tenaz intentando localizar posibles depósitos de los archivos saqueados en Francia y Alemania. Coordinó con éxito todo el trabajo de la subcomisión para encontrar, recuperar, clasificar y, por fin, devolver miles de libros y documentos de propiedad francesa. Muchos médicos, abogados, músicos e investigadores, la presionaban en esta tarea porque querían recuperar el material necesario para reanudar sus estudios tras la guerra. En 1948, el Gobierno francés se planteaba recortar la financiación de la subcomisión. Poco antes de su partida, Delsaux calculó que su equipo había devuelto alrededor de 1,1 millones de libros a un total de 2312 personas y 412 instituciones. Retomó entonces su carrera como bibliotecaria y experta en catalogación. Formó a cientos de estudiantes en la Sorbona, y sus cursos de catalogación fueron un referente para la siguiente generación de bibliotecarios que se guiaban por sus manuales para obtener el Diplôme technique de bibliothécaire (DTB, un título técnico para bibliotecarios) y el Dossiers de bibliographie spécialisée (DSB, un examen que evalúa las habilidades bibliográficas del estudiante).

Edith A. Standen

​Edith Appleton Standen (1905–1998), fue una de las mayores expertas mundiales en tapices europeos. Nació en Halifax (Canadá) el 21 de febrero de 1905. Hija de un oficial del ejército británico, creció en Irlanda e Inglaterra antes de licenciarse en Literatura Inglesa por el Somerville College de la Universidad de Oxford en 1926. En 1928 emigró a Boston para trabajar en la Sociedad para la Preservación de las Antigüedades de Nueva Inglaterra, fundada por su tío, William Sumner Appleton. Standen también colaboró como voluntaria en el Museo de Arte Fogg de la Universidad de Harvard, organizando su colección fotográfica. Allí llamó la atención de Paul J. Sachs, futuro miembro de la Comisión Roberts. Sachs la invitó a participar en su curso de Administración de Museos, entre cuyos alumnos se encontraban no solo muchos futuros Monuments Men, sino también futuros dirigentes de los museos de arte más importantes de Estados Unidos. Además de sus estudios en el Fogg, Standen fue secretaria de la colección de Joseph E. Widener en Lynnewood Hall en Elkins Park, Pensilvania, desde 1929 hasta que Widener donó su colección a la Galería Nacional de Arte en Washington, D.C. en 1942.

Edith Standen. Wikimedia Commons.

En abril de 1943, un año después de obtener la ciudadanía estadounidense, Standen se alistó en el Ejército y fue destinada inicialmente a Ohio con la Fuerza Aérea del Ejército de Estados Unidos (USAAF). Su formación en arte la llevó al puesto de oficial especialista en bellas artes. La destinaron a Alemania y supervisando el Centro de Recopilación de Wiesbaden.

Standen fue la única mujer de los 32 funcionarios del MFAA que firmó el Manifiesto de Wiesbaden el 7 de noviembre de 1945. Este manifiesto se consideró el único acto de protesta de los funcionarios contra sus órdenes durante la Segunda Guerra Mundial, y denunciaba la decisión de Estados Unidos de trasladar 202 pinturas del Centro de Recopilación de Wiesbaden a la Galería Nacional de Washington, D.C., para su custodia.

Desde marzo de 1946 hasta agosto de 1947, Standen trabajó en Wiesbaden. Supervisó la clasificación, catalogación y restitución de miles de obras de arte y otros objetos culturales bajo la jurisdicción de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en Austria. En Wiesbaden se encontraban las colecciones de dieciséis museos estatales de Berlín, y otras diecisiete importantes colecciones alemanas. La sala del tesoro contenía, en palabras del capitán James J. Rorimer, de los Monuments Men, «más oro y joyas… que cualquier otra sala desde la época de Moctezuma».

Standen regresó a Estados Unidos en septiembre de 1947 y retomó su carrera como restauradora. Trabajó como restauradora en el departamento de textiles del Museo Metropolitano de Arte durante más de veinte años. Hasta su jubilación en 1970 organizó exposiciones y dio charlas sobre temas tan diversos como sedas y abanicos. Permaneció en el Metropolitan como consultora durante dieciocho años. Se la podía encontrar cada mañana temprano investigando en la Biblioteca Watson del museo.

Standen es la única mujer miembro del MFAA que ha recibido la Estrella de Bronce. Publicó un catálogo de tapices europeos: European Post-Medieval Tapestries and Related Hangings in the Metropolitan Museum of Art. En 1988, el Women’s Caucus for Art le otorgó un premio a su trayectoria profesional. Edith Standen falleció en la ciudad de Nueva York el 19 de julio de 1998.

El arte es vital para la vida humana. Nos enriquece de mil maneras: nos inspira, nos hace reflexionar, nos entretiene, nos desafía e incluso nos sana. Le da sentido al mundo. Gracias a los Monuments men, pero también gracias a las Monuments Women, contamos con obras que sin ellos /sin ellas se habrían perdido para siempre.

Referencias

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

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