Johanna Westerdijk, la niña holandesa que se negaba a bordar y se convirtió en la primera profesora universitaria de su país

Vidas científicas

En su infancia, Johanna Westerdijk se negaba a hacer las tareas de bordado que sí hacían sus compañeras de escuela. Ella prefería dedicar esos ratos a leer en voz alta para las demás niñas. Ante la preocupación de que no recibiese la preparación adecuada para realizar las tareas del hogar cuando creciese, aseguró a su profesora que se encargaría de ganar suficiente dinero de mayor para poder contratar a alguien que las realizase por ella.

Johanna Westerdijk (hacia 1930). Wikimedia Commons.

Westerdijk nació el 4 de enero de 1883 en los Países Bajos, en un pequeño pueblo cercano a Ámsterdam. Provenía de una familia de buena posición socioeconómica y con formación superior, su padre era médico. A pesar de su buen oído, un problema que sufrió en el brazo frustró sus aspiraciones musicales, así que tras terminar la enseñanza secundaria optó por seguir su otro gran interés: la botánica.

Así que a los 17 años se matriculó en la Universidad de Ámsterdam para acudir a las clases de Hugo de Vries, un famoso botánico de la época, que sin embargo se negó a impartirle lecciones prácticas por ser una mujer. Así que en su lugar contactó con un viejo amigo, C.J.J. van Hall, profesor asistente por entonces del primer director del Laboratorio de Fitopatología Willie Commelin Scholten, en Ámsterdam. Allí se fue interesando en esta área, la fitopatología, que estudia la salud y las enfermedades que sufren las plantas.

Directora de laboratorio a los 23 años

Westerdijk terminó sus estudios de biología en Ámsterdam y luego realizó estancias en laboratorios de Múnich, en Alemania, y Zúrich, en Suiza, donde completó su tesis, titulada La regeneración de los musgos. Al volver a los Países Bajos retomó el trabajo en el Laboratorio de Fitopatología W. C. Scholten, esta vez como directora. Era 1906, tenía solo 23 años.

Como parte de su trabajo, en 1907 recibió el encargo de cuidar una colección de cultivos de hongos creada a partir de una reunión de la Asociación Internacional de Botanistas cuatro años antes y que cuando recayó bajo su tutela contenía unos 80 cultivos diferentes, algunos tropicales y poco conocidos en su época. Tras varios años, la colección, llamada ahora CBS (Central Bureau of Culture Fungus, Agencia central de cultivos de hongos) se había ampliado hasta alcanzar más de 10 000 cepas de 6 500 especies de hongos, levaduras y bacterias actinomyces. La colección siguió creciendo después y hoy cuenta con unas 30 000 cepas de más de 8 000 especies.

El objetivo de esta colección era, y es aún hoy, mantener una gran variedad de hongos cultivados en medios artificiales para poder enviarlos a investigadores de todo el mundo que quieran estudiarlos o utilizarlos en sus experimentos, y al revés, recibir muestras de todo el mundo para analizarlas e identificarlas. Durante años su uso se mantuvo dentro del campo de la botánica, pero tras el descubrimiento de la penicilina, el CBS cobró una gran importancia dentro de la investigación biomédica y farmacológica.

A pesar de ello, la financiación para el mantenimiento de la colección fue escasa e incierta durante muchos años, hasta el punto de que los investigadores que trabajaban en ella mantenían a la vez otros empleos para poder subsistir, pero no abandonaban este trabajo por su interés por la micología y por lealtad a la propia Westerdijk. La situación económica mejoró cuando la Organización Central para la Aplicación de la Investigación Científica se hizo cargo del CBS y éste terminó convirtiéndose en un instituto dentro de la Real Academia Holandesa de Artes y Ciencias. Durante su dirección se publicaron allí más de 70 estudios sobre taxonomía de hongos y levaduras.

Hongos tropicales y la enfermedad holandesa de los olmos

Pero sus investigaciones no se limitaron a las fronteras de su país. Le gustaba viajar y en 1913 visitó las antiguas Indias Holandesas para conocer las enfermedades que afectaban a los cultivos tropicales que se importaban a Europa: té, café, quinina, cacao, tabaco o caña de azúcar entre otros. Aisló patógenos parasitarios que atacaban a estos cultivos y los incluyó después en el CBS. De allí viajó a Japón y después a Estados Unidos, ya que el estallido de la Primera Guerra Mundial en Europa le impidió volver directamente a casa, donde estudió de nuevo algunas especies que rara vez afectaban a las plantas europeas.

Johanna Westerdijk (hacia 1930). Wikimedia Commons.

En 1917 comenzó a centrar su atención en menos patologías vegetales para poder realizar investigaciones más detalladas y fructíferas, y los árboles fueron uno de los sujetos de estudio elegidos. En 1919 una enfermedad desconocida fue observada en olmos que crecían en la zona sur de los Países Bajos, y en 1920 la situación se volvió preocupante cuando miles de estos árboles plantados en las lindes de las carreteras del país enfermaron y murieron, lo que hizo que Westerdijk prestase especial atención al problema. Con ayuda de otras dos investigadoras, Beatrice Schwarz y Christine Buisman, descubrió que el origen era un hongo llamado Ceratocystis ulmi y que no sería posible hacer desaparecer la enfermedad: la única opción posible era buscar olmos que fuesen genéticamente resistentes a este patógeno. En honor a este trabajo esta enfermedad sigue llamándose hoy “la enfermedad holandesa del olmo”.

Westerdijk fue la primera mujer en obtener una plaza de profesora en una universidad holandesa cuando en 1917 comenzó a dar clases de patología vegetal en la Universidad Estatal de Utrecht, y en 1930 obtuvo una segunda plaza en la Universidad de Ámsterdam. Durante años compaginó ambas tareas docentes con la dirección de su laboratorio y el mantenimiento de la CBS. Un total de 55 alumnos se doctoraron bajo su supervisión, la mitad de ellas mujeres. Presidió la Federación Internacional de Mujeres Universitarias entre 1932 y 1936.

Los que la conocieron contaban de ella que era tajante y a veces dura, pero que siempre ayudaba a sus alumnos y colegas, especialmente a los más jóvenes. También que le gustaba organizar y asistir a fiestas, en las que bebía, tocaba el piano y bailaba, y que nunca pareció sentir ningún interés en emparejarse. Murió el 15 de noviembre de 1961, a los 78 años. En 2017 el CBS fue rebautizado con el nombre de Instituto Westerdijk de Biodiversidad Fúngica.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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