Pauline Beery Mack estudió la química que hay en la nutrición, los huesos y la ropa de la gente

Radiografía de la mano izquierda del piloto del Gemini V
(se indica la ruta de exploración del radio distal).
Experimento M-6. NASA.

Dentro de una caja remota en la cámara que contiene la colección especial de la Librería Blagg-Huey de la Universidad de Mujeres de Texas, en la ciudad de Denton, hay unas cuantas radiografías de manos y pies. No son manos y pies cualquiera, pertenecen a nueve astronautas estadounidenses que participaron en la carrera espacial durante la Guerra Fría, cuando llegar a la Luna era la gran obsesión y de paso observar cómo afectaría salir de la Tierra a la salud humana. Dentro de esa curiosidad científica, Pauline Beery Mack, química, se centraría en observar el efecto de las excursiones espaciales sobre la masa ósea de los astronautas.

No fue ese su único campo de trabajo, y quizá tampoco el más importante. Gran parte de su interés se centró en aspectos químicos de la salud y la vida cotidiana de la gente. Durante su extensa carrera, Mack se dedicó a estudiar distintos aspectos de la relación entre nutrición y fisiología, en concreto los efectos del calcio y los métodos para medir la densidad ósea. Aunque ese era su principal foco de interés, también le interesaban los efectos de los detergentes y tintes, y fue asesora de la Asociación de Dueños de Lavanderías de Pensilvania.

Sin sitio para las mujeres en la Química Física, se volvió a la básica y la aplicada

Mack nació el 19 de diciembre de 1891 en Missouri, Estados Unidos. Estudió en la Universidad Estatal de Missouri donde obtuvo el título de Química en 1913. Comenzó su carrera como profesora de ciencias en el sistema público de enseñanza hasta convertirse en directora del departamento de Ciencias de tres institutos.

Pero tenía un ávido interés por la investigación, así que volvió a la universidad, esta vez a la de Columbia, donde se licenció en 1919. A pesar de sus credenciales y expediente académico no pudo obtener un puesto de investigadora en el departamento de Química Física, quizá por el poco espacio que tenían las mujeres dentro del mundo de la química en aquel momento. No se rindió y aceptó un empleo de profesora de Química Básica y Aplicada en el Penn State College.

De 1919 a 1952 trabajó en el Penn State College, donde su carrera despegó. Al principio daba clases de Química a estudiantes de primero de Economía Doméstica, y en sus clases fue testigo de cómo procesos y productos químicos estaban cada vez más presentes en sus vidas. Como resultado, en 1927 creó Chemistry Leaflet, una revista de bolsillo para los estudiantes y aficionados a la química básica, que ella misma editó hasta 1944. En esta época se casó con Warren Bryan Mack, botánico, y tuvo dos hijos.

Nutrición, calcio y huesos

Muy pronto se interesó por la química del calcio y sus efectos sobre los huesos. Su tesis doctoral se centró en la retención de este mineral por parte del sistema óseo y durante la Segunda Guerra Mundial colaboró con el ejército estadounidense para proseguir sus investigaciones. Trabajó con un densitómetro óseo por radiografía, un dispositivo desarrollado para analizar el contenido mineral de los huesos con rayos X, uno de los aparatos que inventó para analizar esta cuestión.

Sus trabajos en nutrición fueron uno de los motivos que llevaron a la institución en que trabajaba a crear el Instituto Ellen H. Richards, que Mack dirigió entre 1940 y 1952, ampliando sus estudios a otros aspectos de la alimentación y la nutrición, los textiles y otros ejemplos de productos químicos domésticos como detergentes, tintes y productos de higiene. En esta época fue asesora técnica de la Asociación de Propietarios de Lavanderías de Pensilvania y colaboró en el desarrollo del código de estándares de la Asociación de Limpiadores y Tintoreros de Pensilvania. En 1950 obtuvo la Medalla Francis P. Garvan, de la Asociación Estadounidense de Química.

Pauline Beery Mack dirigió la investigación sobre densidad de los huesos en la NASA.
Imagen: Texas Woman’s University.

Tras enviudar en 1952, aceptó el cargo de decana y directora de Investigación del College of Household Arts and Sciences de la Universidad Estatal para Mujeres de Texas (hoy Universidad de Mujeres de Texas), donde continuó sus estudios sobre nutrición y aplicaciones químicas en el día a día.

La densidad ósea tras salir al espacio

Se retiró del puesto en 1962, habiendo convertido la institución en un referente mundial en esos campos de investigación, y asumió el puesto de directora de la fundación de investigación de la universidad, que había recibido varias becas de la NASA para investigar los efectos de los viajes espaciales sobre la densidad ósea de los astronautas, humanos y primates.

En estas investigaciones empleó sus propios desarrollos, los dispositivos que ella había inventado en la década de los 50, que permitían medir el calcio en los huesos. Trabajó con varios de los participantes de las misiones Gemini y Apolo, a los que se sacaban radiografías antes y después de cada vuelo. Al ser una mujer, no pudo estar presente en los barcos del ejército que recogían las cápsulas de aterrizaje de los astronautas. En su lugar, un técnico de rayos X obtenía las imágenes que se comparaban con las que ella sí había podido tomar personalmente antes del despegue.

Además de por sus estudios y descubrimientos, Mack es recordada como mentora de muchas futuras científicas en un momento en el que no había demasiadas mujeres a la vista en su campo de investigación. Se retiró por una enfermedad en 1973 y falleció en 1974 en Denton, Texas.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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