Hortense Dodo, en la búsqueda de una alimentación más segura

IngateyGen vio la luz como un proyecto oficial a mediados de 2016. En principio, la iniciativa se autopostulaba como un grupo de investigadores, conocedores de tecnologías de vanguardia, en la búsqueda colectiva de un bien común para la sociedad.

Hoy son una empresa con ingresos millonarios, pero todavía insisten en cuidar la calidad de vida las personas, en especial de los niños. La agrupación se ha centrado en la creación de cacahuetes libres de alérgenos.

Mediante técnicas genómicas, proteómicas, cultivo de tejidos vegetales y propagación de plantas, los científicos involucrados se afanan en desarrollar un alimento más seguro, con alto valor nutricional.

La empresa, enclavada en Elizabeth City (Carolina del Norte, EE.UU.), ha establecido una estrategia de comercialización en dos fases. Durante la primera de ellas, emplearon tecnologías de ARN interferente (RNAi, es una molécula de ARN que suprime la expresión de genes específicos mediante mecanismos conocidos globalmente como ribointerferencia) para obtener un maní modificado genéticamente (OMG) en cuanto a su contenido de alérgenos.

La segunda etapa se centró más en el uso de la tecnología CRISPR, una herramienta que permite “editar” ADN. Dicho de otro modo, posibilita cortar el gen causante de un problema y cambiarlo por otro sin posibilidad de afecciones. Los desarrolladores de esa técnica se basaron en el mecanismo natural empleado por las bacterias para defenderse de los virus. En IngateyGen, lo utilizan para fabricar un cacahuete totalmente libre de alérgenos sin OMG.

La propuesta de la compañía ha recibido la anuencia de importantes benefactores. Entre ellos se cuenta el de la Fundación Nacional de Ciencias de EE.UU., quienes les otorgaron un millón de dólares como apoyo en la categoría de Negocio Pequeño dedicado a la Investigación e Innovación.

Más allá de las polémicas sobre el uso de alimentos transgénicos, la empresa asegura ser consciente de la responsabilidad que conlleva su estrategia de ser garantes de una alimentación más segura, sin peligros de alergias. La doctora en ciencia Hortense Dodo, presidenta de IngateyGen, es la encargada de exponer ante apoyos y detracciones, el compromiso investigativo propio y de sus colaboradores.

La génesis de un proyecto de vida

Hortense Dodo conocía muy poco de la alergia puntual al maní hasta que conoció al amigo de una de sus hijas. El pequeño y sus padres vivían en un sigilo constante, revisando etiquetas de golosinas y otros alimentos para comprobar que no había peligro de una reacción anafiláctica luego de ingerirlos.

Hortense Dodo.

La agonía de esa familia la inspiró a conocer e indagar más acerca de la temática. La investigadora, que ya para entonces se había especializado en biología molecular y biotecnología de los alimentos, nunca había particularizado en ese tema.

Tras varias pesquisas descubrió que la alergia a los cacahuetes tenía una mayor prevalencia en las naciones industrializadas. Solo en Estados Unidos, entre 150 y 200 personas llegan a fallecer por esta condición. Otras miles padecen urticarias, problemas respiratorios y diversas reacciones clínicas que los conducen a la hospitalización.

Hortense quedó fascinada. En su natal Costa de Marfil el fenómeno era prácticamente inexistente. “Vengo de un lugar donde abundaban los manís, y son consumidos por casi todos. Nunca había escuchado de gente muriendo por ellos”, llegó a afirmar la experta en una entrevista de prensa.

La científica decidió que era el momento de hacer algo por las personas que sufrían ese silencioso mal. Las penurias del compañero de clase de su hija se transformaron en un enfoque y especialización para su carrera.

En verdad, ese nuevo rumbo no hubiera sido posible sin los primeros pasos que Hortense ya había perfilado en su camino profesional. El primer cimiento fue su carrera en Costa de Marfil. La familia de Dodo estaba vinculada a la labranza y esas actividades sembraron varias interrogantes en ella desde su infancia y juventud.

“A menudo me preguntaba cómo los patrones agrícolas impactaban el suministro de cultivos en los mercados locales. La ciencia de la alimentación siempre ha sido mi enfoque desde el principio”, confirmó en otra entrevista.

La curiosidad de aquella pequeña se convirtió en una doble titulación en biología y química. Sus grados fueron otorgados en la Universidad de Abidjan de su país natal. Poco después se trasladaba a EE.UU. Ahí, en la Universidad de Georgia, consiguió su Maestría en Ciencia y Tecnología de los Alimentos. Luego, la Universidad Estatal de Pensilvania le confirió su doctorado.

Tras obtener el máximo grado académico, Hortense se convirtió en profesora de la Universidad de Alabama. Fue en esa nueva etapa que sentó las bases de su familia. Se casó, tuvo dos hijas y, gracias al amigo de una de ellas, encontró un nuevo rumbo para sus objetivos profesionales.

Una meta siempre inconclusa

Aunque Hortense se vinculó a un laboratorio que la ayudó a hacer extensas indagaciones sobre los cacahuetes, ese no fue el único proyecto que acaparó sus esfuerzos y excelencia investigativa. Entre 2007 y 2008, recibió la beca Fulbright que le permitió involucrarse en programas de biotecnología y debatió con importantes expertos locales sobre los pros y contras científicos de los OMG.

También se involucró en proyectos políticos, como asesora del gobierno de Costa de Marfil sobre la implementación de técnicas de biotecnología. Además, participó en un programa de análisis para establecer una zona de libre comercio en la nación africana durante los últimos años de la primera década del siglo XXI.

Además, se convirtió en una de las expertas encargadas de apoyar al Organismo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Esa posición le ha permitido recorrer cientos de países, principalmente africanos, para abordar el empleo de la biotecnología en el cultivo y consumo de alimentos.

Hortense Dodo.

Hortense se asentaba como profesora adjunta del Departamento de Biología de la Universidad Estatal de Fayatteville cuando, junto a otros tres colaboradores, decidió fundar IngateyGen. A pesar de que su proyecto ha alcanzado varios logros, recibido apoyo financiero de múltiples benefactores y ya genera cuantiosos ingresos, la experta considera que el trabajo no ha hecho más que comenzar.

“Una de las metas todavía por alcanzar es incrementar la cultura de las personas sobre los alimentos modificados genéticamente y abrir para ellos un espacio en el mercado internacional, más allá del local”, aseguró la científica.

Otra de sus tareas pendientes, es apoyar a la inclusión de mujeres, principalmente africanas en la ciencia. Hortense ha recibido numerosos premios y reconocimientos como académica, pero nada la complace más que motivar a chicas jóvenes a seguir sus pasos.

Referencias

Sobre la autora

Claudia Alemañy Castilla es periodista especializada en temas de ciencia y salud. Trabaja en la revista Juventud Técnica.

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