Gertrud Jan Woker, la toxicóloga que denunció la utilización de gases tóxicos durante la guerra

Vidas científicas

The poisonous gases own their tremendous powers to their chemical as well as to their physical properties. They have the physical property of liquefying and even solidifying at a given temperature and under a given pressure. This property is common to all gases. Hence they take up only a small space, so that a large quantity of the poisonous material can be introduced into a small projectile. The bursting of the shell does away with the great pressure on the gas, and on account of this, as well as of the rise of temperature due to the explosion of the shell, the poisonous material enclosed changes from a solid or liquid into the gaseous form –a change which is accompanied by an enormous increase in the volume of the original material.

[Los gases venenosos poseen el tremendo poder de sus propiedades químicas y físicas. Tienen la propiedad física de licuarse e incluso solidificarse a una temperatura y presión determinadas. Esta propiedad es común a todos los gases. Por lo tanto, ocupan solo un pequeño espacio, de modo que una gran cantidad del material venenoso se puede introducir en un pequeño proyectil. El estallido del proyectil elimina la gran presión sobre el gas, y debido a esto, así como al aumento de temperatura debido a la explosión del proyectil, el material venenoso encerrado cambia de sólido o líquido a gaseoso, un cambio que va acompañado de un enorme aumento en el volumen del material original.]

Gertrud Jan Woker, The Next War, a War of Poison Gas, Publications for the Women’s International League for Peace and Freedom, 1924
Gertrud Woker (1911). Wikimedia Commons.

Gertrud Woker nació en 16 de diciembre de 1878 en Berna (Suiza). Era la mayor de los tres hijos de la familia Woker. Su padre, Philipp, era profesor de historia de las religiones de la Universidad de Berna. Su madre, Johanna, era artista y música, y una gran defensora de los derechos humanos. Gertrud terminó la escuela con excelentes calificaciones y, aunque ella quería continuar sus estudios, su padre pensó que era más conveniente enviarla a Érfurt (Alemania) con su tío, que era médico jefe en un hospital, para que recibiera formación en economía doméstica. Sin renunciar a sus sueños, la joven estudiaba matemáticas por la noche para presentarse a un posible examen de ingreso. Gertrud cayó enferma. Su tío le diagnosticó una anemia hipocrómica aunque, al regresar a Suiza y recibir tratamiento de una médica, esta concluyó que sufría de fatiga. Finalmente, la familia accedió a que continuara sus estudios, comenzando su formación en química orgánica en la Universidad de Berna en 1900 y graduándose en 1903.

En 1907 se convirtió en la primera profesora de química del mundo germanohablante. En 1911, tras sus primeras publicaciones científicas, le ofrecieron una cátedra en Leipzig. Pero rechazó la oferta porque en Berna le ofrecían mejores condiciones de trabajo, aunque esas promesas nunca se cumplieron y Woker tuvo que luchar toda su vida por tener un salario decente.

Desde 1911 hasta su jubilación en 1951 dirigió el laboratorio de biología físico-química de la Universidad de Berna, en el que, con sus colaboradores, estudió diversos problemas de catálisis. En 1917 señaló la toxicidad de la gasolina con plomo y dio algunas sugerencias para producir combustible sin ese metal. Estudió también los efectos de las sustancias químicas en las personas, como los efectos de los gases venenosos empleados durante la guerra.

El activismo político termina con su carrera académica

Durante un viaje de estudios a Berlín, Gertrud entró en contacto con el movimiento de mujeres de esta ciudad y comenzó a reivindicar el derecho al voto femenino y otras cuestiones relativas a mujeres en la universidad. Desde 1917, reclamó «un salario igual por un trabajo igual», contrariando a las autoridades académicas de Berna. Tras su brillante comienzo, su carrera se detuvo. Todas las solicitudes de extensión de su laboratorio o de aumento de salario fueron rechazadas. Además, y contrariamente a lo que se pensaba en la época, Woker veía las ciencias naturales en un contexto más amplio: en 1911 presentó una propuesta para fusionar la química y la biología en una nueva disciplina, la bioquímica, sugerencia que fue ridiculizada por sus pares.

Gertrud Woker en su laboratorio. Universidad de Berna.

Sus conflictos con la universidad se intensificaron cuando se mostró contraria a la utilización de investigaciones científicas con fines militares. Gracias a sus conocimientos en biología y química, reconoció enseguida las consecuencias catastróficas de la guerra y, en sus libros y conferencias, criticó el uso de gases tóxicos en las trincheras. Woker estimaba que los científicos tenían la responsabilidad de asegurarse de que su ciencia no fuera utilizada con fines bélicos. En esa época, la política ejercía una gran influencia sobre la ciencia. Recordemos, por ejemplo, que Fritz Haber, el «padre de las armas químicas», recibió poco después de la Primera Guerra Mundial el Nobel de Química en 1918 por la síntesis del amoníaco a partir de sus elementos. En la Universidad de Berna también se llevaron a cabo experimentos con gases tóxicos.

En 1915, durante el Congreso Internacional de las Mujeres por la Paz de la Haya, se fundó la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF). Gertrud Woker se sumó al movimiento, convirtiéndose en una de sus dirigentes.

En los años 1920, con un grupo de militantes, Woker recorrió los Estados Unidos para sensibilizar a la ciudadanía sobre los peligros de las armas químicas. Sus conferencias suscitaron un gran interés; también llamaron la atención de los medios militaristas y nacionalistas cuyos representantes hicieron de todo para desacreditarlas: «Un grupo de mujeres realiza actualmente una gira por el país para aliviar su tensión nerviosa. Su estado mental manifiestamente excesivo, las encaja en la categoría de enfermas mentales».

En 1924, Gertrud cofundó el International Committee Against Scientific Warfare (Comité Internacional contra la Ciencia Guerra). En ese mismo año publicó el folleto titulado The Next War, a War of Poison Gass (La próxima guerra, una guerra de gas venenoso) que describía los diferentes tipos de gas que podrían usarse en la guerra, explicaba cómo podrían emplearse y pormenorizaba su terrible impacto en sus víctimas (tanto soldados, como civiles). «No pude evitar estremecerme y pensar que aquí la ciencia estaba cavando su propia tumba», comentaba Woker en su texto censurando la utilización de la investigación para desarrollar tales tecnologías. El folleto se distribuyó en todo el mundo en inglés, francés y alemán.

En 1932 publicó Der kommende Gift- und Brandkrieg und seine Auswirkungen gegenüber der Zivilbevölkerung (La próxima guerra de veneno y fuego y sus efectos en la población civil), donde denunciaba la perversa relación entre la ciencia y la guerra, que atribuía a la sumisión de los científicos y a una visión tergiversada del patriotismo alimentada por un militarismo exacerbado. El libro se reeditó siete veces y atrajo la atención de la comunidad científica y la cultura pacifista: fue citado por Bertrand Russell y en algunos escritos de Herbert George Wells. En Alemania, el ensayo fue prohibido y quemado en la quema de libros de 1933.

En 1951, publicó la obra en dos volúmenes titulada The chemistry of the natural alkaloids (La química de los alcaloides naturales), texto ampliamente elogiado en revistas médicas y farmacéuticas.

Gertrud Woker continuó siendo un miembro activo de WILPF hasta bien entrados los 80 años. Hacia el final de su vida sufrió un delirio persecutorio; temía ser enviada a Vietnam que, en ese momento, estaba experimentando los horrores de la guerra química. Pasó sus últimos años en un sanatorio en Neuchâtel, donde falleció en 1968.

El documental Die Pazifistin (2021) redescubre la figura de esta pionera.

Referencias

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaboradora en ::ZTFNews y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

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