Faltar a clase por tener la regla

En todo el mundo, incluso en países occidentales, las niñas faltan a la escuela debido a su menstruación. Las consecuencias de este inaceptable estigma quedan reflejadas en la brecha educativa de género; hay estudios que demuestran una correlación negativa entre la menstruación y la asistencia y el éxito escolar de las niñas. Según la UNESCO, de los 750 millones de personas analfabetas en el mundo el 63 % son mujeres. Para conseguir una igualdad real entre hombres y mujeres, es importante que las niñas, de la misma manera que los niños, tengan un acceso fácil a la escuela y que desarrollen toda su capacidad. La mayoría de las investigaciones que analizan las razones de la no asistencia a la escuela entre las niñas identifican el entorno geográfico (distancia al centro escolar, zona rural, inaccesible, etc.) y las cuestiones socioeconómicas como factores clave. Sin embargo, las escasas opciones para la higiene menstrual que tienen muchas niñas suponen otra barrera para la educación de éstas, sobre todo en los países en desarrollo. Según WaterAid y UNICEF, 1 de cada 3 niñas en el sur de Asia pierden entre 2 y 4 días escolares cada mes debido a su periodo. De manera similar, varios estudios en países de África también mostraron que las niñas podían perder hasta 4 días consecutivos de escuela cada mes debido a sus ciclos menstruales, lo que equivale a un 20 % del tiempo escolar anual. Además, muchas niñas abandonan la escuela totalmente una vez que empiezan a tener la regla. Es evidente que estos ejemplos son consecuencia de una situación más general, pero nos centramos aquí en este aspecto que agrava la desigualdad entre niños y niñas. En pleno siglo XXI, ¿nos parece normal que las jóvenes pierdan tantas clases durante un curso por la falta de instalaciones sanitarias, la carencia de información o la escasez de productos de higiene?

Mujeres líderes de la comunidad planifican e implementan programas educativos en las escuelas urbanas pobres,
proporcionando un paquete de toallas sanitarias a las niñas. Wikimedia Commons.

Faith, de 13 años, dice: «Me sentía avergonzada de ser una niña y me parecía un castigo». Faith vive en un internado en el condado de Narok, Kenia, y habla así al describir su primer periodo; una amiga le enseñó a utilizar un pañuelo para controlar la sangre. «No era consciente de cómo y por qué ocurría, ni qué tenía que esperar, así que estaba asustada y confusa». Como ella, aún muchas niñas de todo el mundo carecen de información básica acerca de su salud sexual y reproductiva y tienen dificultades para acceder a artículos sanitarios para la menstruación. Muchas se sienten avergonzadas y están supeditadas a los tabúes que rodean su ciclo menstrual. Todos estos aspectos merman sus derechos y las exponen a exclusiones de todo tipo por sus reglas y pierden oportunidades para crecer y formarse.

Según el último informe de seguimiento del agua y el saneamiento en las escuelas elaborado conjuntamente por la OMS y UNICEF, el 47 % de las escuelas del África subsahariana carece de agua potable y el 33 % no tiene baños apropiados (OMS/UNICEF 2018). Está claro que hay un problema en lo que se conoce como gestión de la higiene menstrual, es decir, en el acceso a información, preparación y asistencia adecuadas para poder manejar su periodo de una manera saludable, segura y digna. Varias organizaciones internacionales como UNICEF, OMS o el Banco Mundial, así como ONGs locales trabajan en los temas del agua y saneamiento, salud, educación y cuestiones de género y colaboran para fomentar esa gestión de la higiene menstrual. Proponen intervenciones dirigidas a mejorar el acceso a instalaciones sanitarias, a aumentar la conciencia acerca de la higiene y a abordar el absentismo escolar de las niñas. Podemos citar también el ejemplo de ZanaAfrica, otra ONG que trabaja en Kenia, creada para responder a la situación de aproximadamente 1 millón de niñas que no van a la escuela debido a que no tienen acceso a compresas y a los correspondientes programas de educación en salud reproductiva. El enfoque de ZanaAfrica para ayudar a las niñas se basa en tres ámbitos: crear programas de educación en salud, dotar de recursos sanitarios y proporcionar información mediante asociaciones locales (Lusk-Stover et al., 2016).

El problema no está solo en África. En 2015, el Gobierno de la India dio a conocer las directrices nacionales sobre la gestión de la higiene menstrual para responder al posible absentismo escolar de alrededor de 113 millones de adolescentes debido a la aparición de su primera regla. Uno de los estudios en que se basaron esas directrices concluyó que solo el 53 % de un total de casi 15 000 escuelas estatales tenía un retrete separado para las niñas y en condiciones de uso adecuadas, con agua para eliminar residuos, un lavabo cerca y una puerta con cerradura.

Amra Padatik India: elebración del Día de la Higiene Menstrual. Wikimedia Commons.

A causa de los tabúes que siguen rodeando a la menstruación, hay una falta significativa de información, incluso en países occidentales. Nos puede resultar llamativo, pero las niñas y mujeres jóvenes en algunas zonas de países desarrollados tampoco tienen fácil el control de sus ciclos menstruales y el acceso a los cuidados higiénicos que requiere. Según estudios recientes, este problema, conocido como pobreza menstrual (#endperiodpoverty), afecta a una de cada 5 niñas. Una encuesta reciente a 5 000 mujeres y niñas en Nueva Zelanda encontró que el 30 % de las menores de 17 años había faltado a la escuela o al trabajo debido a la precariedad de atención sanitaria y un 53 % había dejado de comprar artículos de higiene en algún momento para comprar alimentos.

Uno de los elementos clave es el precio de las compresas o los tampones. Varios países tienen un impuesto sobre las ventas de productos para el cuidado femenino similar a los «productos de lujo». Como ejemplos podemos citar a Suecia (27 % de impuestos), Argentina (21 %), Alemania (19 %), México (16 %), España (10 %), Francia y Reino Unido (5 %); mientras que Australia, Canadá, Irlanda y 12 estados de Estados Unidos están completamente exentos de impuestos. La abolición de este impuesto discriminatorio constituiría una gran mejora hacia la disminución de la brecha de género debido a la inaccesibilidad a la educación que supone para muchas chicas. No es tan disparatado considerar estos productos de higiene femenina como un derecho básico, como el papel higiénico y el jabón, que debería dispensarse de forma gratuita, sobre todo en zonas empobrecidas. Cuando en Nueva York se llevó a cabo el experimento de implementar tampones y compresas gratuitos en las escuelas públicas (también en albergues y prisiones), la tasa de asistencia a clases aumentó en un 3 %. Hay muy pocas investigaciones sobre esta relación entre menstruación y absentismo en los países desarrollados y sería necesario contar con más datos rigurosos para hacer llegar los resultados a esferas políticas decisorias. Sería interesante que todos los países siguieran el ejemplo de Escocia, que proporciona acceso gratuito y universal a productos menstruales en todas las escuelas, colegios y universidades (Scottish Government, 2018).

Sería necesario también, para la inclusión de las mujeres en todos los aspectos de participación ciudadana, normalizar este hecho biológico y hablar con naturalidad sobre el mismo. La falta de conocimiento alimenta mitos que pueden excluir y humillar a las mujeres (Plan International UK, 2018). No es aceptable que un proceso natural impida que las jóvenes aprovechen todas sus posibilidades para crecer y tener confianza en ellas mismas, para hacer realidad sus sueños y aspiraciones. Es muy conveniente explicar a niños y niñas la biología que hay detrás del ciclo menstrual como primer paso para superar mitos, estereotipos y ñoñerías basados en la ignorancia. Además del conocimiento científico de este proceso es fundamental proporcionar información práctica para que las chicas manejen con naturalidad sus reglas. Las familias, la escuela, las campañas en medios, etc. no deberían olvidar a los chicos y ofrecerles también a ellos una información clara y fiable sobre este proceso. Además, otra consecuencia importante es que a medida que normalizamos la menstruación se dejan de trivializar los problemas de salud relacionados con ella.

La educación es la forma más eficaz de mejorar la autoestima, la salud y la autonomía de las niñas y de fomentar su participación en cualquier ámbito de la vida; sin embargo, las ausencias a la escuela afectan su potencial académico e influyen de forma negativa en sus elecciones de vida futuras. Con las campañas de concienciación y los datos proporcionados por investigaciones se deberían iniciar cambios políticos y sociales para una educación equitativa, encaminada a conseguir una escuela abierta en la que fuera impensable faltar por algo tan natural como tener la regla. El secretismo que existe todavía en torno al periodo en algunos hogares, en algunas escuelas, en lugares de trabajo, etc., no ayuda a acabar con el estigma de la menstruación, con el apuro de tener a la vista la caja de tampones. Mejorar la salud sexual y reproductiva puede suponer un aumento de la participación de niñas y mujeres en la escuela y en el ámbito económico y social. Podemos pensar que hay otros grandes retos que deben afrontarse con cierta prioridad, pero este es un aspecto en la vida de muchas mujeres sobre el que debemos reflexionar.

Referencias

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

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