Eugenie Clark, la dama de los tiburones

Vidas científicas

Eugenie Clark (2006). Associated Press.

Eugenie Clark nadó con tiburones durante más de 40 años. Sin embargo, el único enfrentamiento que tuvo con una de esas criaturas ocurrió fuera del agua. El incidente ocurrió una tarde en que, con prisa, conducía hacía una institución académica para dar una charla.

Dentro de su coche, llevaba una mandíbula disecada de un tiburón tigre. La pieza tenía más de tres metros e iba instalada en el asiento del copiloto. Al parecer, algo distrajo los pensamientos de la científica que no vio a tiempo un semáforo con luces rojas. Se vio obligada a frenar con brusquedad.

Instintivamente, extendió una de sus extremidades para evitar que la mandíbula dañara el tablero. Por desgracia, los dientes se hundieron en su antebrazo. Desde entonces, Clark lució una mordida en forma de semicírculo y gustaba de contar a todo el mundo la historia de cómo fue atacada por un tiburón en tierra firme.

Su interés por las especies marinas había comenzado a una edad muy temprana. Tenía apenas 9 años cuando su madre y padrastro la acompañaron al acuario de Nueva York, su ciudad natal. A partir de ese día se afanó en acumular peces, anfibios y reptiles pequeños.

La colección desafiaba los límites del pequeño apartamento familiar. No obstante, esta afición fue debidamente cultivada por los adultos en el hogar.

Eugenie había nacido en 1922 y con tan solo dos años había perdido a su padre. Cuando su madre, de origen japonés, decidió volver a casarse por segunda vez con un comerciante gastronómico, dejó en claro que su hija debía tener oportunidades acordes con las de una joven norteamericana y no con las tradiciones heredadas de las islas niponas.

Con el paso de los años, la niña se convirtió en una joven aplicada. En 1942 consiguió su título universitario en Hunter College y, en esa misma universidad obtuvo un postgrado en zoología y completó su primera maestría en 1946. No obstante, se trasladó a la Universidad de Nueva York para realizar su doctorado, el cual alcanzó en 1950.

A lo largo de sus años de estudios superiores, Clark se involucró con diversas organizaciones de estudio relacionadas con la biología marina. Era una asidua de el Instituto Scripps de Oceonografía, el Museo Americano de Historia Natural o el Laboratorio Marino Woods Hole de Massachusetts, entre otros.

En 1949, poco antes de completar su doctorado, se vinculó con la Oficina de Investigación Naval, un departamento gubernamental que ofreció nuevos horizontes a su carrera. Durante aproximadamente un año, tuvo la oportunidad de recorrer territorios de la Micronesia como la Guam, Islas Marshall, las Marianas o Islas Palau.

Eugenie Clark (1951). The American Museum of Natural History.

Este recorrido y las indagaciones en especies marinas locales tuvieron como resultado la publicación de su primer libro “Lady with a Spear” en 1953. El texto gozó de mucha aceptación popular y vendió numerosas ediciones, así como fue traducido a diferentes idiomas.

Tras terminar su doctorado, Eugenie recibió una beca del Programa Fulbright para continuar sus estudios en materia de ictiología. Debido a este reconocimiento, tuvo que trasladarse a la Estación de Biología Marina de Hurgada, ubicada al norte del Mar Rojo, en Egipto. Durante esta nueva travesía conoció al hombre que se convertiría en el padre de sus cuatro hijos.

Aunque sus pesquisas abarcaron el comportamiento, ecología y taxonomía de disimiles peces, sus intereses se centraron cada vez más en los tiburones. A lo largo de los años cincuenta del siglo XX, adquirió su notoria fascinación por el buceo y en particular por el nado con esa desafiante especie marina.

Su segundo libro vio la luz e 1969 bajo el título “The lady and the Sharks”. En él contó sus experiencias al entrar en contacto con los tiburones en sus hábitats naturales. Este segundo volumen tuvo aún más éxitos que el anterior y le valió a Eugenie el seudónimo que la acompañó el resto de su vida: la dama de los tiburones.

La siguiente década fue decisiva en el desarrollo académico de la doctora Clark. En este periodo tuvo lugar uno de los aportes científicos que marcaron su carrera. Gracias a sus sesiones de buceo, descubrió que un líquido lechoso, secretado por el pez Pardachirus marmoratus, servía para repeler a los tiburones.

Eugenie incluso se atrevió a hacer pruebas en el entorno marino. Comprobó que los tiburones aborrecían comer esa clase de pez incluso cuando se los ofrecían como carnada.

Al momento de este descubrimiento, la científica se había incorporado a la Facultad de Zoología de la Universidad de Maryland. Ocupó esa posición durante más de tres décadas, hasta su jubilación oficial en 1992. A pesar de que formalmente ya no estaba empleada, Eugenie nunca abandonó sus actividades académicas del todo.

Consiguió completar su tercer libro “The desert beneath the sea”, un volumen para niños en coautoría con Ann McGovern. Este ejemplar estuvo dedicado a describir sus estudios sobre el lecho marino.

Durante su carrera, Clark firmó más de 170 artículos académicos y fue merecedora de varios reconocimientos por sus méritos. Sus indagaciones la llevaron a recorrer gran parte del mundo, y más importante, algunas de las aguas más recónditas del planeta. Además, elevó la participación de las mujeres de origen asiático dentro de los escenarios científicos occidentales.

En junio de 2014, Eugenie buceó por última vez. Unos meses más tarde, en 2015, la científica falleció a la edad de 92 años. Tras su longeva vida dejó un legado de inspiración y constancia para varias generaciones de científicos.

El Congreso de los Estados Unidos la honró de manera póstuma por sus esfuerzos en el estudio y preservación de los océanos. Además, varias especies de peces llevan su nombre en su honor. Entre ellos se encuentran Callogobius clarki, Sticharium clarkae George y Springer, Enneapterygius clarkae Holleman, y Atrobucca geniae Ben-Tuvia y Trewavas.

Bibliografía

Sobre la autora

Claudia Alemañy Castilla es periodista especializada en temas de ciencia y salud. Trabaja en la revista Juventud Técnica.

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