El Extremo Oriente cuestiona el supuesto árbol evolutivo humano

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El 10 de abril de 2019, la revista Nature publicaba que un equipo de investigación internacional había descubierto en la cueva de Callao, isla de Luzón, Filipinas, restos fósiles pertenecientes a una nueva especie humana. El artículo, de inmediato, llamó la atención de la comunidad científica ya que, como bien puntualizaría la escritora y editora de la revista Scientific American, Kate Wong, «el sorprendente hallazgo ha vuelto al árbol evolutivo humano un poco más frondoso y mucho más interesante».

La quinta cámara de la cueva del Callao. Imagen: Wikimedia Commons.

La comunidad de especialistas conocía que Homo erectus, un hominino originado en África, había llegado hace aproximadamente un millón de años a los confines de Oriente y a la actual Indonesia, probablemente cruzando algunos de los corredores o puentes de tierra existentes en la época. El asombro generado por el nuevo hallazgo se debe a que Luzón, según han expresado expertos y expertas a National Geographic, se consideraba una isla especialmente difícil de alcanzar para los antiguos homininos, ya que nunca estuvo conectada al continente.

El estudio detallado de los fósiles, un conjunto compuesto por huesos de los pies y de las manos, varios dientes y un fragmento de fémur, fue analizado por un amplio equipo de especialistas. Tras meticulosas observaciones, llegaron a la conclusión de que pertenecían al menos a tres individuos de pequeño tamaño (alrededor 120 cm de altura); en concreto, eran dos adultos y una criatura que habrían vivido en la isla hacía entre 50 000 y 70 000 años. Sin embargo, lo que más interés despertó entre quienes los analizaron, fue observar que presentaban una singular combinación de rasgos antiguos y avanzados.

Ciertamente, los huesos de sus manos y pies eran muy primitivos, comparables a los de los australopitecos. Recordemos que estos antiguos homininos, entre los que se incluye la famosa Lucy, vivieron en África hace entre 4 y 2 millones de años, y ya se desplazaban de manera bípeda. Al observar los dientes fósiles, se detectó que los premolares eran grandes y tenían una raíz extra (tres raíces en vez de dos); un rasgo que es considerado primitivo. En contraste, los molares eran pequeños y llamativamente modernos.

Portada de la revista Nature con la publicación
del equipo de Florent Détroit.

Florent Détroit, autor principal del estudio y paleoantropólogo en el Museo Nacional de Historia Natural de París, comentaba al respecto a la escritora Kate Wong que «cada una de las características descritas [del nuevo hallazgo] se puede encontrar por separado en uno o varios grupos de homininos. Pero ninguno presenta una combinación igual». Tan inesperada mezcla llevó a pensar que se trataba de una nueva especie, y por ello la bautizaron con el nombre de Homo luzonensis.

Sin entrar en detalles sobre su anatomía, interesa apuntar que H. luzonensis contribuye a dejar obsoleta la idea de que el linaje humano progresó claramente desde «especies menos avanzadas a especies más avanzadas», puesto que muestra rasgos propios de homininos de hace en torno a tres millones de años, junto a rasgos modernos. Esta combinación de caracteres antiguos y modernos en una misma especie se llama evolución en mosaico, y se ha detectado con inusual frecuencia en el registro fósil del este de Asia.

La experta paleoantropóloga del University College London, Aida Gómez-Robles, que revisó el estudio antes de su publicación, afirmaba también en National Geographic que estos fósiles representan «sin duda uno de los hallazgos más importantes que aparecerán en muchos años». Advirtiendo que las respuestas que puedan explicar tan insólitos restos generan una considerable intriga y curiosidad.

Por su parte, María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), Burgos, igualmente ha manifestado en diversas ocasiones el asombro despertado por la combinación de rasgos observada en H. luzonensis. De ahí que se sumara al colectivo de especialistas que suponen a la evolución en «mosaico» como algo que ha sido más habitual entre homininos de lo que hasta hace poco se pensaba.

La científica española ha explicado al respecto a la citada escritora Kate Young que «la clave está en la combinación de sus dientes con sus pies y manos». Nos intriga, continúa la experta, que «las manos y los pies de H. luzonensis sean primitivos, con los dedos curvados típicos de las especies que trepan a los árboles». A continuación subraya que «aunque en la actualidad la gente trepa a los árboles, los humanos han perdido sus adaptaciones para la vida arbórea después de abandonar los bosques y vivir en el suelo desde hace millones de años».

En esta tesitura, Martinón-Torres hace hincapié en la edad de H. luzoniensis, destacando que solo tiene 67 000 años, pero la parte de su anatomía adaptada a trepar «es algo inesperado, por decir poco. Considerando en su conjunto los dientes y los huesos de pies y manos, estoy de acuerdo con los autores que sostienen que esa combinación de estructuras no se parece a nada que hayamos visto antes».

La imprevista diversidad de homininos asiáticos

Homo luzonensis no es la única especie humana identificada en el sudeste asiático que ha llamado poderosamente la atención a la comunidad de especialistas. En 2004, un equipo de investigación descubrió los restos de una hominina en la Isla de Flores, Indonesia. Como hemos mencionado en otra entrada de este blog, se trataba de una humana de pequeño tamaño, en torno a un metro de altura, perteneciente a una nueva especie: Homo floresiensis. Las evidencias cronológicas más recientes indican que habría vivido entre unos 150 000 y 60 000 años atrás.

María Martinón-Torres.
Imagen: Wikimedia Commons.

Un tiempo más tarde, en 2015, la investigadora del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología (IVPP) de Pekín, Song Xing junto a María Martinón-Torres, publicaban un trabajo sobre un maxilar infantil y varios dientes aislados de homininos encontrados en Xujiayao, uno de los destacados yacimientos del norte de China.

Los resultados obtenidos a partir de un cuidadoso análisis de esos restos, revelaban que el gran continente asiático pudo haber estado habitado también por otra especie desconocida, todavía sin catalogar. Al respecto, María Martinón-Torres afirmaba que «nuestro trabajo pone de relieve la gran variabilidad de las poblaciones humanas de Asia y advierte que es necesario reconsiderar la taxonomía de muchos de los fósiles hallados en este continente».

En mayo de 2017 un equipo internacional consideraba al yacimiento de Xujiayao como uno de los más importantes del este de Asia. Se habían conseguido excavar veinte fósiles del género Homo, cuya edad oscilaba entre 260 000 y 370 000 años antes del presente. Tal antigüedad colocaba a los homininos entre los más antiguos del este de Eurasia, coincidiendo con la época en que los denisovanos (parientes muy próximos a los neandertales) aparecieron en aquellas lejanas regiones.

En un estudio publicado en mayo de 2019 en la revista Journal of Human Evolution , firmado por un equipo también dirigido por Song Xing y María Martinón-Torres, se detallaba el análisis de unos dientes antiguos, datados entre 172.000 a 240.000 años, encontrados en una cueva localizada en Tongzi, esta vez al sur de China. En este trabajo, se compararon meticulosamente los fósiles recién descubiertos con muestras de otros dientes antiguos y modernos procedentes de África, Asia oriental, Asia occidental y Europa, con el fin de identificar los restos hallados en Tongzi.

Sin embargo, debido a la escasa cantidad de material encontrado en la cueva de Tongzi, sumada a la imposibilidad de obtener ADN, porque el calor y la humedad del sur de China hacen muy difícil que la delicada estructura de la molécula se conserve, no se lograría reconocer con seguridad a qué especie pertenecían. En consecuencia, esos dientes fósiles pasaron a formar parte de los hallazgos, cada vez más numerosos, que no encajan en el patrimonio de ninguna de las ramas conocidas en el árbol familiar humano.

De la amplia bibliografía disponible, y aquí solo hemos elegido una pequeña muestra, se desprende que las distintas investigaciones realizadas durante las últimas décadas han ido revelando un grado cada vez más alto de diversidad entre los homininos del Lejano Oriente. La comunidad de especialistas se ha visto sorprendida ante tantos nuevos hallazgos, y hoy mayoritariamente asume que en aquella región los modelos evolutivos humanos fueron mucho más complejos de lo previamente documentado.

Como señalaba desde Beijing la escritora científica colaboradora de Nature, Jane Qiu, «los fósiles chinos muestran que, hace entre 900 000 y 125 000 años, el este de Asia estaba repleto de homínidos diversos». Asimismo, apunta esta respetada especialista, «representan claramente especies más avanzadas que H. erectus, pero nadie sabe lo que son, ya que no parecen encajar en ninguna de las categorías que se conocen». En suma, concluye la autora china, en la misma línea que otros numerosos científicos y científicas, «la historia evolutiva en Asia está resultando considerablemente más interesante de lo apreciado hasta ahora».

El este asiático se revela clave para estudiar la diversidad humana

Distintos grupos humanos, incluida nuestra propia especie, parecen haber coincidido temporalmente durante sus desplazamientos por el este de Asia. Casuística que genera un escenario diverso y complejo. Los y las especialistas tienden ahora a interpretar que esa coexistencia de más de un linaje tuvo como resultado el cruzamiento o hibridación entre los diferentes grupos de homininos. Coinciden, aunque no existe consenso, que al encontrarse en la región varios grupos de homininos lo más probable es que se cruzaran entre ellos.

Tal afirmación está apoyada en los últimos descubrimientos de fósiles, como los más arriba citados, que avalan posibles hibridaciones, a lo que hay que añadir los novedosos datos genéticos recientemente conocidos que revelan diversas combinaciones de genes.

En un artículo publicado en febrero de 2019, un numeroso equipo de especialistas, dirigido por el profesor de Geociencias de la Universidad China Wei Liao, y del que formaban parte las científicas Song Xing y María Martinón-Torres, interpretaba que la tardía supervivencia de algunas poblaciones arcaicas permitió que éstas se solaparon en el tiempo y geografía con los humanos anatómicamente modernos, es decir nuestra especie. Ciertamente, ésta había aparecido en yacimientos del sur de China de hace entre 120 000 y 80 000 años, lo que daría tiempo a posibles cruzamientos con algunos de los homininos arcaicos.

La trascendencia de los numerosos hallazgos recientes es considerable, ya que ponen en tela de juicio aspectos significativos del modelo evolutivo humano convencional. Al respecto, el autorizado paleoantropólogo español del CSIC Antonio Rosas, ha explicado en una entrevista concedida al periodista científico de El País, Nuño Domínguez, que los nuevos descubrimientos están generando un enorme debate. En efecto, no es fácil evaluarlos, ya que todavía se dispone de pocos fósiles, la información genética conseguida es escasa y, además, las publicaciones son demasiado recientes. De momento, todo ello está generando un notable desconcierto.

Kristin L. Krueger.

Lo que sí está claro, añade este especialista, «es la increíble diversidad de nuestro género, que realmente se encuentra en la antítesis de ese modelo lineal que representa a una especie de primate tras otra hasta culminar en los sapiens». Para Rosas, lo más importante es que los nuevos hallazgos demuestran un camino alternativo de evolución humana; por ejemplo, la citada evolución en mosaico que permite conservar en los miembros de una especie ciertos rasgos invariables, procedentes de antepasados lejanos, mientras que otros atributos son el resultado de una evolución reciente. En suma, la coexistencia de algo viejo y algo nuevo.

La antropóloga de la Universidad Loyola en Chicago, Kristin Krueger, especializada en antropología dental, ha explicado a Maya Wei-Hass, escritora científica de National Geographic, que «los últimos trabajos muestran un cambio cultural en la paleoantropología al reconocer que nuestra historia evolutiva es mucho más intrincada y compleja de lo que creíamos, y que, además, esa historia siempre está cambiando».

Los complejos modelos a los que apuntan los últimos trabajos están compuestos por diversas migraciones que parecen indicar la coexistencia y cruzamientos de Homo sapiens con homininos arcaicos, y de éstos entre sí. Los datos científicos en apoyo de esta posibilidad están en constante aumento, debilitando hasta prácticamente su desmoronamiento a la antigua y tanto tiempo asumida tesis de evolución lineal «desde un primitivo hominino hasta el hombre blanco europeo». Por cierto, un modelo profundamente estereotipado, cargado de racismo, sexismo y eurocentrismo. Otros de esos inerciales mitos, derribados por la ciencia que golpea con evidencias contrastables.

Valga terminar señalando que la paleoantropología se enfrenta a un más que probable cambio de paradigma, lo que está produciendo un verdadero terremoto argumental, con fructíferas discusiones entre equipos de investigación a lo largo y ancho de todo el mundo. El tema también ha irrumpido en la agenda noticiable de los múltiples medios de comunicación hoy a nuestro alcance, suscitando, insistimos, múltiples debates, entre los que se incluyen aquellos con perspectiva de género, visibilizando la vigorosa participación de las mujeres en estos ámbitos científicos de convulsa actualidad.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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