Hacer punto

Hacer punto. Tejer a mano labores de punto.

Punto. 11. Cada una de las diversas maneras de trabar y enlazar entre si los hilos que forman ciertos tejidos.

Estambre. 2. Hilo formado de las hebras largas del vellón de lana.

Tejer. 2. Entrelazar hilos, cordones, espartos, etc., para formar telas, trencillas, esteras u otras cosas semejantes.

Diccionario

Los que tejen tienen la intuición de que hacer punto tiene un efecto beneficioso sobre la mente. Tejer ha ayudado a muchas personas a soportar y a sobrevivir, por ejemplo, la quimioterapia, la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide, las largas y aburridas esperas en cualquier sitio para cualquier cosa, y, también, divorcios, depresiones, trastornos alimentarios, recuperarse de adicciones y muchas conductas problemáticas más. Lo mencionan Annuska Angulo y Miriam Mabel Martínez en su libro, publicado en 2016, y titulado El mensaje está en el tejido. Además de una técnica útil para fabricar tejidos para vestir, tejer siempre ha sido un arte, una actividad creativa, y, ahora, hay más personas y grupos de tejedores dedicados a su práctica con muy diversos objetivos.

Gracias a Internet y las redes sociales, los grupos de hacer punto se han convertido en globales, como escribía Phyllis McIntosh en 2011. Numerosas páginas web ofrecen videos de aprendizaje, patrones y foros para plantear dudas y compartir información y objetivos. En uno de los lugares más populares, Raverly, los tejedores pueden depositar notas, sobre sus proyectos, obtener información sobre patrones y participar en foros “para conectar con personas que gustan practicar punto de todas las partes del mundo”. El lugar Ravelry tenía registrados ocho millones de seguidores en febrero de 2019. Internet ha convertido hacer punto en una actividad global para aprender, compartir e, incluso, vender los productos terminados.

Muchos tejedores han iniciado blogs para dar publicidad a sus inquietudes, proyectos, patrones, material terminado, fotografías y libros. Incluso los hombres tejedores organizan blogs para hacer punto como, por ejemplo, el popular Men Who Knit. Pero son, sobre todo, las tejedoras jóvenes, de 18 a 30 años, como escriben Casey Stannard y Eulanda Sanders, de las universidades estatales de Louisiana y Iowa, las que más se acercan a Internet para allí exponer sus inquietudes y resultados en el hacer punto. Sienten que les permite involucrarse en comunidades virtuales construidas con el fin de compartir intereses.

Para conocer a las tejedoras, podemos repasar los datos numéricos que publicaron Barbro Sjöberg y Mia Porko-Hudd a partir de entrevistas con cuarenta y una tejedoras, con un solo hombre, la mayoría entre 60 y 69 años, con algunas menores de 40 y otras mayores de 69 años. Todas ellas participaban en un evento para tejer en público celebrado en Finlandia en 2013.

La mayoría, casi la mitad, aprendió a tejer en casa. Para el 71 % lo más importante cuando hacen punto es la relajación que sienten, aceptar que, cuando terminen su labor, habrán conseguido un producto útil, y que conciben y desarrollan nuevas ideas para otros proyectos. Y se siente parte de un grupo. Enseñar y compartir con los jóvenes, como les ocurrió cuando eran jóvenes, a menudo niñas, es importante para unir la tradición familiar y social con el futuro. Animan a otros a tejer por la propia actividad de hacerlo y por el bienestar que sienten por ello.

Un estudio publicado desde Canadá, y liderado por Laura Brooks, de la Universidad de la Columbia Británica, utiliza el método de las entrevistas con veintiuna tejedoras y llega a resultados interesantes. Hacen punto porque les hace sentirse felices, les marca un objetivo a cumplir, es una afición que une porque ayuda a conseguir conexiones sociales, refuerza la identidad personal y sienten que es un reflejo de su personalidad. Por tanto, hacer punto favorece su salud y bienestar.

En 2013, Jill Riley y sus colegas, de la Universidad de Cardiff, publicaron los resultados de un estudio similar. Obtuvieron los datos, no de entrevistas como Sjöberg y Porko-Hudd, sino de una encuesta colgada en Internet a la que respondieron 3 545 voluntarios de todo el mundo que pertenecían a una comunidad virtual de tejedores, la mayoría mujeres. Hacen punto para relajarse, aliviar el estrés y desarrollar la creatividad. Hay una relación significativa entre la frecuencia de tejer y sentirse en calma y feliz y, además, con mejoras cognitivas. Hacerlo en grupo aumenta la percepción de felicidad, el contacto social y la capacidad de comunicación con otras personas.

Museo Etnográfico de Grandas de Salime (Asturia). Imagen: Wikimedia Commons.

Un año después, Betsan Corkhill y sus colegas, publicaron los resultados de una encuesta parecida. También la pusieron en Internet en 2010 y, en dos semanas, recibieron 3 514 respuestas. El 98 % son mujeres, con el 54 % entre 21 y 40 años, y el 81 % por encima de 60 años. Son de treinta y un países aunque la mayoría, el 59 %, son de Norteamérica y el 31 % del reino Unido. Más del 50 % tienen cinco años o más de experiencia en hacer punto, y el 72 % lo practica tres veces o más por semana. Tejer con esta frecuencia les ayuda a organizar sus pensamientos, olvidar problemas y mejora la memoria y la concentración. De las respuestas que indican que quien responde tiene depresión, el 81 % percibe que hacer punto les hace sentirse feliz. Además, el 57 %, después de tejer un tiempo, se animan a emprender nuevos proyectos como, por ejemplo, cocinar, cuidar el jardín, aprender informática o iniciarse en actividades artísticas.

La relación entre hacer punto y salud, aceptada por intuición y sin pruebas evidentes desde la ciencia, ha sido revisada por Judit Rusiñol y sus colegas, de la Universitat de VicUniversitat Oberta de Catalunya, en un metaanálisis de lo publicado entre 2006 y 2017. La conclusión, ya conocida, es que no hay ensayos clínicos que prueben los beneficios de hacer punto para la salud. Existen muchos estudios que analizan lo que siente el propio tejedor cuando hace punto. Así, se investigan los motivos que llevan a hacer punto, los efectos que produce y, en último término, sus consecuencias terapéuticas.

El arte creativo, y en concreto hacer punto, beneficia a los pacientes con esclerosis múltiple. Cira Fraser y Michelle Keating, del Centro David C. Pratt de St. Louis, prepararon un cursillo intensivo, con cuatro semanas de duración, con talleres de acuarela, collage, hacer collares y hacer punto. Trabajaron con catorce voluntarias de 29 a 70 años y edad media de 51 años. Al terminar el cursillo sienten que ha mejorado su autoestima, su esperanza en el futuro, notan un mayor soporte social y crece su sentimiento de eficacia para completar tareas y, también, su propio control personal.

Los beneficios sociales y el interés por las actividades creativas, además de los personales y familiares, llevan a la organización de grupos de tejedores que, con la popularidad de Internet, son virtuales o, también, presenciales. En España y en 2014, y en el último recuento que conozco, eran 110 grupos.

Según Judit Rusiñol, se teje por seguir una tradición e implica una continuidad con el pasado, con la familia pues muchos tejedores aprenden de sus mayores, y con la cultura. Pero, también es un nuevo medio de expresión creativa y ayuda a consolidar una identidad personal, social y, es evidente para la mayoría de los casos, femenina. Quien teje está orgulloso de hacerlo. Crea un espacio propio, de ocio, dedicado a uno mismo y supone relajación y disminución del estrés. Además, si se quiere, se crea algo que puede ser útil. Y permite la integración en un grupo social que puede ser presencial o virtual. Incluso, en un estudio en Inglaterra se ha encontrado que son más felices los que practican hacer punto que los músicos aficionados. De bienestar, todos se sienten parecido pero hacer punto los hace más felices que practicar música.

Imagen: Knitting Nannas Against Gas.

También se teje como forma de reivindicación social y política. Fue en Australia donde las abuelas de Lismore, en Nueva Gales del Sur, las que comenzaron a tejer, en público y en grupo, como protesta por extracción de recursos naturales de la tierra y el agua de su entorno. Son las Abuelas Tejedoras Contra el Gas (Knitting Nannas Against Gas). Comenzaron en 2012 y, ahora, hay grupos por toda Australia y su movimiento ha llegado al Reino Unido y a Estados Unidos. Evitan que les adscriban a cualquier partido e ideología política y piden, siempre sin violencia, evitar las prácticas extractivas a los responsables, a políticos e industriales. Utilizan el hacer punto para llevar al público sus peticiones y objetivos.

Sin embargo y según datos publicados en 2019, hay 7,3 millones de personas que hacen punto en Gran Bretaña. Según afirman Katherine Harrison y Cassandra Ogden, de universidades de Leeds y Liverpool, el activismo con objetivos variados, que ha popularizado tejer entre la gente joven, parece que ha marginado y dejado de lado a personas de más edad y a las tejedoras que lo hacen por gusto, sin otro objetivo que no sea hacerlo y disfrutarlo. Las autoras entrevistaron a quince tejedoras del norte de Inglaterra y Gales.

No se identifican con el nuevo tejer y, sobre todo, buscan disfrutar de su afición en un contexto convencional. La práctica tradicional continua siendo importante para el disfrute de mujeres de una cierta edad y educación popular en su juventud. Se sienten discriminadas, incluso despreciadas, por las nuevas tejedoras.

Sin embargo, estas nuevas tejedoras y, sin duda, algunas veteranas, han llevado el tejer al siglo XXI en dos direcciones, que no siempre son paralelas sino que, a menudo, se entrecruzan. Son el activismo y la reivindicación y, también, el arte.

En la reivindicación están grupos de tejedoras como las Abuelas contra el Gas, las mujeres contra Trump, las que luchan contra el cambio climático, las tejedoras latinoamericanas contra la violencia de género, o la celebración, en el mes de junio, del Día Internacional de Tejer en Público. O, más cerca de nosotros, los alumnos de bachiller del Colegio Nuestra Señora del Carmen de Indauchu que salen una vez por semana a la plaza a tejer para demostrar que no hay labores solo de mujeres o solo de hombres, o los alumnos del Colegio Ikasbide que, también una vez por semana, van a la Misericordia a tejer con los ancianos que allí viven para acompañarles y, de paso, aprender.

Proyecto Ikasle ehuleak del Colegio Nuestra Señora del Carmen de Indauchu. Imagen: Revista Innovamos.

Y, en el arte y sin entrar en detalles, hemos tenido bien cerca de interesantes artistas que hacen punto y lo que tejen forma parte de su obra. En el Guggenheim expusieron Anni Albers en 2017 y Joana Vasconcelos en 2018. De esta última, busquen en Google Imágenes su obra Egeria y admirarán lo que supone tejer una obra de arte.

Referencias

Sobre el autor

Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

14 Comentarios

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NoraNora

Me ha gustado el artículo.Hace tiempo que tejo.. Pertenezco a una asociación que tenemos y enbellecemos el mobiliario urbano.

AliceAlice

Hola Noria….me encanta hacer joyas en ganchillo…bolsos…o ropa…..por donde vives…yo vivo en madrid y francia. Sur….me encantaria tener contacto con otras ganchilleras…

Isabel Castro QuintanaIsabel Castro Quintana

Muy interesante el artículo. Divulgar el arte de tejer merece mi más sincera felicitación. Elegir el hilo, diseñar el modelo, verlo acabado y pulido. Lleva algo de nuestra alma. Cada creación es única!!!

pilarpilar

Soy pilar hace unos 35 años que tejo y me encanta y me produce bien estar .tener un objetivo en mente desarrollarlo y llevarlo acabo. lo hago en solitario . Pasó muchas horas en casa lo intercambio con la lectura .y soy una superviviente de cáncer de mama y espero que por mucho tiempo más y esto me mantiene ocupada y distraída .

Eduardo Angulo PinedoEduardo Angulo Pinedo

Seguro que hay otra gente cerca que teje, quizá te apetece contactar. Es uno de los beneficios de tejer, las relaciones que se encuentran.

TeresaTeresa

Siempre he hecho punto. Lo veía hacer a mi abuela (tengo sus agujas), a mi madre, a mis vecinas. Me relaja, me gusta pensar el proyecto, buscar materiales, aprender puntos nuevos. Cuando tejo para bebés siempre pienso cada punto es un beso
Nombrar la página Tejiendo Perú.

silvyasilvya

me gustó el artículo.yo hago tejidos al crochet y bordado chino y mexicano.parami es una terapia increíble!!!

PilarPilar

He empezado a tejer hace poco, me gustaría conocer grupo para seguir aprendiendo. Vivo en Madrid

Carmen.Carmen.

Me encanta tejer. Lo llevo incorporado desde muy pequeña. Viendo a mi abuela hacerlo con total dedicación. Es un bello arte. Me siento realizada cada vez que termino un trabajo , sea este para realizar un obsequio o para mi hogar. Se deberia implementar en las escuelas. Y estoy segura que no habría tanta violencia. Desarrolla la creatividad. Es bellisimo. A ponerlo en práctica.

ELISABETHELISABETH

Me ha gustado el artículo, soy como Teresa. Me encanta el punto lo hacía mi abuela y ella me enseñó, siempre estoy haciendo algo para mí o encargos. Me encanta tejer, crochet, petit point, punto de cruz, todos me van bien para aquietar la mente, bueno tejer todo derecho, me paso todo el rato contando, los puntos, las pasadas que tengo que hacer, las que me faltan, las que he hecho, cuanto durará…. no me relaja mucho la media, pero me gusta mucho. Con ganchillo petit point y punto de cruz desconecto del todo. Perdón por el rollo….

Elva AltamiranoElva Altamirano

Hermoso artículo….Amo tejer al crochet…me siento acompañada por mis hilos y agujas..cada día..busco perfeccionarme… más y más…y mi mente no para de imaginar cosas y crear tejidos…

Elsa beatriz fernandezElsa beatriz fernandez

Tejo desde niña.Soy grande ya.como 65. Me enseñó mi madre con unas agujas de palo. Me encanta tejer. Soy muy ansiosa y me calma.,me entretiene. Y tejo para mi familia y regalo a amigas.Un gusto conocer gente que le interesa. Lo recomiendo para hombres y mujeres.Me gusto el artículo.

Margarita cruces peñalozaMargarita cruces peñaloza

En estos momentos tan difíciles para la humanidad, conectarnos en forma virtual con mis amigas queridas y poder intercambiar ideas de tejido a sido una experiencia única.
Tejo crochet desde los 5 años ahora tengo 59 y nunca dejo de aprender soy admiradora de todas las tejedoras que crean sus obras maravillosas con crochet o paillo
Soy chilena

Eduardo Angulo PinedoEduardo Angulo Pinedo

Aquí, en mi entorno familiar cercano y en el aislamiento en que estamos por el coronavirus, hay personas que, en el aburrimiento, han vuelto a tejer después de muchos años de no hacerlo, y solo para tejer y destejer por los errores cometidos han encontrado un gran interés por su labor. El tejer, hasta cuando no se hace muy bien, ayuda a seguir adelante pues supone, para muchos, hacer algo útil. Y ayuda a intercambiar contras personas tejedoras ideas y proyectos.

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