El pensamiento filosófico de Agnes Robertson Arber y su influencia en la botánica

Ciencia y más

Agnes Robertson Arber (1879-1960) fue una excelente y creativa botánica cuyo trabajo dio un gran impulso al conocimiento de la morfología y anatomía de los vegetales durante la primera mitad del siglo XX. El valor de su obra quedó reflejado en 1946 al ser la primera mujer botánica elegida como Fellow of the Royal Society of London (Miembra de la Royal Society de Londres). Asimismo, dos años más tarde, en 1948, fue premiada con la Gold Medal of the Linnean Society of London (Medalla de Oro de la Sociedad Linneana de Londres), siendo también la primera mujer en recibir este honor.

Agnes Robertson Arber (1911).

Pese a todo, las importantes aportaciones de Agnes R. Arber no han sido valoradas en su justa dimensión hasta hace relativamente poco tiempo. La prestigiosa socióloga de la ciencia, Hilary A. Rose, profesora emérita de la Universidad Bradford, Inglaterra, muy apreciada por sus estudios sobre las mujeres de la Royal Society, ha revelado al respecto que el acreditado historiador de la ciencia británico, Charles Singer, dedicaba su exitoso libro A Short History of Biology (Oxford, 1931) a las siglas «A.A, reconocidas como Agnes Arber. Sin embargo, destaca esta profesora, «no la menciona en todo el texto, ni tampoco a ninguna otra mujer».

«Resulta aún más insultante, continua Rose, que el renombrado biólogo y matemático escocés Sir D’Arcy Wentworth Thompson, en sus célebres archivos solo se refiriese a Agnes Robertson Arber como la esposa de Edward A. Newell Arber [que falleció en 1918, ¡42 años antes que ella!], sin hacer referencia alguna a su estatus como científica activa y a que fue la primera mujer botánica nombrada Fellow of the Royal Society of London».

Tal como ha referido Kathryn Packer, autora de un artículo de referencia publicado por la Royal Society, la profesora de la Universidad de York (Toronto) Ann B. Shteir, ha destacado la indiscutible categoría de la figura de Agnes Robertson Arber. Shteir, muy apreciada por su investigación sobre el papel de las mujeres botánicas en la historia de la ciencia, figura entre las expertas y expertos que subrayan la excelencia de los trabajos empíricos sobre morfología vegetal de Arber (comentados en una entrada anterior de este blog), así como la profundidad e interés de su pensamiento histórico y filosófico.

Una visión desde la historia y la filosofía de la ciencia

Maura Flannery, profesora emérita de St. John’s University, New York, y prolífica autora de numerosos ensayos, posee un profundo conocimiento de la vida y obra de Agnes Robertson Arber, siendo considerada como su biógrafa más erudita. Flannery afirma que desde los comienzos de su carrera profesional, la científica inglesa mostró una notable profundidad de pensamiento, asumiendo que históricamente el estudio de las plantas se había realizado a partir de dos perspectivas diferentes, la utilitaria y la filosófica.

Ciertamente, en su primer libro importante, Herbals, their origin and evolution, 1912 (Herbarios, origen y evolución ), Arber ya ponía de manifiesto que algunos herbarios fueron elaborados con un propósito muy práctico, teniendo como fin identificar y clasificar las plantas en función de su utilidad en medicina o en la alimentación. Sin embargo, otros herbarios estaban básicamente dedicados a indagar aspectos históricos y filosóficos de la botánica.

Mucho después de la publicación Herbals en 1912, concretamente a partir de 1940 con la II Guerra Mundial ya comenzada, la científica había alcanzado una fecunda madurez como investigadora, pero al igual que la mayor parte de sus colegas en aquellos años, encontró numerosas dificultades para continuar con la investigación empírica en su laboratorio. Inconvenientes debidos sobre todo a que los productos y el material necesario se estaban encareciendo y, además, eran cada vez más difíciles de conseguir.

La tenaz investigadora, relata Maura Flannery, en vez de suspender su trabajo ante tan malos tiempos, optó por centrar su atención en un área que siempre le había interesado: los aspectos históricos y filosóficos de la morfología de las plantas con flores.

Portadas de Versuch die Metamorphose der Pflanzen zu erklären (1790) y de Goethe’s botany: The Metamorphosis of plants (1946).

En esta tesitura, cuando Agnes Robertson Arber contaba con 65 años de edad, publicó una cuidada traducción de la obra botánica del filósofo alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), cuyos trabajos la científica conocía y admiraba. Bajo el título Goethe’s botany: The Metamorphosis of plants (1790), salía traducido en 1946 un valioso estudio que incluía una introducción y un conjunto de comentarios realizados por la propia traductora.

En este libro queda reflejado el enorme interés de Goethe por la unidad fundamental que subyace a la gran diversidad de los organismos vivos. Como explica la citada Maura Flannery, parte de la significativa influencia que la obra del filósofo ejerció sobre Arber se debía básicamente a esa cuestión cardinal: pese a la diversidad de formas existentes entre los vegetales, subyace en todos ellos una semejanza unificadora.

Con el correr de los años, Arber fue abandonando su investigación en el laboratorio para concentrarse en las implicaciones de los problemas metafísicos contenidos en los estudios sobre la morfología de las plantas. En este sentido, el profesor emérito de biología e historiador de la ciencia de la Universidad de California, Berkeley, Rudolf Schmid, destaca que durante la década de los años cuarenta Arber defendía con creciente convicción «la necesidad vital de establecer un vínculo entre la morfología vegetal y el pensamiento filosófico».

En 1950, las elaboradas reflexiones de la científica fructificaban en una nueva obra, The Natural Philosophy of Plant Form (Filosofía natural de la forma de las plantas), considerada por la crítica especializada entre los libros más importantes de Agnes Robertson Arber. Se trata de un trabajo que generó muy buenos comentarios. Fue descrito, apunta Kathryn Packer, como «una magistral versión de dos mil años de tradición biológica», pues la científica se remonta hasta la época de Aristóteles para repasar la historia de las ideas sobre la forma de las plantas. Arber, basándose en su extensa experiencia práctica, bucea en una compleja discusión sobre la filosofía inspiradora de todos estos estudios.

Tal como ha descrito Maura Flannery, el paleobotánico galés Hugh Hamshaw Thomas (1885-1962), considerado una autoridad en la descripción y clasificación científica de los vegetales, afirmaba que «quizás [The Natural Philosophy] es el libro más transcendental de Arber», ya que va más allá de las cuestiones específicas sobre morfología vegetal. De hecho, sostiene Thomas, la científica logra indagar con delicada meticulosidad en los procesos mentales implicados en el nacimiento y desarrollo histórico del concepto unificado de las plantas, profundizando sobre los efectos que tal concepto habría tenido en la construcción del pensamiento biológico.

Agnes R. Arber, puntualiza Maura Flannery, se está enfrentando en esta investigación con temas tan difíciles que muy pocos botánicos de su tiempo ni siquiera eran capaces de intentar abordar. No obstante, son asuntos reales que tratan acerca de cómo la mente humana organiza las ideas sobre la forma, y cuántos de esos conocimientos están influidos por supuestos filosóficos básicos.

En suma, en The Natural Philosophy of Plant Form, Arber indaga sobre el proceso mental implicado en el desarrollo de las ideas acerca la morfología vegetal, y discute las conclusiones ofrecidas por algunos botánicos al interpretar la forma que las plantas adquieren.

En su siguiente libro, The Mind and the Eye (La mente y el ojo), publicado en 1954, Arber muestra una perspectiva de la ciencia incluso más amplia que en su libro anterior. Tan es así, que la profesora Maura Flannery afirma que «si bien Hugh H. Thomas (1960) considera que The Natural Philosophy es el libro más importante de Arber, yo otorgaría tal distinción a The Mind and the Eye, ya que proporciona una rigurosa introducción a la investigación biológica y desarrolla con notable detalle la metodología requerida para llevar a cabo esa investigación […]. Es un libro que se ha convertido en un clásico de filosofía de la biología».

Maura Flannery detalla que Agnes Arber en The Mind and the Eye disecciona el proceso de indagación o investigación, asumiendo que tiene lugar en seis etapas. Las dos primeras consisten en identificar el tema que se va a investigar, y recopilar los datos relevantes procedentes de la experimentación u observación. Seguidamente se deben interpretar los datos, ya sea encajándolos en un marco de explicación científica existente o bien reconstruyendo ese marco. La cuarta etapa consiste en probar la validez de la interpretación o solución hallada. Si en este paso se tiene éxito, lo siguiente será convencer a los demás de dicha solución.

Hasta aquí, se trata de un análisis que no es muy distinto de los presentados por diversos científicos-filósofos de la ciencia. La aportación importante de Arber, matiza Flannery, radica en un último paso, el sexto, al que dedica la mitad del libro. Para esta lúcida botánica, la última etapa implica incluir los resultados en su contexto histórico. Se trata de un paso que comporta situar un trabajo específico en el tejido de la ciencia en general, lo cual inevitablemente acarrea la crítica a prejuicios o suposiciones. Profundizando en estos razonamientos, Arber pondría en evidencia cómo los elementos intelectuales y sensoriales se interconectan en el esfuerzo de interpretación.

Cabe señalar en este punto que la obra de Arber es peculiar, como señalan diversos expertos y expertas, porque fue escrita antes de que el célebre físico y filósofo de la ciencia estadounidense Thomas Kuhn (1922-1996), y uno de los biólogos más notables del siglo XX, Ernst Mayr (1904-2005), publicasen sus influyentes obras sobre la filosofía de la ciencia y su metodología.

El valor de las imágenes

Sin pretender entrar en más detalles sobre el pensamiento filosófico de Agnes Arber, valga añadir que los diversos autores y autoras que han analizado su filosofía coinciden al subrayar que la poderosa influencia de Johann W. Goethe también se ve reflejada en el interés que durante toda su vida Arber prestó al uso de las imágenes pictóricas.

Siguiendo al célebre filósofo, quien defendía que solo se mira algo con verdadera atención cuando hay que dibujarlo, Agnes Arber se apoyó siempre en las ilustraciones para dar a conocer sus puntos de vista. El entrenamiento artístico que desde muy joven había recibido le resultó sumamente útil a lo largo de toda su carrera, permitiéndole realizar por sí misma todas las ilustraciones incluidas en los artículos y libros que publicó.

Ilustración de Herbals de Agnes Arber.

Convencida de la importancia de las imágenes para el avance de la biología en general y de la botánica en particular, Arber afirmaba que todos los años que dedicó a mirar al microscopio y dibujar lo que observaba, le permitirían en su madurez apreciar con más profundidad que la mayor parte de sus contemporáneos lo que significa estudiar el mundo vivo.

Al respecto, describe Flannery, en el capítulo final de The Mind and the Eye la autora reflexiona con gran lucidez acerca de la relación que existe entre la mente y los ojos, poniendo de manifiesto que las interacciones de ambos son esenciales para la investigación biológica. Según la científica, las imágenes pictóricas en el pensamiento son una necesidad fundamental de la mente humana.

En 1957, Agnes Robertson Arber publicó su último libro, The Manitol and the One, que es muy diferente de todos sus otros libros. Tiene poco que ver con la ciencia y con la investigación científica. Trata de profundas cuestiones filosóficas, realizando un estudio comparado del pensamiento de los antiguos griegos y de la filosofía oriental en base a sus tradiciones literarias, científicas, religiosas y filosóficas. Al respecto, Maura Flannery ha destacado la impresionante amplitud de conocimientos y la comprensión de estos escritos que demuestra la docta estudiosa.

Reconocimientos

Queremos insistir como colofón final que a través de toda su obra Agnes Robertson Arber realizó una contribución única al desarrollo de las ciencias biológicas. No solo por los significativos descubrimientos que llevó a cabo en morfología vegetal, sino también porque contribuyó a ensanchar nuestra comprensión de la biología como campo de investigación, gracias a sus incomparables trabajos sobre filosofía de la ciencia.

Entre la comunidad científica existe actualmente un claro consenso al recordar que el trabajo de Agnes R. Arber estuvo caracterizado por una orientación «marcada por la elegancia y el estilo». Siempre dentro de los límites de la ciencia, su obra se distinguió por «su visión filosófica y su inmensa erudición». Según Maura Flannery, «pese a que su carrera como científica parece decir muy poco a las mujeres de hoy, es sin embargo un valioso recordatorio de los caminos que las mujeres han seguido y de lo que fueron capaces de lograr cuando sus opciones eran mucho más limitadas que ahora».

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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