Elsie Widdowson, la nutricionista que plantó cara a la desnutrición desde la Segunda Guerra Mundial hasta las hambrunas de África en los 80

Elsie Widdowson.

Cuando Elsie Widdowson comenzó a dedicarse a la nutrición como campo científico, este no existía como tal. Ella no se consideró nutricionista hasta mucho tiempo después. “La nutrición como materia no existía cuando yo empecé. Hasta entonces había sido química, bioquímica, fisióloga vegetal, investigadora médica y fisióloga”, decía.

Sin embargo, es evidente que Widdowson llegó a la nutrición en el momento justo, a principios de los años 30, porque algunos años después, durante la Segunda Guerra Mundial, sus conocimientos serían necesarios para mantener la salud de la población británica a la que el racionamiento limitaría las opciones alimentarias. Widdowson fue responsable, junto con el médico Robert McCance, de supervisar la adición de vitaminas a los alimentos en aquellos años.

De la química a la nutrición

Widdowson nació en Wellington, Inglaterra, en 1906. Tanto ella como su hermana, Eva Crane, que terminó convirtiéndose en una eminencia mundial en el estudio de las abejas, acudieron al Sydenham County School, en las que las animaron a seguir carreras científicas. Elsie se graduó de sus estudios en Química en el Imperial College de Londres a los 22 años, y se convirtió en una de las primeras mujeres en obtener un título de esa institución.

Se doctoró allí en fisiología vegetal con una tesis sobre el contenido en carbohidratos de las manzanas, y llevó a cabo algunas investigaciones sobre el funcionamiento y la fisiología de los riñones. Fue en ese momento cuando decidió especializarse en dietética, un campo aun por desarrollar y en el que había muchas posibilidades de futuro, pues estaba todo por hacer.

Comenzó a estudiar un posgrado en el Kings College, y fue en las cocinas de su hospital donde conoció a Robert McCance. Era 1933, y él estaba allí para observar cómo el proceso de cocinado afectaba a las propiedades de los alimentos que luego influían en la diabetes. Ella estudiaba técnicas de cocina como parte de su diploma en dietética, y le señaló algunos errores en sus recuentos sobre la fructosa presente en la fruta. Entre ambos detectaron algunos errores significativos en las tablas nutricionales de uso generalizado en Reino Unido, y así comenzó una colaboración científica que duraría sesenta años, hasta que McCance falleció en 1993.

La nutrición, un tema de interés nacional durante la guerra

Ambos pasaron a formar parte del Departamento de Medicina Experimental de Cambridge en 1938 y estudiaron la composición química del cuerpo humano, la incidencia de la dieta infantil en el crecimiento y, más en concreto, el valor nutritivo de las distintas harinas empleadas para elaborar pan. Analizaron también los efectos sobre la salud de la falta de agua y de sal, así como los distintos valores nutricionales de los alimentos antes y después de cocinarlos.

Elsie Widdowson inyectándose
soluciones de calcio, magnesio y hierro.

Su trabajo se convirtió en una cuestión de interés nacional cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial e Inglaterra fue quedando aislada del continente, obligando a la población a entrar en un estado de restricción alimenticia. Widdowson, McCance y otros científicos se convirtieron en los sujetos de sus propios análisis (Widdowson creía que no debía someter a otras personas a ningún experimento al que no se hubiese sometido ella misma primero) al seguir una estricta dieta de pan, col y patata durante meses para averiguar cuáles podían ser los efectos de una dieta restringida y racionada, con una ingesta muy exigua de carne, lácteos y calcio. Sus resultados demostraron que la salud se podía mantener con esta dieta tan limitada si se añadían suplementos de calcio.

Esto se convirtió más adelante en la base de la dieta de austeridad que se promovió desde el gobierno como una forma de colaborar en el esfuerzo de la guerra. Ambos científicos fueron los encargados de encabezar y supervisar el añadido de vitaminas y minerales a los alimentos que se hizo obligatorio durante la guerra.

De los campos de concentración a las hambrunas en África

Tras la guerra, Widdowson siguió investigando sobre dietética, nutrición y malnutrición. Ella y McCance fueron consultados para ayudar a recuperarse a las personas que habían sufrido una intensa malnutrición en los campos de refugiados nazis en Holanda, Dinamarca y Alemania, y también estudiaron los efectos de una dieta muy empobrecida durante los meses de la guerra en los territorios ocupados.

Durante los años 50, 60 y 70, la nutricionista dirigió sus esfuerzos a estudiar la malnutrición en África, sobre todo en los niños, demostrando y corroborando que una nutrición insuficiente durante la infancia conlleva problemas de salud y de crecimiento que se prolongan durante toda la vida. Sus resultados mostraban que los humanos recién nacidos tienen un 16% de su peso en forma de grasa, mucho más que el 1 o 2% de otras especies, y eso debía tenerse en cuenta en las dietas infantiles. También estudió las vitaminas y minerales presentes en la leche infantil natural y artificial, un trabajó que provocó que en los años 80 se revisasen y replanteasen las fórmulas de leche infantil artificial.

Elsie Widdowson.

Todos estos logros la hicieron merecedora de un abrumador reconocimiento público. Fue la presidenta de la Sociedad de Nutrición de 1977 a 1980, presidenta de la Sociedad Neonatal en 1978 a 1981 y la presidenta de la Fundación Británica de Nutrición de 1986 a 1996. Fue socia del Imperial College y de la Royal Society, y miembro de la Order of the Companions of Honour, un alto honor británico que se concede por logros notables en las artes, la ciencia, la política o la religión.

Jefa exigente, abuela honoraria

Pero además, Widdowson era una científica respetada por sus compañeros y admirada por las personas a su cargo. “[Como jefa] esperaba compromiso y que aceptases las responsabilidades. Era exigente cuando estaba preparando un paper para publicar, pero también cuando preparaba una presentación oral. No quería impresionar a la audiencia con su sabiduría y sus conocimientos, sino que la siguiesen y entendiesen bien los conceptos que estaba presentando.”

Siempre se aseguraba de que sus colegas más jóvenes recibían el reconocimiento que merecían por sus contribuciones a cualquier trabajo, y los llevaba consigo a las reuniones de los distintos comités en los que participaba si habían colaborado en el trabajo preparatorio para esas reuniones. Era cortés con todo el mundo y se sentía igual de cómoda con los popes de una materia que con el técnico más joven que hubiese llegado al laboratorio.

Nunca se casó ni tuvo más familia que su hermana, pero disfrutaba ejerciendo de abuela honoraria de las familias de sus colegas de laboratorio. Falleció el 14 de junio de 2000 a causa de un infarto.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

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