Feminismo y neurociencia: ejemplos del impulso con el trabajo en red

La mayor transgresión política de las mujeres es su alianza, su coalición: sororidad.

Marcela Lagarde de los Ríos.

Durante décadas, numerosos científicos nos han inducido a suponer que nuestro cerebro es un órgano dimórfico, esto es, que existe un cerebro femenino y otro masculino claramente distintos. Sin embargo, esta noción ha empezado a debilitarse considerablemente en los últimos años, al tiempo que han ido cobrando fuerza las versiones de aquellos especialistas que están convencidos de que afirmaciones de este tipo carecen de rigor científico. Las nuevas tendencias apuntan a que lo prioritario ahora es centrar la atención en la enorme variabilidad del cerebro humano.

Una parte significa del colectivo que alimenta ese pensamiento crítico son científicas altamente formadas en diferentes especialidades de la neurociencia, procedentes de distintos lugares del mundo. Conscientes de la necesidad de poner en valor sus objetivos comunes, un número creciente de ellas ha optado por agrupar sus esfuerzos iniciando un fructífero trabajo en red.

La importancia del trabajo en red

Como señalan los archivos de Evoluntas, el trabajo en red implica la colaboración de dos o más personas u organizaciones para alcanzar una meta que difícilmente se podría lograr de manera individual. Asimismo, permite influir sobre otros, tanto dentro como fuera de la red, ampliándose de ese modo la comprensión de un tema. El trabajo en red permite, además, reducir la duplicación de esfuerzos y el desperdicio de recursos, junto a un mayor y mejor intercambio de ideas y experiencias. De esta manera, se facilita la consecución de los objetivos propuestos.

Valga citar a título de ejemplo que la acreditada científica española María Blasco, doctora en bioquímica y biología molecular, y directora del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), uno de los centros de investigación de mayor relevancia de España, forma parte, junto a su equipo de investigación, de una importante red de trabajo en su especialidad. Se trata de una actividad, explicita la investigadora, que «numerosas asociaciones de profesionales con perspectiva de género están fomentando en otros países y que también estamos estimulando aquí».

En lo que a la neurociencia se refiere, recientemente esta disciplina ha visto nacer una interesante y novedosa red de trabajo con perspectiva de género, a la que se ha bautizado con el nombre de The NeuroGenderings Network (Red de trabajo en neurogénero). Compuesta básicamente por estudiosas comprometidas con el feminismo, esta red propone examinar críticamente la producción de conocimiento en neurociencia y desarrollar estrategias diferenciadas para una investigación sobre el tema, eligiendo las más adecuadas al género. Las científicas (Feminist neuroscientists) buscan elaborar una relación entre el sexo/género y el cerebro, más allá del determinismo biológico dominante en las últimas décadas, pero siempre basada en el respeto riguroso de los datos disponibles.

Imagen realizada por Carolina Martínez Pulido.

La red de trabajo nació a partir de un primer encuentro formal entre varias neurocientíficas que tuvo lugar en marzo de 2010 en el Centro de Investigación sobre el Género de la Universidad de Upsala (Center for Gender Research at Uppsala University). En dicho centro, se organizó un seminario constituido por un grupo internacional e interdisciplinar de mujeres científicas con el fin de establecer una plataforma para el intercambio de conocimientos. Las participantes procedían principalmente de Europa, los Estados Unidos, Canadá y Australia, y representaban un extenso rango de disciplinas como neurociencia, humanidades, estudios sociales y culturales, estudios científicos feministas y estudios de ciencia y tecnología.

La red de trabajo en neurogénero activada tras ese encuentro internacional e interdisciplinar, constituyó un colectivo no homogéneo que compartía contenidos comunes junto a otros más controvertidos. Todas las expertas allí reunidas habían presentado una amplia variedad de trabajos sobre el sexo/género y el cerebro, procedentes de sus diversos ámbitos de investigación.

Su encuentro generó un amplio debate con fructíferos diálogos centrados en las fronteras disciplinares, lo que consiguió fortalecer valiosos aspectos que tenían en común. En este contexto, fomentaron interrelaciones evaluando el estado actual de los métodos seguidos en sus respectivas especialidades, así como los nuevos descubrimientos e interpretaciones de la investigación empírica del cerebro.

Deboleena Roy.

Las innovadoras estudiosas implicadas decidieron entonces encauzar su acercamiento metodológico con el fin de enriquecer los resultados incluyendo diversos análisis con perspectiva de género. Uno de los primeros logros fue el trabajo publicado en diciembre de 2012 por Deboleena Roy, profesora de Estudios de Mujeres, Género y Sexualidad  y de Neurociencia y Biología del Comportamiento en la Universidad de Emory (Estados Unidos).

La doctora D. Roy, en un apartado especial de la revista Neuroethics, titulado «Neuroethics and Gender», daba los pasos iniciales para incorporar neuropedagogías adecuadas al género en el discurso docente y social. A lo largo de su artículo expone el cómo impulsar conceptos que sean útiles para debates más reflexivos sobre la educación en todas las esferas sociales. Se trata de una aproximación englobada dentro de la llamada neuropedagogía.

Dos años después de constituida la red de trabajo, entre el 12 y el 15 de septiembre de 2012, las científicas realizaron un segundo seminario, esta vez en la Universidad de Viena bajo el título de «NeuroCultures-NeuroGenderings II», contando con un número considerablemente más elevado de participantes que en el primero.

En esta ocasión, las expertas debatieron principalmente acerca del impacto de la neurociencia con perspectiva de género en el ámbito sociopolítico y en el cultural. En otras palabras, como indica el título del seminario, centraron su atención en la neurocultura, es decir, el encuentro entre la neurociencia o conjunto de conocimientos sobre cómo funciona el cerebro y el producto de ese funcionamiento, que es el pensamiento y la conducta humana. Se trata de un ámbito que en los últimos años ha crecido con notable rapidez, acompañado de debates a veces muy acalorados.

El provechoso camino emprendido por las neurocientíficas ha continuado dando sus frutos Un tercer seminario, convocado con el título de «NeuroGenderings III – The 1st international Dissensus Conference on brain and gender», tuvo lugar entre el 8 y el 10 de mayo de 2014 en Lausanne (Suiza). Su principal objetivo fue discutir el papel del género en el campo de la salud mental, haciendo especial hincapié en las alternativas posibles a las líneas de investigación, modelos y prácticas hoy vigentes en los estudios del cerebro, sexo/género y sexualidad.

También incluyeron en este tercer seminario la necesidad de difundir conocimientos, noticias y actividades científicas, destacando los buenos resultados que genera promocionar el diálogo entre las diferentes disciplinas implicadas en este amplio y complejo ámbito de estudio.

Un excelente artículo, publicado el 18 de agosto de 2014 en la revista Frontiers in Human Neuroscience, es un claro ejemplo de las ventajas aportadas por el trabajo en red. Las científicas Gina Rippon, Cordelia Fine, Daphna Joel, Rebecca Jordan-Young y Anelis  Kaiser, comienzan este escrito afirmando con claridad que ellas están de acuerdo con el resto de la comunidad de expertos en que el sexo, esto es, «la genética y las gónadas sexuales [ovarios y testículos] pueden influir en el desarrollo y función del cerebro».

En el mismo sentido, las cinco estudiosas apuntan que «la investigación de estos procesos proporciona información de notable utilidad, por lo que sus logros podrán ser especialmente críticos para comprender ciertos desarrollos patológicos». De hecho, alegan, «pueden encontrarse numerosas afirmaciones explícitas de tales efectos en nuestros trabajos».

Sin embargo, también subrayan con firmeza: «Nosotras no estamos ni “en contra” ni “a favor” de las diferencias sexuales (o de las semejanzas sexuales, en este caso); pero sostenemos que pensar solo en semejanzas y diferencias es erróneo y empobrecedor».

Las cinco autoras se muestran convencidas en que «es necesario desarrollar un nuevo marco de trabajo para interpretar la relación entre el sexo/género y el cerebro en el que encajen mejor los conocimientos actuales. Y que, además, tenga en cuenta los datos que, por ejemplo, hacen referencia al número de participantes en los estudios, los solapamientos o las varianzas». Las investigadoras, sin embargo, tienen especial cuidado en recalcar que «por encima de todo, se debe considerar el efecto del contexto». Así, subrayan, «este aspecto crítico, ausente en numerosos trabajos, demostraría que los efectos del sexo en el cerebro pueden ser opuestos [o divergentes, apuntaríamos] bajo diferentes condiciones».

Símbolo bisexual.

Rippon, Fine, Joel, Jordan-Young y Kaiser, finalizan su valorado artículo anotando que «cualesquiera que sean las diferencias de comportamiento femenino/masculino y por tanto las diferencias cerebrales observadas en una muestra concreta, son contingentes tanto en lo que se refiere a factores innatos como en aquellos dependientes del contexto social (clase social, etnia, periodo histórico)». Por esta razón, las autoras afirman que no se puede asumir a priori que las diferencias de comportamiento entre mujeres y hombres sean generalizables a poblaciones distintas, o incluso a situaciones distintas.

El trabajo ofrece una conclusión nítida y precisa, aunque en desacuerdo con el pensamiento dominante: «Cada comportamiento individual y las características cerebrales observadas en un momento concreto de una experimentación dada, son el producto dinámico de un complejo proceso de desarrollo que implica recíprocamente influyentes interacciones entre los genes, el cerebro, la experiencia social y el contexto cultural».

En la actualidad, las y los participantes en este floreciente grupo de trabajo han escrito y publicado numerosos artículos tanto para revistas científicas como para otras de divulgación o de nivel popular. Igualmente, colaboran en equipo participando en diversos foros de debate y contestando a muchas cuestiones de interés público con argumentos de sexo/género y neurociencia. En esta esfera, el grupo se esfuerza en denunciar con dureza la multitud de ocasiones en las que prometedores titulares sobre estudios del cerebro aparecidos en diversos medios de comunicación, son erróneos o bien el resultado de malas interpretaciones.

Las y los diversos miembros de esta red de trabajo en neurogénero, aunque siguen sus propias líneas de investigación de forma independiente, no han dejado de sumar fuerzas en los últimos años con entusiastas colegas, entre los cuales también figuran compañeros varones.

En esta línea por aunar esfuerzos, se inscribe también el llamado Proyecto Cerebro Humano (Human Brain Project, HBP), comprometido en la lucha por conseguir que la igualdad de género avance equilibrando la relación de científicas y científicos en los equipos de investigación y en la toma de decisiones. El nueve de marzo de este año, como ha informado Helena Prieto en Diario Feminista, tuvo lugar en la Universidad Politécnica de Madrid «una conferencia sobre Género y Diversidad, organizada por el proyecto europeo más relevante sobre el cerebro humano: el HBP».

En este contexto, continua Prieto, «la rectora emérita de la Universidad de Tampere (Finlandia), Krista Varantola, aseguró que la clave reside en la educación sobre la igualdad desde edades tempranas. Considerar todos los entornos de los niños y niñas –escuelas, familiares, amistades– es esencial para educarlos coherentemente en la igualdad».

En defensa de la perspectiva de género

Creemos interesante señalar que las investigadoras que forman parte de la red de trabajo en neurogénero han sido ampliamente criticadas por los sectores más conservadores de su especialidad. La principal acusación que gira en torno a ellas es que «realizan un trabajo altamente ideologizado, utilizando los resultados de la neurociencia para resolver problemas de género».

Ciertamente, los especialistas opuestos al pensamiento de las científicas feministas sostienen que realizan un trabajo dirigido por la ideología. Con cierta ironía, en más de una ocasión la experta Cordelia Fine ha afirmado al respecto: «La base científica de la neurobiología sobre las diferencias sexuales en el cerebro es considerada objetiva, mientras que cualquier crítica a esa ciencia rápidamente se tacha de ideológica». Esta actitud, continua Fine, «no es solo una visión muy ingenua de la ciencia, sino también muy contraproducente para el progreso científico».

Anelis Kaiser.

En este aspecto, la neurocientífica suiza y profesora de estudios de género en STEM (siglas en inglés de Science, Technology, Engineering and Mathematics) de la Universidad de Friburgo, Alemania, Anelis Kaiser, una de las promotoras de la fundación del grupo en 2010, puntualiza que dentro del laboratorio, su trabajo ha sido cuestionado como resultado de estar abierto a sus valores feministas.

Al ser entrevistada por la la periodista científica Lila MacLellan, Anelis Kaiser declaraba al respecto: «Somos “los otros”. De hecho, cuando estás trabajando dentro de ideas normativas (estándar), no necesitas usar ninguna etiqueta»; se supone, explica la científica, que «el trabajo es objetivo sin ningún sistema de creencias subyacente; cosa que no se admite si tu investigación tiene perspectiva de género». Al respecto, continúa, «cuando se me pregunta si soy una ideóloga o no, trato de enfatizar que quizás lo soy, pero advirtiendo que entonces todos lo somos».

La actitud mantenida por aquellos expertos que acentúan diferencias sustanciales entre el cerebro femenino y el masculino nos muestra, una vez más, que la ciencia, a pesar de sus múltiples intentos de objetividad, no es neutra sino que está cargada de multitud de valores socioculturales muy difíciles de sortear. Como tantas veces se ha insistido, la investigación científica es una actividad humana, y los prejuicios y estereotipos arrastrados durante siglos ofrecen gran resistencia a su exclusión. Erradicarlos para alcanzar una mayor objetividad requiere una lucha constante en la que no solo son necesarias la fuerzas de muchas mujeres, sino que también es imprescindible la colaboración de los compañeros varones.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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