Juicio contra la doctora, Jacoba Félicié (Siglo XIV)

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En 1322 una mujer noble que había dedicado su vida a sanar a los enfermos era juzgada por las altas instancias de la Facultad de Medicina de París. Su crimen, ejercer como médico cuando no le estaba permitido por no tener autorización y por ser mujer. El proceso, sin embargo, inmortalizó la vida profesional de una mujer de la que, gracias a los testigos, sabemos que fue una médico excelente y querida por la gran mayoría de sus pacientes.

Un juicio como testigo

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Mujeres asistiendo a un parto. Iluminación medieval.

La documentación del juicio contra Jacoba es la única fuente de información sobre esta mujer que se enfrentó al poder establecido en la Francia medieval cuando contaba con unos 30 años de edad. Jacoba sería de origen alemán y pertenecería a un estamento privilegiado pues es la única mujer que aparece en el juicio con el tratamiento de domina (ver [1]).

Aunque Jacoba Félicié se convertiría en una destacada médico en París, no habría recibido ninguna formación profesional ni universitaria que avalaran sus prácticas médicas. Tampoco tenía ningún tipo de licencia oficial.

La profesionalidad de Jacoba

Los siete testimonios del juicio contra Jacoba pusieron de manifiesto que esta mujer siguió los mismos protocolos que los facultativos profesionales y que en la gran mayoría de los casos aportados por los testigos había conseguido curar a sus pacientes, enfermos que, por otro lado, habían acudido previamente a doctores profesionales sin ningún éxito.

Jacoba hacía lo mismo que los médicos oficiales: observaba al enfermo, le tomaba el pulso e inspeccionaba su orina (ver [2]). Y no era la única. A pesar de que estaba prohibida la práctica médica por personas que no hubieran pasado por la universidad, centros prohibidos, por otro lado, a las mujeres, la escasez de médicos, sobre todo en zonas rurales, hacía que personas con capacidades y conocimientos empíricos intentaran curar a los enfermos. Y fueron precisamente las mujeres, quienes en el ámbito del hogar se dedicaban no sólo a mantener la casa sino también a cuidar de sus hijos y seres queridos enfermos, las que desarrollaron unos conocimientos valiosísimos sobre medicina.

A pesar de todo ello, el hecho de que Jacoba cobrara por sus servicios y se hiciera famosa en su práctica profesional fueron posiblemente las principales razones que la llevaron hasta el tribunal universitario. El veredicto fue claro: culpable. Jacoba Félicié fue amenazada de excomunión si continuaba practicando la medicina. Además de condenarla a no ejercer su profesión, tuvo que pagar una multa de 60 libras.

Muchos siglos tendrían que pasar hasta que las universidades europeas aceptaran a las mujeres en sus aulas con relativa normalidad.

Notas

[1] Montserrat Cabré y Teresa Ortiz (eds.), Sanadoras, matronas y médicas en Europa, Icaria, 2001 (pág. 56).

[2] Ídem. (pág. 65).

Sobre el artículo original

El artículo Juicio contra la doctora, Jacoba Félicié (Siglo XIV) se publicó en el blog Mujeres en la Historia de Sandra Ferrer Valero el 10 de diciembre de 2011.

Un especial agradecimiento a la autora del artículo por permitir su reproducción en Mujeres con ciencia.

Sobre la autora

Sandra Ferrer Valero, periodista y apasionada de la historia, escribe en su blog sobre Mujeres en la Historia.

1 Comentario

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Rocío NavarroRocío Navarro

“fue un médico excelente y querido por la gran mayoría de sus pacientes”
Fue una médica excelente y querida por la gran mayoría de sus pacientes. Mejor así.

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