Las mujeres y el medio ambiente

Ya conocemos a Rachel Carson y su obra básica, el libro Primavera silenciosa, y como, en él, incluyó a nuestra especie en la naturaleza. No somos los dueños sino una parte más, importante por ser una especie que se ha extendido por todos los hábitats, pero sin duda una parte como muchas otras.

También recordamos a Theo Colborn que con casi sesenta años inició una carrera investigadora en el medio ambiente y creó el concepto de disruptores endocrinos como contaminantes que interfieren en el sistema hormonal. Hoy vamos a recordar a otras dos mujeres relacionadas con el medio ambiente.

Retrato de Maria Sibylla Merian.

Hace varios siglos que vivió Maria Sibylla Merian a la que Kay Etheridge, del Colegio de Gettysburg, en Estados Unidos, propuso como la primera ecologista.

Nació en Frankfurt en 1647, hoy ciudad de Alemania y entonces del Lander de Hesse, y murió en Amsterdam, Holanda, en 1717. Era hija de Matthaus Merian El Viejo, grabador y editor reconocido. Fue su padrastro, Jacob Marrel, quien enseñó a la niña a pintar. A los 13 años ya pintaba láminas de insectos y plantas y, como ella contó, “empecé con gusanos de seda de mi ciudad natal de Frankfurt”. A los 28 años publicó su primer libro de imágenes de flora y, a los 32 años, dedicó el segundo a las orugas y a los insectos adultos.

Se trasladó a vivir a Ámsterdam, en Holanda, y conoció al gobernador de Surinam, colonia holandesa en Sudamérica. En el puerto de Amsterdam se recibían mercancías y envíos de todo el mundo y, en particular, ejemplares de flora y fauna de Surinam para los numerosos aficionados a la naturaleza de Holanda que, con lo que llegaba de todo el mundo, completaban las colecciones de sus gabinetes de historia natural.

Portada de Metamorfosis de los insectos de Surinam.

Estos ejemplares exuberantes interesaban a Maria Sibylla Merian, por su exotismo, su belleza y sus colores. Así, a los 52 años, en junio de 1699, organizó un viaje a Surinam con la única compañía de su hija, Dorothea Maria, de 21 años. Era inusual en la época. En primer lugar, no era una expedición oficial sino privada, con financiación propia y la ayuda del ayuntamiento de la Ciudad de Amsterdam que, a su vez, constituía la segunda característica poco habitual. La concesión de una subvención a una mujer que viajaba sola, únicamente con su hija, y sin ningún hombre que la acompañara o, más bien, que mandara en la expedición, era un hecho notable.

En Surinam se entusiasmó con la fauna y la flora del país, tropical y exuberante. A los dos años volvió a Holanda obligada por la malaria y, en 1705, publicó su libro Metamorfosis de los insectos de Surinam, que se considera su obra maestra, repleto de láminas impactantes por su belleza, composición, colores y, sobre todo, por su exactitud. Busquen en Google y podrán admirar su trabajo.

Las observaciones ecológicas y de conductas que representan sus pinturas son extraordinarias para su época y todavía clarificadoras en la actualidad. No representa solo animales y plantas sino, sobre todo, relaciones entre las especies y, en último término, comunidades y, también, procesos completos como, por ejemplo, la metamorfosis en las mariposas o cadenas tróficas con diferentes especies alimentándose unas de otras. Era capaz de ver conexiones entre especies cuando los demás solo veían especies separadas y creadas así por Dios para entonces y para siempre. Todavía quedaba siglo y medio hasta Darwin.

Por todo ello, y como decía antes, hay autores que la nombran como la primera ecologista. O, también y creo que con más exactitud, como una de las iniciadoras de la ecología de campo. Se considera su Metamorfosis como el primer gran trabajo de zoología de campo.

Lois Gibbs.

Ahora vamos unos cuantos siglos más adelante, hasta la década de los setenta del siglo XX. Conocemos así, en 1978 y en Niagara Falls, Estado de Nueva York, a Lois Gibbs, ama de casa y madre, de 27 años, y cuyo hijo, Michael, tiene epilepsia, asma, infecciones urinarias y un recuento de leucocitos muy bajo. Y todo ello relacionado con la contaminación química del entorno. Lois Gibbs descubrió que su barrio, llamado Love Canal, estaba construido sobre un enorme vertedero de productos químicos tóxicos.

El barrio tenía una larga historia. Planificó su construcción hacia 1890 el empresario William T. Love. Era lo que llamó su “ciudad modelo”. Pero sucesivas crisis financieras dejaron el proyecto en unas pocas casas, unas calles y un canal que comunicaba con el río Niágara. Este canal tenía poco más de kilómetro y medio de longitud, una anchura de quince metros y una profundidad que iba de tres a doce metros.

En los cuarenta, varias empresas y el ayuntamiento de Niagara Falls utilizaron el canal para vertidos de todo tipo de productos y, en 1953, lo cubrieron de tierra. Allí quedaron enterradas casi 22 000 toneladas de residuos tóxicos como pesticidas, disolventes, PCBs y metales pesados. Todo bajo seis metros de tierra.

Cuando la ciudad necesitó un solar para construir una escuela, calles y demás equipamientos, lo hicieron sobre este vertedero lleno de productos muy peligrosos. En 1976, periodistas del Niagara Falls Gazette descubrieron lo que se había hecho en Love Canal. Cuando llovía con fuerza, entre las casas y en los sótanos, en los patios traseros y jardines, en las calles y en los parques, fluía un líquido negro, grasiento y maloliente. Eran los lixiviados del vertedero, las filtraciones de lo que allí estaba enterrado.

Protesta de residentes de Love Canal.

Fueron los problemas de salud de los vecinos lo que provocó la alarma del barrio. Y, entonces, Lois Gibbs, con un hijo con problemas de salud, fue la que, desde la asociación de vecinos, inició las movilizaciones. Como es habitual en estos casos, el alcalde de Niagara Falls declaró que “no había ningún problema”. Fue la intervención del gobierno federal, a través de la Agencia de Protección Ambiental y de decretos del entonces Presidente Carter, los que aceptaron lo que ocurría en Love Canal y pagaron indemnizaciones, reubicaron a las novecientas familias del barrio y recuperaron el suelo contaminado. En los estudios de los ochenta se detectaron malformaciones, abortos y cáncer entre los vecinos de Love Canal, pero, en la actualidad, se considera el barrio recuperado y, entre los vecinos trasladados a otros lugares no hay diferencias del índice de mortalidad en relación con el resto de la población.

Dirigió el proceso Lois Gibbs, un ama de casa y madre, sin preparación especial pues solo tenía estudios secundarios pero tenía una confianza total en sus vecinos y mantenía que, si se organizaban y mantenían una determinación infatigable para alcanzar unos objetivos concretos, conseguirían que, colectivamente, los cambios llegaran. Para Lois Gibbs, era importante la lucha por los derechos a un entorno limpio y sano. Se declaró una luchadora para proteger la salud pública puesta en peligro por la contaminación. Y, añadía, que dejaba la protección del medio ambiente a los ecologistas. Su objetivo era conseguir la justicia ambiental y, para ello, en la reivindicación había que llegar más lejos y más a fondo, y siempre desde la base, desde los vecinos, desde los ciudadanos, desde la gente de la calle.

Y, como final, llegamos al ecofeminismo que se define como la unión de movimientos y filosofías que unen al feminismo y a la ecología. En sus objetivos está luchar contra todas la injusticias sociales y no solo las que atañen a la mujer y al ambiente. Carolyn Merchant, de la Universidad de California en Berkeley e historiadora de la ciencia y declarada ecofeminista, resume en tres puntos, en forma de preguntas cuya respuesta aclararía el debate, la relación entre las mujeres y el medio ambiente.

En primer lugar, se pregunta cuáles son las relaciones entre las mujeres y la naturaleza, entre los hombres y la naturaleza, si los dos sexos tienen la misma relación con la naturaleza y si estas relaciones, iguales o diferentes para ambos sexos, se dan en nuestra cultura occidental y hay relaciones diferentes en otras culturas.

En segundo lugar, Merchant se pregunta si la percepción de la naturaleza es diferente en hombres y mujeres y propone que sería interesante conocer las influencias históricas y culturales sobre esta percepción diferente, si es que existe.

Y, finalmente, plantea que la separación entre cultura y naturaleza en nuestra sociedad occidental refuerza a las mujeres como mejor situadas para cuidar el medio ambiente. Y esta separación tiene, es obvio, consecuencias sociales y políticas.

Concluye que, para los hombres, la naturaleza es una posesión más y, a menudo, una posesión más que podemos usar o cambiar según necesitemos. En cambio, para las mujeres, hay un reconocimiento y aceptación de la naturaleza como una entidad a la que también pertenecemos y que ejerce una profunda influencia en nuestra especie. Es lo que Rachel Carson nos enseñó hace medio siglo.

John M. Lee, “‘Silent Spring’ Is Now Noisy Summer,” New York Times, 22 July 1962, p. 86.

Referencias

  1. Bárcena, I. 2009. Rachel Carson (1907-1964): El compromiso científico al servicio de la salud de las personas. Ecología Política 37: 121-125
  2. Etheridge, K. 2010. Maria Sibylla Merian and the metamorphosis of natural history. Endeavour 35: 15-21
  3. Etheridge, K. 2011. Maria Sibylla Merian: The first ecologist? En “Women and science: Figures and representations – 17th century to present”, p. 35-54. Ed. por V. Molinari & D. Andreolle. Cambridge Scholars Publishing. Newcastle upon Tyne
  4. Gibbs, L. 2002. Citizen activism for environmental health: The growth of a powerful new grassroots health movement. Annals of the American Academy of Political and Social Science 584: 97-109
  5. Hatfield, J. 2012. The Love Canal. EnviroMentor 22-23
  6. Konrad, K. 2011. Lois Gibbs: Grassroots organizer and environmental health advocate. American Journal of Public Health 101: 1558-1559
  7. Merchant, C. 1984. Women and the environment: Editor’s introduction. Environmental Review 8: 4-5
  8. Merchant, C. 1993. Género e historia ambiental. Ayer 11: 111-117
  9. Nagendra, H. 2016. Maria Sibylla Merian (1647-1717). Resonance February: 115-124.
  10. Norwood, V. 1987. The nature of knowing: Rachel Carson and the American environment. Signs: Journal of Woman in Culture and Society 12: 740-760
  11. Paravisini-Gebert, L. 2012. Maria Sibylla Merian: The dawn of field ecology in the forest of Suriname, 1699-1701. Review: Literature and Arts of the Americas 84: 10-20
  12. Wikipedia. 2017. Maria Sibylla Merian. 30 enero.

Sobre el autor

Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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