Zofia Kielan-Jaworowska: dedicación a la ciencia por encima de la guerra fría (2)

Zofia Kielan-Jaworowska en el desierto de Gobi. © Instituto de Paleobiología (PAN).

Zofia Kielan-Jaworowska.©Instituto Paleobiología (PAN).

En los comienzos de su vida profesional, la paleontóloga polaca Zofia Kielan-Jaworowska (1925-2015) fue una respetada experta en paleontología de invertebrados. Sin embargo, desde muy joven había sentido gran interés por la historia evolutiva de los vertebrados. Por ello, al empezar la década de los sesenta pensó que había llegado el momento de dedicarse a esa faceta de su profesión que tanto despertaba su curiosidad.

En 1961, gracias a sus excelentes trabajos de investigación y a su gran capacidad de liderazgo, Zofia Kielan-Jaworowska ocupó el cargo de directora en el eminente Instituto de Paleobiología de Varsovia, perteneciente a la Academia Polaca de las Ciencias (PAN). Cuando asumió la dirección, la academia acababa de firmar, bajo la supervisión del autorizado paleontólogo el profesor Roman Kozłowski, un acuerdo cooperativo con Mongolia para realizar una serie de  expediciones paleontológicas en el desierto de Gobi.

Para Zofia este acuerdo fue una excelente oportunidad profesional y vocacional. Al respecto, la científica ha dejado escrito en su autobiografía: «Desde mis tiempos de estudiante había soñado con participar en una expedición paleontológica a Mongolia. Sabía por la literatura consultada que desde 1922 hasta 1930 los paleontólogos del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York habían realizado cinco expediciones al desierto de Gobi en Mongolia y China. Sus valiosos hallazgos incluían cráneos y esqueletos de los mamíferos placentarios más antiguos conocidos hasta entonces, además de huevos y esqueletos de dinosaurios».

Como ha señalado el paleontólogo estadounidense especialista en vertebrados y amigo personal de Zofia, Richard Cifelli: «El destino la puso en el lugar adecuado en el momento correcto».

Expediciones paleontológicas al desierto de Gobi en Mongolia

Con posterioridad a las expediciones realizadas por los investigadores norteamericanos en los años veinte, los paleontólogos soviéticos también llevaron a cabo trabajos de reconocimiento en Mongolia durante 1946, 1948 y 1949. A lo largo de este período, descubrieron esqueletos de dinosaurios en el valle del Nemegt, al sur del desierto de Gobi, que resultaron realmente espectaculares. De las areniscas de finales del Cretácico, con unos 65 millones de años de antigüedad, extrajeron numerosos esqueletos de grandes predadores y dinosaurios herbívoros que llamaron poderosamente la atención de los expertos y del público en general.

En este contexto, la firma del acuerdo científico de cooperación polaco-mongol en 1962 fue muy bien recibida. Comprendía un proyecto de expediciones paleontológicas que a lo largo de tres años había diseñado con notable precisión la propia Zofia Kielan. Aprobado el plan de acción, recayó sobre ella la tarea de organizar las expediciones y asumir el liderazgo científico de un complejo y apasionante trabajo que duraría desde 1963 a 1971.

El desierto de Gobi.

El desierto de Gobi.

El desierto de Gobi era en esos tiempos un área relativamente inexplorada, remota y de muy difícil acceso, tanto física como políticamente, ya que el pueblo de la República de Mongolia permaneció prácticamente cerrado a los científicos occidentales durante gran parte del siglo XX. A los miembros del bloque oriental, sin embargo, sí se les permitía la entrada, y por ello el acceso a este lugar no fue una preocupación importante para la enérgica científica. El desconocimiento del idioma local, organizar la logística para más de treinta personas, los peligros de las tormentas de arena y la falta de agua, eran sus constantes problemas.

De hecho, montar expediciones grandes con abundante material de trabajo y transportarlo a través de largas distancias es una tarea técnicamente muy compleja. Requiere superar no pocas barreras y dificultades con la participación de personal diverso. Sin olvidar, además, un hecho adicional pero significativo: en aquellos años era casi imposible aceptar que una mujer podía liderar una expedición exploratoria de ese calibre.

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Zofia Kielan-Jaworowska y el Deinocheirus.
©Everything Dinosaur.

Zofia Kielan-Jaworowska, sin embargo, supervisó todos los aspectos del programa, desde la organización del trabajo de campo, y el seguimiento de la investigación sobre los fósiles recolectados, hasta la difusión de los resultados entre la comunidad científica y a nivel popular. El gran esfuerzo realizado, sin lugar a dudas, mereció la pena: las expediciones tuvieron un éxito enorme por su gran repercusión.

Desde 1963 hasta 1971, el equipo de Kielan-Jaworowska desenterró una sorprendente cantidad de fósiles, incluyendo dinosaurios y mamíferos del Cretácico y principios del Terciario (en torno a 80-65 millones de antigüedad). Sólo en 1965, por ejemplo, embarcaron más de veinte toneladas de fósiles con destino a Polonia, incluyendo restos de dinosaurios previamente desconocidos.

Ese mismo año de 1965, la propia investigadora descubrió un espécimen que fascinó a todo el mundo: se trataba de las extremidades anteriores de 2,4 metros pertenecientes a un dinosaurio gigantesco (Deinocheirus). Las peculiares características de estas patas y su origen, despertaron un intenso interés en la comunidad paleontológica internacional a lo largo de los siguientes cuarenta años. Finalmente, el caso fue aclarado con el descubrimiento de dos especímenes mucho más completos excavados por científicos coreanos, mongoles y belgas entre 2006 y 2009.

Un fósil de un Velociraptor y Protoceratops en plena batalla.

Fósil de Velociraptor y Protoceratops en combate.

Otro hallazgo muy llamativo tuvo lugar en 1971. Esta vez se trataba de dos «dinosaurios luchadores» (Velociraptor/Protoceratops), enzarzados en un intenso combate. La increíble fosilización de una pelea perpetuada en piedra asombró a todos, expertos y público en general.

Una vez que los materiales recogidos en Gobi llegaban a Polonia se preparaban siempre bajo la supervisión de la directora del equipo, al objeto de realizar diversos estudios científicos. Respetando lo acordado con la Academia Mongol de Ciencias (MAS), la mayoría de los fósiles, después de completar los análisis pertinentes y de elaborar moldes, se devolvieron a Mongolia. Sólo un pequeño número de material original permaneció en Polonia.

El mismo año en que se descubrió el fósil de los dos dinosaurios luchando, Zofia Kielan-Jaworowska demostraba que podía superar obstáculos intrincados en su trabajo. Durante una fuerte tormenta de arena en el desierto, sufrió la ruptura de un tímpano que la obligó a regresar a Varsovia para una cirugía. Una vez operada, retornó inmediatamente a Gobi para reasumir sus actividades de campo.

Sobre su trabajo a lo largo de las diversas excavaciones, la científica ha escrito en su interesante autobiografía: «Recuerdo la época de las expediciones, del estudio y de la publicación del material fósil recogido, como un tiempo de entusiasta cooperación entre el numeroso equipo de paleontólogos y técnicos, y la gran satisfacción que todos sentíamos por nuestros logros».

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Zofia Kielan-Jaworowska en el desierto de Gobi.
©Instituto de Paleobiología (PAN).

Ciertamente, las expediciones paleontológicas a Mongolia realizadas por el equipo polaco-mongol están consideradas por la comunidad científica internacional como una de las más grandes realizadas en este tema. En los ocho años que duraron (1963 a 1971), la colección de fósiles que el equipo de la paleontóloga polaca logró reunir fue catalogada de impresionante. Comprendía dinosaurios, huevos de dinosaurios, restos de otros reptiles como tortugas, cocodrilos, lagartos y serpientes, y de extraños pájaros. Asimismo, excavaron una rica colección de cráneos y esqueletos de mamíferos en torno a 80-70 millones de años de antigüedad, al igual que restos de vegetales e invertebrados de agua dulce.

Zofia Kielan-Jaworowska, además de su excelente formación profesional, sus extraordinarias habilidades organizadoras, poseía una enorme energía, haciendo gala también de otra estimable aptitud: una gran diplomacia y habilidad para tejer relaciones entre colegas de muy distintas procedencias. Ponía de manifiesto así su profunda comprensión de cómo debe funcionar la ciencia para avanzar objetivos.

En aquellos años, cargados de tensiones generadas por la guerra fría, esta extraordinaria mujer fue capaz de abrir un delicado camino colaborando activamente con los investigadores del bloque occidental décadas antes de la llegada de la perestroika (glasnost). Con exquisito tacto, alimentó una especie de alianza internacional donde se combinaban intereses bien distintos. Por ejemplo, otorgó crédito y respeto al trabajo de sus predecesores y coetáneos cuando correspondía, ya fueran originarios logros de soviéticos, estadounidenses o de donde fuesen.

Recordemos en este sentido que cuando Kielan-Jaworowska comenzó su carrera, las relaciones internacionales dentro de la paleontología y de la ciencia en general no eran tan fluidas como ahora. Sin embargo, aunque Mongolia se mantuviese cerrada a los científicos occidentales, la estudiosa polaca estaba segura de que su investigación conseguiría cruzar las fronteras comunicacionales. Y lo logró. Durante los años sesenta hasta los ochenta fomentó la camaradería entre los expertos a pesar del telón de acero y los bloques que dividían Europa.

En suma, articuló una extensa red internacional e interdisciplinar de contactos y colaboraciones con el propósito de unificar los conocimientos desde una perspectiva global. Según ha escrito la profesora de paleontología y ex alumna de Zofia, Margaret Borsuk-Białynicka: «Ese fue su patriotismo en tiempos de paz, aunque nunca lo mencionara. Sus contactos con colegas extranjeros, tanto del Este como del Oeste, siempre fueron amistosos, de cooperación y muy a menudo de apoyo incondicional».

Zofia Kielan-Jaworowska en el desierto de Gobi. © Instituto de Paleobiología (PAN).

Zofia Kielan-Jaworowska en el desierto de Gobi.
©Instituto de Paleobiología (PAN).

Z. Kielan-Jaworowska no tardó en recoger importantes frutos de su excelente labor. Por ejemplo, pronto se conviritió en la primera mujer en formar parte del comité ejecutivo de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas.

En lo que respecta a los resultados exclusivamente científicos, señalemos que desde 1969 hasta 1984 los principales estudios sobre el material de las expediciones se publicaron en diez volúmenes de la serie monográfica Palaeontologia Polonica, con el título colectivo de «Resultados de las expediciones paleontológicas polaco-mongólicas». Un total de sesenta y cuatro artículos vieron la luz en esos volúmenes. Toda esa inmensa obra estuvo bajo la dirección de Zofia Kielan-Jaworowska.

También se dieron a conocer numerosos estudios adicionales sobre los resultados de las expediciones y las consiguientes revisiones generales, a menudo en colaboración con expertos extranjeros publicadas en revistas internacionales tan prestigiosas como Nature, Historical Biology, Palaeontology, entre otras.

Por otra parte, tal como relata Magdalena Borsuk-Białynicka: «Zofia supo apreciar la crítica importancia que tiene la divulgación científica en la educación de los jóvenes. De alguna manera, siempre encontraba tiempo para esta actividad y publicó en torno a setenta artículos de divulgación para diferentes audiencias, desde niños de la escuela hasta estudiantes universitarios».

En este contexto, destaca el maravilloso libro escrito por Zofia Kielan-Jarorowska titulado A la caza de dinosaurios (Hunting for Dinosaurs) donde relata múltiples aspectos de las expediciones a Mongolia (la versión en inglés de este libro se publicó en 1969). Describe los hoteles donde se quedaron, la reparación de vehículos estropeados por hábiles conductores mongoles, canciones en torno al fuego del campamento, las picaduras de enjambres de moscas y mosquitos, las serpientes venenosas y las arañas, las terribles tormentas de arena que oscurecían el cielo y lo enormemente gratificante que le resultaba su trabajo y el esfuerzo colectivo. Todo ello se relata aderezado con un excelente sentido del humor. La científica también reflexiona en este libro sobre el complejo tema de la extinción de los dinosaurios; finaliza el texto observando que el estudio de las extinciones masivas podría muy bien ayudar a mejorar el futuro de la humanidad.

Primer DinoPark inaugurado en 1975 en Chorzów y diseñado por el Instituto de Paleobiología.

Esa tarea compuesta de numerosos libros, artículos en periódicos y revistas de divulgación científica, se extendería a programas de televisión y de radio, y a una reconocida exposición titulada «Los dinosaurios del desierto de Gobi». En su autobiografía, comenta satisfecha la enorme popularidad de la que gozó esta exposición que lograron mantener hasta 1975.

Asimismo, siempre bajo su dirección, el Instituto de Paleobiología fundó el Museo de la Evolución de Varsovia, abierto al público en 1985 con otra magnífica exposición titulada «La evolución en la Tierra» («Evolution and Land»). Esta exposición, que aun sigue recibiendo al público, es un fiel y atractivo reflejo de los hallazgos procedentes de las expediciones a Mongolia.

Llegados a este punto, es obligado señalar que, pese a todo lo expuesto, la principal aportación de Zofia Kielan-Jaworowska a la paleontología de vertebrados no fueron los valiosos descubrimientos sobre los dinosaurios y otros reptiles. La contribución más importante de esta científica excepcional consiste en sus estudios sobre los mamíferos del Cretácico.

Tradicionalmente, se había pensado que los mamíferos solo se convirtieron en un grupo destacado de animales después de la extinción de los dinosaurios; antes de este acontecimiento habrían estado representados por pequeños vertebrados, habitantes en la periferia de un mundo donde todos los nichos ecológicos estaban mayoritariamente ocupados por los grandes reptiles.

Los trabajos de Zofia Kielan-Jaworowska demostraron que las cosas no ocurrieron de esa manera. Gracias a la extraordinaria colección de fósiles de mamíferos reunida durante las expediciones a Mongolia, catalogada hoy entre las más grandes del mundo, la investigadora llegó a resultados asombrosos. Sus estudios pusieron de manifiesto que los nuevos especímenes podían acabar con décadas de una supuesta erudición profundamente arraigada.

De hecho, gran parte de lo que hoy se sabe sobre el origen y la evolución temprana de los mamíferos procede, directa o indirectamente, de las valiosas investigaciones de Zofia Kielan-Jaworowska. Insistimos en esta constante sobre la científica no suficientemente ponderada: su magnífica formación y coraje lograron desencadenar una nueva era de exploración y descubrimientos. Pero detengamos aquí nuestro relato de su obra. La relevancia de sus conclusiones bien justifica un último capítulo a ella dedicado.

Referencias

Video

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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