Las mujeres que «tejieron» el software del programa Apolo

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Las mujeres que «tejieron» el software del programa Apolo

Gracias a la implementación de las tarjetas perforadas, la máquina analítica teje patrones algebraicos de la misma manera que el telar de Jacquard teje flores y hojas.

Augusta Ada Lovelace

La máquina analítica mencionada por Ada Lovelace (1815-1852) fue un proyecto de ordenador diseñado por Charles Babbage (1791-1871); nunca llegó a construirse. La técnica del tejido, a través del telar mecánico «programable» inventado por Joseph-Marie Jacquard (1752-1834) ya aparecía vinculada al soporte lógico de esa máquina ideada por Babbage.

Telar jacquard. Wikimedia Commons.

Un siglo después, el tejido, en este caso el de cables y circuitos, fue una labor esencial para garantizar el éxito del programa Apolo. En esta historia tan poco conocida, la mayoría de las protagonistas invisibles fueron mujeres. Ellas tejían los hilos y circuitos de los ordenadores de navegación de los que dependía el éxito de cada misión.

El ordenador de navegación del programa Apolo

El ordenador de navegación del Apolo (Apollo Guidance Computer, AGC) fue un ordenador digital realizado para el programa espacial Apolo de la NASA; se instaló en cada módulo de mando (CM) y cada módulo lunar (LM). Ofrecía computación e interfaces electrónicas para el sistema principal de guía, navegación y control de la nave espacial. Fue el primer ordenador basado en circuitos integrados (CI) de silicio; albergaba 4100 paquetes de CI.

El AGC fue diseñado en el Laboratorio de Instrumentación del MIT. En la puesta en marcha de este innovador ordenador participaron cientos de mujeres y hombres que han permanecido en la sombra. En realidad esto mismo sucedió en cada etapa del programa Apolo: se estima que unas 400 000 personas colaboraron en el éxito de este proyecto. De ellas solo unas pocas han sido conocidas y reconocidas.

Entre estas personas invisibles, pero esenciales para el funcionamiento del AGC, sorprende la labor del grupo de mujeres navajo que ensamblaron los CI para el ordenador de navegación del Apolo y la de las empleadas de la corporación industrial Raytheon (que fabricó el hardware de vuelo del AGC) que tejieron la memoria principal de dicha computadora.

Mujeres navajo tejiendo circuitos

La NASA adquirió los circuitos para el AGC en la empresa de semiconductores Fairchild, una compañía que fue pionera en la práctica de la subcontratación. Fairchild buscaba mano de obra barata; atraída por incentivos fiscales y con la garantía de disponer de una fuerza laboral con escasas opciones de empleo, abrió en 1965 una planta en Shiprock (Nuevo México) dentro de la reserva navajo. La planta funcionaba 24 horas al día y Fairchild pagaba una renta de 6000 dólares al Consejo Tribal Navajo. Esta fábrica operó hasta 1975 y llegó a emplear a más de mil personas, la mayoría mujeres navajo que fabricaban CI.

Mujer navajo trabajando con los circuitos del AGT. Fuente: Lisa Nakamura.

Los componentes eléctricos debían colocarse en diminutos chips de un material semiconductor (como el silicio) y conectarse mediante cables en determinadas ubicaciones, creando distintos patrones geométricos. El trabajo de las mujeres navajo se realizaba con un microscopio; precisaba una concentración escrupulosa, una vista excelente y una gran precisión. Es decir, el proceso no era sencillo.

Estas mujeres, que realizaban este trabajo tan complejo para sobrevivir, no fueron ni valoradas ni recompensadas. La empresa las consideraba «mujeres dóciles y con destreza manual» y, menospreciando su trabajo, lo equiparaba a la labor de tejido que realizaban habitualmente las navajo, una simple «labor de mujeres». Con ello, las despojaron de su mérito como técnicas imprescindibles para preparar esos circuitos esenciales en el funcionamiento del AGC, el ordenador que consiguió que Neil Armstrong (1930-2012) pisara la Luna.

Empleadas de Raytheon tejiendo la «memoria de la cuerda»

Lejos del desierto de Shiprock, en las afueras de Boston, las empleadas de la empresa Raytheon ensamblaron la memoria principal del ordenador de guía del Apolo. Lo hacían mediante un proceso que imitaba directamente el del tejido.

Las misiones lunares requerían un sistema estable y compacto para almacenar las instrucciones de cálculo del Apolo. La memoria principal incorporaba cables metálicos tejidos a mano; se pasaba el hilo a través de un pequeño anillo de ferrita para representar un «1» y se rodeaba para un «0» (los unos y ceros del código binario). Las empleadas de Raytheon se sentaban una frente a otra, a ambos lados de un panel, y pasaban una aguja con alambre de un lado a otro para crear un patrón determinado (una parte de un programa). En algunas ocasiones, una mujer trabajaba sola, pasando la aguja a través del panel hacia sí misma. Este trabajo era crucial, un simple error podía poner en peligro cualquier etapa de la misión, y por ello las revisiones eran continuas.

Mujeres tejiendo la memoria de núcleos cableados.
Captura de pantalla de Weaving software into core memory by hand.

El AGC albergaba en su interior seis módulos de memoria de núcleos cableados (core rope memory). Cada módulo consistía en un bloque sellado de resina epoxi, en cuyo interior quedaba encapsulada una malla trenzada de anillos y cables, totalmente inaccesible una vez que la resina se había endurecido. Cada módulo contenía 512 diminutos anillos de ferrita, cada uno de ellos más pequeño que un grano de arroz. Completar un solo módulo podía llevar ocho semanas. El conjunto completo de módulos suponía meses de trabajo humano ininterrumpido. Un único error obligaba a volver a tejer toda la pieza.

Una memoria de núcleos cableados del AGC. Wikimedia Commons.

Despreciando este trabajo, pensado como «secundario», los ingenieros del programa Apolo se referían a este proceso de creación de la memoria como el método LOL (Little Old Ladies, Ancianitas). Ellos ponían en valor su propio trabajo (el hardware, lo masculino, lo conseguido por las «cabezas pensantes») frente a la labor «artesanal» (el software, realizado por manos femeninas, lo «mecánico») de estas mujeres. Los estereotipos y los prejuicios les impedían ver que sin esas «manos», sus solas cabezas no habrían conseguido hacer funcionar el AGC.

La memoria central se conocía también como «memoria de cuerda» y las supervisoras de su desarrollo eran las «madres de la cuerda». Una de estas «madres» fue la ingeniera de sistemas Margaret Hamilton (1936) que supervisó la mayor parte del software del programa Apolo. De este software dependía la vida de los astronautas y el éxito de la misión.

Como hemos comentado, el programa no se podía corregir en pleno vuelo: lo que estaba programado, el complejo tejido de cables, no podía cambiarse. Si se hubiera descubierto un solo error antes del lanzamiento, la única solución habría sido dedicar semanas a rehacer el código manualmente, a tejerlo de nuevo. Por eso el proceso de verificación era tan riguroso, y por eso el equipo de Hamilton realizó continuas simulaciones. El precio de un error se medía en meses de trabajo de las mujeres «tejedoras» y, finalmente, en vidas de astronautas.

Detalle del cableado de una memoria del AGT.
Captura de pantalla de Weaving software into core memory by hand.

El Making Core Memory Project (proyecto Creación de Memoria Central) busca eliminar esta visión estereotipada del trabajo de estas mujeres y reconocer su aportación en el programa Apolo. El proyecto organiza talleres en los que cada participante recibe un kit que incluye un telar de aglomerado, hilo y cuentas de plástico en lugar del alambre, y los núcleos de ferrita utilizados en la fabricación de las memorias de núcleos cableados reales. Se recrea así el proceso de tejido de estas memorias del programa Apolo, imitando a las Little Old Ladies. Y se invita de este modo a reflexionar sobre la manera en la que se ha creado y se crea la tecnología.

Referencias

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la EHU y colaboradora en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.

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