Libera Trevisani y el problema de los tres cuerpos
Durante su breve carrera científica, que coincidió esencialmente con los años en los que asistió a la Universidad de Padua (1909-1912), Libera Trevisani estudió mecánica celeste y, en particular, el conocido problema de los tres cuerpos. Tras su matrimonio con el matemático Tullio Levi-Civita, su prometedor futuro científico quedó truncado.

Libera Trevisani nació en Verona el 1 de mayo de 1890. Su madre, Speranza Scolari, era profesora de francés, y su padre, Luigi Trevisani, era profesor de filosofía.
Speranza falleció prematuramente, dejando a sus cinco hijas a cargo de su padre. Tres de ellas hicieron estudios universitarios: Cornelia obtuvo una licenciatura en filosofía, mientras que Roma y Libera se decantaron por las matemáticas.
En 1908 Libera se matriculó en la Universidad de Padua; compartió aula con solo otras tres mujeres: Anna Bedendo, Erminia De Luigi y Clelia Silvestri.
El problema de los tres cuerpos
Uno de sus profesores era Tullio Levi-Civita (1873-1941), en ese momento catedrático de mecánica racional. Levi-Civita era un matemático relevante formado por Gregorio Ricci-Curbastro (1853-1925). Trabajó con su mentor en lo que se llamaba entonces cálculo diferencial absoluto (la base de cálculo tensorial); publicaron en 1900 un renombrado artículo (Méthodes de calcul différentiel absolu et leurs applications).
Libera trabajó bajo la tutela de Levi-Civita en un tema al que el catedrático había prestado especial atención. Para su tesis doctoral, la joven matemática se centró en un tema de mecánica celeste, el problema de los tres cuerpos, el estudio de tres cuerpos sometidos a atracción gravitacional mutua y que se mueven según las leyes de Kepler. En 1912, Trevisani defendió su tesis doctoral titulada Sul moto medio dei nodi nel problema dei tre corpi (Sobre el movimiento medio de los nodos en el problema de los tres cuerpos), que estudiaba un caso particular del problema citado. Los resultados obtenidos por Trevisani fueron tan satisfactorios que Levi-Civita decidió presentarlos en la reunión del 28 de abril de 1912 en el Istituto veneto di scienze, lettere ed arti y se publicó una nota en sus Actas ese mismo año. Esta publicación fue citada posteriormente como referencia destacada por otros investigadores.
Una carrera frustrada
No se conocen más aportaciones científicas de Libera Trevisani: tras graduarse, en 1914, se casó con Levi-Civita y, como sucedía a tantas mujeres en la época, abandonó su actividad profesional oficial. A pesar de gustarle la docencia, acompañó a su marido en sus numerosos desplazamientos para trabajar con otros científicos, lo que impidió tener un trabajo estable.
A pesar de ello, no abandonó su actividad pública. Acompañaba a Tullio frecuentemente en ocasiones importantes, destacando por su personalidad y su profunda cultura. En una de esas ocasiones, en octubre de 1921, conoció a Albert Einstein en casa del matemático Federigo Enriques (1871-1946), durante una velada organizada para rendir homenaje al físico alemán, que había llegado a Bolonia para impartir tres conferencias sobre la relatividad.
Libera Trevisani también lideró diferentes iniciativas institucionales e internacionales destinadas a la emancipación y defensa de los derechos de las mujeres. Entre otros, formó parte de la Federazione italiana laureate e diplomate Istituti superiori (FILDIS) vinculada a la International Federation of University Women. De hecho, fue elegida presidenta de la asociación en 1944 y continuó en el cargo hasta 1953.
Una adopción tardía
Debido a una operación quirúrgica, Libera no podía tener descendencia. Parece que a Tullio no le importaba excesivamente. Ella sugirió a su marido optar por la adopción, pero él no mostró interés.
En 1945 (Levi-Civita había fallecido en 1941) Libera adoptó a Susanna Silberstein. Era una niña internada por sus familiares (judíos) en un convento florentino en 1943, poco antes de ser detenidos por los nazis y asesinados en Auschwitz. Susanna nació probablemente en 1942 y falleció en Roma el 12 de abril de 2020. Así contaba ella misma su historia:
Mis padres [Edith Hahn Silberstein y Walter Silberstein] huyeron de Viena y luego se fueron a Bélgica. Después, Bélgica fue invadida por Alemania; luego, de Bélgica fueron a Francia, donde nació mi hermana pequeña; luego, de Francia llegaron a Florencia. En Florencia me internaron en un convento y luego fueron capturados por los fascistas. Fueron llevados al campo de concentración de Fossoli. Mi madre dio a luz, y los alemanes, o mejor dicho, los fascistas –o fascistas nazis– se llevaron a la madre y al bebé, los subieron a un tren y los enviaron a Auschwitz.
Me internaron en un convento en Florencia, pero las monjas no querían saber mucho de mí porque decían: «Si no, vendrán los fascistas, y no queremos mentir». Las pobres monjas creían que mis padres vendrían a buscarme, pero no lo hicieron porque murieron. Así que sé muy poco de mi familia: no sé dónde ni cuándo nací. Al final, estas monjas le dieron la razón al Ayuntamiento de Florencia, que afirmó que nací el 11 de septiembre en Florencia, lo cual era completamente falso. Así que me convertí en ciudadana italiana y pude ir a la escuela, y entonces todo transcurrió así: tranquila… una niña sensible… A los tres años, las monjas le dijeron a la comunidad judía de Florencia: «O hacemos monja a Susanna o la acogéis, porque no podemos mantener a una niña sin que nadie nos pague». Entonces, una amiga de mi madre adoptiva, que pertenecía a la comunidad judía de Florencia, se enteró, y esta señora –Libera Levi-Civita–, como no había tenido hijos, dijo: «La adoptaré».
Según la ley vigente, mi madre no podía adoptarme porque tenía cincuenta y seis años y era viuda, pero… las leyes, después de la guerra… había tantos niños huérfanos… así que lo hicieron. Y así, a los tres años, me acogieron, ella me llevó a casa y luego tuvo que hacer todo el papeleo para adoptarme. No lo recuerdo…
Luego, por ejemplo, algo que me sorprendió un poco, algo para lo que no me habían preparado: el juez –lo recuerdo vagamente– me preguntó: «¿Aún quieres conservar tu apellido?», y yo dije: «Sí». Mi apellido es Silberstein. Así que soy Susanna Silberstein Trevisani, el apellido de mi madre adoptiva antes de casarse, porque no podía dar el apellido de su difunto esposo.
Y entonces mi madre se sintió avergonzada, porque cuando yo tenía diez años, ella tenía sesenta y seis y me dijo: «¿Pero cómo voy a llamarte hija?». De hecho, no quería que la llamara mamá. Y luego, nada, la adopción fue así. Me quedé sin padre, pero todas las amigas de mi madre decían: «Llámame tía», así que tenía cientos de tías.
El propio Levi-Civita, que era judío, sufrió las consecuencias de las leyes raciales fascistas en Italia: se le privó de su cátedra y de su pertenencia a sociedades científicas. Aislado del mundo científico, su salud se resintió. Libera nunca perdonó a los colegas científicos de Tullio, que se apartaron de él como si no le conocieran. Muy pocos acudieron a su funeral.
Libera falleció el 11 de diciembre de 1973.
Referencias
- , Trevisani Levi-Civita Libera, Scienza a due voci, Università di Bologna
- Libera Trevisani, Blog Tullio Ceccherini-Silberstein
- Judith R. Goodstein, Through the Eyes of Dr. Susanna Silberstein Ceccherini: The World of Tullio Levi-Civita, 18 julio 2009
- Libera Trevisani Levi-Civita. Matematica Italiana, filantropa, Vita-mine vaganti 269, 4 mayo 2024
- In Memoria di Susanna Silberstein, Ha Keillah, LUGLIO 2022 ANNO XLVII – 234 TAMMUZ 5782
- Libera Trevisani Levi-Civita, Wikipedia
Sobre la autora
Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la EHU y colaboradora en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.