Juanita Moody, la criptógrafa que insistió en que alguien leyera las señales
En octubre de 1962 el mundo tal y como lo conocemos estuvo a punto de irse al traste porque la Unión Soviética instaló una serie de misiles nucleares en una Cuba recientemente revolucionada por Fidel Castro. Eso desencadenó una serie de reacciones, decisiones, tensiones y medidas en Estados Unidos que mantuvieron al mundo en tensión durante casi dos semanas y la humanidad temiese no vivir para ver un día más.
Pero la crisis tuvo en realidad una precuela cuando los movimientos soviéticos sobre suelo cubano comenzaron a poner en alerta a los agentes de inteligencia estadounidenses que escuchaban, de lejos, lo que ocurría allí, captaban mensajes y los analizaban. Ellos sabían que algo estaba ocurriendo, aunque al principio no pudieran contarlo fuera de los canales de la Agencia de Seguridad Nacional, la NSA, para la que trabajaban.

Juanita Moody logró romper esa barrera poco antes de que la crisis se desatara. Su capacidad para reunir información, interpretarla y hacer que llegara a quienes tomaban las decisiones convirtió su trabajo en una pieza fundamental durante la Crisis de los Misiles de 1962.
Una estudiante que decidió abandonar las aulas para ir a la guerra
Juanita Morris, su apellido familiar, nació el 29 de mayo de 1924 en Morven, una pequeña localidad de Carolina del Norte. Era la mayor de nueve hermanos en una familia vinculada a la agricultura y al trabajo ferroviario.
En 1942 comenzó sus estudios en el Western Carolina Teachers College, pero el contexto internacional marcó un rumbo distinto para su vida. Estados Unidos llevaba pocos meses participando en la Segunda Guerra Mundial y Moody decidió abandonar temporalmente la universidad para participar en la contienda de la forma que fuera posible. En 1943 fue destinada a Arlington Hall, en Virginia, sede del Signals Intelligence Service (SIS), el organismo precursor de la actual Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Allí aprendió a analizar comunicaciones cifradas y a descifrar códigos.

La criptografía de guerra exigía una combinación de paciencia, capacidad analítica y creatividad ya que no consistía únicamente en aplicar fórmulas matemáticas: había que ser capaz de reconocer patrones y detectar anomalías, sí, pero también de comprender el contexto en el que se había producido una comunicación determinada para intentar entender qué se decía y por qué en cada momento. Moody destacó precisamente en ese tipo de trabajo. Al finalizar la guerra Moody había ascendido desde su puesto inicial hasta otro en el que ostentaba responsabilidades de supervisión. Su intención era regresar a la universidad, pero sus superiores le propusieron continuar en el servicio de inteligencia. Aceptó con la condición de encargarse de tareas más complejas e interesantes.
De descifrar códigos a analizar montañas de información
Tras la guerra llegó la Guerra Fría, el mundo en bloques y décadas de desconfianza entre las dos grandes potencias que dominaban el orden mundial. La inteligencia estadounidense entró en una nueva etapa. El enemigo ya no era la Alemania nazi, sino la Unión Soviética y las comunicaciones interceptadas eran cada vez más, más complejas y sobre más temas distintos. Los servicios de inteligencia comenzaron a emplear cada vez más sistemas mecanizados y métodos de análisis computacional.
Moody participó en ese proceso. Durante los años cincuenta trabajó en distintos departamentos relacionados con el desarrollo de nuevas herramientas y técnicas para procesar grandes volúmenes de datos. Cuando en 1952 se creó oficialmente la Agencia de Seguridad Nacional, ella continuó desarrollando allí su carrera. Su trabajo tenía cada vez menos que ver con descifrar mensajes individuales y más con algo que hoy resultaría familiar cuando hablamos del concepto big data: gestionar enormes cantidades de información procedentes de múltiples fuentes, detectar tendencias y convertir esos datos en inteligencia útil para quienes debían tomar decisiones políticas y militares.
Cuba aparece en el radar
A finales de la década de 1950 y comienzos de la de 1960, Cuba se convirtió en una preocupación creciente para Estados Unidos. Tras la revolución liderada por Fidel Castro, el gobierno estadounidense necesitaba saber cómo de cerca ideológicamente estaba la pequeña isla su rival, teniéndola tan cerca geográficamente a su territorio.
Moody fue la encargada de dirigir el análisis de señales relacionadas con Cuba, un puesto en el que recibía a diario la información suficiente como para entender que en la isla se estaban dando cambios y tomando decisiones preocupantes para Estados Unidos. Según recordaría años después, la información que llegaba a su equipo mostraba un incremento constante de la actividad militar en la isla. Había más comunicaciones, más movimientos y más indicios de cooperación soviética de los que muchos responsables políticos parecían percibir.
El problema era que la mayoría de esa información que ella recibía, analizaba y confirmaba a diario nunca salía de la propia NSA, cuyos flujos y métodos de trabajo por entonces no incluían distribuir informes de inteligencia a otras instituciones. Esto empezó a inquietar a Moody, que estaba convencida de que la acumulación de señales era demasiado importante como para que no lo supiera nadie más.
Su insistencia en publicar los informes
Uno de los episodios más significativos de su carrera ocurrió precisamente por este motivo antes de que estallara la Crisis de los Misiles. Tras una reunión con responsables del Departamento de Defensa, Moody elaboró junto a su equipo un informe que resumía toda la información de la que disponían sobre la actividad soviética en Cuba. Su intención era que ese documento circulase entre los organismos encargados de tomar decisiones.
Sin embargo, algunos de sus responsables no estaban de acuerdo con su idea. Consideraban que si se empezaban a distribuir informes fuera de los flujos habituales empezarían a surgir conflictos sobre qué institución tenía competencias para generarlos y utilizarlos.
Moody insistió repetidamente, avisando, según fuentes de la época, de que si no se hacía algún día tendrían que responder por no haber compartido las señales, cada vez más evidentes, de lo que estaba ocurriendo tan cerca de ellos. Finalmente, aquellos informes comenzaron a circular en 1962 y establecieron un precedente para futuros informes y trabajos similares realizados por el personal de la NSA.
Trece días al borde del desastre
En octubre de 1962 aviones espía estadounidenses confirmaron la presencia de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Comenzaba la Crisis de los Misiles y durante aquellos días la misión de la NSA se amplió, ya que no solo tenía que “escuchar” de lejos lo que ocurría en Cuba, sino seguir en tiempo real la actividad militar soviética en la isla y mantener actualizados a los altos mandos políticos y militares estadounidenses.
Moody lideró esas tareas, gestionando equipos que trabajaban 24 horas al día, analizando cada mensaje interceptado y elaborando informes que transformaban cientos de fragmentos de información dispersos entre sí en una panorámica coherente y útil para sus jefes. En un momento en el que cualquier error de cálculo o mala interpretación de un movimiento podía desencadenar el desastre, su labor era crucial y delicadísima.
Cambiar la forma de comunicar la inteligencia
La crisis terminó sin que se produjera un enfrentamiento nuclear, uno de los motivos por los que la reputación de Moody en la NSA siguió aumentando. Durante los años siguientes continuó ascendiendo dentro de la organización, ocupando puestos de cada vez mayor responsabilidad y participando en la modernización de los sistemas de inteligencia de señales estadounidenses. Entre otras cosas, participó en la incorporación de la agencia al flujo de información de la White House Situation Room, la sala de situación de la Casa Blanca donde se hace el seguimiento de las crisis que involucran a los estamentos militares.
En 1975 recibió la primera National Intelligence Medal of Achievement, uno de los reconocimientos más importantes de la comunidad de inteligencia estadounidense. Un año después se retiró tras treinta y tres años de servicio. En 2003 recibió un lugar en el Cryptologic Hall of Honor de la NSA por una trayectoria que transformó la inteligencia de señales, y por su empeño en demostrar que disponer de los mejores sistemas de detección y análisis de mensajes y códigos no sirve de nada si nadie escucha lo que se extrae de ellos.
Juanita Moody falleció el 17 de febrero de 2015.
Referencias
- Juanita Moody, NAS
- Juanita Moody, Wikipedia
- Carlos Serrano, Juanita Moody, la criptógrafa que fue clave para evitar una guerra nuclear entre EE.UU. y la Unión Soviética, BBC Mundo News, 29 agosto 2021
- David Wolman, The Once-Classified Tale of Juanita Moody, Smithsonian Magazine, marzo 2021
Sobre la autora
Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.