Dora B. Goldstein, la farmacóloga que ayudó a desmontar la idea del alcoholismo como un fracaso moral

Vidas científicas

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Dora B. Goldstein, la farmacóloga que ayudó a desmontar la idea del alcoholismo como un fracaso moral

Durante buena parte del siglo XX, el alcoholismo fue entendido y tratado como una falta moral más que como un problema médico, algo relacionado sin duda con el vicio, la debilidad de carácter y la falta de responsabilidad. Esto condicionaba profundamente la visión social que se tenía de este problema (un estigma que sigue vivo a día de hoy aunque con mucha menos intensidad) pero también, y esto es algo que afectaba críticamente a quienes lo padecían, cómo se entendía y analizaba científicamente esta patología adictiva. La idea de que una persona pudiera desarrollar dependencia física al alcohol sin que eso dijera nada sobre su carácter, su voluntad o su “fortaleza” personal tardó mucho en abrirse paso, incluso dentro de la medicina.

Comprender el alcoholismo como un fenómeno biológico exigía algo más que observar sus consecuencias sociales: había que demostrar que el cuerpo y el cerebro cambiaban bajo los efectos del alcohol de una manera medible, reproducible y comparable a la de otras enfermedades, algo que durante muchas décadas nadie pudo ni supo conseguir. Durante décadas, muchos investigadores consideraron que la dependencia alcohólica no podía estudiarse experimentalmente con los mismos métodos y resultados claros y medibles que otros trastornos fisiológicos.

Dora B. Goldstein.

En ese terreno trabajó Dora B. Goldstein, farmacóloga y profesora de medicina estadounidense cuya investigación ayudó a transformar la manera en que se estudiaba el alcoholismo y contribuyó a consolidar la idea de que la adicción tenía una base biológica real y observable, y no era simplemente falta de voluntad y de principios. Lo hizo en una época en la que las mujeres apenas comenzaban a abrirse camino en las facultades de medicina más prestigiosas de Estados Unidos.

De Alemania a Estados Unidos

Dora B. Goldstein nació en Leipzig, Alemania, el 20 de marzo de 1922, en una familia judía. Su infancia transcurrió durante los años de ascenso del antisemitismo y el nazismo en Alemania y quedó marcada por el deterioro progresivo de la situación política y el aumento de la violencia social tras la llegada de Hitler al poder en 1933. Como muchas otras familias judías alemanas, la suya terminó emigrando a Estados Unidos huyendo de un contexto cada vez más peligroso.

La experiencia del exilio y la necesidad de reconstruir una vida en otro país formaron parte de la generación a la que pertenecía Goldstein. Muchas personas refugiadas de origen judío que llegaron a Estados Unidos en las décadas de 1930 y 1940 terminaron integrándose en universidades y centros de investigación estadounidenses, contribuyendo al enorme avance científico de ese país tras la Segunda Guerra Mundial.

Goldstein estudió Medicina en Harvard Medical School y se graduó en 1946. Aunque esta universidad había comenzado a admitir mujeres décadas antes, seguían siendo una minoría dentro de esta rama científica. En aquellos años, las estudiantes de medicina continuaban enfrentándose a limitaciones, algunas formales y recogidas en las normas de la escuela pero otras más intangibles codificadas en las costumbres y tradiciones de instituciones que habían sido diseñadas por y para hombres. Las mujeres eran pocas en las aulas, todavía menos en los laboratorios de investigación y prácticamente inexistentes en los puestos de liderazgo y toma de decisiones.

Durante su etapa universitaria conoció al farmacólogo Avram Goldstein, con quien se casó en 1944.

Cuando la adicción empezó a estudiarse en el laboratorio

A mediados del siglo XX, la farmacología y la neurociencia estaban transformando la medicina. Nuevos fármacos, nuevas técnicas experimentales y un conocimiento cada vez más detallado del sistema nervioso permitían estudiar procesos fisiológicos que hasta entonces no se habían podido describir de acuerdo a una metodología científica sólida. En ese contexto, algunas investigaciones empezaron a reenfocar el estudio de las adicciones desde el terreno exclusivamente moral o psiquiátrico hacia el de la biología.

Pero estudiar el alcoholismo experimentalmente planteaba un problema importante. Aunque era evidente que el consumo prolongado de alcohol producía cambios físicos y psicológicos en las personas, resultaba muy difícil reproducir esos procesos de manera fiable en el laboratorio, y sin modelos experimentales sólidos era complicado analizar cómo se desarrollan algunos aspectos relacionados con la adicción al alcohol (o a cualquier otra sustancia) como son la tolerancia, la dependencia física o los síntomas de abstinencia.

Goldstein contribuyó de manera decisiva a resolver parte de ese problema. En la década de 1970 desarrolló modelos experimentales con ratones expuestos de manera continuada al etanol mediante inhalación. Los animales desarrollaban dependencia física y presentaban síntomas claros de abstinencia cuando el alcohol desaparecía del organismo. Aquellos resultados ayudaban a demostrar que la dependencia alcohólica podía estudiarse biológicamente y no solo describirse desde el comportamiento o la moral.

La importancia de estos experimentos era enorme a la hora de ayudar a las personas alcohólicas a tratar su adicción ya que si un ratón podía desarrollar dependencia física al alcohol bajo determinadas condiciones, era cuestión de lógica entender que el alcoholismo humano no era una cuestión de falta de voluntad. La investigación contribuía así a desmontar la idea generalmente aceptada hasta el momento de que las personas alcohólicas simplemente carecían de autocontrol.

Goldstein estudió también fenómenos como la tolerancia cruzada entre distintas sustancias depresoras del sistema nervioso, es decir, cómo la exposición continuada a una droga podía alterar la respuesta del organismo a otras diferentes. Estas investigaciones ayudaron a comprender mejor los mecanismos químicos que afectan al cerebro cuando se sufren síntomas como la dependencia y los que aparecen durante los síndromes de abstinencia.

Goldstein poseía un innegable talento científico y trabajó en este área muchos años, pero su aportación no se centró en un gran descubrimiento espectacular, sino en construir métodos experimentales fiables que permitieran avanzar a toda una disciplina.

Stanford y la construcción de espacios para otras mujeres

En 1962 Dora Goldstein y su marido se trasladaron a la Universidad de Stanford, donde ambos continuarían desarrollando su carrera académica. Por entonces Stanford estaba expandiendo sus programas biomédicos y consolidándose como uno de los principales centros de investigación científica de Estados Unidos.

Allí, además de su trabajo como investigadora, Goldstein desempeñó un papel docente e institucional. Participó activamente en iniciativas destinadas a mejorar la situación de las mujeres dentro de la estructura académica y apoyó programas orientados a favorecer su acceso a la investigación. Su carrera transcurrió en un periodo de importantes cambios sociales en Estados Unidos, marcado por el movimiento por los derechos civiles, el feminismo de las décadas de 1960 y 1970 y, como parte de todo ello, intensas discusiones sobre igualdad dentro de las universidades.

En ese contexto, tanto ella como su marido participaron en distintas iniciativas vinculadas a causas progresistas y organizaciones de derechos civiles. Tras la muerte de uno de sus hijos por sida en la década de 1980, Goldstein se implicó además en actividades de apoyo relacionadas con la comunidad LGBT y el apoyo a familias y personas homosexuales.

Aunque en muchos casos de matrimonios donde ambos se dedicaban a la investigación en el mismo campo científico, las trayectorias de las mujeres quedaron eclipsadas por las de sus maridos, generalmente más visibles institucionalmente, los registros académicos y científicos muestran con claridad el peso propio de Dora B. Goldstein dentro de la farmacología experimental de su tiempo. Publicó numerosos trabajos científicos y desarrolló su línea de investigación sobre el alcoholismo, recibiendo reconocimiento internacional por sus avances.

Hoy resulta relativamente habitual hablar de la adicción como un trastorno médico complejo en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales, pero eso es resultado de décadas de investigación acumulada y de un giro completo en la forma de entender esta patología. En la época en la que Dora B. Goldstein comenzó su trabajo, esa visión todavía estaba lejos de ser dominante.

Goldstein falleció el 5 de septiembre de 2011 en Palo Alto, California, a los 89 años.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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