Raissa Calza, la arqueóloga que pasó de bailar en los escenarios a estudiar esculturas de la antigua Roma
En una época en la que estamos saturados de imágenes, fotos y autofotos, resulta difícil ponerse en el lugar de nuestros antepasados, más o menos remotos, que eran retratados con muy poca frecuencia, si es que llegaban a serlo alguna vez. Cuando ocurría, esos retratos se consideraban objetos de un enorme valor, y su estudio siglos después ha ayudado a entender el mundo en el que vivieron esas personas. Dentro de la arqueología se analizan retratos de la antigüedad, buscando extraer la mayor cantidad posible de información de cada detalle: el gesto, la expresión, la mirada, los adornos o incluso los fondos que acompañaban a la figura representada. Abordar ese análisis desde una perspectiva científica requiere un delicado equilibrio entre el dominio técnico y la sensibilidad artística.

La arqueóloga rusa Raissa Calza conocía bien esa combinación. Antes de dedicarse al estudio de las esculturas romanas y de los retratos hallados en el antiguo puerto de Ostia Antica había recorrido Europa de escenario en escenario como bailarina y actriz, otra forma de expresión artística en la que sensibilidad y técnica van siempre de la mano. Años más tarde, cuando comenzó a fotografiar y analizar esculturas antiguas, aquella atención al gesto y a la forma encontraría un nuevo campo de expresión en el mundo de la arqueología.
De Odesa a los escenarios europeos
Raissa Samojlovna Gourevitch nació el 28 de diciembre de 1894 en Odesa, una ciudad portuaria del Imperio ruso situada a orillas del mar Negro. Su juventud transcurrió en un periodo de profundas convulsiones políticas que culminaron con la Revolución rusa de 1917. Como muchas otras personas de su generación, los acontecimientos que siguieron a la revolución la obligaron a abandonar su país y comenzar una vida en el exilio.
Durante esos primeros años fuera de Rusia, Raissa Gourevitch desarrolló una carrera vinculada al mundo del espectáculo. Trabajó como bailarina y actriz y recorrió distintos escenarios europeos. Aquella etapa la llevó a entrar en contacto con ambientes artísticos e intelectuales de varias ciudades del continente.
A comienzos de la década de 1920 se instaló en Roma, donde frecuentó círculos culturales y artísticos. En ese contexto conoció al pintor Giorgio de Chirico, figura destacada del movimiento metafísico. La relación entre ambos la llevó a trasladarse a París, centro cultural de la Europa de entreguerras.
Fue precisamente en la capital francesa donde comenzó a interesarse por el estudio del mundo antiguo. En París asistió a cursos en la École du Louvre y en la Sorbona, donde siguió las enseñanzas del arqueólogo Charles Picard. Aunque nunca obtuvo un título académico formal, aquellos estudios marcaron el comienzo de una vocación a la que acabaría dedicando el resto de su vida.
El descubrimiento de la arqueología
Hacia 1930 Raissa Calza regresó a Roma y empezó a colaborar en las excavaciones de Ostia Antica, el antiguo puerto de la ciudad de Roma. En aquel momento el yacimiento vivía una etapa de intensa actividad arqueológica, con numerosos trabajos de excavación y documentación. Allí trabajó junto al arqueólogo Guido Calza, que dirigía las investigaciones en el yacimiento. En un primer momento participó en tareas de documentación y fotografía de los hallazgos arqueológicos, una labor fundamental para registrar las piezas y los contextos en los que aparecían.
El trabajo cotidiano entre esculturas, relieves y fragmentos arquitectónicos despertó en ella un interés creciente por la escultura romana y por el estudio del retrato antiguo. Con el tiempo fue especializándose en este campo, centrando su investigación en las representaciones escultóricas halladas en Ostia.
Retratos del mundo romano
Raissa Calza dedicó gran parte de su carrera al análisis de los retratos romanos descubiertos en el yacimiento. Estos retratos —muchos de ellos pertenecientes a personajes vinculados a la vida política o social de la ciudad— constituían una fuente importante para comprender la historia y la cultura del Imperio romano. Sus investigaciones se centraron especialmente en el estudio de la iconografía imperial y en la clasificación de las esculturas halladas en las excavaciones. Participó en la publicación de diversos volúmenes dedicados a estos materiales dentro de la serie Scavi di Ostia, una colección fundamental para el conocimiento del yacimiento.

A través de esos trabajos contribuyó a catalogar y analizar una parte significativa de la escultura romana encontrada en Ostia. Sus publicaciones ayudaron a contextualizar muchas de estas piezas y a integrarlas en el estudio más amplio del retrato romano. La relación profesional con Guido Calza se prolongó durante años y ambos contrajeron matrimonio en 1945. El arqueólogo falleció al año siguiente, pero Raissa Calza continuó vinculada al estudio del yacimiento durante el resto de su carrera.
Durante décadas participó en la investigación, catalogación y estudio de los materiales procedentes de las excavaciones. A pesar de que no contaba con un título académico reglado, su autoridad en la materia era indiscutible y su conocimiento del conjunto escultórico de Ostia la convirtió en una referencia para otros investigadores interesados en el arte romano.
Sabedora de que todo ese conocimiento no serviría de nada si no era accesible para el resto de la comunidad científica, además de su trabajo como investigadora desempeñó un papel importante en la organización y documentación del material arqueológico conservado en el museo de Ostia. Las fotografías y registros elaborados durante esos años constituyeron una herramienta fundamental para el estudio posterior de las piezas.
Una trayectoria poco convencional
A lo largo de su vida Raissa Calza publicó libros, artículos científicos y guías dedicadas al arte y la escultura del mundo romano. Su formación y su experiencia internacional le permitieron trabajar en varios idiomas —entre ellos ruso, francés, italiano, inglés y alemán— y colaborar con investigadores de distintos países. En reconocimiento a su contribución a la arqueología italiana recibió en 1967 la Medalla de Oro al Mérito en la Cultura y el Arte.
Raissa Calza falleció en Roma el 24 de enero de 1979. Fue enterrada cerca de Ostia Antica, el lugar al que había dedicado buena parte de su vida profesional.
Referencias
- Leila Tavi, Raissa Calza: The Muse Of Giorgio De Chirico With A Passion For Ancient Rome, E-go Times, 22 diciembre 2019
- Elizabeth J. Shepherd, Da Ostia a Roma e oltre: Raissa Calza e la fotografia, En AA.VV., Lungo il Tevere. Da Roma a Ostia, un percorso per immagini, Acta Photographica. Rivista di fotografia, cultura e territorio, 2009, 113-122
- Raisa Samujlovna Gurevič, Krol’, De Chirico, Calza, Russi in Italia
- Raissa Calza, Wikipedia
- Il Fondo Raissa Calza, Sistema Bibliotecario Di Ateneo
- Paola Olivanti, Una vita in movimento, Bolletino di archeologia on line, Direziones Generale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio XII, 2021/3
- Miscellanea Raissa Calza, Ostia Antica Parco Archeologico
- Fondo Raissa Calza, UNISI
Sobre la autora
Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.