Raissa L. Berg, genetista, evolucionista y superviviente

Vidas científicas

Raissa L’vovna Berg exprimió el siglo XX de una forma verdaderamente inusual: destacada genetista, bióloga evolutiva, especialista en genética poblacional y en morfología, historiadora de la ciencia, defensora de los derechos humanos en la Unión Soviética, pintora autodidacta. Raissa L. Berg supo crecer de la mano de grandes y reconocidos científicos y mantenerse a flote en momentos de auténtica tempestad represiva. Tuvo la destreza de diversificar su carrera y supo aprovechar la experiencia y posición de su padre, aclamado geógrafo y biólogo. La sorprendente resiliencia que caracterizó su vida no solo le permitió sobrevivir a la dura purga antigenetista rusa, también le entregó la oportunidad de reflexionar desde la distancia, respirar y hacer balance de su vida escribiendo sus memorias desde el exilio.

Acerca de Raissa

Raissa Berg.

Nació el 27 de marzo de 1913 en San Petersburgo, Rusia. Era la segunda hija de Polina Abramovna Kotlovker y Lev Semyonovich Berg, ambos de origen judío y provenientes de la zona de asentamiento judío al oeste del imperio ruso de la época. Su padre, Lev S. Berg, fue un aclamado geógrafo, biólogo e ictiólogo, que se vio obligado a convertirse al cristianismo para poder estudiar en la Universidad de Moscú.

Los padres de Raissa se separaron cuando ella apenas contaba con 6 semanas de vida, ambos progenitores reclamaron la custodia, pero Raissa y su hermano quedaron bajo la tutela de su padre, por ser la Iglesia Ortodoxa Rusa la encargada de tomar este tipo de decisiones. Así fue como Raissa fue criada por el reputado académico, con ayuda de su abuela materna y más adelante de la nueva esposa del padre.

Raissa acudió a la Escuela Alemana Luterana de San Petersburgo y a la Universidad de Leningrado, allí tuvo la oportunidad de estudiar bajo la mentoría de Hermann Joseph Muller, un importante genetista estadounidense cuyo trabajo sería reconocido más tarde con el premio Nobel en Fisiología o Medicina. Raissa dirigió su investigación hacia la mosca Drosophila melanogaster, un díptero históricamente utilizado en laboratorio para el estudio de la genética y los patrones de herencia. En el año 1935, Raissa L. Berg se graduó en genética y comenzó sus estudios de doctorado. Ese mismo año se trasladó a Moscú para trabajar como investigadora en el Instituto de Morfología Evolutiva A. N. Severtsov, encabezado por Ivan Ivanovich Schmalhausen, uno de los líderes de la biología teórica rusa de la época. Allí trabajó hasta 1946 cuando, año en el que regresó a Leningrado recién casada con el genetista Valentin Sergeevich Kirpichnikov (1908-1991), con el que tuvo dos hijas en 1947 y 1948.

La oscuridad

El estudio de la genética en la Rusia de la primera mitad del siglo XX pasó de un periodo de notable esplendor en las décadas de 1920 y 1930, a un episodio tenebroso que comenzó en 1940 y se extendió hasta mediados de los años 60. El ministro de agricultura Trofim Denisovich Lysenko, bajo el mandato de Stalin y después de Kruschev, instauró una suerte de pseudociencia genética en el estado ruso. Lysenko se apoyó en ideas lamarckianas sobre la herencia de los caracteres adquiridos y utilizó el poder que la Unión Soviética le confirió para realizar una cruda purga de genetistas y científicos contrarios a sus ideas. Este golpe a la genética se sustentaba en el convencimiento de que la existencia de variación hereditaria entre individuos era antagónica a la capacidad de ser moldeados según los ideales del comunismo.

Con la instauración del lysenkismo, Raissa pudo ver como reputados genetistas abrazaban el dogma impuesto o eran eliminados de bibliotecas y registros, encarcelados e incluso ejecutados. A lo largo de esos duros años para la ciencia, Raissa logró mantenerse en activo, defender la genética y los estudios evolutivos, aun siendo estas consideradas materias prohibidas. Uno de sus notables aciertos fue reconducir sus investigaciones durante la etapa más dura del periodo de Lysenko. Trabajando desde su casa de campo cerca de Leningrado, analizó las variaciones morfológicas y la correlación de diversas plantas. Además, en esta época decidió diversificar su trabajo con la publicación de varios artículos y un libro sobre exploraciones geográficas, expediciones siberianas y asiáticas de su padre, Lev S. Berg.

Un poco de luz

En 1948, Berg desempeñó un modesto puesto de profesora asociada en el Instituto Pedagógico Herzen de Leningrado y en 1949 se trasladó al Instituto de Investigación de la Unión de Gestión de Peces de Lago y Río. Luego comenzó un periodo de cierta estabilidad en la Universidad Estatal de Leningrado. Allí, en 1963, llegó a ser investigadora asociada senior en el Departamento de Darwinismo. En 1964, Raissa Berg defendió su tesis doctoral en el Instituto Botánico Komarov de la Academia Rusa de Ciencias en Leningrado.

Drosophila melanogaster.

Entre 1964 y 1968, Berg dirigió el Laboratorio de Genética de Poblaciones del Instituto de Citología y Genética y trabajó como profesora en la Ciudad Académica de Novosibirsk, en la Rusia siberiana. Allí coordinó la investigación genética de la Drosophila, pero también amplió su campo al estudio de la herencia de enfermedades humanas, escribiendo un manuscrito histórico que tardaría 10 años en ser publicado debido a la persecución que la temática aún sufría en la época. Su trabajo en este periodo contribuyó significativamente al restablecimiento del campo científico de la genética en Rusia.

Inconformista

Ya bajo el mandato de Nikita Kruschev, Rusia comenzó una época de tímida liberalización. La ciudad académica de Novosibirsk gozaba de una libertad algo superior por estar ubicada en la periferia, tanto en el sentido geográfico como institucional. Raissa L. Berg supo aprovechar esta circunstancia y se mantuvo en el centro de la vida cultural y cívica «inconformista» de Novosibirsk. Su apartamento fue un conocido lugar de encuentro de escritores, poetas y pintores disidentes.

Incluso después de la muerte de Lysenko, Raissa encontró dificultades para seguir con su vida personal y profesional. Sufrió el cierre del instituto de genética evolutiva que dirigía, la destrucción y confiscación de su propiedad privada y la retirada de su pensión estatal. En 1968, con el fin del breve periodo liberal en la Rusia soviética, se vio obligada a retirarse de la Universidad de Novosibirsk y regresó nuevamente a Leningrado. Dirigió un grupo en el Instituto de Agrofísica de la VASKhNIL (Academia de Ciencias Agrícolas Soviética) entre 1968 y 1970, tras lo cual tuvo que conformarse con un discreto puesto de profesora en la Universidad Pedagógica Herzen de Leningrado.

Su vida en el exilio

A mediados de la década de 1970 Raissa Berg emigró a Estados Unidos, donde trabajó como profesora en la Universidad de Wisconsin-Madison y la Universidad de Washington en Saint Louis, Missouri. Durante su periodo en Norteamérica escribió sus memorias, publicó varios artículos y participó en numerosas conferencias en diferentes países.

En 1994 se trasladó a París, donde vivía su hija mayor y, como no podía ser de otra manera, se mantuvo activa e inquieta hasta el final. Raissa L. Berg falleció el 1 de marzo de 2006 en París.

Su legado científico

Raissa Berg.

Sus primeras investigaciones se centraron en el estudio de caracteres hereditarios en poblaciones de Drosophila melanogaster. Sus observaciones de los cambios en la tasa de mutación en las poblaciones naturales de esta especie pueden haber sido la primera prueba de la propagación mundial de ciertos elementos heredables en esa especie animal.

Cuando se vio obligada a abandonar esta línea de investigación, redirigió su foco al estudio de los patrones de correlación en las plantas. Irónicamente, este trabajo tuvo un impacto más duradero que su principal campo de investigación. Sus análisis biométricos de las partes vegetativas y generativas de diversas plantas le llevaron a descubrir las llamadas «pléyades correlativas». Esta investigación dio lugar a un trabajo fundamental sobre las formas y los factores de la evolución de las plantas, resumido en su tesis doctoral defendida en 1964.

Además de sus dos temas estrella, Raissa Berg estudió la genética de poblaciones de enfermedades hereditarias humanas. De este trabajo resultó la publicación de la primera obra sobre genética médica en la que se restablece la base mendeliana de las enfermedades humanas causadas por mutaciones recesivas.

Raissa Berg fue una evolucionista brillante, genetista mendeliana en la peor época y el peor lugar del mundo para serlo. Navegó con destreza las más desafiantes décadas para la libertad y respondió a la represión, violencia y falacias científicas con estudio, trabajo, persistencia y mucha ciencia. A pesar de que algunos de sus artículos continúan siendo citados hoy en día, su trayectoria incansable, su capacidad de reinvención y su legado han sido tímidamente reconocidos.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Motrán Ferrándiz es licenciada en veterinaria por la UCM y estudiante del Máster de Cultura Científica de la UPNA y la UPV/EHU. Ha trabajado en la gestión de proyectos científicos para el estudio de ecosistemas naturales y siente pasión por la comunicación y divulgación de la ciencia.

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