Janet Davison Rowley, la genetista que descubrió que las anomalías cromosómicas causan cáncer

Vidas científicas

La médica estadounidense especializada en genética humana Janet Davison Rowley (1925-2013) fue la primera científica en identificar la translocación cromosómica como la causa de la leucemia. Su carrera dedicada a la genética del cáncer permitió una mejor comprensión de la patogenia, el diagnóstico y el tratamiento de esta enfermedad.

Janet D. Rowley. Fuente: Cancer History Project.

Janet Davison nació en Nueva York, EE. UU., el 5 de abril de 1925. Era la única hija de Hurford y Ethel Ballantyne Davison, quienes poseían titulaciones superiores no vinculadas a la ciencia y se dedicaban a la educación universitaria y secundaria, respectivamente.

Davison asistió a una escuela secundaria de Nueva Jersey y se interesó por la ciencia. En 1940, con 15 años, ganó una beca para estudiar en una de las University of Chicago Laboratory Schools, donde completó el bachiller y los primeros dos años de la etapa universitaria. En 1944, a sus 19 años, la aceptaron en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chicago, sin embargo tuvo que esperar 9 meses para poder matricularse, ya que la cuota destinada a las mujeres –3 por cada clase de 65 estudiantes– estaba completa. Se licenció en Medicina en 1948, a los 23 años, y se casó con su compañero de estudios Donald Adams Rowley el día después de su graduación. El matrimonio duraría 65 años.

Janet completó su residencia en el Hospital Marino del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, en Chicago, en 1951. Durante los siguientes 20 años, compaginó la crianza de sus cuatro hijos con la práctica a tiempo parcial de la medicina en varias clínicas de Chicago. Uno de aquellos centros médicos brindaba atención especializada a niños con síndrome de Down, y fue por aquel entonces cuando se descubrió que aquella enfermedad se debía a una anormalidad cromosómica, la trisomía del par 21. Así surgió el interés de Rowley por las enfermedades genéticas hereditarias.

Pasión creciente por la genética

La familia Rowley vivió un año en el Reino Unido cuando a Donald le concedieron un año sabático que pasó en la Universidad de Oxford. Como Janet no podía ejercer de médica allí, optó por aprovechar el tiempo para aprender más sobre genética. Con el objetivo de estudiar el patrón de replicación del ADN en los cromosomas humanos, Janet aprendió las técnicas de análisis cromosómico de la mano de Laszlo Lathja y Marco Fraccaro, pioneros de la citogenética humana. A su regreso a Chicago en 1962, su colega y mentor Leon O. Jacobson, hematólogo en la Universidad de Chicago, le propuso que aplicara su nuevo conocimiento al estudio de los cromosomas de pacientes oncológicos. Janet le solicitó un microscopio, un cuarto oscuro y un salario a cambio de examinar sus cromosomas de pacientes con leucemia, a lo que Jacobson accedió. Durante la siguiente década, Janet trabajaría sobre el microscopio en la búsqueda de anomalías cromosómicas en medio del aparente caos genético de las células leucémicas, una tarea que resultaba desalentadora en la era anterior al descubrimiento de las técnicas de bandeo cromosómico. Rowley consiguió una plaza de profesora asistente en la Universidad de Chicago a partir de 1962, y de profesora asociada a partir de 1969.

Janet D. Rowley. Fuente: U. Chicago.

Durante una segunda estancia en Oxford entre 1970 y 1971, esta vez con Walter Bodmer, aprendió nuevas técnicas de tinción fluorescente que resaltaban las bandas cromosómicas y facilitaban la diferenciación entre cromosomas individuales. Así, Rowley comenzó a fotografiar cromosomas bandeados de pacientes con leucemia utilizando el microscopio de fluorescencia. Se llevaba las fotos a casa para examinarlas; las recortaba cuidadosamente y las colocaba sobre hojas blancas, organizadas por pares, para facilitar su comparación.

Un descubrimiento que revolucionaría la genética del cáncer

En la primavera de 1972, Rowley observó que los cromosomas de un paciente con leucemia mieloide aguda tenían dos anomalías. Los cromosomas 8 y 21 parecían haber hecho un intercambio. La parte inferior de un cromosoma 21 se había roto y se había movido hacia la parte inferior de un cromosoma 8, y la parte inferior de ese cromosoma 8 se había movido hacia la parte inferior del cromosoma 21, un intercambio aparentemente recíproco que ahora conocemos como t(8;21)(q22;q22). Cuando examinó los cromosomas de otros pacientes con el mismo tipo de leucemia, encontró la misma translocación cromosómica. Suponiendo que este hallazgo ya se habría publicado, fue a la biblioteca y, para su sorpresa, descubrió que aún no estaba reportado en la literatura.

Más tarde ese mismo año, Rowley observó que los cromosomas de pacientes con otra forma de leucemia, la leucemia mielógena crónica, presentaban una translocación diferente. La parte inferior de un cromosoma 22 se cambió por una parte de la parte inferior de un cromosoma 9. Esta translocación, que ahora conocemos como t(9;22)(q34;q11.2), provoca que los genes que regulan el crecimiento y división celular dejen de estar en su posición normal, lo que resulta en una proliferación celular descontrolada, que es el cáncer.

Rowley publicó la observación de dos translocaciones constantes en dos tipos de leucemia en 1973, sugiriendo así que translocaciones concretas daban lugar a enfermedades específicas. Su hallazgo fue recibido con escepticismo por el grueso de la comunidad científica, donde prevalecía la creencia de que las anomalías cromosómicas eran una consecuencia del cáncer, no la causa. En 1977, Rowley y sus colegas identificaron una tercera alteración cromosómica constante en la leucemia, la translocación t(15;17)(q24.1;q21), causante de la leucemia promielocítica aguda. Aquel mismo año pasó a ser profesora titular en la Universidad de Chicago.

Siguiendo la estela de Janet Rowley

Poco a poco, científicas y científicos de todo el mundo se unieron a la búsqueda de translocaciones cromosómicas específicas que definen tipos concretos de cáncer. Algunos se valieron de los desplazamientos cromosómicos para trazar las hojas de ruta que han permitido identificar qué genes específicos que se ven alterados por cada daño cromosómico, abriendo así la era moderna de la genética del cáncer. En el transcurso de dos décadas, se identificarían y vincularían a diferentes tipos de cáncer más de 70 translocaciones cromosómicas.

A partir de la década de 1980, Janet Davison Rowley recibió tantos premios y distinciones por parte de organizaciones de todo el mundo que resulta difícil enumerarlos. Tras su jubilación, se mantuvo activa en la ciencia y viajó mucho para participar en congresos, impartir conferencias y seguir recibiendo galardones.

La madre de la era moderna de la genética del cáncer falleció el 17 de diciembre de 2013 en su casa de Chicago a causa de un cáncer de ovarios. Tenía 88 años.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

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