Lucille Farrier Stickel, la toxicóloga que descubrió cómo el DDT mataba a las águilas

Vidas científicas

El 27 de septiembre de 1962 se publicó en Estados Unidos el libro Primavera Silenciosa, una de las obras conservacionistas de la naturaleza con mayor impacto de la historia. En él se explicaba cómo el uso indiscriminado de pesticidas, en especial el conocido y por entonces omnipresente DDT, estaba dañando salvajemente a la naturaleza y a los ecosistemas donde se encontraba, en especial a las aves, que en muchos entornos ya no podían ser escuchadas porque, simplemente, estaban desapareciendo. De ahí el título del libro, considerado uno de los libros científicos más importantes de la historia.

Rachel Carson, Olga Huckins y Lucille Farrier Stickel.

Tres mujeres fueron clave para la existencia y fundamentación de esa obra, que fue recibida ferozmente por la industria química estadounidense pero que tuvo un intenso eco en la opinión pública del país, obligando eventualmente al gobierno a tomar medidas, entre ellas la prohibición del DDT. La primera fue la escritora y conservacionista Rachel Carson, conservadora y bióloga y autora del libro.

La segunda fue la editora de prensa Olga Owens Huckins, que escribió una carta al periódico The Boston Herald en enero de 1958 hablando de cómo los pájaros de su jardín y los jardines vecinos al suyo estaban muriendo y desapareciendo envenenados por las fumigaciones aéreas de DDT que se hacían para matar a los mosquitos de la zona. Owens y Carlson eran amigas, y Owens le envió a Carlson una copia de esa carta.

La tercera fue una científica, Lucille Farrier Stickel, toxicóloga ambiental, que llevó a cabo las investigaciones que demostraron que, efectivamente, eran contaminantes como el DDT lo que estaba masacrando a las aves y otras especies silvestres, acumulándose en los organismos de los animales a medida que se situaban en escalones superiores de la cadena alimentaria, y dieron la evidencia necesaria para respaldar la obra de Carlson.

Una infancia arrullada por cantos de pájaro

Lucille Farrier nació en Hillman, Michigan, Estados Unidos, en 1915. Su pasión por la naturaleza nació muy pronto, ya que pasó su infancia explorando praderas y bosques y los veranos en la cabaña que tenía su familia cerca del Lago Avalon, en Michigan. El canto de los pájaros fue la banda sonora de sus juegos y excursiones.

A pesar de que su padre murió a causa de una grave gripe cuando ella era muy pequeña y de que su familia pasó por graves dificultades económicas durante la Gran Depresión, ella nunca cejó en su empeño por estudiar, manteniendo un trabajo a tiempo completo mientras completaba su licenciatura en lo que ahora es la Universidad de Michigan Oriental. Se licenció en 1936, y más adelante obtuvo su título de Máster y de Doctorado en Zoología por la Universidad de Michigan. En 1941 se casó con un compañero de universidad, William Stickel, que sería además su compañero de investigación durante décadas.

En 1941 su marido se incorporó como investigador al Centro de Investigación de la Vida Salvaje de Patuxent, en Maryland, y ella fue con él. Le ofrecieron varios puestos de trabajo distintos, pero ella declinó aceptarlos, con el argumento de que hombres con familias que trataban de recuperarse tras la crisis de la Gran Depresión necesitaban esos sueldos más que ella. En 1943, tras pasar varios meses trabajando como voluntaria, Lucille aceptó un puesto como bióloga junior, iniciando una carrera que terminó allí mismo casi 40 años después, en 1982, cuando se jubiló.

Cuando no se sabía lo que hacía el DDT

Por entonces apenas se sabía nada sobre los efectos perjudiciales de los pesticidas en la fauna silvestre, y la causa por la que se estaban reduciendo muchas de esas especies, especialmente de aves en posiciones altas de la cadena alimenticia, era desconocida. Una de ellas, especialmente preocupante entonces por su intenso valor simbólico, era el águila calva, símbolo por excelencia de Estados Unidos. Stickel publicó su primera investigación sobre contaminación ambiental poco después, en 1946. Se trataba de un estudio de campo sobre una población de ratones que habitaba un área que había sido tratada con DDT.

Lucille Farrier Stickel.

Esa fue la primera de muchas publicaciones que fue documentando sistemáticamente de cómo el DDT se iba acumulando en el cuerpo de los animales, pasando del suelo a pequeños insectos y bichos, como lombrices o gusanos, e iba subiendo y aumentando en concentración a medida que iba subiendo la cadena alimenticia, pasando a los ratones y pequeños roedores, de ahí a aves rapaces pequeñas como los halcones y por último a las grandes rapaces, como las águilas. En cada escalón, al aumentar las cantidades presentes en sus organismos, aumentaban también los daños, llegando por fin al colapso de las especies al provocar daños reproductivos irreparables.

En 1964, Stickel publicó sus hallazgos completos sobre el DDT, aportando la evidencia necesaria para sostener la tesis del libro que dos años antes Carlson había publicado y con el que había despertado una virulenta relación de la industria de los pesticidas. En 1969, científicos del equipo de Stickel publicaron una nueva investigación en la que se relacionaban un componente del DDT con la puesta de huevos de cáscara frágil y endeble de las aves afectadas, lo que tenía como resultado una alarmante reducción de sus poblaciones.

La prueba de que los pesticidas mataban a las águilas

La preocupación de la científica por los efectos tóxicos de los contaminantes ambientales, como pesticidas y metales pesados, vehiculó toda su carrera. Otro de sus grandes logros fue demostrar que las concentraciones de pesticidas en los cerebros de las aves muertas podía usarse para determinar si esas sustancias habían sido la causa de la muerte, aportando las pruebas para señalar sin duda los productos químicos que estaban mermando las poblaciones de aves, entre ellas las de águilas calvas.

Publicó investigaciones que revelaron los efectos de la contaminación en otras especies, además de las aves: pequeños mamíferos, reptiles silvestres y algunas especies locales de tortugas también aparecían en sus estudios a menudo, iniciando con ello líneas de observación que continuaron durante décadas tras su jubilación, como un amplio mural paisajístico que seguía la pista a la salud de las especies salvajes y como una forma de medir el impacto más devastador del ser humano sobre su entorno.

Por ello recibió reconocimientos, premios y honores, además de abrir la puerta a muchas otras mujeres que siguieron su camino y lo ampliaron. En 1982, tanto ella como su marido se retiraron y se trasladaron a las montañas cerca de Franklin, en Carolina del Norte, donde siguieron siendo naturalistas muy activos, identificando la flora y la fauna de su finca y alrededores, y apoyando diversos esfuerzos de conservación. En 1998 la Sociedad de Química y Toxicología Ambiental le concedió el prestigioso premio Rachel Carlson, cerrando un círculo iniciado más de 50 años antes.

Lucille Stickel murió el 22 de febrero de 2007.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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