Emma Pérez Ferreira: construyendo y sosteniendo el sistema nuclear argentino
La relevancia que tuvieron algunas científicas e investigadoras no está, o al menos no está solo, en los logros y descubrimientos que hicieron, sino por algo más difícil de medir y pocas veces puesto en palabras: su capacidad de sostener proyectos en el tiempo, de imaginar infraestructuras que aún no existen y de abrir espacios donde antes no los había. Emma Pérez Ferreira fue una de esas figuras, decisiva y discreta a la vez, una física nuclear que contribuyó a dar forma al desarrollo científico y tecnológico de Argentina y con un papel fundamental en la creación de la primera red académica del país.

Pérez Ferreira nació en Buenos Aires, Argentina, el 2 de abril de 1925. Estudió en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, donde se licenció en 1952 y se doctoró en 1960 con una tesis sobre cómo los piones, un tipo de partículas subatómicas, interactúan entre sí y pueden generar otras nuevas cuando colisionan a energías muy altas (del orden de 1 BeV, es decir, mil millones de electronvoltios). Este tipo de investigaciones del campo de la física de partículas ayuda a comprender mejor la estructura de la materia y las fuerzas que actúan en el núcleo de los átomos.
Investigación y construcción institucional
En aquellos años comenzó también su trabajo en la entonces Dirección Nacional de Energía Atómica, integrada en el grupo de partículas elementales dirigido por Juan Roederer que fue pionero en el país en esta área científica. Al mismo tiempo, desarrolló también desde el principio su labor docente en la universidad. Desde muy temprano, su carrera quedó ligada a ese doble anclaje entre investigación y construcción institucional.
Su formación incluyó estancias en las universidades de Durham (Inglaterra) y Bolonia (Italia), donde se dio de bruces con una realidad que marcaba a muchas mujeres científicas de su generación: la dificultad de mantener su propia carrera científica tras el matrimonio. Algunas fuentes que recogen su biografía personal señalan que esa experiencia influyó en su decisión de no casarse ni tener hijos, algo estrechamente relacionado con su trabajo y el contexto en el que lo desarrolló.
A lo largo de la década de 1960 fue consolidando su papel dentro del sistema científico argentino. Participó en la creación del Centro Nacional de Radiación Cósmica —que más tarde daría lugar al Instituto de Astronomía y Física del Espacio— y en 1966 lideró el proyecto IALE, dedicado al estudio de isótopos alejados de la línea de estabilidad, es decir, átomos con núcleos inestables que por ello tienden a cambiar, convirtiéndose en otros más estables, o a desintegrarse y que ayudan a comprender mejor cómo cambia y se transforma la materia. Su trayectoria dentro de la Comisión Nacional de Energía Atómica fue igualmente ascendente: llegó a dirigir el Departamento de Física Nuclear y posteriormente el área de Investigación y Desarrollo.
Crisis económica y debate nuclear
En los años setenta participó en el debate abierto en el entorno de la energía nuclear argentina sobre la conveniencia y el coste de apostar por una mayor autonomía tecnológica en un entorno mundial fuertemente dividido en bloques. Su defensa del uso de uranio natural como combustible se vinculó con el acuerdo de transferencia tecnológica con Canadá para la central nuclear de Embalse, en la provincia de Córdoba, un proceso en el que su papel fue significativo y que se considera clave en la definición de una política nuclear nacional propia.
También tuvo un papel decisivo en la construcción del acelerador TANDAR (Tándem Argentino), un proyecto que ejemplifica tanto su modo de entender el desarrollo científico y tecnológico como el impacto que su carrera y empeño tuvieron en su contexto. Concebido en 1975 y finalizado en 1986 bajo su dirección, el TANDAR se convirtió en una instalación única en América Latina para el estudio de iones pesados, átomos grandes (como los de oro o plomo) a los que se les han quitado electrones, de modo que tienen carga eléctrica y pueden acelerarse para hacerlos chocar entre sí.
No era solo un instrumento, sino una apuesta nacional para desarrollar investigación de frontera. A quienes cuestionaban ese tipo de inversiones, Pérez Ferreira respondía con claridad que no había motivo para avergonzarse de estudiar cómo colisionan y se fusionan los núcleos atómicos.

Entre 1987 y 1989 fue la primera mujer en presidir la Comisión Nacional de Energía Atómica. Aunque su gestión se desarrolló en un contexto complejo (dibujado por la combinación de una fuerte crisis económica, una democracia aún por consolidar e importantes restricciones al sector nuclear) tomó decisiones relevantes, como la de reparar la central Atucha I con la participación de profesionales locales lo que redujo notablemente el precio frente al presupuesto estimado inicialmente por la empresa proveedora. También impulsó espacios de participación dentro de la institución y formó parte del Consejo para la Consolidación de la Democracia, donde, junto a la escritora y compositora María Elena Walsh, fue una de las pocas mujeres convocadas.
Conectando la ciencia argentina con el resto del mundo
Aunque en 1990 ya tenía 65 años, la idea de jubilarse no la seducía y ese año asumió un nuevo desafío: dirigir el proyecto RETINA, la Red Teleinformática Académica. En un momento en que Internet todavía no formaba parte de la vida cotidiana, esa red ayudó a conectar a las y los investigadores argentinos con sus colegas de otros países. Bajo su dirección, RETINA creció y se integró más tarde en iniciativas como Internet2, ampliando las posibilidades de colaboración y acceso a la información, y colocando al país en el escenario científico internacional.
A lo largo de su vida recibió reconocimientos como el premio Teófilo Isnardi y una Mención Especial de los Premios Konex. Murió en Buenos Aires en 2005.
Su nombre permanece hoy en campus universitarios y centros de investigación, y es recordado por quienes continúan trabajando en los campos que ella ayudó a construir. Más allá de los descubrimientos, los cargos o los proyectos, su huella se encuentra presente en la idea de que construir la ciencia también es crear las condiciones para que otros puedan hacerla.
Referencias
- Julieta Elffman, Emma Pérez Ferreira, física nuclear: la energía inagotable de la primera presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica, La Nación, 12 enero 2022
- Emma V. Pérez Ferreira (1925-2005), Mujeres en la ciencia, 2021
- ¿Qué descubrió Emma Pérez Ferreira?: la historia de una física nuclear clave para el país, Relevant Person, 16 julio 2024
- La RETINA de Emma, U-238, Tecnología Nuclear para el desarrollo
- Emma Victoria Pérez Ferreira, Wikipedia
- Emma Pérez Ferreira, Fundación Konex
- Norma Cadoppi, Mujeres de la Ciencia que reivindican sus derechos, Clarín, 8 marzo 2020
- El aporte fundamental de las mujeres en la actividad nuclear argentina, ENUla.org – Energía Nuclear Latinoamericana, 1 abril 2019
- Emma Pérez Ferreira, La Nación, 30 junio 2005
Sobre la autora
Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.