Abigail A. Salyers, pionera en el estudio del microbioma humano

Vidas científicas

Una sola letra separa la microbiota del microbioma, dos términos que condicionan en gran medida nuestro funcionamiento. La palabra microbiota hace referencia a la comunidad de microorganismos vivos residentes en un nicho ecológico determinado –por ejemplo, en nuestro cuerpo–. Extendida por aquellas partes que están en contacto con el medio externo (intestino, boca, piel, vagina…), se calcula que la microbiota humana se conforma de unos 38 billones de microorganismos, frente a unos 30 billones de células corporales. El término microbioma es más amplio, ya que engloba a la microbiota, incluyendo sus genes y metabolitos, así como las condiciones ambientales a la que está sometida y su interrelación con el organismo huésped. Cada vez son más quienes consideran al microbioma como un “órgano” más del cuerpo, cuyo equilibrio y bienestar deben cuidarse para evitar enfermedades.

La física convertida en microbióloga Abigail A. Salyers (1942-2013) fue una de las primeras personas en conceptualizar el cuerpo humano como un ecosistema microbiano, revolucionando así la forma en que pensamos sobre los microorganismos que nos habitan. Esta científica y divulgadora estadounidense es conocida por sus estudios pioneros sobre el microbioma humano y por sus contribuciones a la comprensión de la resistencia a los antibióticos, siendo ella una de las primeras en prever los riesgos de esta amenaza para la salud pública mundial.

M de mujer, matemáticas y microbiología

Abigail Salyers, nacida en la Nochebuena de 1942 en Kentucky, EE. UU., inició su carrera de manera poco convencional. En 1959, a sus 17 años, supo que estaba embarazada. A pesar de que intentaron expulsarla del instituto en el que estudiaba, consiguió terminar el curso y matricularse en la universidad, hecho que fue posible gracias a la ayuda que le brindó su profesora de inglés, la señora Baker.

Abigail Salyers. U. Illinois.

Salyers se graduó en matemáticas en 1963 por la Universidad George Washington; la brillantez de su expediente académico le proporcionó acceso directo a un doctorado en física nuclear, que obtuvo en 1969 en la misma universidad. A sus 27 años, Abigail ya contaba con una hija de 10 años y una plaza de investigadora y profesora asistente en un centro de educación superior.

La científica tardó apenas cuatro años en darse cuenta de que la enseñanza de la física no le resultaba lo suficientemente desafiante como para seguir dedicándose a ella. Decidió cambiar su foco de estudio a la microbiología, y para ello ingresó como investigadora posdoctoral en el Virginia Polytechnical Institute.

Comenzó por estudiar lo que ella denominaba “el lado oscuro” de la microbiología: el metabolismo de los microorganismos anaeróbicos. No se centró en cualquier organismo anaeróbico, sino que insistió en la importancia de investigar la amplitud de la diversidad microbiana y eligió los del filo o división Bacteroidetes, que por aquel entonces no eran organismos modelo. Las Bacteroidetes son bacterias gramnegativas ampliamente distribuidas en el medio ambiente, incluyendo el suelo, sedimentos, lagos, agua de mar y el tracto digestivo de los animales. De ahí la referencia a la microbiología del “lado oscuro”, es decir, los microorganismos capaces de habitar el ambiente oscuro y anaeróbico del intestino humano.

La Universidad de Illinois

Desde 1978 en adelante, Salyers dirigió su propio laboratorio en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. Allí conocería a su colega y compañero de vida Jeffrey Gardner, así como a su colaboradora Nadja B. Shoemaker. En 1983 se convertiría en la primera mujer del Departamento de Microbiología en obtener la titularidad, y en 1988 sería ascendida a catedrática.

La investigación de Abigail Salyers en torno al microbioma humano se basó en el estudio de la fisiología de estas bacterias, con especial atención en el metabolismo de los carbohidratos. En su nuevo laboratorio desarrolló herramientas genéticas que ayudaron a ampliar su investigación anterior sobre el transporte y la fermentación de polisacáridos en Bacteroidetes. Estas herramientas impulsaron el descubrimiento de los procesos mediante los cuales la bacteria secuestra carbohidratos complejos dentro de la célula y los degrada anaeróbicamente. En el colon humano, estos procesos metabólicos dan lugar a importantes subproductos que son utilizados por otros microorganismos intestinales y por el huésped humano.

Al desarrollar estas herramientas genéticas, el laboratorio de Salyers descubrió los transposones conjugativos, un tipo de elemento genético móvil que puede transferir genes de resistencia a los antibióticos de una bacteria a otra. Inicialmente utilizaban dichos transposones como marcadores para el análisis genético, es decir, como formas indirectas de rastrear los patrones hereditarios de los genes en bacterias. Pero Salyers se percató de que los transposones eran capaces de transportar genes de resistencia a los antibióticos de una bacteria a otra, por lo que investigaron los mecanismos moleculares de esta transferencia genética horizontal y descubrieron que el género Bacteroides actuaba como reservorio de estos genes en el colon humano. Las numerosas herramientas desarrolladas y los descubrimientos protagonizados por el laboratorio de Salyers explican la prominencia del filo Bacteroidetes como organismo modelo en microbiología actual.

Una científica muy polivalente

A lo largo de su larga carrera, Abigail Salyers no solo se dedicó a investigar; también educó con dedicación a nuevas generaciones de microbiólogos, escribió libros, fue mentora de sus colegas, divulgó la ciencia y ocupó funciones públicas.

Abigail A. Salyers. UIC Today.

En 2001, siendo ella la presidenta de la Sociedad Estadounidense de Microbiología, varias oficinas de medios informativos y dos senadores estadounidenses fueron víctimas de los ataques con carbunco. Asesoró personalmente al Servicio Postal de los Estados Unidos sobre las precauciones de seguridad que debía tomar su plantilla, y comprobó que proporcionar información básica sobre la bacteria a los trabajadores le permitía entablar conversaciones sobre temas sofisticados de la microbiología de forma amena y sencilla, y que estar en posesión de esa información les hacía sentir menos asustados. Posteriormente, cuando muchos defendieron que se debían dedicar más recursos de investigación al estudio del carbunco y otros agentes bioterroristas, Salyers abogó por la necesidad de realizar más investigaciones sobre aquellas enfermedades que amenazan miles de vidas cada año, como, por ejemplo, la gripe, las infecciones bacterianas adquiridas en hospitales y otras.

Abigail A. Salyers, una mujer que luchó por alejarse de lo establecido, murió el 6 de noviembre de 2013, a los 70 años, dejando atrás un amplio legado de conocimiento y descubrimientos científicos.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

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