Noris Salazar Allen, despejando las claves de la vida temprana en nuestro planeta

Vidas científicas

Entre las plantas terrestres existen pequeños y bellos bosques en miniatura formados por un conjunto de diminutos vegetales agrupados bajo el nombre de briofitas, técnicamente Bryophytas, que incluyen a los musgos, las hepáticas y los antoceros. Se trata de plantas no vasculares, lo que significa que carecen de raíces y de los tejidos conductores que permiten distribuir el agua y los nutrientes por el cuerpo y sus estructuras. En su lugar, los absorben del entorno a través de la superficie corporal, tal como podemos leer en la página web de la British Bryological Society.

Noris Salazar.

La primera mujer panameña especializada en el estudio de estas diminutas plantas fue la acreditada botánica Noris Salazar Allen (30 de enero de 1947), profesora universitaria e investigadora con una extensa y rica proyección profesional. Su valioso trabajo está reflejado en las innumerables aportaciones que ha realizado al casi desconocido mundo de las pequeñas y valiosas briofitas de su país.

Nacida en un pueblo de las afueras de la ciudad de Panamá, desde su infancia Noris Salazar Allen fue una gran observadora del rico entorno vegetal en que creció. Como ha descrito la escritora Vannie Arrocha, una de las coautoras del libro Pioneras de la ciencia en Panamá (2022), Noris, acompañada por sus padres realizaba estimulantes paseos por el campo que, en sus palabras, «forjaron en mí el amor por la naturaleza».

Antes de continuar, creo de interés detenernos brevemente en el citado libro Pioneras de la ciencia en Panamá. Representa el producto de una rigurosa investigación llevada a cabo por cinco especialistas coordinadas por la doctora Eugenia Rodríguez Blanco, que reúne las biografías de veinticuatro destacadas científicas panameñas. En la introducción, las autoras hacen hincapié en que para ellas «no es suficiente con que el conocimiento generado sea publicado en las mejores revistas académicas posibles o en libros que principalmente consume la comunidad académica […]. Somos conscientes de que sobre todo nos debernos a la sociedad y por eso dedicamos tiempo y recursos a comunicar nuestro trabajo a todo el público».

Como se indica en la página web de la revista panameña SENACYT, el equipo de investigación consigue crear un libro atractivo que cumple con el meritorio propósito de quienes lo escriben: «visibilizar y entender la trayectoria de las primeras científicas panameñas, [ya que] nos da información valiosa sobre el país que hemos sido y nos debe ayudar a reflexionar sobre el país que queremos ser».

Retomando nuestro relato sobre la vida de Noris Salazar Allen, apuntemos que mientras cursaba el bachillerato, un entusiasta profesor de biología estimuló la curiosidad de la joven estudiante por el mundo de las plantas; lo hizo con tanto éxito que, al acabar su formación secundaria en 1965, la exalumna optó por matricularse en la carrera de botánica en la Universidad de Panamá. Dos años después, Salazar Allen conseguía una beca para continuar sus estudios de licenciatura en la Trinity Washington University, donde permaneció desde 1967 a 1969.

Una vez graduada, retornó a Panamá para incorporarse al departamento de botánica de la universidad. Tal como ella misma ha relatado en la página web de la International Association of Bryologists (IAB), «cuando regresé a Panamá, fui nombrada Profesora Asistente del Departamento de Botánica e inicié la Sección de Briología y Liquenología del herbario de la universidad; además, continué recolectando briofitas y líquenes».

Siempre deseosa de ampliar conocimientos, años más tarde esta emprendedora botánica realizó un máster dedicado a las briofitas y su ecología en la Universidad de Nueva York (State University of New York at Geneseo), que defendió en 1973, como ella misma ha descrito en la página web del Instituto Smithsoniano (Smithsonian Tropical Research Institute, STRI).

En 1981, Noris Salazar empezó a trabajar en su tesis, obteniendo el doctorado por la University of Alberta, Canadá, en 1986. Con respecto a esta estancia, ha relatado una significativa anécdota a Vannie Arrocha acerca de su profesor y tutor, quien le confesó sin tapujos que «“si tú no hubieras estado en una universidad estadounidense yo no te habría aceptado”. Y eso a mí me pareció totalmente fuera de lugar porque hay universidades muy buenas en Latinoamérica y cualquiera con una maestría en uno de estos países puede hacer un doctorado, y hacerlo bien».

Una vida profesional muy fecunda

Una vez doctorada, Noris Salazar Allen regresó a su país como profesora de botánica a tiempo completo en la Universidad de Panamá. Además, fue nombrada investigadora asociada del Instituto Smithsoniano. Emprendió entonces un proyecto que con el tiempo ha ido alcanzando un notable éxito.

En varias entrevistas publicadas en la página web del citado Instituto, la científica ha detallado que «en mi laboratorio trabajamos con especies de musgos, hepáticas y antoceros. Estudiamos su distribución en varias regiones de Panamá, el tipo de hábitat donde crecen y comparamos la composición comunitaria que presentan en respuesta a factores ambientales y antropogénicos».

Noris Salazar.

La experta insiste en que las briofitas, aunque de aspecto insignificante sobre todo debido a su pequeño tamaño, son organismos vivos con diversas peculiaridades muy importantes. En el laboratorio que Noris Salazar Allen dirige, estudian varias de estas características singulares. Por ejemplo, analizan su morfología, genética y relaciones de parentesco con el fin de comprender mejor su evolución. Como ha explicado la científica, «las briofitas surgieron hace unos 400 millones de años y algunas de las especies actuales son descendientes de los primeros colonizadores de la tierra. [Por esta razón,] encierran claves sobre las adaptaciones eco-fisiológicas y químicas de la vida temprana en nuestro planeta».

«Las especies actuales [de briofitas] son producto de un proceso evolutivo que ha dado como resultado una diversidad genética inmensa y un potencial evolutivo aún desconocido, especialmente en aquellas que habitan en regiones tropicales», ha explicado Salazar Allen a Vanessa Crook, redactora de una página web del Smithsonian (febrero de 2011). Acentúa asimismo que estas pequeñas plantas «han contribuido a la abundante biodiversidad de la vida en la Tierra, y solo mediante investigaciones en colaboración multidisciplinar podremos abordar los abrumadores misterios de su evolución y diversificación. Es como un rompecabezas que nos fascina y nos desafía».

Se estima que en el mundo existen 22 000 especies de briofitas, y en Panamá se han contabilizado cerca de 1250, continúa Salazar Allen. «Cada vez que encontramos una nueva especie nos dice algo más sobre cómo estas plantas fueron evolucionando a lo largo de millones de años […]. Nosotros hemos descrito cuatro nuevas especies y tres subespecies, sin embargo, a pesar de los avances más recientes todavía falta información sobre muchos aspectos del ciclo de vida, ecología y evolución de las briofitas tropicales. Los conocimientos básicos en torno a su biodiversidad y hábitat, continúa la científica, son aun escasamente conocidos incluso en el Neotrópico, que es la zona más rica en estas plantas».

Recordemos que Neotrópico es un término utilizado en biogeografía para identificar la región tropical del continente americano que incluye casi toda América del Sur, Centroamérica, las Antillas, una parte de Estados Unidos y una parte de México (Wikipedia).

La envergadura del proyecto evolutivo de la profesora Noris Salazar Allen ha sido elogiada por la autorizada botánica Alicia Ibáñez, también investigadora del Smithsonian Tropical Research Institute, quien recalca el gran valor que conlleva haber estudiado las briofitas a nivel regional. Un esfuerzo que Salazar Allen y dos de sus colaboradores culminaron con un excelente libro titulado Guide to the Bryophytes of Tropical America, «considerado una obra de referencia sobre los musgos, las hepáticas y los antoceros».

Las briofitas y el medio ambiente

En diversas entrevistas y entradas en las páginas web del Smithsonian, Salazar Allen hace un claro alegato en defensa de la composición y estructura de los bosques tropicales, y desvela su estrecha relación con las comunidades de briofitas. Sostiene que «la estructura de la corteza de algunos árboles y la organización del bosque, por ejemplo, si es abierto o cerrado, estacional o húmedo todo el tiempo, son aspectos importantes para determinar qué briofitas crecen, dónde y por qué».

La científica no olvida poner el acento en que «el cambio climático, la polución y la interrupción del bosque –talas, incendios, construcción de carreteras, etc.– juegan un papel determinante sobre las comunidades de briofitas […]. Algunas de estas pequeñas plantas requieren nichos muy específicos y una vez que estos nichos han desaparecido, también desaparecen ellas».

Noris Salazar.

En defensa de estos diminutos vegetales, tantas veces infravalorados, Salazar Allen subraya otra valiosa propiedad: «se encuentran entre las primeras plantas capaces de colonizar terrenos desnudos e iniciar así la formación de los suelos; actividad fundamental pues permitirá el crecimiento de nuevas especies durante las primeras etapas de sucesión ecológica y repoblación». Por ejemplo, continúa la profesora, «cuando un ecosistema atraviesa una perturbación y comienza a regenerarse, ya sea después de una erupción volcánica, de un incendio forestal, de una deforestación descontrolada, etc., las briofitas tienen la capacidad de dispersase rápidamente y estabilizar la superficie del terreno, reduciendo la erosión y evaporación de agua»

En esta misma línea, insiste la investigadora, «los bosques con musgos resultan vitales para almacenar grandes cantidades hídricas, de hecho, entre el 20 % y el 40 % del agua de lluvia se acumula en estas plantas; gracias a su capacidad de absorción pueden incluso capturar humedad de la niebla, ya que en las zonas nubosas actúan como esponjas y proveen una reserva acuífera para el bosque y las aguas subterráneas. También capturan, almacenan y reciclan nutrientes, ofreciendo protección y alimento para muchos invertebrados». Y por si esto fuera poco, añade Salazar Allen, «al retener el exceso de agua evitan las inundaciones y la erosión de los suelos». Sin embargo, la experta denuncia muy molesta que «en algunos lugares, los valiosos musgos son extraídos de sus hábitats naturales para utilizarlos como adornos, por ejemplo, de nacimientos en Navidad».

Todo lo expuesto revela, según ha indicado la investigadora en una entrevista concedida a la científica Vanessa Crooks, que «las briofitas son un organismo modelo muy interesante. Cumplen una importante función en los ecosistemas dada la forma en que se adaptan a los ambientes actuales y a los cambios causados por el calentamiento global». Tan valiosas propiedades, reitera la experta con firmeza, exigen «no solo profundizar aún más en su estudio, sino también proteger a las pequeñas briofitas del vandalismo y la depredación».

El prometedor futuro de las briofitas en biotecnología

Reflejando la amplitud del proyecto en que está implicada Noris Salazar Allen y su equipo de investigación, sobresale el considerable interés que encierra el estudio cuidadoso de las briofitas en el ámbito de la biomedicina. Y explica al respecto que «estudiamos la utilidad de los abundantes metabolitos secundarios de estas minúsculas plantas, puesto que muchos de ellos constituyen una fuente potencial de principios activos útiles para la elaboración de medicamentos, por ejemplo, analgésicos, antibacterianos, antivirales, fungicidas, e incluso antitumorales frente a ciertas cepas de células cancerosas».

Recordemos que los metabolitos secundarios son compuestos químicos sintetizados por las plantas (y también por las bacterias y los hongos), que cumplen funciones no esenciales para la supervivencia, lo que significa que su falta no es letal para el organismo, aunque sí puede producir cierto deterioro a largo plazo. Se trata de moléculas complejas difíciles de sintetizar en el laboratorio, cuya presencia y propiedades biológicas reconocidas en las briofitas durante los últimos años, está alentando el desarrollo de modernas técnicas biotecnológicas.

En este sentido, Salazar Allen ha señalado en la página web del Smithsonian, 2016, que «las hepáticas han sido uno de los grupos más analizados. La mayoría poseen cuerpos aceitosos, esto es, pequeños orgánulos rodeados por una membrana que sintetizan en su interior gran diversidad de metabolitos secundarios». Hallazgos de este estilo justifican la búsqueda de fuentes naturales de productos farmacéuticos, y están convirtiendo a las briofitas en una prometedora riqueza con un considerable interés para la investigación biomédica.

Una científica que creó escuela

Con su extensa labor a lo largo de más de 35 años, Noris Salazar Allen ha alcanzado, como hemos intentado reflejar, notables logros en su campo de investigación. Sin embargo, toda esa intensa actividad no impidió que la experta también desarrollara su gusto por la docencia y fuese una profesora muy respetada y querida por el alumnado. Esta singular científica, no solo se interesó por los alumnos universitarios, ya que, como ella misma ha revelado a Vannie Arrocha, «la manera de despertar el interés por la ciencia es desde la infancia, y ojalá se llevara a los niños al campo desde pequeños». Su deseo por fomentar la curiosidad por las plantas desde la educación primaria la estimuló a elaborar un libro infantil para colorear titulado Las briofitas. El mundo de las plantas pequeñas.

Portada de Las briofitas. El mundo de
las plantas pequeñas. Descargable en formato pdf.

Tras su larga entrevista a la singular experta, la citada Vannie Arrocha concluye que «la segunda contribución que Salazar Allen ha hecho a su país se basa en las personas, sus estudiantes, aquellos que formó como botánicos especializados […]. Noris siempre se esmeró por ser una guía de honradez, trabajo duro, honestidad, integridad, aspectos que deben prevalecer en cualquier profesión».

Por su parte, el botánico panameño Alberto Taylor doctor en morfología vegetal, ha referido a Vannie Arrocha que las profesoras Noris Salazar Allen y Mireya Correa (1940-2022), especialista en plantas vasculares y primera botánica panameña, «fueron dos mujeres pilares del departamento de botánica [de la Universidad de Panamá] que sirvieron como referentes a sus estudiantes».

En la misma esfera, Noris Salazar Allen ha reiterado en más de una ocasión que su objetivo principal está en dar a conocer unas plantas ignoradas por la mayor parte de la sociedad. Y acerca de su principal logro, afirma que «potenciar una colección [de briofitas] en la Universidad de Panamá que quedará para la futura formación de especialistas, de eso me enorgullezco».

Ciertamente, gracias a Salazar Allen existe en el Herbario de Briofitas de la Universidad de Panamá un inestimable registro de estas minúsculas y valiosas plantas. Ella, sin embargo, no olvida a su compañera Mireya Correa, y durante la entrevista con Vannie Arrocha, recuerda un tiempo en que «ella [Correa] era la directora del herbario y estaba a cargo de las plantas vasculares; por mi parte, yo era la encargada de las briofitas y los líquenes, además de ayudar a la formación del herbario de hongos». Hoy sus colegas rememoran con orgullo que ambas botánicas consiguieron conjuntamente dar un poderoso impulso al mencionado herbario.

En concreto, durante más tres décadas Noris Salazar Allen fue ampliando las colecciones de la Sección de Briofitas y Líquenes desde unos 50 especímenes de briofitas hasta más de 10 000, como consta en la página web del Smithsonian. Los especímenes recolectados por la científica son también parte de la colección del herbario del New York Botanic Garden y del Royal Botanic Garden Edinburgh; en estas instituciones están asimismo depositadas muestras de ADN de especies que la botánica panameña ha recolectado en sus múltiples expediciones.

A lo largo de su prolífica vida profesional, Noris Salazar Allen ha recibido diversos premios y reconocimientos por parte de la comunidad especializada. Para citar solo un ejemplo, recordemos que en 2011 se le otorgó el prestigioso premio Riclef Grolle Award for Excellence in Bryodiversity Research concedido en Londres por la International Association of Bryologists, «en reconocimiento a los investigadores o investigadoras que han contribuido de manera sobresaliente a la diversidad de las briofitas».

Para terminar, queremos traer a colación un bello párrafo que refleja parte de la labor de esta notable científica: «En un día claro, el océano Atlántico y el Pacífico son visibles desde Mt. Calvario en el Parque Nacional Omar Torrijos de Panamá. Pero a menudo las remotas montañas desaparecen entre la niebla oscureciendo ambos océanos. Noris Salazar Allen, científica del Smithsonian está allí para recolectar las especies de plantas más diminutas que crecen en este clima cálido puntuado por violentas tormentas» (Parque Nacional El Copé).

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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