Mariposas en la prisión de mujeres

Ciencia y más

Carolyn Exum llevaba casi 20 años sin tocar una planta. Es difícil disfrutar de la naturaleza desde el interior de la prisión donde se encuentra en la actualidad. Durante años, no creció ninguna cosa verde dentro de los muros de Coffee Creek, la única cárcel para mujeres de Oregón.

Mariposas que hacen volar la autoestima de las reclusas

En este contexto se diseñó un programa para enseñar a las internas como Carolyn a criar mariposas dentro de las instalaciones carcelarias, en concreto una mariposa conocida como ajedrezada de Taylor (Euphydryas editha taylori) que está en un inminente peligro de extinción. Exum trabajaba en el mantenimiento de jardines antes de su ingreso en la cárcel y casi olvida lo mucho que le apasiona hundir los dedos en la tierra. «Hay vida en las plantas, me encanta sentir las suaves venas verdes de una hoja», dice.

Euphydryas editha taylori.

La mariposa ajedrezada de Taylor, de poco más de 5 cm, tiene alas redondeadas de cuadros blancos y naranjas bordeados por una línea negra. Como consecuencia del desarrollo agrícola y urbano, la mariposa ha perdido el 99 % de su antiguo hábitat de pastizales en el noroeste del Pacífico. Solo se conocen dos poblaciones de estas ajedrezadas de Taylor que todavía permanezcan en la naturaleza.

El laboratorio de conservación de mariposas de Coffee Creek se inauguró en mayo de 2017 y es el resultado de una asociación entre el zoológico de Oregón, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS) y el Instituto de Ecología Aplicada, una organización sin finalidad lucrativa.

En los últimos años, organizaciones como Sustainability in Prisons Project promueven programas de ciencia y conservación en las instalaciones correccionales. La mayoría de estos proyectos tienen lugar en prisiones de mínima seguridad, donde las personas encarceladas no requieren un seguimiento extremo y se les puede autorizar a trabajar fuera del propio centro para contribuir en actividades de paisajismo o de jardinería, según Chad Naugle, gerente de programas de sostenibilidad del Departamento Correccional de Oregón. Sin embargo, la prisión de Coffee Creek es de seguridad media.

Antes del laboratorio de conservación de mariposas, Exum trabajó como tutora de estudios de otras internas de Coffee Creek. «Queríamos una oportunidad laboral más significativa para las mujeres bajo custodia», dice Naugle. «La noticia de poder ayudar a esta mariposa en peligro de extinción se convirtió en una misión maravillosa que seguro subiría la autoestima de las reclusas».

A Naugle se le ocurrió la idea por primera vez en 2016 mientras diseñaba el programa de sostenibilidad del departamento. Sabía que la ajedrezada de Taylor estaba desapareciendo de forma preocupante y se puso en contacto con el Zoológico de Oregón para ver si Coffee Creek podía ayudar. El zoológico, en un principio cauteloso pero muy agradecido, encargó a Coffee Creek el cultivo y la cosecha de plantas del género Viola, que son varias especies de violetas silvestres que forman la única fuente de alimento para otra mariposa que también está desapareciendo de forma drástica: lunares de plata (Speyeria zerene hippolyta). Después del éxito de una cosecha de alrededor de cien violetas, el zoológico estuvo de acuerdo en que Naugle abriera un laboratorio de cría de mariposas en cautiverio dentro de la prisión. Entrevistó y seleccionó a tres mujeres internas con un historial de buen comportamiento y sentencias largas para contar con tiempo que dedicar al programa y tutorizar a otras mujeres (Exum y Sarah Martin, otra técnica seleccionada, cumplen cadena perpetua en Coffee Creek).

El diseño del mariposario en la cárcel

Naugle acondicionó una sala libre que se usaba para yoga y como almacén de camas de emergencia, y la convirtió en un laboratorio improvisado con humedad y temperatura controladas. En Coffee Creek se instaló un fregadero industrial de acero inoxidable, un humidificador, un sistema de aire acondicionado, una estación de agua, un armario con llave para herramientas, un panel para tenerlas organizadas, estantes, jaulas y lámparas adecuadas. Al laboratorio se podía acceder desde la unidad de celdas de la prisión, por lo que las técnicas tenían acceso directo en caso de emergencia. Fuera, Naugle hizo construir un cobertizo para que las ajedrezadas lo usaran durante la hibernación.

El zoológico de Oregón tiene su propio laboratorio de cría de mariposas ajedrezadas de Taylor, pero no es exactamente lo mismo. Coffee Creek tenía que cumplir con ciertos estándares. Por ejemplo, a las trabajadoras técnicas sólo se les permite usar tijeras de punta roma, dice Ronda Naseth, conservacionista de mariposas en el Zoológico de Oregón que supervisa el programa en Coffee Creek. Cuando el laboratorio consiguió un microscopio, Naseth tuvo que cambiar la tradicional placa de vidrio de esquinas afiladas por una especie de soporte redondeado de plástico. Cualquier cosa que el sistema penitenciario pueda considerar una herramienta está encerrada en un armario con apertura supervisada.

La manipulación debe ser muy delicada

Imagen: Sustainability in Prisons Proyect.

Las mariposas son muy frágiles y nada fáciles de criar, por lo que Naseth trabajó con las técnicas seleccionadas un mes antes de que llegaran los insectos. Para atrapar y sostener una mariposa sin dañar sus fragilísimas alas, por ejemplo, se debe usar la mano no dominante y presionar los dedos índice y medio en la base de las alas, según explica Martin. Es difícil controlar la precisión en estas manipulaciones, por lo que las alumnas internas practicaron con mariposas hechas de papel muy fino. Para enseñar a las cuidadoras cómo contar y manejar los huevos de la mariposa, que esta pone en grandes grupos en la parte inferior de las hojas, Naseth les dio a todas un pincel pequeño y un puñado de semillas de amapola para practicar. También les mostró cómo manejar el software adecuado para anotar datos y analizó con ellas todas las situaciones que podían darse en las distintas etapas de la vida de la mariposa, como una larva desnutrida que decide hibernar durante varios años o un huevo que se cae al suelo.

¿Se le coge cariño a una mariposa?

Incluso en la etapa larvaria, las mariposas parecían muy carismáticas. «Son muy sociables», dice Martin. «Cuando son larvas, se acurrucan y eligen a una exploradora y la envían para comprobar el entorno». En julio, las larvas entran en un estado llamado diapausa y permanecen inactivas hasta mediados de febrero, cuando se despiertan como orugas hambrientas. Luego, las encargadas les dan de comer hojas cosechadas de plantas del género Plantago (llantenes), que es lo único que comen las orugas. Crecen, mudan, crecen más, mudan de nuevo, y luego las biólogas y los biólogos del USFWS transportan a estas pequeñas de regreso a la naturaleza para que puedan completar su desarrollo, primero en las resistentes medias lunas de las crisálidas, y luego en su breve crepúsculo como mariposas.

Ese fue todo el proceso el primer año. El siguiente, las técnicas de mariposas y el laboratorio estaban listos para las mariposas vivas. Coffee Creek recibió su primer envío de mariposas vivas en 2018. Los insectos fueron capturados en la naturaleza, con cuidado, por científicas y científicos del USFWS. Las tres mariposas llegaron ya grávidas, es decir, ya llevaban en su interior huevos listos para ser puestos; los huevos de las mariposas atraviesan el gonoducto femenino y en su paso por la espermateca son fecundados con el esperma que allí almacena la mariposa hembra tras la cópula. Después de sus clases con mariposas de papel y semillas de amapola, las técnicas esperaron a que las mariposas pusieran sus característicos huevos de color amarillo pálido en la parte inferior de las hojas. Si se caía alguno, mojaban un pincel fino en un poco de agua y lo volvían a colocar. Si las mariposas parecían sobrecalentarse al sol, las reclusas-cuidadoras rociaban una fina niebla en el borde de su recinto elaborado con una delicadísima red. También alimentaron a sus ajedrezadas a mano con hisopos de algodón humedecidos en agua azucarada. Era un trabajo exigente, preciso, lento. «Nuestra primera temporada fue muy estresante», dice Martin. «Tuvimos mucho cuidado», agrega Exum. «Tienes que ir despacio, tienes que ser constante y meticulosa. Son animales muy frágiles en todas las etapas de su vida».

Euphydryas editha taylori.

Martin asegura que las tres mariposas originales tenían personalidades distintas. «Una anidó, otra tenía un espíritu libre y se fugó y la otra se pasó los días desmayándose», dice. Entonces Exum, Martin y otra técnica llamada Mary Arreguin les pusieron nombre. La de Exum era Mamma Mia. Arreguin la llamó Novela, por las telenovelas, porque quería hacer su vida sin ataduras. Y Martin nombró a la que se desmayaba Bella. «Era una gran reina del drama», dice.

La ajedrezada de Taylor solo pasa alrededor de dos semanas de su vida como mariposa y todo lo que le queda es aparearse y morir. Así que los momentos que las reclusas cuidadoras viven con las criaturas que revolotean son agridulces. «Nos sentábamos allí durante horas, observándolas poner huevos y luego es triste verlas partir», dice Martin. En su segundo año, el programa dio la bienvenida a veinte mariposas, demasiadas para ponerles nombre. Pero cada una tenía un número para su seguimiento. «Hacemos mucho control de calidad y censamos a menudo para asegurarnos de que no se pierda ninguna oruga», dice Naseth.

Mi mamá cría mariposas

Una vez al año, la instalación recibe a los hijos de madres internas, y las técnicas enseñan a los niños el ciclo de vida de las mariposas y les dan semillas de flores para que se las lleven a casa, las planten y las cuiden. La hija de Martin, de 14 años, sueña con ser veterinaria algún día y está emocionada con el trabajo de su madre. «Recuerdo que dijo: “¡Mamá, es casi como si fueras veterinaria!”», dice Martin. También reconoce que aparecen conflictos y desafíos añadidos al trabajar en espacios tan reducidos y ser un grupo tan pequeño de mujeres con un carácter muy marcado y en un entorno del que no pueden salir. Los primeros días fueron muy intensos. Aparecieron dificultades pero las superaron y el grupo mantuvo una buena relación. El objetivo siempre fue claro: sacar adelante a la mariposa.

Además de las técnicas de mariposas, el laboratorio reclutó a otro equipo de diez mujeres reclusas responsables de sembrar y cosechar las 2200 plantas de llantén que proporcionan comida a las voraces larvas. El equipo plantó el llantén en el patio de ejercicios y este lugar bastante sombrío se transformó en un magnífico jardín. Recientemente, dos trabajadoras del equipo de plantas realizaron unas jornadas cruzadas con las técnicas criadoras de mariposas para aprender más sobre el proceso de polinización y compartir sus conocimientos; esto fue muy provechoso para todas.

Larva de Euphydryas editha taylori comiendo
una hoja de llantén. Wikimedia Commons.

Exum y Martin dicen que ambas se preocupaban por el medio ambiente antes de su ingreso en prisión, pero el programa Coffee Creek ha cambiado su perspectiva. «Cuando era más joven, había mariposas por todas partes. Ahora hemos aprendido que sufren de manera directa el impacto del cambio climático», dice Martin. En la naturaleza, los huevos de la ajedrezada de Taylor experimentan una tasa de desgaste del 50 % en cada etapa de la vida y esto significa que solo la mitad de los huevos llegan a ser larvas, la mitad de ellas llegan a la diapausa, y así sucesivamente. En el laboratorio de Coffee Creek, las técnicas consiguieron romper esos números. Vieron madurar unas impresionantes 736 orugas de un lote de alrededor de 2000 huevos puestos en junio de 2018.

Exum y Martin dicen que se sienten seguras de su destreza en la cría de mariposas y han añadido a sus conocimientos informáticos, la fotografía digital y el manejo del microscopio. Además, dieron una charla con presentación de diapositivas a las otras reclusas en Coffee Creek que logró que las mariposas fueran tema de conversación durante días en la prisión.

«Creo que en la vida hay que aprender siempre», dice Exum, «si no estás aprendiendo, entonces algo no va bien. Hace unos días aprendí que a un grupo de mariposas se le llama caleidoscopio». Martin dice que el laboratorio le da una sensación de paz en un mundo lleno de caos. «Es una oportunidad para ayudar a mantener la vida de una especie en peligro de extinción y es gratificante reponer algo de lo que hemos estropeado», dice. Exum está de acuerdo. Cuando se despierta para ir a trabajar a las 7, le gusta decirse a sí misma que se levanta cada mañana para salvar un poquito el mundo, lo poquito y maravilloso que supone cuidar de una mariposa.

Referencias

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

4 comentarios

  • Francamente un artículo muy emotivo y que hace sentir, con sinceridad, la confianza necesaria en la bondad del género humano para cambiar el mundo a mejor.

    • Sí, ¿verdad? A mí también me hizo pensar en la bondad del ser humano y en la maravillosa idea de reponer lo que hemos estropeado. Muchísimas gracias, Juana.

  • Marta: con 17 años emigré a Venezuela y allí, unos años después, fui maestro de música en la cárcel de mujeres. Inimaginable lo que significó participar en la actividad creativa de extraordinaria gente privada de libertad. Te felicito por tu bello trabajo. Un abrazo

    • Domingo, apreciado amigo más allá del mar, tu comentario es un bálsamo en un mundo que desconfía incluso de manos abiertas. 1000 enhorabuenas por tu labor de seguir lanzando mariposas de música y palabras. Un abrazo

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