Anne Kingsbury Wollstonecraft, botánica rescatada de las sombras

Ciencia y más

Anne Kingsbury Wollstonecraft (1791-1828), también conocida como Nancy, fue una botánica, naturalista, ilustradora y defensora de los derechos de las mujeres, siendo muy activa en Cuba a comienzos del siglo XIX, entonces bajo dominio español.

Portada del volumen 2 de Specimens of
the plants and fruits of the Island of Cuba.
Fuente: Cornell University.

Entre sus trabajos más destacados se encuentra un amplio y completo estudio sobre la flora cubana, compuesto por tres volúmenes agrupados bajo el título Specimens of the Plants and Fruits of the Island of Cuba, fechado en 1826 y recuperado recientemente, en 2018. Esta obra, considerada espléndida por la comunidad especializada, consta de 220 páginas de texto escritas a mano con gran precisión y cuidado, junto a 121 lustraciones en acuarela de gran belleza.

Kingsbury Wollstonecraft nació el 29 de octubre de 1791 en Rindge, New Hampshire, hija de Abigail Sawin y Benjamin Kingsbury. De sus primeros años y juventud se conoce poco, salvo que se casó con Charles Wollstonecraft, quien murió en Nueva Orleans en 1817. Poco después, la joven viuda se trasladó a Matanzas, Cuba, donde pasó el resto de su vida. Allí falleció el 16 de mayo de 1828 a la edad de 46 años.

En la isla caribeña, Kingsbury Wollstonecraft se dedicó con notable entusiasmo a un amplio y meticuloso estudio de la naturaleza cubana, centrando su atención sobre todo en las plantas. No obstante, tal como ha descrito la historiadora de la ciencia y el arte Elisa Garrido, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, «a Kingsbury Wollstonecraft no sólo le interesaba la botánica; se han hallado otros trabajos suyos que fueron publicados de forma anónima o bajo un pseudónimo, D’Anville, en la revista Boston Monthly Magazine».Entre estas publicaciones figura un artículo titulado «The Natural Rights of Woman» (1825) en el que defiende claramente el derecho de las mujeres a participar en los estudios científicos y literarios.

Valga asimismo señalar que Mary Wollstonecraft, autora del célebre ensayo sobre los derechos de la mujer A Vindication of the Rights of Woman (1792), y madre de la escritora Mary Shelley, era hermana del marido de Anne Kingsbury Wollstonecraft. Además, antes de trasladarse a Cuba, apunta Elisa Garrido, «colaboraba activamente en la fundación de la institución educativa femenina Poydras Female Asylum, un centro de acogida para huérfanas en donde se ofrecían recursos educativos para mujeres con pocos medios».

En la misma línea, describe el periodista científico Jonathan Carey, en su país Kingsbury Wollstonecraft luchó por mejorar el sistema educativo (American educational system), bajo la premisa de enfatizar la necesidad de crear más oportunidades para que las jóvenes pudieran estudiar literatura y ciencias, argumentando al respecto que «las mujeres ya no temen, ni se avergüenzan por familiarizarse con la historia, con la geografía o la historia natural, o con cualquier tema que les permita ampliar sus puntos de vista, fortalecer sus conocimientos, mejorar sus gustos o modificar su corazón».

La larga «aventura» en busca de un valioso manuscrito

Diversas historiadoras e historiadores de la ciencia han relatado que el citado manuscrito de Anne Kingsbury Wollstonecraft, Specimens of the Plants and Fruits of the Island of Cuba, nunca se imprimió durante la vida de su autora, pese a que ella no escamoteó esfuerzos para publicarlo, e incluso lo envió casi completo a una editorial unos meses antes de su muerte.

Caesalpinia pulcherrima en Specimens of the Plants and Fruits of the Island of Cuba. Fuente: Robert Clark.

Esa destacada obra que, insistimos, refleja con vívidas ilustraciones en acuarela la belleza de la exuberante vida vegetal de la isla cubana a comienzos de 1800, permaneció casi olvidada durante cerca de dos siglos. No obstante, según ha relatado la profesora de la Universidad de Florida y colaboradora del National Geographic, Czerne Reid, «en 1828, el religioso exiliado cubano y defensor de los derechos humanos Félix Varela junto a José Antonio Saco, ya mencionaban en el periódico El Mensajero Semanal a una mujer americana que dibujaba las plantas de Cuba.»

Casi un siglo más tarde, en 1912, el erudito pensador cubano Carlos M. Trelles también aludía al trabajo, aunque no lo había visto. El autor decía que miembros de la New York Horticultural Society lo comparaban con el de la respetada naturalista Maria Sibylla Merian, cuya legendaria obra de 1705 Metamorphosis insectorum Surinamensium era considerada seminal en el campo de la entomología». Mucho después, a finales del siglo XX, el experto en historia y cultura cubanas Emilio Cueto, señalaba al respecto que «esta comparación disparó mi creencia de que realmente se trataba de algo importante», y añadía a continuación, «la gente suele exagerar, pero no tanto». Y empezó entonces su propia búsqueda.

El escritor y editor de la Biblioteca de la Universidad de Cornell José Beduya, junto a más especialistas, han descrito que Emilio Cueto, consciente del valor del manuscrito, lo estuvo buscando durante décadas. Su búsqueda se apoyaba en que «personalidades muy relevantes de Cuba habían aludido a la obra durante los siglos XIX y XX […], aunque nunca tuvieron la oportunidad de verla».

Cueto revisó inútilmente cien veces o más los catálogos on line de las bibliotecas, hasta que finalmente en marzo de 2018 apareció una referencia a la autora. Aunque el apellido estaba mal escrito, “Wollstonecroft”, Cueto supo que lo había encontrado y, según expone Czerne Rei, exclamó «¡Oh Dios! Es esta mujer. Esto es lo que he estado buscando. Es lo que ¡todo el mundo ha estado buscando!» Tras una cuidada revisión, el pertinaz historiador comentaba que la monografía «estaba salpicada por una serie de infortunadas faltas ortográficas en el acceso a los catálogos.»

La búsqueda, sin embargo, aún no había acabado. Cueto desconocía el lugar en el que se encontraba el manuscrito real, ya que el catálogo no lo decía; decidió entonces llamar a la directora de la Biblioteca de la Universidad de Florida, Judith Russell, con quien, describe Czerne Rei, había colaborado en una exposición realizada en Cuba. La bibliotecaria sabía que, en 1923 un profesor de la Universidad de Cornell descendiente de la familia Kingsbury, Benjamin Freeman Kingsbury, había donado un trabajo a la biblioteca. Debido a que las primeras referencias de la obra confundieron el nombre del autor o autora, no se le había dado mayor importancia. Con los nuevos datos, Russell supuso que quizás podría tratarse de la obra que Emilio Cueto buscaba con tanto empeño.

El estimulante entusiasmo que esta información despertó en Cueto atrapó también a Judith Russell, y en octubre de 2018 emprendieron juntos un viaje de búsqueda hasta Ithaca [ciudad situada en Nueva York y que es la sede de la Universidad de Cornell]. «Ambos tratábamos de moderar nuestras expectativas», ha confesado Russell, pero reconocía que les resultaba difícil. Cuando llegaron, pudieron comprobar emocionados que era cierto: se trataba del buscado manuscrito; al respecto la científica recalcaba que «estaba compuesto por numerosas páginas escritas a mano y por dibujos botánicos. ¡Y eran exquisitos!».

Judith Russell y Emilio Cueto, Universidad de Cornell (2018) con Specimens of the Plants and Fruits of the Island of Cuba. Fuente: Emilio Cueto.

Gracias a sus propias indagaciones, Judith Russel había apuntado que cuando Kingsbury Wollstonecraft murió a la edad de 46 años, dejó incompletas algunas entradas, notas sin transcribir y papeles sueltos en los volúmenes. «No había terminado» afirma la investigadora, añadiendo, «y se te eriza la piel al pensar lo cerca que estuvo de perderse todo».

Reacciones a un magnífico hallazgo

Acerca de la obra de Kingsbury Wollstonecraft, Czerne Reid ha manifestado sorprendida que «una insulsa portada con un título escrito a mano en letras cursivas, […] ocultaba el contenido [consistente en] magníficas ilustraciones, que mostraban con gran detalle plantas como Cordia sebestena, Lagerstroemia, y muchas otras. Imágenes que estaban acompañadas de páginas y páginas de descripciones en inglés, relacionando hechos históricos, aplicaciones indígenas [medicinales entre otras], poesías y observaciones personales. La obra, además, seguía fielmente las convenciones científicas, y las ilustraciones mostraban los ciclos de vida de las plantas junto a disecciones de las partes reproductoras». Asimismo, la propia Kingsbury Wollstonecraft puntualizaba en sus textos que «el trabajo estaba realizado sin consultar a botánicos ni recibir ayuda alguna.»

Cabe señalar, tal como indica Elisa Garrido, que «las ilustraciones mostrando las partes reproductivas de la planta indican que Kingsbury Wollstonecraft debía tener conocimientos sobre la teoría de clasificación linneana». Igualmente, ponen en evidencia la buena formación científica que poseía la botánica.

El conocido etnobotánico Paul Cox, director ejecutivo del Brain Chemistry Labs de Jackson, Wyoming, señalaba al respecto, «pienso que el manuscrito de Anne K. Wollstonecraft es de gran importancia […]. Pese a que las plantas que ella plasma en sus dibujos y descripciones son generalmente comunes, las detalladas notas que incluye sobre los usos indígenas añaden una nueva y gran dimensión para comprender su posible utilidad, e incluso pueden usarse hoy para guiar a los investigadores en el descubrimiento de nuevos productos farmacéuticos». Por ejemplo, continúa Paul Cox, Wollstonecraft «señala que las raíces del soursop tree [árbol cuyo fruto recibe el nombre de guanábana] eran usadas como antídoto para el envenenamiento, y sus hojas como antiparasitarios y antiepilépticos.

El respetado botánico cubano Miguel Esquivel, ha mostrado en diversas ocasiones su respeto por el trabajo de Kingsbury Wollstonecraft, describiéndolo como «una joya de literatura botánica de Cuba [situada] entre los más grandes descubrimientos de este tipo en tiempos recientes».

Anne Sauier, la directora de Rare Manuscript Collections (RMC) de la Universidad de Cornell, ha explicitado que «la notable importancia de la obra de Kingsbury Wollstonecraft se debe a que parece ser uno los documentos botánicos más antiguos conocidos que contiene ilustraciones de la flora de Cuba [de principios del siglo XIX]». Y, continúa subrayando esta experta, «fue realizado por una mujer relativamente desconocida, aficionada a la botánica, aunque claramente bien educada y formada, lo que resulta de considerable importancia para su época».

Lagerstroemia. Fuente: Universidad de Cornell.

Entre las interesantes puntualizaciones expresadas por Anne Sauer, y que revelan la calidad del trabajo de Kingsbury Wollstonecraft, cabe traer a la palestra la siguiente: «una ilustración, la llamada «Lagerstroemia», es inusual porque está incompleta, con los capullos coloreados, pero con las hojas solo contorneadas a lápiz. Creo que puede haber estado usando esta técnica para representar lo que veía, que eran las flores de la planta floreciendo a principios de la estación, con las hojas solo empezando a brotar». Y seguidamente, la experta añade, «quizás con las hojas sin terminar de crecer, usaba el lápiz para mostrar que estaba especulando sobre cómo serían éstas una vez desarrolladas, y quería dejar claro que ese dibujo no estaba basado en una observación real». Nos parece una excelente reflexión sobre un trabajo bien hecho.

Anne Sauer, también ha destacado que «la historia de este manuscrito es un precioso ejemplo de aquello que hace a las bibliotecas tan importantes […], y las convierte en un maravilloso recurso para la investigación global de la comunidad». Además, afirmaba satisfecha, «estamos entusiasmados con que el trabajo de Kingsbury Wollstonecraft sea ahora fácilmente disponible para todos». Ciertamente, el manuscrito ha sido digitalizado y puede admirarse y descargarse enHathiTrust, donde es compartido por la Biblioteca de la Universidad de Cornell.

La posible causa del largo y oscuro olvido de una obra extraordinaria

Desde las últimas décadas del siglo pasado, han ido surgiendo cada vez más y más ejemplos del constante y reiterado olvido que históricamente han sufrido las mujeres dedicadas a la ciencia. En el caso concreto de Anne Kingsbury Wollstonecraft, se han apuntado diversas razones para justificar tal negligencia; por ejemplo, que presentaba una «insulsa portada escrita a mano», que su autora carecía del dinero necesario para afrontar la publicación; e incluso a los errores ortográficos al escribir el apellido.

Pese a todo, nos sumamos a quienes piensan que la principal y más influyente razón para tan lamentable olvido fue que estaba realizado por una mujer que se atrevía a invadir un mundo de hombres. Al respecto, en esta línea interpretativa, la citada profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, Elisa Garrido ha señalado que «la invisibilización de la obra [de Nancy Anne Kingsbury Wollstonecraft] se nos presenta como un paradigma de las dificultades que encontraron las mujeres que trataron de producir conocimiento científico, más allá de los espacios que les eran afines».

La extendida y falsa creencia de que las mujeres carecían del talento suficiente para enfrentarse a las serias tareas de la investigación científica, las convirtieron, en palabras de Elisa Garrido, «en espectros al margen del discurso». No obstante, cada vez son más numerosas las autoras y autores que han puesto de manifiesto que históricamente ha existido entre las mujeres y la ciencia una relación que no puede negarse.

La tradicional imagen de la mujer relegada al ámbito privado y la no ocupación del espacio público, continúa Garrido, invisibilizó el papel que algunas desempeñaron en los comienzos de la ciencia de las plantas. «Mientras que a muchas se las consideraba encantadoras doncellas aficionadas, tan delicadas como las flores que retrataban, la realidad era que estaban creando conocimiento científico complejo basado en el sistema de Linneo». Recordarlas, ayudar a traerlas a un plano de luz y destacar sus contribuciones, es una tarea que no queremos dejar de reivindicar.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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