Isabella Bird, una auténtica exploradora y escritora del siglo XIX

Vidas científicas

Isabella Bird (1899). Wikimedia Commons.

Cabalgó por lugares remotos y pudo sumergirse en realidades distintas a las de la Inglaterra victoriana donde ella se crio. No solo eso, relató con destreza cada una de esas andanzas en varios libros que han tenido éxito mundial.

Hablamos de Isabella Bird, nacida en Yorkshire en 1831. Desde pequeña, era amante de la botánica, la naturaleza y la lectura. Bird empezó a escribir desde una corta edad y, ya con 16 años, redactó un primer panfleto defendiendo el libre comercio. A partir de ese momento, comenzó a escribir artículos para distintos periódicos.

Su infancia y juventud estuvieron condicionadas por su salud: padecía de dolores de espalda, crisis nerviosas, cansancio e insomnio. Y eran las salidas al aire libre las que aliviaban su dolor. Con el objetivo de salir a la naturaleza, su familia comenzó a ir todos los veranos a Edimburgo, y Bird aprendió equitación.

Con 19 años le extirparon un tumor de la espina dorsal que era culpable del dolor de espalda. Después, los médicos le recomendaron un “viaje de mar”, que llegaría en 1852. Con cien libras en la mano proporcionadas por su padre, acompañó a sus primos a conocer a la familia de Canadá. Después de la visita, Bird aprovechó para conocer Toronto, Boston, Cincinnati y Chicago. En adelante, no dejaría de viajar y relatar sus observaciones a través de las cartas que les enviaba a sus familiares y amigos, aunque siempre volvía a su querido Edimburgo para pasar tiempo con ellos.

Hawái, las montañas rocosas y Japón

Ya en casa, empleó las cartas que envió en ese primer viaje y las publicó en su primer libro The Englishwoman in America (1856).

En 1872, otra vez más por prescripción médica, se dirigió hacia Australia. No obstante, de camino quiso quedarse en las islas Sandwich (Hawái). Durante siete meses escaló volcanes y recorrió campos de lava a caballo. Para su comodidad, ideó un vestido con un pantalón interior. Y tres años después, llegaría su segundo libro, The Hawaiian Archipelago, en el que contaba su experiencia en Hawái.

Portada de A Lady’s Life in the Rocky Mountains.

Un año después, tomó un barco a San Francisco y se dirigió al estado de Colorado. Recorrió más de 200 000 km a caballo por el parque natural de las Montañas Rocosas. Tuvo como guía a Jim Nugent, un vaquero forajido de quien se enamoró y con quien llegó a vivir en una cabaña en Estes Park. Aunque Nugent le pidiera que se quedase a vivir con él, ella tenía que seguir su camino de exploración de nuevos lugares y gentes. Siete meses después de su partida, Jim murió en una pelea de pistola, y Bird relató sus aventuras del Colorado en el el libro A Lady´s Life in the Rocky Mountains, que pronto se convirtió en un bestseller.

El siguiente año fue a Japón, y después a China, Corea, Vietnam, Singapur y Malasia. En el primer destino recorrió más de 4 500 km con un objetivo en mente: comprender la cultura y sociedad japonesas y darlo a conocer en Occidente. Publicó dos volúmenes de más de 800 páginas con el nombre de Unbeaten Tracks in Japan, que se convertiría en uno de sus libros más famosos.

Medicina y una misión por la India

Su querida hermana murió y Bird se casó con el médico John Bishop, aunque él también falleció. Isabella, ya con 55 años, con la fortuna ganada con los libros y la herencia de su marido, podría haberse asentado en Edimburgo, pero no lo hizo. Con 57 años, decidió cursar estudios de medicina e ir a una misión a la India. Allí dio consejos médicos y repartió medicamentos y, en Srinagar, en honor a su difunto marido, fundó el hospital Bishop Memorial Hospital.

Miembro de la Sociedad Geográfica y Fotográfica

Durante décadas escribió en periódicos y revistas, dio conferencias y sus libros se reeditaron año tras año. Se convirtió en una escritora famosa tanto en Europa como en América. Es más, en 1890, nombraron a Bird miembro honorario de la Royal Scottish Geographical Society, y dos años después, pasó a ser la primera mujer aceptada en la Royal Geographical Society.

No satisfecha con ser expedicionaria, escritora o médica, decidió explorar la que iba a ser otra de sus otras pasiones: la fotografía. En 1894 volvió a Oriente en pleno clima de guerra entre Japón y China. Tomó fotografías de su recorrido por los ríos Yangtze y Han (China y Corea) y escribió grandes crónicas a partir de sus investigaciones en el campo. En definitiva, Bird fue toda una pionera reportera de guerra. Además, años después, fue elegida socia de la Royal Photographic Society.

El dolor que la tumbó y la elevó

A finales del siglo XIX Bird ya sufría mucho de la espalda, pero esto no la frenó para hacer su último viaje a Marruecos. Montó en su caballo con la ayuda de una escalera y exploró las tribus bereberes. Meses después de aquel viaje, cuando estaba planeando su próximo viaje a China, quedó postrada en la cama, donde finalmente moriría en 1904.

Sus dolores de espalda fueron un tormento en su juventud y muy acentuados en su muerte. Pero no sabemos qué hubiera pasado si a Bird no le hubiesen acompañado esos dolores: quizás no habría llevado una vida tan aventurera, exploradora y enriquecedora.

Isabella llegó a lugares remotos donde observó, tomó y relató sus impresiones de forma clara y atractiva. En definitiva, fue una gran escritora, y pudo trasladar por todo el mundo unas realidades desconocidas para mucha gente.

Referencias

Sobre la autora

Maialen Muniozguren Puertas es graduada en geología por la UPV/EHU, ha realizado el Máster de Cultura Científica de la UPNA y la UPV/EHU y es divulgadora en el Flysch de Zumaia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. .