Lynn Conway, la pionera de la informática a la que IBM pidió disculpas por su despido por ser una mujer trans 52 años después

Lynn Conway (2006).

En junio de 2018 la Organización Mundial de la Salud tomó por fin una decisión que las personas trans llevaban tiempo esperando: la transexualidad salió de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), donde estaba incluida como una patología de la salud sexual. No lo es. Sin embargo, es evidente que el malestar por vivir con un cuerpo que no se corresponde con tu identidad sexual sí puede terminar produciendo efectos sobre la salud mental, y que la discriminación que las personas trans sufren en su vida laboral, social y económica, así como en una peor atención médica en muchos casos, sí repercute en su salud. Si bien ser una persona transexual no es ni debe considerarse un problema de salud en sí mismo, sí es cierto que estas personas pueden tener problemas que afecten a su salud.

Lynn Conway, pionera de la informática actual y en gran parte responsable de cómo funcionan nuestros ordenadores y teléfonos y en definitiva de que tú estés leyendo este artículo ahora mismo, es un buen ejemplo de ello. Nacida con apariencia masculina y criada como un niño, ella siempre supo que algo no encajaba en la relación con su entorno. Vivió así durante décadas, en las que se casó con otra mujer y tuvo dos hijos. Finalmente al llegar a la treintena pudo someterse al proceso de transición que haría coincidir su identidad con su aspecto. Desde entonces y hasta hoy, con más de 80 años, ha sido activista de los derechos de las personas trans y ha trabajado para dar esperanza a los jóvenes trans.

Pero la transición de Conway no fue sencilla y dio pie a esos problemas y discriminaciones de las que hablábamos. Cuando informó en su empresa de que iba a cambiar de sexo, fue despedida. Era IBM, era 1968. En 2020, 52 años después, IBM se disculpó por aquella decisión.

Desde los 14 años sabía que transicionaría de sexo

Conway nació en el estado de Nueva York, en Estados Unidos, el 2 de enero de 1938. Aunque desde siempre sintió esa desconexión entre su identidad y su aspecto y el rol asignado a él, en su infancia tuvo pocas oportunidades de expresarse libremente y vivir como la persona que era. Sin embargo, no tenía dudas. Cuenta que tenía 14 años la primera vez que oyó la historia de alguien que se había sometido a un proceso de transición de sexo y que ella no pensó en si lo haría o no, sino en cómo hacerlo.

Fue al llegar al Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) para estudiar física cuando pudo liberarse un poco del control familiar. Comenzó a hormonarse por su cuenta con medicación conseguida de forma ilegal. Terminó abandonando el MIT y su intento de transicionar de género cuando un compañero la denunció ante las autoridades universitarias.

Encontró trabajo como técnico electrónico y más adelante continuó sus estudios en la Escuela de Ingeniería Aplicada de la Universidad de Columbia, donde se licenció en 1962 y obtuvo su título de máster en 1963. En ese tiempo se casó con otra mujer y tuvieron dos hijos. En 1964 comenzó a trabajar para IBM, en el equipo que diseñaba la arquitectura de las supercomputadoras.

“Encontraba la forma de que todo el mundo saliese ganando”

En esta época, Conway trató de nuevo de transicionar hacia una apariencia externa que reflejase mejor su verdadera identidad. Se estaban llevando a cabo nuevas investigaciones y tratamientos para ayudar a las personas trans y ella comenzó uno de estos tratamientos que incluía hormonación, cirugía y terapia. Debido a las leyes del momento, perdió la custodia de sus hijos durante el proceso. En 1968 su decisión de transicionar llegó a los oídos de los directivos de IBM y perdió su trabajo.

Pero el cambio ya era irreversible: Conway por fin vivía como la persona que siempre había sido y habla de aquellos años como una época de esperanza. Comenzó una nueva vida y volvió a buscar trabajo. Se reincorporó a la industria informática como diseñadora y arquitecta de sistemas en Memorex. En 1973 se incorporó al centro de investigación de la compañía Xerox en Palo Alto, California. Allí su trabajo innovador en el diseño de hardware tuvo un impacto revolucionario en toda la industria.

Lynn Conway en Xerox, hacia 1970.

Compañeros que trabajaron con ella esos años decían que era “carismática y con mucha energía”. “Encontraba la forma de que todo el mundo saliese ganando”.

Junto al informático teórico Carver Mead, desarrolló y publicó una serie de investigaciones en las que describían cómo los chips de silicio podían incorporar miles de transistores. Estos trabajos se referían a los llamados sistemas de Integración a Muy Gran Escala (VLSI) y se convirtieron en la base del desarrollo de la electrónica en Silicon Valley en los años 80, permitiendo la construcción de máquinas de computación mucho más pequeñas y ligeras, hasta llegar a los teléfonos inteligentes que utilizamos hoy en día. Mead recibió la mayoría del mérito y las menciones a Conway no eran muy comunes. Gracias a su trabajo esos años, en 1983 entró a trabajar en la agencia de proyectos avanzados del ministerio de Defensa estadounidense (DARPA).

De la informática al activismo

En los años 90 sus trabajos eran una base común en los desarrollos de muchas de las empresas que trabajaban en computación en la época. Algunos de sus trabajos previos a la transición eran también ampliamente utilizados sin citarla. Muy poca gente conocía su vida previa.

A finales de los 90 fue revelando esa parte de su vida a algunos amigos y personas cercanas en su trabajo. Publicó su historia en su página web para contarla con sus propias palabras, y poco después se publicaron perfiles suyos en medios de gran alcance como Scientific American o Forbes: “Desde los 70 hasta 1999 se me reconoció por romper las barreras de género en la industria informática, y desde entonces comencé a romper las barreras para las personas trans”.

Comenzó entonces un activismo por los derechos de las personas trans: ha ayudado aconsejado a muchas personas que estaban en proceso de transicionar, ha creado una web en la que cuenta casos de mujeres trans que han realizado su transición con éxito para dar esperanza a las personas que se encuentran en esa situación, ha hecho campaña por la defensa política de sus derechos, por la igualdad de oportunidades laborales y por la despatologización del hecho de ser trans.

Hoy es profesora emérita de la Universidad de Michigan y es miembro de la Academia Nacional de Ingeniería de Estados Unidos.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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