Elizaveta Fedorovna Litvinova, la matemática rusa que desobedeció un decreto del zar para estudiar

Elizaveta Litvinova. Wikimedia Commons.

Elizaveta Fedorovna Litvinova nació en 1845 en el seno de una familia de terratenientes, cerca de la ciudad industrial de Tula (Rusia). Fue educada en una escuela para niñas en San Petersburgo. Los estándares de estos centros de enseñanza femeninos eran inferiores a los de los chicos, por lo que, de cara a un posible examen de ingreso para entrar en la universidad, recibió enseñanza privada con el matemático Alexandre Nikoláyevitch Strannoliubskii. Este profesor defendía con contundencia el derecho de las mujeres a recibir enseñanza superior. Había sido también preceptor de Sofia Kovalevskaya y la usaba como modelo para animar a sus alumnas a proseguir sus estudios. Strannoliubskii convenció a Litvinova de que, con suficiente trabajo, ella también sería capaz de obtener un grado en matemáticas.

Elizaveta se sintió atraída por el nihilismo, una corriente filosófica popular entre algunos intelectuales rusos en la década de 1860. Este movimiento se centraba en la idea de que los valores son construcciones sociales y defendía la manera de pensar de las ciencias naturales. También apoyaba firmemente la igualdad entre mujeres y hombres. Litvinova participó activamente en la red de mujeres nihilistas y ayudó a otras a prepararse para entrar en la universidad.

Pero el gobierno ruso no tenía entre sus planes el permitir la entrada de mujeres en sus universidades. Muchas de ellas encontraron en algunas ciudades europeas una oportunidad para poder estudiar; de hecho, un considerable grupo de estudiantes femeninas creció alrededor de la universidad de Zúrich. A pesar de la objeciones de sus padres, Elizaveta tenía la intención de ir a estudiar a la ciudad suiza. Sin embargo, su marido, Viktor Litvinov, con quien se había casado en 1866, no estaba de acuerdo con que ella saliera de Rusia. Y Elizaveta necesitaba su permiso para obtener un pasaporte. Se desconoce si el marido falleció o la abandonó, aunque esta última situación es bastante improbable. Lo cierto es que, en sus memorias, Litvinova declaraba que “el destino la había liberado de sus deberes matrimoniales” con lo que pudo abandonar San Petersburgo en 1872 para engrosar la colonia de mujeres estudiantes en Zúrich. Se matriculó en el Instituto Politécnico donde amplió su formación, entre otros, con el conocido matemático especialista en análisis Hermann Schwarz. Era la única mujer en esa institución; los profesores de Litvinova fueron cordiales con ella: Schwarz la tutorizó ocasionalmente en su casa, a veces la invitaba a tomar el té o a pasar una velada con su familia.

Tesis de Elizaveta Litvinova. Google Books.

Tras completar su formación en Zúrich, Elizaveta viajó a Berna para estudiar teoría de funciones. En 1879 obtuvo un doctorado en matemáticas, tutorizada por el conocido analista suizo Ludwig Schläfli: Lösung einer Abbildungsaufgabe –Solución a un problema de funciones–.

El decreto del zar

Años antes, en 1873, el zar Alejandro II había emitido un decreto que emplazaba a las mujeres rusas que estudiaban en Zúrich a regresar a Rusia. Si no obedecían ese precepto, serían excluidas de cualquier institución de educación superior en Rusia, de cualquier puesto de la administración pública (de los que estaban abiertos a mujeres) y de cualquier puesto de enseñanza oficial. La mayoría de las mujeres obedecieron. Pero Elizaveta (y algunas otras compañeras) se arriesgó, pensando que, de lo contrario, nunca podría completar sus estudios. Suponía que las amenazas contenidas en el decreto no llegarían a cumplirse.

Sin embargo, al regresar a Rusia tras obtener su doctorado, comprobó que había perdido su derecho a trabajar en matemáticas en la universidad. Durante 35 años enseñó en una escuela de educación secundaria para niñas, convirtiéndose en una de las pedagogas más respetadas de su tiempo. El trabajo docente de Elizaveta era exigente: le pagaban una tarifa por hora, sin posibilidad de recibir un salario en vacaciones o una futura pensión. Litvinova era una fuente de inspiración para sus estudiantes.

Publicó más de 70 artículos sobre pedagogía, siendo sus métodos sorprendentemente modernos: promovía aproximaciones alternativas a las demostraciones y la utilización de problemas con palabras para estimular el pensamiento claro. Nadia Krúpskaya, una de las principales responsables de la creación del sistema educativo soviético, fue una de sus discípulas y una firme defensora de sus métodos educativos.

Para complementar sus escasos ingresos, Elizaveta escribió una serie de biografías sobre especialistas en matemáticas y filosofía. Entre otras, publicó ensayos sobre la vida y trabajo de Aristóteles, Sofia Kovalevskaya o Nikolái Lobachevski.

Participó activamente en el movimiento europeo de mujeres, contribuyó al Bulletin de l’Union universelle des femmes y fue una de las cuatro delegadas rusas en el Congreso Internacional de Mujeres en Bruselas en 1897.

Durante la Revolución Rusa, tras haberse retirado de la docencia, se fue a vivir con su hermana al campo. Se cree que murió en 1919, con 74 años de edad.

Referencias

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaboradora en ::ZTFNews y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

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