Janice Lourie, la desarrolladora informática que quería usar los ordenadores para impulsar la artesanía textil

La primera persona que obtuvo una patente de software dentro del gigante informático IBM fue una mujer que tejía y tocaba el clarinete. Se llamaba Janice Lourie y fue una artista multidisciplinar y una pionera en la ingeniería informática. La patente en cuestión, para el diseño gráfico de piezas textiles, facilitaba el trabajo de los diseñadores textiles, permitiendo la creación de patrones en pocos minutos empleando un bolígrafo de luz sobre la pantalla de un ordenador, en vez de trabajar sobre el papel y luego plasmarlo a mano sobre los telares. Era la década de los 70 y los programas de ordenador estaban entrando en la industria textil y de la moda para revolucionarla por completo.

Campaña de IBM anunciando el invento de Janice Lourie. Imagen: Tufts Now.

Lourie nació en Estados Unidos en 1930. Tenía solo 7 años cuando su madre y ella acudieron a una demostración de artesanos tejedores tradicionales de Berea, Kentucky. “Me volví loca con la idea de que pudieses tener una idea y hacer que fuese realidad”, contaba Lourie. “Para mí, eso era magia. Le pedí a mi padre que me construyese un telar y lo hizo”. Esa misma fascinación fue lo que décadas después la llevaría a desarrollar un innovador software que hiciera de puente entre el mundo artístico y el técnico.

Del clarinete a las matemáticas

Mucho antes de eso estudió historia y teoría de la música en la Longy School of Music de Cambridge, Massachusetts, y formó parte de varios grupos de música de cámara profesionales y aficionados tocando el clarinete. Se tituló en Filosofía en la Universidad Tufts a la vez que trabajaba en los Laboratorios Parke de Matemáticas. Su trabajo allí y el interés en los materiales que editaba le llevaron a trabajar con el ordenador Whirlwind que se estaba desarrollando en el Massachusetts Institute of Technology, uno de los centros más reputados del mundo en ciencias técnicas, así como a hacer cursos básicos de matemáticas allí. Finalmente obtuvo un título de máster en Matemáticas por la Universidad de Boston.

En 1957, Lourie empezó a trabajar en IBM. En ese momento la empresa estaba contratando músicos para formarlos como programadores. Su primera función fue ayudar en el desarrollo de la Operación Moonwatch, que se estaba llevando a cabo en el Observatorio Astrofísico Smithsoniano.

Trazando árboles con el dedo

Después pasó a la investigación y la parte científica de IBM, y allí tuvo que encargarse de aplicar un nuevo algoritmo para solucionar el problema de carga de las máquinas, una versión generalizada de un problema clásico en matemáticas que trata de encontrar la solución más eficiente para el transporte y el almacenamiento de cargas. En 1958 un software que trabajase con este problema era una herramienta básica en la ciencia computacional, y la solución buscaba dibujar un patrón de reparto de un determinado objeto desde distintos puntos y hasta distintos destinos cumpliendo todos los requerimientos necesarios y con el mínimo coste.

Janice Lourie. Imagen: IBM.

La versión generalizada con la que trabajaba Lourie establecía que cada producto podía ser distinto y ser producido en una máquina diferente. La variabilidad en las fuentes y los destinos tiene un efecto drástico en la estructura de la solución necesaria, que será diferente y con forma de árbol (de cada línea nacen otras nuevas). Ella estudió el problema y las posibles estructuras que podían surgir en 38 casos distintos, proponiendo además un método de verificación. “Era como si empezaras en lo más alto y recorrieras con el dedo cada parte del árbol. Me enamoré de la capacidad de ir dibujando esos árboles”, diría ella años después en una entrevista.

El artículo en el que plasmó este trabajo tuvo un gran impacto gracias a sus representaciones visuales. IBM lanzó el correspondiente programa informático en 1959.

En 1959, IBM empezó a trabajar con el fabricante de vehículos General Motors en un sistema de diseño industrial por ordenador (computer-aided design o CAD por sus siglas en inglés) llamado DAC-1. Este sistema utilizaba un bolígrafo óptico para operar en una pantalla y permitir así un trabajo de diseño más eficiente sin perder naturalidad. El proyecto se mantuvo en secreto hasta 1964. Lourie trabajó en la parte de la programación del prototipo.

Que la informática le devuelva el favor al arte textil

Tejedora desde los 7 años, propuso a IBM adaptar el CAD a la industria textil. Después de todo, el telar de Jacquard (una técnica para tejer dibujos con distintos colores) se inventó en 1804 y funcionó durante décadas a base de tarjetas perforadas, que fueron también el precedente de los programas de ordenador. Si la artesanía textil ya había sentado antes las bases de la computación, ¿por qué no podrían esta vez ser los ordenadores los que ayudasen a desarrollar e impulsar el arte en telas?

IBM aceptó su propuesta, así que Lourie trabajó en un software que pudiese traducir los diseños del artista en órdenes para controlar un telar, así como en el desarrollo del hardware necesario para utilizar estos programas. Su intención era dar más libertad a los artistas textiles. Pasó un año visitando tres fábricas de productos textiles y de moda, trabajando con los artistas y diseñadores para entender y adaptarse a sus necesidades y a las técnicas que empleaban para transformar sus ideas en productos materiales. Cuando su programa estuvo terminado, solicitó la patente, que obtuvo en 1970. Era la primera patente de software concedida a IBM.

Imagen de la nota de prensa de IBM y detalle de la página 5 (de 80) de la US Patent 3,529,298, 1970.

El silencio entre dos notas, la frontera entre dos colores

Desarrolladora informática casi por casualidad, Lourie hablaba recientemente de su logro con mucha humildad: “Yo terminé un buen trabajo y entendía gran parte de él, pero había partes que no entendía. Se me ha dado un enorme reconocimiento por esto”. En 1980 dejó IBM. En ese momento acababa de adquirir una de las primeras cámaras de fotos digitales y estaba empezando a experimentar con ella.

“En una de las primeras lecciones de historia de la música a las que asistí, escuché que los silencios son tan importantes como las notas. Así que eso se volvió mi misión, encontrar el significado de esto en cada medio y material: la separación entre dos entes, las fronteras. Cómo dos colores se tocan, las formas, el paso de una a otra”, dijo con ocasión de una exposición con su obra para celebrar los 50 años de su patente.

Referencias

Sobre la autora

Rocío P. Benavente (@galatea128) es periodista.

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