Gabriela Morreale, o cómo usar lo que descubres para mejorar la vida de la gente

Desde hace décadas, a todos los bebés que nacen en España se les hace un pinchazo en el talón de uno de los pies para obtener una muestra de sangre. Gracias a esa prueba se detectan de forma prematura enfermedades metabólicas que podrían causarles graves secuelas más adelante. Un pinchazo a un recién nacido parece un acto duro, pero es necesario. Estas enfermedades pueden no mostrar su cara hasta que sea demasiado tarde, y pilladas a tiempo se pueden tomar medidas que frenen sus fechorías.

Gabriela Morreale. SEBBM.

Que esta prueba se haga de forma generalizada y miles de niños puedan solucionar un grave problema para su salud antes incluso de que este se produzca se lo debemos en parte a Gabriela Morreale, química nacida en Italia pero que desarrolló su labor más importante en nuestro país. Es una de las fundadoras de la endocrinología moderna y dedicó su vida a averiguar la influencia del yodo (y de la ausencia del yodo) en las hormonas tiroideas y en el desarrollo del cerebro. Fallecida a finales de 2017, Morreale merece el homenaje que queremos darle contando aquí su vida y su obra.

Gabriela nació en Milán en 1930. Aunque viajó de niña por Europa y Estados Unidos, completó sus estudios universitarios en España: en 1951 se graduaba en Químicas por la Universidad de Granada. Como parte de sus tesis, demostró que la alta incidencia de bocio (una tumefacción de la glándula tiroidea que causa una hinchazón en el cuello) en las Alpujarras se debía a la escasez de yodo en la zona.

Allí conoció a Francisco Escobar el Rey, médico y cirujano que sería su marido y su mayor colaborador. Juntos hicieron una estancia en la Universidad de Leiden, en Holanda, donde se especializaron en el estudio de la tiroides desde un enfoque bidisciplinar, cada uno con sus conocimientos.

Pero ambos deseaban volver a España, porque allí se habían formado y también porque en España los niveles de yodo son especialmente bajos y aquí era donde se podía sacar más partido a sus conocimientos y a la vez ayudar a mejorar la vida de las personas. Así que en 1958 volvieron y fundaron la Unidad de Estudio de Tiroides en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Desde entonces y durante décadas desarrolló una serie de proyectos que dieron forma a gran parte de lo que sabemos hoy sobre el funcionamiento y las enfermedades que afectan a la tiroides y sus funciones. Entre otros, en 1976 inició el estudio piloto de detección de hipotiroidismo congénito en niños recién nacidos, que fue extendiéndose progresivamente por todo el país, lo que hoy permite el diagnóstico precoz y el tratamiento con hormona tiroidea, que previene el retraso mental de aproximadamente 150 niños al año.

Prueba del talón realizada a un recién nacido en el Servicio de Salud de Castilla – La Mancha. Wikipedia.

Además, Gabriela analizó y demostró que la hormona tiroidea de la madre atraviesa la placenta durante el embarazo e influye en el desarrollo cerebral del feto, lo que llevó a que administrar suplementos de yodo a las embarazadas se convirtiese en una práctica común para evitar problemas en ese desarrollo.

Esta científica, que recibió decenas de honores y reconocimientos en su trabajo, será recordada sobre todo por dos cosas. Primero, porque se aseguró de que su trabajo no se quedaba en el laboratorio, sino que se trasladaba a la vida de la gente y modificaba sus vidas a mejor. A las mencionadas prueba del talón para detectar problemas metabólicos en los recién nacidos y la suplementación de yodo a las embarazadas para evitar problemas en el desarrollo cerebral del feto, hay que añadir otra medida que logró trasladar a las autoridades sanitarias: la necesidad de yodar la sal común para asegurar que la población consumía el yodo suficiente para evitar los problemas que el déficit de este elemento podía causar.

Y segundo, por ser una gran maestra de científicos. Formó a varias generaciones de alumnos en la Facultad de Medicina de la Autónoma de Madrid, en el Instituto de Endocrinologia y Metabolismo Gregorio Marañón y en el Instituto de Investigaciones Biomédicas “Alberto Sols”. A todos ellos les transmitió su pasión por el conocimiento, el rigor científico y la necesidad de ayudar a poblaciones en riesgo. “Los que hemos sido discípulos suyos reconocemos su pasión por la Ciencia y rigor científico, así como su bondad y la dulzura de su carácter”, concluyen su retrato Juan Bernal y Mª Jesús Obregón, del “Alberto Sols”.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

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