¿Hubo sexo entre Homo sapiens y otras especies humanas?

Las enormes posibilidades generadas por los avances tecnológicos de la biología molecular, están impulsando las fronteras de nuestros conocimientos acerca de los orígenes humanos y sus comportamientos hasta límites que hace poco tiempo parecían insuperables. Nos estamos refiriendo al estudio del material genético antiguo, esto es, muestras de ADN con decenas o incluso centenares, de miles de años de antigüedad procedentes de homininos.

La aplicación de estas novedosas técnicas a las distintas especies humanas con las que Homo sapiens se encontró al salir de África y empezar su periplo por el mundo, ha permitido que la comunidad científica responda hoy afirmativamente a la pregunta de nuestro título. Como escribía el 7 de abril de 2021 el periodista científico de El País, Nuño Domínguez, «los nuevos datos completan una historia de sexo entre especies que duró decenas de miles de años».

Ciertamente, los asombrosos resultados que se están obteniendo con la aplicación de las poderosas técnicas moleculares a los restos fósiles de poblaciones extinguidas, reflejan cada vez con mayor claridad que cuando Homo sapiens salió de África, participó en un complejo proceso de hibridación o flujo de genes entre especies que habría sido imposible desentrañar por los métodos de la paleoantropología clásica. Tales resultados, según el criterio de un colectivo creciente de especialistas, apuntan a una verdadera revolución en los estudios evolutivos sobre el origen de la humanidad anatómicamente moderna, pues estarían señalando la necesidad de elaborar nuevos modelos.

En esta línea, crece la convicción de que nuestro árbol genealógico está compuesto por una trama de innumerables especies ancestrales que se entrecruzan ofreciendo un panorama de notable complejidad, más semejante a una red que al tradicional arbusto profusamente ramificado hasta ahora asumido. Veamos a continuación los trabajos de una destacada científica de vanguardia especializada en la cuestión.

Rebecca Rogers Ackermann ante la compleja diversidad humana

Rebecca Rogers Ackermann.

La acreditada profesora del Departamento de Arqueología de la Universidad de Ciudad del Cabo (University of Cape Town, UCT), fundadora y actualmente directora del Instituto de Investigación sobre Evolución Humana (Human Evolution Research Institute, HERI), Rebecca Rogers Ackermann, sostiene en sendos trabajos publicados en 2016 y 2019, que «el modelo habitual en forma de árbol representa la evolución humana como una población ancestral de la cual divergieron, por un lado, nuestros parientes más cercanos, los chimpancés/bonobos, y por el otro los homininos, mostrando así relaciones antepasado-descendiente simbolizadas por ramas que se dividen a medida que se asciende desde el tronco común hasta las hojas, terminando en la extinción de todas esas ramas que no llevan a nuestra propia hoja».

Este modelo, indica Ackermann, sugiere que las primeras poblaciones modernas que salieron de África no se cruzaron con los grupos residentes de humanos arcaicos como los neandertales o los denisovanos. Sin embargo, subraya la experta, los hallazgos de las últimas décadas muestran que la genética no sostiene tal modelo. «Las claras evidencias de reticulación entre poblaciones divergentes (neandertales, denisovanos, sapiens) rechazan las predicciones de los modelos filogenéticos ramificados sin reticulación», afirma convencida Ackermann.

Insistiendo sobre este candente tema, la especialista ha declarado, junto a los miembros de su equipo de trabajo, que «pese a que la importancia de la hibridación para dar forma al genotipo y al fenotipo de Homo sapiens sigue siendo discutida, las recientes investigaciones genómicas demuestran que la hibridación entre linajes sustancialmente divergentes es la norma y no la excepción en la evolución humana». Y subraya, además, que «las poblaciones pertenecientes a linajes aislados intercambiaron genes en un importante proceso que ha influido en la variabilidad genética de nuestra especie».

Según Ackermann, la mezcla de diferentes linajes puede haber proporcionado variabilidad al patrimonio genético, favoreciendo la innovación evolutiva. En sus propias palabras, «las evidencias actuales sobre la hibridación en el proceso evolutivo humano sugieren que tal intercambio de genes no solo fue importante, sino que fue una fuerza creativa esencial en la emergencia de nuestra variable y adaptable especie».

De hecho, continúa la científica, cada vez surgen más datos genéticos que muestran que la hibridación o introgresión (término usado por la comunidad especializada para hacer referencia al movimiento de genes de una especie a otra) ha contribuido a dar forma a la diversidad humana. «Los nuevos resultados revelan que las redes o trenzados, opuestas a los árboles, han sido de suma utilidad en la relación entre las especies y las poblaciones, como se infiere de los datos moleculares […]. La separación de los linajes, seguida de nuevos contactos y mezclas, es parte del proceso evolutivo humano y no puede ignorarse», alega Ackermann con firmeza, citando que «los estudios recientes señalan un complejo cuadro de divergencia y re-confluencia de linajes».

Asimismo, Rebecca Ackermann ha señalado que «el cambio de narrativa [acerca de nuestra evolución] quizás no sea tan sorprendente si se considera en un contexto más amplio». La investigadora explicita que la hibridación, resultante del flujo de genes juega, junto a la selección natural, un importante papel en el surgimiento de nuevas especies en diversos grupos de animales. Además, recuerda que la mezcla de genes de diferentes linajes también puede haber influido en la extinción, ya que hay muchos ejemplos de especies morfológicamente distintas cuya presencia en el registro fósil parece desvanecerse o cesar con el tiempo. En suma, el intercambio génico entre linajes divergentes puede generar gran número de resultados según las condiciones ambientales bajo las cuales sucede.

Introgresión del sapiens en los neandertales asiáticos. Nature.

Ackermann y colaboradores consideran la emergencia de nuestro linaje como un proceso continuo y dinámico, donde no está claro un punto de partida o un punto final, sino más bien un repetido proceso continuo o regular, de divergencia e hibridación en múltiples puntos de la historia evolutiva. Es la dinámica de esta divergencia repetida del linaje la que ha producido la variación observable de nuestro genoma actual».

Asimismo, recuerda que todos los genomas investigados hasta la fecha contienen indelebles rastros de nuestra historia evolutiva: han revelado que los humanos modernos no africanos contienen en torno al 2 % de ADN de origen neandertal. Además, los datos genéticos hasta ahora han confirmado que los neandertales no entraron en África.

Ante esta tesitura, Rebecca Ackermann propone valientemente la ruptura de viejas trincheras. Si ahora que se sabe que los neandertales y los denisovanos (y potencialmente otro linaje arcaico) son parte de los antepasados de mucha gente actual, cabe preguntarnos: ¿es válido excluirlos de nuestra especie?

La hibridación, continúa argumentando Rebecca Ackermann con notable perspicacia, ha «invalidado la división de los fósiles de nuestros antepasados estrictamente en unidades discretas o especies, al menos desde el punto de vista biológico, pese a que tal división resulte heurísticamente útil». Con este término la científica se refiere a una ventaja analítica para entender mejor la cuestión, o sea, a una técnica de la construcción del conocimiento para resolver problemas.

Ackermann sostiene que los humanos son híbridos ya que durante un tiempo muy largo han migrado, interactuado e intercambiado genes y cultura. Según su criterio, los encuentros e intercambios representan un rasgo muy humano que dificulta categorizar a la gente en unidades discretas.

En un artículo sobre la emergencia de la complejidad y novedades en el registro fósil humano, Ackermann insiste en la verosimilitud de  que «algunas de nuestras capacidades asociadas con la condición de humanidad moderna, emergieran a partir de un proceso reticulado de intercambio de genes, más que del escenario clásico donde un grupo en una región concreta habría adquirido capacidades adaptativas superiores reemplazando a otros». Además, reitera que «una repetida historia de la evolución, particularmente en el último millón de años, pero incluso más atrás en el pasado, hace muy difícil señalar un lugar y un tiempo en que surgió lo “humano”. Debemos por lo tanto ser muy cautelosos con nuestra interpretación de los cambios que observamos en el registro fósil, incluyendo la emergencia de rasgos que consideramos propios de las destacadas capacidades intelectuales de nuestra especie».

Los orígenes de Homo sapiens fueron más complejos de lo supuesto

En la misma línea de investigación que Rebecca Rogers Ackemann, un creciente colectivo de equipos está esgrimiendo argumentos a favor de la importancia de la hibridación en el proceso evolutivo humano. A título de ejemplo, citemos que en junio de 2020 salía a la luz en la revista Genetics un artículo firmado por el experto de biología evolutiva de la Universidad de Buffalo, USA, Omer Gokcumen y su equipo de trabajo, donde proclamaban que «la hibridación entre Homo sapiens y otras especies humanas constituye uno de los campos de investigación más interesantes surgidos en las últimas décadas». En su cuidado trabajo, Gokcumen afirmaba que «parece que la historia de la evolución humana no se asemeja tanto a un árbol con ramas que simplemente crecen en diferentes direcciones. Resulta que las ramas presentan muchas conexiones entre ellas. La historia ya no es tan ordenada como se creía antes».

Al respecto, el científico añade que «la hibridación no implica un único proceso de intercambio de material genético, sino que es una auténtica telaraña de interacciones que sucedieron una y otra vez, donde diferentes homininos antiguos interactuaron entre sí». Siguiendo la senda que Rebecca R. Ackermann, y cada vez más especialistas, Gokcumen et al. sostienen que numerosos estudios han demostrado diversos casos de hibridación entre neandertales, denisovanos y potencialmente otra población de homininos aún desconocida, a la que, por este motivo, indica el científico, suele llamarse «población fantasma».

Dentro de este contexto, la doctora Katerina Douka del Departamento de Arqueología del  Max Planck Institute for the Science of Human History,  y sus colegas, apuntaban en 2017 que «los avances tecnológicos en el campo del análisis del ADN antiguo han permitido obtener datos no contaminados del genoma de fósiles procedentes de homininos que han mostrado un claro grado de hibridación entre los humanos modernos y los neandertales». Asimismo, continúa Douka, «tuvo lugar un flujo de genes entre denisovanos y una población hominina aún no identificada que podría ser H. erectus».

Igualmente, los investigadores Montgomery Slatkin y Fernando Racimo, de la Universidad de Berkeley, California, publicaban en el año 2016 un artículo defendiendo que «los cruzamientos entre los humanos modernos, los neandertales y los denisovanos han permitido desenmarañar complejos procesos de la historia de los homininos». Valgan estos ejemplos para confirmar que el número de equipos de investigación que sostienen la importancia de la hibridación en la historia evolutiva humana es cada vez más amplio.

Sin pretender profundizar en los debates generados, resulta bastante evidente que los novedosos estudios apoyados en datos procedentes de la genética molecular, están contribuyendo a mejorar los conocimientos, sobre todo en lo que puede haber sucedido cuando una población de humanos modernos salió de África y llegó a Oriente Próximo, Europa y Asia. La mayor parte de los resultados obtenidos revela una creciente complejidad en el cuadro de la historia de las poblaciones humanas en Eurasia, sugiriendo múltiples oleadas de migraciones a través del continente y repetidos episodios de mezclas con humanos arcaicos como los neandertales y los denisovanos y probablemente otros homininos aún no identificados.

Como muy bien subraya Katerina Douka, el panorama puede volverse todavía más complejo, ya que en el enorme continente asiático existen grandes franjas de territorios que permanecen sin explorar, así como yacimientos previamente identificados cuyos materiales necesitan un estudio renovado. Douka ha afirmado en más de una ocasión que «Asia es un continente que tiene mucho que ofrecer a la investigación sobre los orígenes humanos modernos, a lo que pensamos y sabemos sobre nuestra evolución e historia […]. Hay gran cantidad de datos significativos surgiendo de este continente que nos impulsan a volver la cabeza hacia él».

Katerina Douka hace referencia a que gran parte de los estudios del ADN antiguo se han realizado sobre la prehistoria de los europeos y del oeste asiático, pero ha llegado el momento de desplazar el foco de mayor atención hacia otras regiones hasta ahora poco estudiadas. Asia en particular se ha estudiado escasamente en relación con el tamaño de este continente, por lo que la riqueza de sus fósiles resulta muy prometedora.

La explosión de datos genéticos de poblaciones, tanto de humanos hoy existentes como de humanos antiguos, ha generado una fascinante e inesperada nueva visión de nuestro pasado. Los rápidos progresos de las investigaciones sobre ADN antiguo continuarán ofreciéndonos asombrosos resultados que podrían acabar con los paradigmas actuales, y que finalmente nos compensarán con una visión más rica de nuestra historia y de la magnífica participación de las científicas en contextos de indiscutible vanguardia.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

4 Comentarios

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VICTOR UMPIERREVICTOR UMPIERRE

El sexo siempre se mantuvo en toda la etapa evolutiva de la especie humana donde la manifestación fenotípica fue cambiando progresivamente en el tiempo donde el medio ambiente jugo un papel importante. clima y la alimentación en el rostro de la especie en cada momento

Carolina Martínez PulidoCarolina Martínez Pulido

Gracias por tu comentario, Víctor. Es cierto que el sexo se mantuvo en nuestra historia evolutiva. Pero lo novedoso y altamente interesante es la hibridación, o sea, sexo entre especies distintas con nacimiento de crías sanas y vigorosas capaces de llegar a la edad adulta y reproducirse. Estos cruces entre especies se sospechaban en algunos casos, pero se pensaba que no tenían descendencia o esta era estéril. Antes de las técnicas moleculares no se conocía con certeza la existencia de híbridos fértiles.
Un saludo.
Carolina

La Luna Granada

Muy interesante esa valoración y reflexión, son cosas que muchas veces no nos paramos a pensar pero son super interesantes.

Carolina Martínez PulidoCarolina Martínez Pulido

Gracias por tu comentario, Laura. Ciertamente, la hibridación entre humanos de especies distintas, demostrada actualmente gracias a las técnicas más recientes de la biología molecular, nos están revelando importantes comportamientos entre nuestros antepasados cuyo papel hasta ahora no se había sido tenido en cuenta y que es muy probable que modifiquen muchos de los modelos propuestos acerca de nuestros orígenes. Un cordial saludo.

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