La siempre intrigante dispersión de Homo sapiens: perspectivas actuales

Katerina Douka.

El ámbito de estudio sobre el origen y la evolución de los humanos modernos, esto es nuestra especie, hasta la última década ha estado ampliamente dominado por los hallazgos procedentes de yacimientos situados en Europa y África. Equipos multidisciplinares e internaciones a lo largo de prolongadas y extensas campañas de investigación, rutinariamente han brindado numerosos descubrimientos procedentes de estos dos continentes.

Al respecto, en una interesante revisión publicada en la revista Science en 2017 la investigadora Katerina Douka, junto a otros especialistas, ha puntualizado que el registro fósil de Asia es poco conocido porque durante largo tiempo se le ha dedicado muchos menos esfuerzos de investigación sistemática y de larga duración.

En las últimas décadas, sin embargo, la comunidad científica especializada ha modificado notablemente su foco de atención gracias al acelerado enriquecimiento del registro fósil procedente de Asia, hecho al que han contribuido destacadas investigadoras como Viviane SlonSamantha Brown, Dongju Zhang, Katerina Harvati, Qiaomei Fu y otras. El cambio de perspectiva es tan acusado que está provocando una verdadera revolución en este amplio y complejo campo de trabajo. Como afirma Douka, «los nuevos descubrimientos estimulantes y no anticipados reclaman la necesidad de reexaminar críticamente el registro fósil asiático».

Valga apuntar que cada vez más expertas y expertos coinciden al denunciar que el abandono del continente oriental ha sido poco afortunado porque éste posee un gran potencial paleoantropológico [recordemos que la paleoantropología es la disciplina que estudia la evolución humana en sus múltiples facetas]. De hecho, a finales del siglo XIX tuvieron lugar importantes descubrimientos de fósiles humanos como, por ejemplo, el realizado por el célebre médico holandés Eugene DuBois (1858-1940), quien en el año 1891 halló el primer hominino fuera de África, Homo erectus, en la isla de Java. Igualmente, es de interés citar los abundantes hallazgos procedentes de China, clasificados como pertenecientes a la subespecie Homo erectus pekinensis, descubiertos entre 1921 y 1937.

Reconstrucción facial forense del Homo erectus pekinensis. Imagen: Wikimedia Commons.

Además, el olvido de Asia ha sido lamentable porque su masa de tierra es mucho mayor que Europa o que África, y porque abarca un enorme rango de ambientes, incluyendo bosques tropicales, desiertos, estepas, zonas de permafrost (suelos permanentemente congelados), caudalosos ríos y poderosas montañas. A lo que cabe añadir que, a lo largo de la historia de la Tierra la región del sudeste asiático pasó por épocas en las que el nivel de los mares descendió significativamente, generando corredores o pasillos que conectarían varias islas formando grandes masas de tierra. Al respecto, Katerina Douka sostiene que «la topografía, geografía y ambientes de Asia habrían sido lo suficientemente dinámicos como para permitir la expansión, contracción y extinción de las poblaciones humanas».

En suma, a partir de los últimos diez años, la plétora de hallazgos procedentes de nuevas investigaciones, así como el re-análisis de yacimientos y materiales previamente identificados, han llevado a la comunidad de especialistas a poner en cuestión los modelos tradicionales hasta hace poco asumidos. En la actualidad, resulta indiscutible la necesidad de incluir al continente asiático y sus más que interesantes yacimientos en un nuevo modelo innovador del proceso evolutivo humano.

Katerina Douka y sus colegas han destacado al respecto que «cualquier sugerencia acerca de que las poblaciones de Homo erectus de China e Indonesia vivieron durante largo tiempo en aislamiento y fueron los antepasados directos de los chinos modernos y los australianos aborígenes, ha quedado totalmente desfasada». En su lugar, hoy sin duda alguna, está emergiendo un cuadro mucho más complejo.

Con el fin de intentar aclarar los modelos que afloran en el horizonte, la comunidad especializada se plantea, entre otras diversas cuestiones, el reto de responder a la luz de los nuevos datos cómo y cuándo salieron nuestros antepasados de África.

¿Homo sapiens salió solo una vez de África o lo hizo en varias oleadas?

Pese a que, en general, se acepta que H. sapiens surgió en África, la llegada inicial y supervivencia de los primeros humanos modernos en diferentes regiones del mundo continúa siendo fuertemente debatida. Los novedosos hallazgos procedentes de la arqueología, la paleontología de homininos, la genética y otras disciplinas, confirman que el modelo hasta ahora admitido necesita una revisión crítica y cuidada.

Una parte significativa de la comunidad especializada, como por ejemplo, las expertas Katerina Douka, María Martinón-Torres, Eleanor M. L. Scerri, Nicole Boivin y Maud H. Devès, junto a un listado creciente de especialistas, sostienen que hoy ya no puede asumirse que Homo sapiens salió de África hace unos 60 000 años en una única dispersión hacia Eurasia. Por el contrario, se deben evaluar con mucha más profundidad distintas rutas migratorias, considerando que los datos disponibles apuntan a un modelo de dispersión múltiple, anterior a 60 000 años, al tiempo que es urgente revisar una faceta fundamental: cómo y cuándo se colonizó Asia.

Levante mediterráneo. Wikimedia Commons.

El modelo que hasta ahora más atención ha recibido sostiene, como hemos apuntado, una única dispersión principal, aunque también admite la existencia de cortas migraciones anteriores hacia el Levante Mediterráneo. No obstante, como refiere Katerina Douka, éstas «se han considerado de escala menor para todo interés o propósito, o sea, que evolutivamente fue una ruta muerta».

Los últimos resultados están abriendo un paisaje considerablemente más amplio. Apoyan cada vez con mayor insistencia un escenario de migraciones que incluye la posibilidad de múltiples dispersiones desde África que habrían empezado mucho antes de los supuestos 60 000 años; incluso, por los menos, unos 120 000 años atrás.

El equipo de investigación dirigido por Huw S. Groucutt, director del Max Planck Research Group Extreme Events  y del que forman parte las citadas investigadoras Eleanor M. L. Scerri, Laura Lewis, Nicole Boivin y Maud H. Devès, en un interesante artículo publicado en 2015 llaman la atención señalando que si bien Homo sapiens se originó en África hace en torno a 120 000 años, hay que tener presente que alrededor de 12 000 años atrás, nuestra especie ya estaba distribuida por todos los continentes, excepto la Antártida, estableciendo los cimientos para los subsiguientes cambios demográficos y culturales que tendrían lugar con posterioridad.

Son precisamente los procesos que intervinieron en ese período de unos 100 000 años, corto desde el punto de vista evolutivo, los que actualmente constituyen el centro de intensos debates, ya que representan un tema clave para los estudios de la evolución humana. Al respecto, en el trabajo de 2015 Groucutt y colegas revisan multitud de datos arqueológicos, fósiles, condiciones ambientales y genéticas en un esfuerzo para ampliar los conocimientos sobre la dispersión de Homo sapiens fuera de África.

Por consiguiente, el paisaje sobre el proceso de dispersión al que llega este equipo sugiere una dinámica variedad de comportamientos, complejas interacciones entre las poblaciones, y un intrincado legado genético y cultural. El equipo de Groucutt concluye que la complejidad evolutiva e histórica desafía las narrativas simples y sugiere modelos combinados multidisciplinares para intentar arrojar más luz sobre la expansión de Homo sapiens por Eurasia.

En la figura de debajo (tomada del trabajo de Bae, Douka y Petraglia, 2017), podemos observar los mapas de los yacimientos y las rutas migratorias postuladas asociadas con las migraciones de los humanos modernos a través de Asia durante el Pleistoceno Superior (hace entre 120 000 y 12 000 años).

Mapas de los yacimientos y las rutas migratorias postuladas asociadas con las migraciones
de los humanos modernos a través de Asia durante el Pleistoceno Superior.

Las vías más ampliamente señaladas por los y las especialistas, aunque no son las únicas, proponen como punto de partida el noreste africano; a partir de esta región, sugieren como hipótesis dos sendas distintas: la primera, llamada ruta del norte, indica que cruzaron por el norte de Egipto y la Península de Sinaí; mientras que la segunda, denominada ruta del sur,  implica atravesar el estrecho de Mandeb [que enlaza el cuerno de África, al oeste, con el continente asiático al este, a través del sur del Mar Rojo] hasta Yemen, en el sur de la Península Arábica (Bae, Douka y Petraglia, 2017).

La salida a través de la Península de Sinaí es considerada la más probable y ampliamente admitida por tratarse del único paso de tierra existente, y por ello sería la ruta mayoritaria para abandonar África. La otra ruta, requiere atravesar el Mar Rojo, lo que habría hecho necesaria algún tipo de balsa o barcaza, y por tanto tiene menor aceptación pues no existen pruebas de que los humanos de aquella época las construyesen.

La ruta de dispersión a través del Sinaí implica desplazamientos hacia el este hasta alcanzar el Levante Mediterráneo. Las evidencias que sostienen este modelo incluyen los yacimientos de humanos modernos de Skhul y Qafzeh en Israel, cuya antigüedad oscila entre 120 000 y 90 000 años; en ellos se han hallado conjuntos de utensilios que muestran similitudes tecnológicas con los del noreste de África. Después de este período no hay pruebas de la presencia de los humanos modernos en el Levante hasta hace unos 55 000 años. Debido a esa falta de evidencias, ha señalado Katerina Douka, la migración temprana de humanos modernos hacia el Levante ha sido habitualmente considerada como un acontecimiento de dispersión fallido.

Con respecto a este tema, en enero de 2018 se produjo una importante conmoción entre la comunidad especializada al publicar la prestigiosa revista Science un artículo titulado Los primeros humanos modernos fuera de África (The earliest modern humans outside Africa). Los investigadores principales eran el paleoantropólogo de la Universidad de Tel Avid Israel Hershkovitz y la arqueóloga de la Universidad de Haifa, Mina Weinstein-Evron. El equipo firmante, además, estaba formado por más de treinta personas entre las que figuran numerosas científicas, de las que al menos cuatro son españolas: María Martinón-Torres, Laura Martín-Francés, Laura Rodríguez y Rebeca García.

El trabajo llamó poderosamente la atención porque sugería que Homo sapiens podría haberse dispersado por la Península Arábica hace alrededor de 180 000 años; por lo tanto, mucho antes de lo que previamente se había pensado. Tal afirmación se basaba en el hallazgo de una mandíbula superior con ocho dientes encontrada en la cueva de Misliya, la más alta de las cuevas de Monte Carmelo situada solo unos pocos kilómetros alejada de la citada cueva de Skhul, en el norte de Israel.

Sitio prehistórico de la cueva Milsiya (Monte Carmelo, Israel). Wikimedia Commons.

Como ha señalado el acreditado periodista científico y editor de la revista Nature, Ewen Callaway, diversos especialistas como María Martinón-Torres o Huw Groucutt, junto a muchos otros, confirmaron que los restos pertenecían claramente a H. sapiens, y que su edad parecía correctamente estimada. Por su parte, John Shea, arqueólogo de la Universidad de Stony Brook en Nueva York, afirmaba que según su criterio, el fósil podría indicar que Israel y el resto de la Península Arábica fueron parte de una región más grande en la cual evolucionó H. sapiens.

Ampliando su novedosa conclusión, Shea sostiene que «tendemos a pensar en Israel como parte de Asia por razones geopolíticas, pero es realmente una zona de transición entre el norte de África y el oeste de Asia» y, continúa argumentando, «gran número de animales afro-árabes viven ahí, o lo hicieron hasta recientemente, incluyendo leopardos, leones, cebras… Homo sapiens muy bien podría ser solo otra de las especies afro-árabes».

Según este razonamiento, la mandíbula de Misliya no solo adelanta en al menos 60 000 años el éxodo de nuestros antepasados, sino que también podría poner en tela de juicio el origen puramente africano de H. sapiens. Al respecto, María Martinón-Torres apunta que «o los sapiens salieron de África antes de lo que creíamos o surgieron de forma conjunta en una zona más amplia de lo que se pensaba».

Sea como fuere, han especificado Katerina Douka y sus colegas, es necesario más trabajo de investigación para certificar si los humanos modernos, atravesaron mayoritariamente la ruta terrestre a través del Sinaí, o bien lo hicieron por la citada ruta del sur, o quizás por ambas. En cualquiera de los supuestos, se presume que fueron capaces de seguir una amplísima y compleja irradiación que incluyó a Eurasia, desde la península ibérica hasta el archipiélago japonés, a Australia y a Oceanía, y finalmente al Nuevo Mundo.

A esa inmensa dispersión, hay que añadir que aquellos extensos territorios no estaban todos vacíos; Eurasia estaba habitada, al menos, por otras especies humanas como los neandertales, los denisovanos y Homo floresiensis. ¿Qué ocurrió cuando estos homininos se encontraron? Hoy resulta claro que tales encuentros revelan una historia demográfica notablemente más compleja que la supuesta; todo parece indicar que Homo sapiens no sustituyó a las poblaciones indígenas, sino que se relacionó con ellas.

En una próxima entrada haremos referencia a la posible naturaleza de los encuentros entre homininos y sus sorprendentes consecuencias. Seguiremos, además, haciendo hincapié en las valiosas aportaciones realizadas por diversas expertas. Un aspecto que no sería necesario destacar si no fuera porque la ciencia actual aún no se ha desprendido por completo de los añejos ropajes sexistas que la vienen impregnando desde hace siglos.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

2 Comentarios

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Luis CerveraLuis Cervera

Considero que el hombre fue evolucionando en diferentes estadios y que no necesariamente todo surge en un solo punto ya que la tierra tenía condiciones similares en varios lugares al mismo tiempo. Hay más registros en África por sus condiciones climáticas. Sin embargo es muy intetesante conocer otras teorías .

Carolina Martínez PulidoCarolina Martínez Pulido

Hola Luis. Durante largo tiempo se pensó que la humanidad se originó en África, al principio se creyó que en el sur, luego que el origen estuvo en el noreste Sin embargo, los nuevos hallazgos están cambiando esa idea y, como tu dices, es posible que el origen haya ocurrido en más de un sitio a la vez. Incluso hay que tener en cuenta que los yacimientos asiáticos están dando restos fósiles que podrían modificar los modelos hasta ahora aceptados. De momento, la comunidad científica especializada está debatiendo intensamente el tema.
Gracias por tu comentario. Un saludo
Carolina

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