Dorothy Liddell, la maestra de arqueólogas que no tenía títulos académicos ni formación reglada

Dorothy Liddel.

Dorothy Liddell es conocida, sobre todo, por haber sido la maestra y mentora de Mary Leakey, antropóloga y arqueóloga que formó parte del equipo que descubrió varios fósiles clave en el estudio de la cadena evolutiva del ser humano. Pero Liddell fue, además, una gran arqueóloga ella misma, participante en importantes investigaciones a pesar de que no tuvo acceso a una educación formal en la materia.

Liddell nació en 1890 en Benwell, Inglaterra, hija del próspero director de una compañía de seguros y juez de paz. Eran siete hermanos y a pesar de que se mudaron varias veces durante su infancia, crecieron todos como una familia muy unida, con intereses filantrópicos e implicados en la comunidad en la que vivían. A Liddell su familia la llamaba a veces Tabitha, un personaje que había creado para entretener a los soldados convalecientes en la localidad en la que vivían durante la Primera Guerra Mundial.

Recibió una educación habitual para las mujeres en su época, con institutrices y tutores en casa. Tocaba aceptablemente el violín y llegó a ser presentada ante la Corte británica como debutante, una tradición que marcaba cuándo una mujer pasaba a estar en edad de casarse. Durante una temporada trabajó como enfermera en el hospital local. Tras la muerte de su hermano Aidan en el conflicto bélico y el cierre del hospital, trabajó con la Cruz Roja hasta el final de la guerra, recibiendo una MBE (Medalla del Imperio Británico) por sus servicios.

El salto a la arqueología en Windmill Hill

Centró su interés en la arqueología. Entre 1925 y 1929 comenzó a trabajar en las excavaciones de Windmill Hill, en el emplazamiento de Avebury y en 1929 comenzó a trabajar para la Sociedad Arqueológica de Devon para llevar a cabo trabajo de campo. La sociedad, que había sido fundada el año anterior, trataba de desvelar lo enterrado en Dartmoor y Exmoor, dos áreas que fueron escenario de actividad humana en la antigüedad y comenzaban a ser excavadas en el momento en que Liddell se incorporó al proyecto.

Hoy la zona es Patrimonio de la UNESCO, considerada el emplazamiento de una sociedad agraria alrededor del año 3 500 a. C. Allí Liddell descubrió instrumentos de cerámica que habían pertenecido a habitantes prehistóricos de Inglaterra y que, ella fue la primera en darse cuenta, estaban decorados utilizando huesos de aves como punzones e instrumentos para grabar la cerámica aún blanda. El descubrimiento de Liddell no era solo señal de la presencia de una cultura prehistórica en la zona, sino también de la habilidad y la inteligencia de sus habitantes.

Formación e inspiración para Mary Leakey

Este trabajo la llevó a conocer a Mary Leakey cuando ésta tenía 17 años. Liddell le dio sus primeras nociones de arqueología en el yacimiento neolítico de Hembury, en Devon, de 1930 a 1935. Leakey trabajó con Liddell y su equipo durante varios veranos y aprendió con ella durante cuatro años, ejerciendo una gran inspiración tanto como arqueóloga como como mujer: “Fue de gran ayuda formándome, enseñándome cómo cavar adecuadamente y dejando muy claro que las mujeres podían subirse a lo más alto de los árboles”, diría Leakey después.

Dorothy Liddell mirando un espécimen en Hembury Hillfort.

Liddell vio pronto su talento e incluyó algunas de sus ilustraciones sobre los instrumentos de piedra en sus publicaciones sobre Hembury. También se las enseñó a Gertrude Caton-Thompson, otra arqueóloga que a su vez sería quien más adelante presentaría a la joven aprendiz a Louis Leakey, el que sería su marido y junto con el que formaría uno de los más importantes equipos en la historia de la arqueología.

Además del escenario del éxito de Liddell y los primeros pasos en la arqueología de Leakey, el yacimiento de Hembury fue significativo en el mundo de la arqueología. Los expertos creían que se trataba de un asentamiento de la Edad de Hierro, pero Liddell descubrió la entrada a un recinto elevado con una serie de agujeros para colocar postes en forma ovalada que hacían pensar que el fuego había destruido aquel edificio, lo cual situaba el yacimiento en el Neolítico y la guerra como una situación común por entonces en el territorio que hoy es Inglaterra.

Además de este espacio cerrado, Liddell y Leakey descubrieron instrumentos de cerámica iguales a los que aparecieron en otros enclaves, como Chassay y Fort Harrouard. Más tarde, en la década de los 60, aparecería carbón en el yacimiento, fortaleciendo la hipótesis del fuego. La propia Liddell desenterraría más yacimientos, por ejemplo una serie de chozas ocupadas por romanos en la Granja Choseley, en Odiham.

Una inspiración para las que vinieron detrás

Aunque no había recibido una formación arqueológica profesional, su trabajo tuvo un gran impacto en la historia de la arqueología y sus descubrimientos sirvieron para conocer mejor el pasado prehistórico de su país.

Pero quizá su mayor legado fue la influencia e inspiración que supuso para otras mujeres que vinieron después y que decidieron dedicar su carrera a la paleoantropología: no dejó que la falta de títulos académicos o de formación, algo que solía mantener alejada a las mujeres de la investigación, la alejasen del interés que sentía por las culturas prehistóricas, y eso la convirtió en un modelo a seguir para otras mujeres, así como en una figura relevante en el campo de la arqueología.

Referencias

Sobre la autora

Rocío P. Benavente (@galatea128) es periodista.

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