Economía doméstica esencial, ¿sólo en tiempos de guerra?

El 7 de diciembre de 1941 cambiaron muchas cosas en Estados Unidos tras su entrada en la Segunda Guerra Mundial. Una de ellas fue la introducción del racionamiento de alimentos. El 30 de enero de 1942, el presidente Franklin Delano Roosevelt firmó la Ley de Control de Precios de Emergencia, que permitió a la Oficina de Administración de Precios (OPA) sentar las bases de dicho racionamiento.

Hombres, mujeres y niños recibieron sus libretas para canjear puntos por comida. Los alimentos se clasificaron según un sistema de puntos rojos y azules: 64 puntos rojos, que incluían carne, pescado y productos lácteos, para ser usados en el plazo de un mes y 48 puntos azules para otros productos, incluidos los alimentos enlatados y embotellados, también por mes. La OPA determinó la cantidad de puntos necesarios para las mercancías en función de la disponibilidad y la demanda. Los valores de los puntos subían o bajaban en consecuencia. El azúcar fue uno de los primeros artículos racionados y durante más tiempo, desde 1942 hasta 1947. Otros alimentos que podían obtenerse con puntos eran el café, el queso y los alimentos secos y procesados.

Miembros de la British Women’s Land Army cosechando remolacha (hacia 1942/43). Wikimedia Commons.

Es evidente que la guerra impondría un esfuerzo adicional al sector agrícola que debía abastecer a los que se quedaban en el país y a los que fueron llamados a filas. La superficie cultivada y el rendimiento agrícola aumentaron durante la guerra, pero no podemos olvidar que muchos hombres abandonaron las granjas para unirse al ejército o trabajar en industrias de guerra. Entonces, ¿cómo se resolvió esta aparente contradicción? En una visita a Inglaterra en 1942, Eleanor Roosevelt quedó impresionada con el funcionamiento del Women’s Land Army que involucraba a las mujeres en tareas agrícolas y de aprovechamiento de productos naturales. Al regresar a Estados Unidos, comenzó a presionar para que se estableciera un sistema similar. Algo parecido ya se había implementado durante la I Guerra Mundial, pero con pocas mujeres implicadas y sin ayudas estatales. Aunque el Departamento de Agricultura (USDA) se resistió a poner en marcha esta iniciativa, en 1943, el Congreso aprobó el Programa de Emergencia Laboral Agrícola, creando el Women’s Land Army of America, o como se le conoció, el Women’s Land Army (WLA). Alrededor de 2,5 millones de mujeres trabajaron en la WLA durante la guerra, de las cuales más de la mitad no pertenecían al entorno rural, es decir, no sabían demasiado de semillas y cosechas.

A partir de la creación de este programa, el USDA alentó a cultivar alimentos en jardines familiares y comunitarios, algo parecido a huertos urbanos, conocidos como Victory Gardens. Se instó a la gente a plantar en estos espacios para compensar las raciones de alimentos, agregar vitaminas a su dieta y apoyar el esfuerzo de guerra. Los historiadores estiman que en 1943 se cultivaron hasta 20 millones de Jardines de la Victoria, lo que ayudó a satisfacer las necesidades del país.

El Servicio de Extensión del USDA jugó un papel vital en la alimentación de familias, tropas y aliados durante la guerra; creado en 1914 por la Ley Smith-Lever, este servicio se estableció como una organización nacional del USDA junto con las universidades estatales que se repartieron la tarea de apoyar y formar a las familias sobre la eficiencia agrícola y doméstica. Una de estas tareas fue enviar a las casas, tanto en el campo como en la ciudad, a expertas en economía doméstica como Florence L. Hall y Grace E. Frysinger, a las que conoceremos un poco más al final del texto, pero adelantamos que su labor fue clave formando a otras mujeres.

Afiche de la Segunda Guerra Mundial promoviendo
los jardines de la victoria. Wikimedia Commons.

El USDA estableció también centros comunitarios de enlatado como parte de sus actividades para ayudar a las familias. Los centros de conservas y el trabajo de los agentes, en su mayoría mujeres, del Servicio de Extensión se volvieron esenciales para los estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Se alentó a las mujeres a mantener a sus familias enlatando productos cultivados por ellas. Los funcionarios del gobierno pidieron a los ciudadanos que planificaran sus actividades en los huertos y jardines anticipando los procesos de enlatado que pudieran necesitar y que lo tuvieran en cuenta en el momento de seleccionar y plantar las semillas. La conexión de las dos actividades aseguró los magníficos resultados del programa Victory Gardens que alcanzó su punto álgido en 1943, y los del proceso de enlatado, que consiguió aproximadamente 4 mil millones de latas y tarros de alimentos, tanto dulces como salados, en ese mismo año. En 1945, el USDA declaró que había 6.000 centros de conservas repartidos por todo el país.

El gobierno publicó prácticos boletines que describían el tratamiento de productos naturales, incluido el baño María y el uso de las ollas a presión con pautas en cuanto a tiempos de cocción y temperaturas para la conservación de diferentes alimentos. El azúcar fue una de las principales preocupaciones de las encargadas de conservar; una enlatadora podía enviar una solicitud para obtener hasta 20 libras de azúcar adicionales para sus necesidades de conservación, pero a veces no era posible y dependían del suministro a nivel estatal. Las mujeres a cargo de estos espacios supervisaban e instruían a los usuarios en las técnicas de enlatado. La gente, la mayoría mujeres, llevaba sus productos crudos al centro y pagaba una pequeña tarifa o donaba una pequeña cantidad de sus alimentos en conserva a cambio del uso de materiales comunes. Con el control estricto de artículos de metal indispensables para el esfuerzo de guerra (para hacer proyectiles, piezas de vehículos, armas, etc.), las ollas a presión dejaron de fabricarse durante gran parte de la Segunda Guerra Mundial. Los centros ofrecieron la posibilidad de utilizar este equipo a quien no lo tuviera o no pudiera pedirlo prestado a familiares o amigos.

El país ya había vivido otros tiempos de escasez y algo similar ocurrió durante la Primera Guerra Mundial; también fueron mujeres las que, en esa ocasión, compartieron sus conocimientos sobre economía doméstica, consumo racional y conservación de los alimentos. Estos cursos se volvieron cruciales a raíz de la Gran Depresión. Las dificultades económicas obligaban al aprovechamiento y optimización de recursos.

Si pensamos en la situación de escasez y precariedad actual de muchas familias en cualquier parte del mundo, la posibilidad de complementar una alimentación escasa cultivando y conservando sus productos, puede ser una ayuda valiosa. El Servicio de Extensión del departamento de agricultura de Estados Unidos sigue funcionando y apoyando la demanda de las personas que quieren aprender a producir y conservar sus alimentos. Las sucursales de la organización ofrecen cursos sobre conservas en todo el país y tanto mujeres como hombres muestran un renovado interés en este tema.

Hemos nombrado a dos mujeres implicadas y comprometidas en la formación de otras muchas que se propusieron gestionar el alimento de sus familias y aprender nuevos métodos de conservación.

Florence L. Hall (1888-1982), Nació en Michigan. Sus padres eran dueños de una granja y fue allí donde Hall creció, aprendiendo sobre prácticas agrícolas desde muy pequeña. Al terminar la escuela secundaria, asistió al Departamento de Economía Doméstica del Michigan Agricultural College. En 1909, obtuvo una licenciatura en economía doméstica y comenzó a dar clases en Lansing, Michigan. Sin embargo, con la llegada de la Primera Guerra Mundial, asumió un nuevo puesto como agente para hacer demostraciones en el país con el gobierno federal. En este cargo, dio varias charlas a mujeres que vivían en zonas urbanas y rurales sobre cómo lidiar con la escasez de alimentos, ropa y enseres domésticos durante la guerra; enseñó a las mujeres a aprovechar alimentos con recetas útiles, a reducir desperdicios y a remendar la ropa.

Florence Hall (1943). Imagen: Wikimedia Commons.

Después de la Primera Guerra Mundial, Hall comenzó a trabajar para la Oficina de Industria Láctea. Organizaba talleres para grupos agrícolas y comunitarios de todo el país sobre temas relacionados con este sector. En 1928, se convirtió en economista doméstica senior en el Servicio de Extensión del USDA. Impartía formación no reglada sobre economía doméstica y otras habilidades de gestión familiar. Hall permaneció en este cargo hasta la Segunda Guerra Mundial.

A partir de entonces, el USDA fue el responsable de organizar el trabajo agrícola. Muchas granjas se quedaron sin mano de obra y algunos funcionarios apoyaron la idea de Eleanor Roosevelt de emplear mujeres. Sin embargo, muchos otros en el gobierno se mostraron reacios. Para resolver el debate, en noviembre de 1942, el USDA creó un comité formado por mujeres economistas en el que estaban Grace E. Frysinger y Hall. Sus aportaciones persuadieron a los funcionarios para crear el Women’s Land Army.

Los antecedentes rurales de Hall, su experiencia en economía doméstica y su larga carrera en el USDA la convirtieron en la candidata ideal para dirigir el WLA. Fue nombrada directora en abril de 1943. Supervisó todas las operaciones del programa. Cada autoridad estatal y local organizó sus propios grupos del WLA y Hall coordinó todos estos equipos. También viajó por todo Estados Unidos para inspeccionar los centros locales y hablar con las mujeres de cada lugar y promovió la difusión del programa en la prensa y en la radio. Se propuso aumentar el número de mujeres urbanas de clase media que pudieran participar y trabajó con grupos cívicos y comunitarios de mujeres comprometidas para elevar el perfil del WLA.

Para informar y conectar a todos los grupos, Hall creó el boletín informativo del WLA; así proporcionó actualizaciones sobre sus visitas a los centros, informó sobre las actividades de las diferentes ramas del proyecto y brindó detalles sobre la mejor manera de promover la organización. Hall escribió el último número en diciembre de 1945. Después de la guerra siguió trabajando para el Servicio de Extensión.

Grace Frysinger.

Grace Elizabeth Frysinger (1885-1979) nació en Rockford, Illinois. Siempre quiso seguir una carrera en las ciencias domésticas y asistió a la universidad en el Oread Institute en Worcester, Massachusetts, donde se graduó. Después ingresó en el Drexel Institute of Technology en Filadelfia y tras sus estudios buscó formación adicional en economía doméstica. Realizó cursos en la Universidad de Chicago, la Escuela de Cocina de Londres y Le Cordon Bleu en París. Fue profesora en la Escuela de Ciencias y Artes Domésticas de Chicago desde 1906 hasta 1908. En 1909, se convirtió en directora del Departamento de Economía Doméstica en el Belmont College en Nashville, Tennessee. Frysinger permaneció en la escuela hasta 1912. En 1915, ocupó el cargo de directora de Ciencias del Hogar en una escuela secundaria en Des Moines, Iowa. Al año siguiente, trabajó en la ciudad de Nueva York dando charlas sobre temas relacionados con las ciencias domésticas.

A partir de 1918, el Servicio de Extensión del USDA contrató a Frysinger como economista doméstica senior, donde permaneció hasta 1945. Allí contribuyó a la administración, planificación e instrucción de los cursos de la organización sobre temas como cocina, costura y gestión del presupuesto del hogar. Como representante del USDA, trabajó con organizaciones agrícolas recorriendo Estados Unidos y viajando también a otros países. Participó extensamente en la Unión Mundial de Mujeres Campesinas (ACWW, Associated Country Women of the World), organización con sede en Londres y sucursales en todo el mundo. Esto le dio la oportunidad de viajar junto a Eleanor Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial para promover las actividades de la ACWW. Frysinger jugó un papel vital en la iniciativa del uso de mano de obra femenina en las granjas estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial; ya hemos visto que en 1942 formó parte del comité de expertas para promover el Women’s Land Army.

Frysinger murió en marzo de 1979, pero su legado al entorno rural continúa activo; la Women’s National Farm and Garden Association Incorporated y la ACWW establecieron la beca Grace E. Frysinger en 1957 para fomentar el intercambio entre mujeres de diferentes entornos rurales del mundo.

Hemos puesto nombre a dos mujeres que dedicaron su vida al ámbito de la economía doméstica, de la gestión de un hogar, de esa cultura de los cuidados que necesitamos o necesitaremos, pero son millones las que sostienen la vida de hijos, padres, parejas, con su trabajo apenas reconocido. Todas ellas constituyen otro ejército indispensable, uno cuyos criterios para alistarse deberían hacernos reflexionar.

Referencias

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

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